miniaturadeimagen|350px|Miniatura del Libro del ajedrez, dados y tablas de Alfonso X el Sabio que representa a un judío (izquierda) y a un musulmán (derecha) jugando al ajedrez. Los cristianos y judíos en Al-Ándalus recibieron el estatus de dhimmis (‘protegidos’) como gentes del libro y no fueron obligados a convertirse al islam por el nuevo poder árabe que se estableció en la península ibérica ―llamada por los árabes Al-Ándalus―, tras su conquista en 711. Su situación cambió con la llegada de los almorávides a finales del y sobre todo con la implantación del Imperio Almohade a mediados del . En este último siglo, según María Jesús Viguera, «apenas quedó una minoría de no-musulmanes».
Arabización e islamización de la península ibérica
Hasta al menos el las conquistas islámicas no fueron guerras de conversión, sino guerras destinadas a establecer el dominio político y obtener un botín y después impuestos. Eso es lo que explica que la mayoría de los habitantes del Imperio Islámico en los primeros siglos no fueran musulmanes. Sin embargo, esto no quiere decir que el imperio se basara en la igualdad de sus habitantes, algo que no tendría ningún sentido en la Edad Media. Así, el poder islámico se ocupó de organizar la coexistencia con las otras comunidades religiosas, como cristianos y judíos, que aunque podrían ser mayoritarias numéricamente eran minoritarias jurídicamente ―estaban discriminadas en el sentido neutro del término―, mediante el pacto de la dhimma (‘protección’), que incluía la distinción entre comunidades, el desarme de los dhimmi y el pago de un impuesto (la djiziya) superior al que pagaban los musulmanes.
Los musulmanes seguían las enseñanzas del Corán que consideraba que los cristianos y judíos, en tanto que «gentes del Libro», no debían ser convertidos a la fuerza al islam y eran merecedores de un trato especial, la dhimma. Los dhimmi (en árabe ذمّي , "protegidos") tenían garantizadas la vida, la propiedad de sus bienes y la libertad de culto, así como un alto grado de autonomía jurídica, que les permitía, por ejemplo, acudir a sus propios tribunales para dirimir los asuntos de sus comunidades. Sin embargo sus condes y obispos eran estrechamente controlados por las autoridades islámicas especialmente para asegurarse el pago del impuesto específico que, como ha destacado Cyrille Aillet, constituía en efecto «uno de los signos tangibles de la inferioridad de los dhimmi respecto a los musulmanes». miniaturadeimagen|300px|Miniatura de las Cantigas de Santa María en la que aparecen un musulmán y un cristiano tocando la baldosa.
Aunque el objetivo de las conquistas musulmanas, al menos en los primeros siglos, no fue la asimilación y la conversión de los habitantes de los territorios dominados, se produjo en prácticamente todos ellos un proceso de arabización y de islamización. En cuanto a la arabización, como ha destacado Eduardo Manzano Moreno, «la mayor parte de las sociedades afectadas por las conquistas acabarán definiéndose por unos patrones culturales inequívocamente árabes» y cuyo «rasgo más visible fue la adquisición de la lengua árabe» ―la excepción más destacada sería la de Irán que conservó la lengua persa, aunque escrita con caracteres árabes―. Para Al-Ándalus este historiador pone como ejemplo el caso del poeta de origen toledano Yirbib ibn Abd Allah que escribió en árabe y siguiendo la métrica oriental, cuando cien años antes sus antepasados hablaban latín y tenían como referente cultural el mundo romano y cristiano. Otro ejemplo podría ser el de Ibn Hazm, uno de los grandes poetas árabes, cuyos antepasados es prácticamente seguro que fueron hispanos convertidos en algún momento al islam.
La consecuencia final del proceso de arabización fue que los hispanos se convirtieron en árabes al producirse «la fusión de conquistadores y conquistados y la arabización completa de estos últimos. El resultado fue que varias generaciones después de la conquista mucha gente había perdido la conciencia de sus ancestros indígenas». Así pues, «tiempo después de la conquista militar, los descendientes de los hispanos sometidos comenzaron a convertirse en árabes desde el punto de vista cultural y lingüístico: algunos siguieron manteniendo su religión cristiana ―los llamados mozárabes―, mientras que otros muchos se convirtieron al islam». Como ha destacado María Jesús Viguera, «los Omeyas de Córdoba, por rango y objetivos políticos, exhibieron con intensidad su condición islámica y su arabidad, y así se fueron consolidando en al-Andalus los procesos de islamización y de arabización». Esto fue especialmente evidente en el caso de los muladíes ―de los cristianos convertidos al islam―. «La arabo-islamización de los muladíes fue tan densa que, desde el siglo X en adelante, aparecen plenamente fundidos en la entidad andalusí».
La arabización alcanzó también a los habitantes de Al-Ándalus que se mantuvieron fieles a la religión cristiana, por lo que serán conocidos como mozárabes. Así un siglo y medio después de la conquista el mozárabe Álvaro de Córdoba se quejaba de que en su ciudad solo existiera un cristiano entre mil que pudiera redactar una carta en latín, mientras que muchos jóvenes cristianos se dedicaban a escribir poesías en árabe o a realizar juegos retóricos en esa lengua ―«en un grupo, pues, no islamizado los progresos de la arabización lingüística habían sido tales que el latín estaba viéndose relegado cada vez más. De ahí la preocupación expresada por Álvaro de Córdoba», comenta Eduardo Manzano Moreno―. Por esa misma época, el gobernador árabe de Mérida solo encontró a un viejo clérigo cristiano que fuera capaz de traducirle las antiguas inscripciones en latín que abundaban en la ciudad. Cien años después, a mediados del , los textos bíblicos y litúrgicos cristianos tuvieron que ser traducidos al árabe para que pudieran ser comprendidos por la comunidad mozárabe porque esta apenas entendía ya el latín.
Hasta el los cristianos de Al-Ándalus todavía utilizan el romance derivado del latín para comunicarse entre ellos y como lengua litúrgica, pero también dominaban el árabe porque era la lengua de los vencedores y de la administración, y también la lengua de la ciencia y de la cultura. Esta sería la razón por la que el árabe acabaría imponiéndose al romance.
Por otro lado la arabización e islamización se vio favorecida en Hispania, contrariamente a lo había sucedido en otros lugares, por el hecho de que «los conquistadores no se establecieron en ciudades-guarnición aislándose de la población indígena, sino que se desperdigaron por todo el país». Se pusieron así «las bases para una asimilación que con el paso del tiempo no haría más que perdurar».
En conclusión, según Eduardo Manzano Moreno, «la formación de al-Andalus supuso… la gestación de una sociedad definida por unas señas de identidad árabes e islámicas. Estas señas acabaron siendo a la larga más importantes que los orígenes étnicos de sus gentes», fueran estos árabes, bereberes o hispanos. «Nada de esto ocurrió de la noche a la mañana. Tuvieron que pasar décadas e incluso siglos para que esa homogeneidad cultural y religiosa acabara por imponerse». En este sentido Manzano Moreno recalca que «el intento de hacer de la “España musulmana” un territorio histórico cuyo carácter “hispano” le habría diferenciado de las sociedades norteafricanas y orientales carece de cualquier fundamento». En Al-Ándalus, «la posición dominante de los conquistadores hizo desde el primer momento impensable una asimilación por parte de la población indígena, aunque ésta fuera numéricamente superior» ―se calcula que los conquistadores no superarían los cien mil hombres mientras que la población hispana rondaría los dos millones de personas―. Un ejemplo sería el cambio de nombre de la península que de Hispania pasó a llamarse Al-Ándalus.
Según María Jesús Viguera la arabización comenzó a producirse antes que la islamización. Así por ejemplo en la ciudad de Córdoba a mediados del seguía habiendo cristianos pero estos estaban casi completamente arabizados. Lo mismo sucedió con los cristianos que emigraron a los reinos cristianos del norte a lo largo del . Esta historiadora constata que la conversión al islam de los habitantes de la península no se produjo en tiempos de la conquista sino progresivamente hasta culminar el proceso en el , periodo en el que ya no hay prácticamente cristianos ―y muy pocos judíos― en al-Ándalus a causa de las conversiones y de la emigración al norte. El punto de inflexión se produciría, según esta historiadora, en el cuando el número de musulmanes superaría por primera vez al de los cristianos. Este mismo punto de vista es el que sostiene Cyrille Aillet que afirma que fue en el cuando la religión musulmana se convirtió en mayoritaria en al-Ándalus, no solo en las ciudades sino también en los campos.
Los cristianos de Al-Ándalus: los mozárabes miniaturadeimagen| Aguamanil en forma de pavo conservado en el Museo del Louvre que lleva una inscripción bilingüe en árabe y en latín encriptada pero que se puede interpretar como la fecha de la fabricación (año 972) y el nombre del artista, Abd al-Malik al-Nasrani, es decir "el cristiano". Se trataría de la obra de un broncista mozárabe de Al-Ándalus que quizás trabajaba en la corte de Medina Alzahira bajo el califato de Al-Hakam II.
Los cristianos en Al-Ándalus fueron designados como mozárabes pero no por los musulmanes sino por los cristianos del norte cuando aquellos emigraban a sus territorios para señalar su especificidad lingüística: hablaban árabe, y no una lengua romance derivada del latín. El primer documento en que aparece el término es del reino de León y está fechado en 1024.
Los invasores musulmanes llevaron a cabo pactos con miembros de la aristocracia visigoda, lo que explicaría entre otras razones la rápida conquista de Hispania por el ejército del califa de Damasco, comandado por su gobernador en el norte de África, Musa ibn Nusayr, y su lugarteniente Tariq ibn Ziyad. Una de las consecuencias de estos pactos fue la formalización de alianzas matrimoniales entre los jefes del ejército invasor y las hijas de la aristocracia local. Uno de los de mayor repercusión fue el matrimonio del hijo de Musa ibn Nusayr, Abd al-Aziz ibn Musa, con Egilona, la viuda del rey visigodo Rodrigo. Dado que la filiación entre los árabes seguía siempre la línea masculina, estos matrimonios dieron nacimiento a linajes árabes que en algunos casos arraigaron en determinadas zonas de Al-Ándalus, como los Banu Hayyay en Sevilla o los Banu Jattab en Murcia. Según la ley islámica los hijos tenidos en esos matrimonios eran automáticamente considerados musulmanes, aunque fueran educados en la fe cristiana por sus madres.
Estas uniones entre mujeres cristianas y hombres musulmanes fueron criticadas por el papa Adriano I en una carta escrita hacia el año 791. En ella el papa se quejaba de que en ‘’Hispania’’ muchos cristianos entregaban a sus hijas a los infieles. Varias décadas después, en un concilio de obispos celebrado en Córdoba, se volvieron a condenar estos matrimonios mixtos.
También hubo jefes militares visigodos que se convirtieron al islam para sellar el pacto con los invasores. El caso más importante fue el de Casius que logró conservar sus dominios del alto Ebro. Así nació la poderosa dinastía de los Banu Qasi que gobernaría la región durante mucho tiempo.
En las ciudades los protagonistas de los pactos fueron los obispos quienes a cambio de reconocer el nuevo poder consiguieron que las comunidades cristianas que ellos encabezaban pudieran seguir practicando su religión.