Abū Bakr Muḥammad ibn Ṭuġŷ ibn Ŷuff ibn Yiltakīn ibn Fūrān ibn Fūrī ibn Jāqān (8 de febrero de 882-24 de julio de 946), más conocido por el título al-Ijshīd (árabe: الإخشيد) a partir del 939, fue un comandante abásida y gobernador. Administró autónomamente Egipto y partes del Levante desde 935 hasta su muerte en 946. Fue el fundador de la dinastía sunita ijshídida, que gobernó la región hasta la conquista fatimí de 969.

Origen y primeros años Según el diccionario biográfico compilado por Ibn Khallikan, Muhámmad ibn Tughŷ nació en Bagdad el 8 de febrero de 882, en la calle que conduce a la Puerta de Kufa. Su familia era de origen turco del valle de Ferganá en Transoxiana, y reclamaba descendencia real; el nombre de su antepasado, «jagán» (gran kan), es un título real turco. El abuelo de Muhámmad, Ŷuff, dejó Ferghana para ingresar al servicio militar en la corte abásida en Samarra, al igual que el padre de Ibn Tulun, el fundador de la dinastía tulúnida. Ŷuff y su hijo, el padre de Muhámmad ibn Tughŷ, sirvieron a los abasíes, pero Tughŷ más tarde entró al servicio de los tuluníes, quienes desde 868 se convirtieron en señores autónomos de Egipto y Levante. Tughŷ sirvió a los tulúnidas como gobernador de Tiberíades (capital del distrito de Jordania), Alepo (capital del distrito de Qinnasrin) y Damasco (capital del distrito homónimo). Desempeñó un papel importante en repeler el ataque de los cármatas en Damasco en 903; aunque derrotado en la batalla, sostuvo la ciudad contra los cármatas durante siete meses hasta que, con la llegada de refuerzos de Egipto, fueron expulsados. Por lo tanto, Muhámmad ibn Tughŷ pasó gran parte de su juventud en el Levante tulúnida al lado de su padre, adquiriendo sus primeras experiencias en la administración: desempeñándose como subgobernador de Tiberíades.

Después de la muerte del hijo de Ibn Tulun, Jumarawayh, en 896, el estado tulúnida comenzó a desmoronarse rápidamente y no logró resistir los intentos abasíes de restablecer su autoridad directa sobre el Levante y Egipto en 905. Tughŷ se pasó a las filas de los invasores abasíes de Muhámmad ibn Sulaymán al-Katib, y fue nombrado gobernador de Alepo como recompensa; el mismo al-Katib fue víctima de intrigas en la corte poco después, y Tughŷ junto con sus hijos Muhámmad y Ubayd Allah fueron encarcelados en Bagdad. Tughŷ murió en prisión en 906, pero los hermanos fueron liberados poco después. Los hijos de Tughŷ participaron en el golpe palaciego que intentó deponer al nuevo califa, al-Muqtádir (908-932), y sustituirlo por Ibn al-Mu'tazz en diciembre de 908. Aunque la intentona fracasó, Muhámmad ibn Tughŷ y su hermano pudieron vengarse de su encarcelamiento asesinando al visir al-Abbás ibn al-Hasan al-Jarjara'i con la ayuda de Huséin ibn Hamdán. Tras el fracaso del golpe, los tres huyeron: Ibn Hamdán regresó a su Mesopotamia superior natal y Ubayd Allah huyó al este junto a Yúsuf ibn Abi'l-Saŷ, mientras que Muhammad escapó a Siria.

En Siria, Muhámmad ibn Tughŷ entró al servicio del supervisor fiscal de las provincias de la zona, Abu'l-Abbás al-Bistam. Pronto siguió a su nuevo maestro a Egipto, y después de la muerte de al-Bistam en junio de 910, continuó sirviendo a su hijo. Finalmente, atrajo la atención del gobernador local, Takin al-Jazari, quien lo envió a gobernar las tierras allende el río Jordán, con capital en Amán. En 918, rescató una caravana de de peregrinos, entre los cuales se encontraba una de las damas de la madre de al-Muqtádir, de los asaltantes beduinos, lo que hizo más estimado en la corte abasí. Dos años más tarde, Ibn Tughŷ se granjeó un patrocinador influyente cuando sirvió brevemente bajo el poderoso general en jefe abasí Munis al-Muzáffar, que fue a defender Egipto de una invasión fatimí. Durante la campaña, Ibn Tughŷ mandó las mejores tropas del ejército egipcio. Los dos hombres evidentemente establecieron una relación, y se mantuvieron en contacto a partir de entonces.

Cuando Takin regresó a Egipto en calidad de gobernador en 923, Ibn Tughŷ se unió a él allí, pero los dos hombres se pelearon en 928 por la negativa de Takin a darle a Ibn Tughŷ el puesto de gobernador de Alejandría. Ibn Tughŷ escapó de la capital Fustat por una artimaña, y logró obtener de Bagdad el nombramiento de gobernador de Palestina; el titular, al-Rashidi, huyó de la capital provincial, Ramla, a Damasco, cuyo gobierno asumió. Su huida, según el historiador Jere L. Bacharach, puede indicar que Ibn Tughŷ mandaba un importante contingente militar. Tres años más tarde, en julio de 931, Ibn Tughŷ fue ascendido a gobernador de Damasco, mientras que al-Rashidi regresó a Ramla. Ambos nombramientos fueron probablemente el resultado de la relación de Ibn Tughŷ con Munis al-Muzáffar, quien en ese momento estaba en el apogeo de su poder e influencia.

Toma de control de Egipto Dinar de Ibn Tughŷ|miniatura Takin murió en marzo de 933, y su hijo y sucesor, Muhámmad, no logró someter Egipto. Ibn Tughŷ fue nombrado nuevo gobernador en agosto, pero un mes después se le revocó el nombramiento antes de que pudiera llegar a la región y se nombró en su lugar a Áhmad ibn Kayghalagh. El momento del retiro de Ibn Tughŷ coincide con el arresto (y posterior asesinato) de Mu'nis por parte del califa al-Qahir (r. 932-934) el 22 de septiembre, lo que sugiere que el nombramiento de Ibn Tughŷ se debió probablemente también a Mu'nis. El hecho de que al-Qahir enviase un eunuco llamado Bushri para reemplazar a Ibn Tughŷ en Damasco después de la caída de Mu'nis refuerza esta opinión. Bushri pudo hacerse cargo del gobierno de Alepo (incluido en su nombramiento), pero Ibn Tughŷ se negó a entregarle el poder, lo derrotó y apresó. El califa acusó entonces a Áhmad ibn Kayghalagh de obligar a Ibn Tughŷ a rendirse, pero aunque Áhmad marchó contra Ibn Tughŷ, ambos evitaron el combate. En su lugar, se reunieron y llegaron a un acuerdo de apoyo mutuo, manteniendo el statu quo.

Áhmad ibn Kayghalagh pronto demostró ser incapaz de restablecer el orden en la provincia, cada vez más turbulenta. Para el 935, las tropas se amotinaron por falta de paga, y las incursiones de los beduinos se reanudaron. Al mismo tiempo, el hijo de Takin, Muhámmad y el administrador fiscal Abu Bakr Muhámmad ibn Ali al-Madharaí, herederos de una dinastía de burócratas que habían manejado las finanzas de la provincia desde la época de Ibn Tulun y acumularon una enorme riqueza, debilitaban la posición de Ibn Kayghalagh y envidiaban su posición. Las luchas internas estallaron entre las tropas orientales (mashariqa), principalmente soldados turcos, que apoyaron a Muhammad ibn Takin, y los occidentales (maghariba), probablemente bereberes y africanos negros, que tomaron partido por Ibn Kayghalagh. Con el apoyo en esta ocasión del ex-visir e inspector general de las provincias occidentales al-Fadl ibn Ŷa'far ibn al-Furat, cuyo hijo estaba casado con una de las hijas de Ibn Tughŷ, este fue una vez más nombrado gobernador de Egipto. Sin arriesgarse, organizó la invasión del país por tierra y mar. Aunque Ibn Kayghalagh pudo retrasar el avance del ejército enemigo, la flota de Ibn Tughŷ tomó Tinnis y el delta del Nilo y avanzó hacia la capital, Fustat. Sorprendido por la maniobra y vencido en el combate, Ibn Kayghalagh huyó a territorio fatimí. El victorioso Muhámmad ibn Tughŷ entró en Fustat el 26 de agosto de 935.

Con la capital bajo su control, Ibn Tughŷ tuvo que enfrentarse a los fatimíes. Los maghariba que se habían negado a someterse a Ibn Tughŷ habían huido a Alejandría y luego a Barca acaudillados por Habashi ibn Áhmad, e invitaron al califa fatimí al-Qa'im (r. 934-946) a invadir Egipto, prometiéndole colaborar en la labor. La suerte sonrió al principio a los invasores fatimíes: los bereberes Kutama al servicio de estos se apoderaron de la isla de al-Rawda en el Nilo y quemaron su arsenal. Los almirantes de Ibn Tughŷ, Ali ibn Badr y Bajkam, se pasaron al enemigo, y la misma Alejandría fue conquistada en marzo del 936. Sin embargo, el 31 de marzo, el hermano de Ibn Tughŷ al-Hasan derrotó a las fuerzas fatimíes cerca de Alejandría, expulsándolas de la ciudad y obligándolas a retirarse de Egipto y a volver a Barca, de donde había partido la invasión. Durante la campaña, Ibn Tughŷ prohibió el saqueo a sus tropas, lo que, según J. L. Bacharach, era indicativo de que preveía permanecer en Egipto.

Gobierno de Egipto Al escribir al califa Ar-Radi (r. 934-940) en 936, Ibn Tughŷ podía presentarle un historial encomiable: había impedido la invasión fatimí y emprendido las primeras medidas para mejorar la situación financiera de la provincia. El califa lo confirmó en su puesto y le envió túnicas de honor. Como escribe Hugh N. Kennedy: «en cierto modo, la amenaza fatimí en realidad ayudó a Ibn Tughŷ» ya que, mientras apoyaba a los abasíes, «los califas estaban dispuestos a cambio a dar su aprobación a su gobierno». Su posición en la corte abasí fue suficiente para que pidiera en 938 el título honorífico (laqab) de al-Ijshid, que originalmente habían ostentado los reyes de su tierra natal, Ferganá. El califa Ar-Radi accedió a la solicitud, aunque la aprobación formal se retrasó hasta julio de 939. Después de recibir la confirmación oficial, Ibn Tughŷ exigió que en adelante se le llamara únicamente por su nuevo título.

Se sabe muy poco acerca de las medidas internas de al-Ijshid. Sin embargo, el silencio de las fuentes sobre problemas regionales durante su reinado, aparte de una revuelta chiita en 942, que fue rápidamente sofocada, contrasta con la narrativa habitual de las incursiones beduinas, disturbios urbanos por precios elevados, o revueltas e intrigas militares y dinásticas, e indica que restauró la tranquilidad interna y el gobierno en Egipto. Según el diccionario biográfico de Ibn Jallikan, era «un príncipe resuelto, que mostraba una gran previsión en la guerra y una gran atención a la prosperidad de su imperio; trataba a la clase militar con honor y gobernaba con habilidad y justicia». Sus rivales potenciales Muhammad ibn Takin y al-Madharai fueron rápidamente vencidos e incorporados a la nueva administración. Este último había intentado resistirse en vano a la toma de posesión de al-Ijshid, ya que sus tropas habían desertado inmediatamente, y fue inicialmente encarcelado por al-Ijshid, que lo liberó en 939. Pronto recuperó su estado e influencia, y sirvió brevemente como regente del hijo y heredero de al-Ijshid, Unuŷur, en 946, antes de ser derrocado y encarcelado por un año. A partir de entonces, y hasta su muerte en 957, se retiró a la vida privada. Al igual que los tulúnidas antes que él, al-Ijshid también tuvo especial cuidado en organizar un ejército propio del que formaron parte soldados esclavos turcos y negros africanos.

La política exterior y la lucha por Siria