miniaturadeimagen|300px|derecha|El municipio brasileño de Pacaraima (Roraima), fronterizo con Venezuela, en agosto de 2018, durante un ataque de la población local hacia inmigrantes venezolanos.

En la década de 2010, debido a la crisis migratoria venezolana, ha intensificado la ocurrencia de incidentes de xenofobia contra inmigrantes venezolanos, acrecentados por sentimientos racistas, clasistas y aporofóbicos.“El antivenezolanismo”: Sepa lo que hizo Santos en la frontera con nuestro país. Publicado el 10 de diciembre de 2017. Consultado el 6 de febrero de 2019.

Antecedentes Guerras de independencia thumb|right|250px|Bandera de Ecuador entre 1845 y 1861 (Época marcista), usada en sustitución del tricolor bolivariano que entonces se asociaba con la dictadura del general venezolano Juan José Flores. Tras el triunfo bolivariano en las guerras de independencia, los venezolanos lograron ocupar puestos claves en la administración de las nacientes repúblicas. Esto desató el resentimiento de las poblaciones locales, que ejecutaron todo tipo de conjuras y revueltas para expulsar a los extranjeros del poder. En septiembre de 1828 se llevó a cabo en Bogotá la Conspiración Septembrina, un intento para asesinar a Simón Bolívar, quien se sostenía gracias al apoyo de los militares venezolanos y en oposición a los generales neogrananinos liderados por Francisco de Paula Santander. Estos hechos llevarían a que tres años más tarde se disolviera el proyecto bolivariano de la Gran Colombia, y la Nueva Granada (hoy Colombia y Panamá), Ecuador y Venezuela alcanzaran su independencia definitiva.

En Perú, Bolívar estableció una constitución dictatorial que fue repelida en 1827, desatando una guerra contra la Gran Colombia al año siguiente, poco después de que los peruanos intervinieran en Bolivia para derrocar el gobierno del venezolano Antonio José de Sucre.

En Ecuador, el venezolano Juan José Flores siguió en el poder hasta 1845, año en que se produjo la Revolución marcista o Revolución Nacionalista, un levantamiento que tenía entre sus objetivos expulsar a las tropas extranjeras que aún permanecían en suelo ecuatoriano.

Bonanza petrolera Con el advenimiento de la bonanza petrolera en la década de 1970, la economía venezolana experimentó un crecimiento sin precedentes. Miles de inmigrantes colombianos, ecuatorianos, peruanos, y de otras nacionalidades, llegaron a Venezuela atraídos por estas circunstancias. Lo anterior provocó que los venezolanos fuesen estereotipados como opulentos o arrogantes, en parte debido a la alta cantidad de extranjeros que ya no pudieron ingresar al país por los controles migratorios impuestos en los años posteriores a 1986, creando entre los latinoamericanos un sentimiento de resentimiento hacia los que sí pudieron ingresar por vías legales, y hacia los venezolanos en general. Sin embargo, las fronteras se mantuvieron abiertas por décadas, entre controles y periodos de paso libre, el último ocurrido durante el gobierno de Hugo Chávez Frías, donde estos controles no ocurrieron y por años ingresaron migrantes sin restricciones. Se conoce además, que durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez se abogó ante Pinochet, dictador en Chile, por los perseguidos políticos, algunos de los cuales encontraron refugio en Venezuela.

Chavismo y crisis económica Al llegar Hugo Chávez al poder, las relaciones con varios países se deterioraron, al punto que el gobierno colombiano denunció la existencia de un proyecto de imperialismo venezolano sobre la región. Según diversas fuentes, el gobierno venezolano habría tenido injerencia sobre los gobiernos de Bolivia y de varios países caribeños, además de brindar apoyo a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

A este rechazo ideológico se sumó una creciente xenofobia, tras la salida diaria de miles de venezolanos debido a la crisis económica que el país atraviesa desde el año 2013. Según la ONU, para finales de 2019 el número de refugiados alcanzaba una cifra cercana a los cinco millones de personas. A pesar de que los gobiernos regionales han acogido a los migrantes de forma solidaria, los venezolanos han sido acusados de incidir en mayores tasas de desempleo y criminalidad, siendo víctimas de hostigamiento, insultos e incluso violencia por parte de los ciudadanos de los distintos países.

Por país

En marzo de 2019, un grupo de 14 venezolanos fueron detenidos por las autoridades migratorias por protestar frente a la embajada de Cuba en La Paz. Seis de ellos fueron expulsados del país, ya que según el gobierno:

La acción fue condenada por organismos como Amnistía Internacional, declarando que la expulsión fue arbitraria y que obedece a una persecución sistemática en contra de los migrantes venezolanos debido a la cercanía del gobierno de Evo Morales con el gobierno de Nicolás Maduro.

En agosto de 2018, el gobierno del Estado limítrofe de Roraima solicitó un cierre temporal de la frontera, alegando que su administración era incapaz de controlar la gran cantidad de venezolanos que entraban diariamente al país. En primera instancia, un juez ordenó suspender el ingreso terrestre de venezolanos, pero posteriormente la medida fue revocada por el Tribunal Supremo, que consideró que la prohibición era contraria a la Constitución y a los pactos internacionales suscritos por Brasil.

Días después, un campamento de refugiados venezolanos fue atacado en el municipio de Pacaraima. Una turba armada con palos y piedras incendiaron tiendas de campaña y otros artículos de los inmigrantes, expulsando a más de 1 200 hacia el otro lado de la frontera. Los hechos se produjeron como represalia por el supuesto ataque a un comerciante brasileño por parte de cuatro venezolanos.

La relación entre chilenos y venezolanos se ha vuelto cada vez más tensa con el paso de los años. El aumento exponencial de la criminalidad —y la violencia de la misma— tras la inmigración venezolana es de las principales razones que genera animadversión por parte de la sociedad chilena. Los venezolanos son el grupo extranjero que lidera las imputaciones por homicidio en Chile (38,5%) y son el tercero con más presencia en las cárceles (26,8%), principalmente por delitos de tráfico de droga y robo. Además, la presencia venezolana en Chile de criminales, ha propiciado la aparición de delitos nunca antes vistos, o al menos, que ocurrían muy poco en el país andino, tales como el sicariato, el secuestro, como el sucedido en 2024 al militar venezolano en retiro y refugiado en Chile, Ronald Ojeda, quien fue opositor a Nicolás Maduro, quien fuera secuestrado y asesinado en Santiago, junto con la explotación sexual y la prostitución ejercida por venezolanos, principalmente en Santiago, donde se ha registrado que personas de dicha nacionalidad ejercen ilegalmente, tanto la prostitución ilegal, como el trabajo de proxenetas, amparados por grupos de crimen organizado.

Otro aspecto negativo tiene que ver con la poca o nula aceptación de parte de algunos venezolanos de las normas de convivencia social en Chile, (situación registrada tanto en medios de comunicación, como en redes sociales), el ruido permanente y las fiestas con alto consumo de alcohol hasta elevadas horas de la noche en los edificios donde residen, como también en entornos naturales, teniendo roces con los chilenos por la diferencia de costumbres.

En mayo de 2017, manifestantes venezolanos se enfrentaron a un grupo de chilenos que mostraba su respaldo al gobierno de Nicolás Maduro en las cercanías de la embajada venezolana en Santiago. Algunos meses después, venezolanos que protestaban en el mismo sitio fueron golpeados y robados por comunistas chilenos.

En enero de 2018, una mujer discapacitada agredió con un bastón a una mujer inmigrante en Santiago, todo esto mientras la llamaba comunista y clamaba haber votado por Sebastián Piñera.

En el mismo mes, una conductora de Valparaíso le gritó venezolano de mierda a un inmigrante que trabajaba en un gasolinera, para luego proceder a atacarlo con una escoba.

En enero de 2019, durante un partido entre las selecciones sub-20 de Chile y Venezuela, el futbolista chileno Nicolás Díaz Huincales llamó "muerto de hambre" a su colega venezolano Pablo Bonilla. Posteriormente, el jugador chileno ofreció disculpas públicas a través de una carta.

Como "muerta de hambre" también se refirió una mujer chilena a una inmigrante a la que agredió en el balneario de Cartagena a finales de enero.

En febrero del mismo año, a raíz de la publicación de un vídeo donde un grupo de chilenos y venezolanos que ofendió a las víctimas de Augusto Pinochet, ciudadanos de izquierda lanzaron una campaña virtual conminando a las personas a no ayudar a los inmigrantes y pidiendo la expulsión de los "venecos" y las "venezorranas".

Según declaraciones de la cónsul dominicana en Arica, la policía fronteriza de Chile niega la entrada a cualquier inmigrante que sea "negro o venezolano" y que no llevara consigo su estadía prepagada y sus boletos de regreso.

El 25 de septiembre de 2021, habitantes de la ciudad de Iquique promovieron una marcha contra la inmigración masiva que terminó con algunos manifestantes quemando los enseres y documentos de los inmigrantes.

El Fiscal General de Venezuela, Tarek William Saab, afirmó que en Chile hay una "xenofobia antivenezolana brutal" en diciembre de 2023. Lo que el gobierno de Chile descartó.

Los inmigrantes venezolanos y los chilenos han tenido roces por las diferentes costumbres en cuanto al uso de parlantes de audio.

El 14 de octubre de 2024, dos adolescentes venezolanos de 16 años hieren de gravedad a un niño chileno de 10 años en una escuela básica de la comuna de Santiago, empujándolo hacia una estructura metálica y terminando empalado al caer sobre esta, resultando con daño recto-uretral y necesidad de cirugía reconstructiva de vejiga. Según la madre del menor agredido, él era víctima de bullying constante de parte de dichos inmigrantes y de otros alumnos mayores por su condición TEA.

Un incidente particular entre chilenos y venezolanos se produjo en 2025 -el cual fue calificado como "xenofobia", por la diáspora venezolana- durante la 64.ª edición del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, en la rutina del comediante venezolano George Harris, bastante querido en su país, la cual estuvo marcada por el tenso ambiente del dividido público de la Quinta Vergara, integrado por chilenos, y una multitud de venezolanos que viajaron para apoyar a Harris. Durante la mayor parte de la presentación, la cual se compuso de una serie de anécdotas propias de su país, contadas principalmente con expresiones y modismos propios de Venezuela, esta se vio marcada por sonoras pifias y rechiflas de los espectadores de Chile, y por las ocasionales ovaciones del público venezolano.