miniaturadeimagen|Robot ASIMO, (Advanced Step in Innovative MObility), desarrollado por Honda

La historia de los robots tiene sus comienzos en el mundo antiguo. El concepto 'moderno' de robot comenzó a desarrollarse con el inicio de la Revolución Industrial (lo que permitió el uso de mecanismos complejos), y la posterior introducción de la electricidad. Estas dos circunstancias hicieron posible la construcción de máquinas compactas y pequeñas, cada vez con mayores capacidades funcionales. A comienzos del , se introdujo la idea de humanoide, que ha evolucionado hasta el desarrollo de robots con el tamaño de un ser humano, y con movimientos y capacidades de razonamiento lógico que cada vez se parecen más a las de una persona.

miniaturadeimagen|Robot QRIO, (Quest for cuRIOsity), desarrollado por Sony

El primer campo que vio su introducción masiva fue el de las grandes manufacturas (como la industria textil o la producción de automóviles), sectores en los que las máquinas automatizadas y más adelante los robots industriales son capaces de realizar tareas de fabricación que han reducido considerablemente la necesidad de mano de obra humana. El control digital y la inteligencia artificial aplicados a la industria robótica, siguientes hitos significativos en el perfeccionamiento de los robots, iniciaron su desarrollo a comienzos del .

Mitos de la antigüedad mini|Imagen del poema Roman de la Rose, que ilustra la historia de Pigmalión trabajando en su escultura

La idea de sirvientes o de compañeros artificiales ya aparece reflejada en la leyenda de Cadmo, un héroe de la mitología griega de quien se dice que sembró dientes de dragón que se convirtieron en soldados, y en el mito de Pigmalión, cuya estatua, Galatea, se dice que cobró vida. Muchas mitologías antiguas incluyeron personas artificiales, como por ejemplo las sirvientas mecánicas parlantes (en griego antiguo: Κουραι Χρυσεαι (Kourai Khryseai); "Doncellas Doradas") construidas con oro por el dios griego Hefesto (Vulcano para los romanos).

Según la mitología griega, Hefesto creó mesas de tres patas funcionales que podían moverse por sí mismas, así como un gigante de bronce encargado de defender la isla de Creta, Talos, que sería destruido después de que Medea le lanzara una maldición. Para apoderarse del vellocino de oro, Jasón tuvo que domar a dos toros con pezuñas de bronce y que respiraban fuego creados por Hefesto. Como Cadmo, sembró los dientes de un dragón, que se convirtieron en soldados.

En el antiguo Egipto, las estatuas de las divinidades estaban hechas de piedra, metales o madera. En ciertos casos, las estatuas estaban articuladas y jugaban un papel clave en las ceremonias religiosas. Se creía que tenían un alma (denominada kꜣ), debido a la divinidad que representaban. En el Nuevo Reino de Egipto, desde el hasta el , los antiguos egipcios consultaban con frecuencia a estas estatuas para pedir consejo. Las estatuas responderían con un movimiento de cabeza. Según la tradición egipcia, la faraona Hatshepsut envió una expedición militar a la "Tierra del Incienso" después de consultar con la estatua de Amón.

El erudito budista Daoguang (596-667 d. C.) describió humanoides autómatas hechos de metal, que recitaban textos sagrados en un claustro que albergaba un reloj fabuloso, y una leyenda afirma que las "personas hechas de metales preciosos" lloraron cuando murió Buda. Los humanoides autómatas también aparecen en la Epopeya del rey Gesar, un héroe originario de la cultura de Asia Central.

Los primeros relatos chinos conocidos sobre el legendario carpintero Lu Ban y el filósofo Mozi describen imitaciones mecánicas de animales y demonios. Las implicaciones de los humanoides autómatas se analizan en el Lie Zi, una compilación de textos taoístas que se convirtieron en una referencia clásica. En el capítulo 5, el rey Mu de Zhou está de viaje por el oeste de China y, al preguntarle al maestro de artesanos Yan: "¿Qué puedes hacer?", el maestro se presentó ante la corte real con un hombre artificial. Se dice que el autómata era indistinguible de un ser humano, y que realizó varios trucos para el rey y su séquito. Pero el rey se enfureció cuando, aparentemente, el autómata comenzó a galantear con las damas que lo acompañaban, y amenazó con ejecutarlo. Así que, el artesano decidió mostrar el interior del autómata y revelar cómo funcionaba. El rey se quedó fascinado, asombrado por el parecido de sus mecanismos con los órganos internos de una persona, y probó a desconectar alguno de ellos para ver el efecto sobre el funcionamiento del hombre artificial. El rey se maravilló "¿es entonces posible que la habilidad humana logre tanto como el Creador?", y acto seguido, confiscó el autómata. Un cuento similar se puede encontrar en los relatos budistas indios del Jataka, casi contemporáneos de las mencionadas historias chinas, pero aquí la complejidad de la automatización no coincide con la del Maestro Yan. Antes de la introducción del budismo en la "era común", los filósofos chinos no consideraron seriamente la distinción entre apariencia y realidad. En el Lie Zi se refutan las filosofías budistas y se comparan los poderes creativos humanos con los del Creador.

derecha|miniaturadeimagen|200x200px|Una xilografía isabelina, donde se representa un Brazen, una cabeza de bronce parlante, que dice: "El tiempo es. El tiempo fue. El tiempo pasó."

El Lokapannatti hindú, una colección de ciclos narrativos y leyendas producidos en los siglos XI o XII, cuenta la historia de cómo un ejército de soldados autómatas (bhuta vahana yanta o "máquinas de movimiento espiritual") fueron diseñados para proteger las reliquias de Buda en una estupa secreta. Se dice que los artesanos necesarios para construir tales autómatas fueron secuestrados del reino de Roma (un término genérico para designar a la cultura grecorromano-bizantina). Según el Lokapannatti, los Yavanas ("hablantes de griego") utilizaron a los autómatas para llevar a cabo actividades comerciales y agrícolas, pero también capturaban y ejecutaban a criminales. Pero los artesanos romanos que intentaban abandonar el reino eran perseguidos y asesinados por los autómatas. Según el Lokapannatti, el emperador Aśoka escuchó la historia de la estupa secreta y se dispuso a encontrarla. Después de una batalla contra los feroces autómatas guerreros, Aśoka encontró al longevo ingeniero que los había construido, quien le enseñó la manera de desmontarlos y de controlarlos. Así, el emperador Aśoka logró comandar un gran ejército de guerreros autómatas. Este cuento indio refleja el miedo a perder el control de los seres artificiales, que también se ha expresado en los mitos griegos sobre el ejército surgido a partir de los dientes de dragón.

Inspirados por sus leyendas cristianas, los europeos de la Edad Media imaginaron cabezas de bronce que podían responder a las preguntas planteadas. Se suponía que Alberto Magno había construido un androide completo que podía realizar algunas tareas domésticas, pero fue destruido por uno de sus alumnos, Tomás de Aquino, porque perturbaba su pensamiento. La leyenda más famosa se refería a una cabeza de bronce diseñada por Roger Bacon, que fue destruida u olvidada después de que dejara de funcionar. Los autómatas que se asemejan a los humanos o a los animales eran populares en los mundos imaginarios de la literatura medieval.

Autómatas

miniaturadeimagen|292x292px|Un diagrama del Libro de Su Song de 1092, mostrando el mecanismo interior de su reloj de torre

Textos antiguos indican que los autómatas mecánicos existentes en China fueron destruidos en el , durante el período de la dinastía Zhou Occidental. El artesano Yan Shi construyó un humanoide autómata que podía cantar y bailar. Se decía que la máquina poseía órganos parecidos a los reales, como huesos, músculos y articulaciones. El Motor Cósmico, una torre de reloj de 10 metros de altura construida por Su Song en Kaifeng, en 1088, incluía entre otros dispositivos una serie de muñecos mecánicos que marcaban el paso de las horas haciendo sonar gongs o campanas. Este resurgir de los autómatas continuó durante la dinastía Tang. Daifeng Ma construyó un criado de tocador automatizado para la reina, mientras que Ying Wenliang fabricó un autómata que proponía brindis en los banquetes y una mujer autómata de madera que tocaba el sheng. Entre los autómatas mejor documentados de la antigua China está el de Han Zhile, un japonés que vivió en China a principios del

En el , el matemático Arquitas de Tarento habló de una paloma mecánica impulsada con vapor. Abordando la referencia anterior en la Ilíada de Homero, Aristóteles especuló en su Política (322 a. C., libro 1, parte 4), que los autómatas algún día traerían al mundo la igualdad haciendo posible la abolición de la esclavitud:

"Conforme al mismo principio, puede decirse que la propiedad no es más que un instrumento de la existencia, la riqueza una porción de instrumentos y el esclavo una propiedad viva; solo que el operario, en tanto que instrumento, es el primero de todos. Si cada instrumento pudiese, en virtud de una orden recibida o, si se quiere, adivinada, trabajar por sí mismo, como las estatuas de Dédalo o los trípodes de Vulcano, «que se iban solos a las reuniones de los dioses»; si las lanzaderas tejiesen por sí mismas; si el arco tocase por sí solo la cítara, los patronos prescindirían de los operarios y los señores de los esclavos."

miniaturadeimagen|219x219px|Músicos robots humanoides programables de Al Jazarí

Cuando los griegos controlaban Egipto, se establecieron en Alejandría una serie de ingenieros capaces de construir autómatas. Comenzando con el polimático Ctesibius (285-222 a. C.), los ingenieros alejandrinos dejaron atrás los textos que describían autómatas viables impulsados por mecanismos hidráulicos o por vapor. Ctesibio construyó autómatas con forma de humanos, que a menudo se usaban en ceremonias religiosas y en el culto a las deidades. Uno de los últimos grandes ingenieros alejandrinos, Herón de Alejandría (10-70 a. C.) construyó un teatro de títeres autómatas, en el que las figuras y los escenarios se movían por medios mecánicos. Describió la construcción de tales autómatas en su tratado sobre neumática. Los ingenieros alejandrinos construyeron autómatas como una muestra del aparente dominio de los humanos sobre la naturaleza y como herramientas para los sacerdotes, pero también comenzaron una tradición según la cual, se acabarían construyendo primordialmente para el entretenimiento de cualquiera que fuera lo suficientemente rico.

La primera sociedad posclásica conocida en la que se construyeron autómatas fue el imperio bizantino. Heredaron el conocimiento sobre autómatas de los alejandrinos y lo desarrollaron aún más para construir relojes de agua con mecanismos de engranajes, como los descritos por Procopio de Cesarea alrededor del año 510. El conocimiento sobre cómo construir autómatas se transmitió a los árabes. Harún al-Rashid construyó relojes de agua con gatos hidráulicos complicados y figuras humanas en movimiento. Uno de esos relojes fue regalado a Carlomagno, rey de los francos, en 807. Ingenieros árabes como Banū Mūsā y Al Jazarí publicaron un tratado sobre hidráulica y avanzaron en el arte de los relojes de agua. Los engranajes dentados descritos en El libro del conocimiento de dispositivos mecánicos ingeniosos, publicado por Al Jazarí poco antes de su muerte en 1206, aparecieron 100 años después en los relojes europeos más avanzados. Al Jazarí también publicó instrucciones sobre la construcción de autómatas humanoides.