Susan Moller Okin (Auckland, 19 de julio de 1946 - Lincoln, 3 de marzo de 2004) fue una filósofa política feminista liberal nacida en Nueva Zelanda y nacionalizada estadounidense, autora de numerosos artículos y libros sobre filosofía política feminista. Sostiene que la preocupación por la preservación de la diversidad cultural no debe eclipsar la naturaleza discriminatoria de los roles de género en muchas culturas minoritarias tradicionales. Durante su carrera, recibió varias distinciones y premios por su trayectoria académica y sus obras.
Biografía Susan Moller Okin nació el 19 de julio de 1946 en Auckland, Nueva Zelanda, en el barrio rico de Remuera. Era la menor de tres hermanas. Su madre, neerlandesa, fue ama de casa a tiempo completo, como era la norma general en aquellos tiempos, mientras que su padre, de origen danés, trabajaba como contable en Holeproof Woolen Mills para mantener a la familia.
Susan asistió en sus primeras etapas formativas a la escuela primaria de Remuera, y a la Epsom Girls Grammar School en su etapa secundaria desde 1959 a 1963. Era una gran estudiante y recibió numerosos galardones y premios en ámbitos tan variados como idiomas, historia, música y arte. En sus últimos años en la Epsom Girls Grammar School, se le otorgó la Beca John Williamson, una beca destinada a apoyar a las niñas con excelente expediente académico a realizar estudios terciarios.
Tras graduarse con una licenciatura en historia de la Universidad de Auckland en 1966, recibió una beca para estudiar en la Universidad de Oxford (Somerville College). Allí completó un Master of Philosophy en política en 1970, antes de obtener un doctorado en Harvard en 1975. Durante los siguientes 15 años fue profesora en la Universidad de Brandeis, Massachusetts.
En 1990, se mudó a California, para asumir el puesto de profesora de Ética en la Sociedad y de Ciencias Políticas en la Universidad de Stanford, puesto que ocupó hasta su muerte en 2004. Entre 1993 y 1996 también fue directora en Stanford del Programa de Ética en la Sociedad de la Universidad. En el momento de su muerte, Okin estaba disfrutando de la beca de un año Marta S. Horner para profesores visitantes distinguidos, en el Instituto Radcliffe para Estudios Avanzados en la Universidad de Harvard.
En los últimos años, Okin había centrado su atención en la complejidad de abordar las cuestiones de género en un contexto multicultural. En su ensayo, ¿Es el multiculturalismo, malo para las mujeres?, se preguntó si existe un conflicto fundamental entre el compromiso con la igualdad de género y el deseo de respetar las costumbres de las culturas y religiones minoritarias. En el contexto de las demandas por el multiculturalismo, argumentó que no deberíamos otorgar derechos grupales que permitan prácticas opresivas, como la poligamia, el matrimonio forzado o la mutilación genital femenina.
Recibió algunas críticas por su insistencia en que los derechos de las mujeres debían ser respetados universalmente, a pesar de las preocupaciones sobre la diversidad cultural recibió críticas de quienes consideraban que estaba demasiado arraigada en el liberalismo occidental aunque también apoyos celebrando su mordaz defensa del igualitarismo. Okin había provocado un debate que llegó a ser visto como uno de los temas más polémicos e importantes de la teoría política contemporánea.
Recibió numerosos premios durante su carrera, incluyendo el premio de enseñanza Bing de Stanford (1994), el premio Victoria Schuck de la American Political Science Association por el mejor libro sobre mujeres y política (1989) y la medalla Allan V Cox por su excelente docencia en el fomento de la investigación en 2002.
Temas de investigación
Planteamientos críticos feministas sobre el liberalismo Pese a ser una teórica y pensadora que se reconoce como feminista liberal, realiza una serie de planteamientos críticos a la teoría liberal. Por ello, su feminismo cuestiona algunos de los pilares básicos y fundamentales del liberalismo. Esta autora, al igual que muchas otras feministas liberales, han resignificado la idea de igualdad, extendiendo su alcance de tal modo que amenaza otros valores liberales y pone en discusión la propia estructura del liberalismo político.
Susan Moller Okin va más allá de la concepción liberal tradicional del concepto de igualdad, así como del rol del estado, el cual según la teoría feminista liberal no debería tener únicamente un papel activo en la promoción de programas de acción positiva, sino que además debería hacer todo lo posible para que las mujeres ejerzan sus derechos básicos. En la medida en que existen diferencias materiales y simbólicas que constituyen desventajas claras entre ciertos grupos de personas, una política pública justa requeriría, la aplicación de un trato diferenciado y no de un principio estricto de igualdad.
La percepción de la mujer en la filosofía política Su interés estaba centrado en la teoría de la realidad y, en este aspecto, su afirmación intelectual clave era que las cuestiones de género debían ser centrales y no, como en general había sido el caso, periféricas a la teoría política. Realiza un análisis de la visión tradicionalista de la mujer en la historia, desde Grecia y autores clásicos como Hesíodo y Homero, hasta autores contemporáneos como Mill o Rousseau. Se pregunta si ‘la tradición existente de la filosofía política puede sostener la inclusión de las mujeres en su tema [en los mismos términos que los hombres] y, si no, ¿por qué no? ". Se basa en la idea funcionalista de la mujer en tanto como instrumento reproductor y cuidadora del hogar.
Las teorías modernas de la justicia Según Okin, la teoría política tradicional se ha escrito desde una perspectiva predominantemente masculina. Una de sus principales preocupaciones era la forma en que los valores sexistas continúan reproduciéndose y promulgando a través de la socialización de los niños en el entorno familiar, y en general generando una desigualdad institucionalizada entre hombres y mujeres mediante el concepto de familia.
El multiculturalismo y el feminismo Sostiene que la preocupación por la preservación de la diversidad cultural no debe eclipsar la naturaleza discriminatoria de los roles de género en muchas culturas minoritarias tradicionales, que, como mínimo, la "cultura" no debe usarse como excusa para hacer retroceder el movimiento por los derechos de las mujeres.
Afirma que los defensores de los derechos de grupo no aprecian las diferencias que existen entre sus miembros y, ligado a esto, no ponen ninguna atención a la esfera privada. Esta es la razón por la cual las conexiones entre cultura y género permanecen opacas. Sin embargo, la esfera personal, la vida sexual, la vida reproductiva, funcionan como epicentro de las prácticas y roles culturales.
Obras principales
Mujeres en el Pensamiento Político Occidental (1979) En esta obra detalla la historia de las percepciones de las mujeres en la filosofía política occidental. En este primer libro examinó las teorías clásicas de Platón, Aristóteles y Rousseau, y la percepción y el papel de la mujer en ellas.
Antes de analizar la perspectiva de Platón sobre la mujer, analiza y debate sobre la visión tradicionalista griega sobre las mujeres, y como este pensamiento influyó en toda la teoría política posterior. Por ello, en primer lugar, y analizando las obras de Hesíodo, Los trabajos y los días y en Teogonía, se puede ver como se considera a la mujer como una fuente de mal, un castigo eterno para los hombres, aunque también, un mal necesario que puede llegar a ser útil para realizar las tareas del hogar. Hesíodo no solo le da un lugar fijo a la mujer, como esposa en el hogar, sino que además la enumera como una de las propiedades básicas que debe tener un hombre. La autora también encuentra esta idea funcionalista de la mujer en las épicas homéricas, donde, en La Ilíada, las mujeres generalmente provocan celos y sentimientos bélicos, o son parte del botín de guerra, junto a animales y esclavos.
En La República, Platón anuncia un Estado ideal, en el que se abolirán tanto la propiedad privada como los intereses individuales. En este Estado, se introduce la clase de los guardianes, en la que se elimina en concepto de familia y se iguala por lo tanto la posición entre hombres y mujeres. La consecuencia más significativa de esta implementación en un único grupo familiar es su efecto en el papel de las mujeres en la sociedad. En esta, ya no existen los conceptos de matrimonio, madre y esposa, ya que todos los guardianes se reparten las funciones de crianza de los niños y las del cuidado del hogar.
Por ello, en el libro V se admite a las mujeres en la clase de las guardianes, y al final del libro VII se reconoce la posibilidad de que existan filósofas gobernantes, sin embargo, esta aceptación de las mujeres en las actividades masculinas viene dada más por un criterio utilitarista de eliminar la esfera privada.
Sin embargo, en Las Leyes, Platón vuelve a instaurar el concepto de familia patriarcal en su teoría, devolviéndolo a su papel central en la polis. Este hecho, renueva la vigencia de las leyes matrimoniales así como las de herencia, en la que las mujeres no tienen espacio y, por ende, se vuelve a estipular una clara desigualdad entre los sexos. Por ejemplo en este caso, las mujeres son dadas en matrimonio en un traspaso de propiedad entre padre y marido, no podrán poseer bienes privados y por ello no tendrán derechos a ser herederas de los bienes familiares.
A través del análisis de Okin encontramos como la obra de Platón es contradictoria en su percepción de la mujer. En un primer momento, se cuestiona las tradiciones y costumbres de la época y se logra, aunque sea únicamente para la clase de los guardianes, colocar a la mujer en un lugar similar al del hombre. Sin embargo, esta libertad de la mujer que se plantea en la La República se contradice claramente con la teoría que estipula en Las Leyes, en la que se vuelve a instaurar la categoría de familia. Por ello, las objeciones de Platón quedan relegados a intenciones, sin que se pueda ver una aplicación práctica.
En segundo lugar, podemos ver como mediante el análisis de la obra de Aristóteles, este autor niega de manera directa las cualidades humanas tanto a esclavos como a mujeres. El lugar que este asigna a la mujer en la polis esta fuertemente relacionado y condicionado con la naturaleza del cuerpo en tanto como reproductora material del ser humano. Es decir, según Aristóteles, por naturaleza, la mujer es la responsable de la reproducción del ser humano y, después de esto, debe mantenerse en el interior del hogar para asegurarse que se cumpla no solo la reproducción material del ser humano, si no que también la intelectual. Por ello, la virtud de la mujer consiste en cumplir como instrumento de felicidad para aquel ser superior a ella, el hombre.
Por último, en su obra Emilio, o de la Educación, Rousseau describe en detalle el equilibrio e interrelación mutua entre los ámbitos y entre las funciones de los hombres y las mujeres. Afirma que el ámbito político es un ámbito masculino y que las mujeres deben participar en ella solo muy indirectamente, ya que sus vínculos afectivos obstaculizan o impiden su participación en la “voluntad general”, la cual considera necesaria para la participación en la esfera pública, especialmente, en la formación de las leyes.
Según la autora, la causa de que las mujeres continúen siendo tratadas como ciudadanas de segunda radica en que la mujer ha sido pensada casi siempre desde una perspectiva funcionalista. Estas teorías han afectado de tal manera en el pensamiento político posterior que es una visión actual arraigada en la sociedad ya que ninguno de estos autores clásicos puede pensar en la mujer más allá del ámbito privado y como madres, esposas o amas de casa.
Justicia, Género y Familia (1989)