El convento de las Teresas o de San José del Carmen es un convento católico de clausura de monjas carmelitas descalzas que se encuentra en la ciudad española de Sevilla. Está declarado bien de interés cultural, con la tipología de monumento.
El convento contiene una diversidad de estilos y cronologías como consecuencia del proceso de incorporación de las casas que protagonizaron la etapa fundacional y de las diferentes etapas constructivas promovidas por las reformas, adaptación e incorporación al nuevo edificio.
Entorno e historia El convento de Las Teresas se ubica en el barrio de Santa Cruz, que constituye uno los sectores del conjunto histórico de la ciudad de Sevilla de mayor densidad patrimonial. Su arquitectura se encuentra inmersa en un parcelario densamente ocupado desde época medieval en el que se conserva el trazado sinuoso de sus calles, las relaciones volumétricas que cohesionan el conjunto de sus inmuebles y un valor ambiental de gran homogeneidad que confiere al edificio las características armónicas de su ubicación.
Los valores históricos del edificio están estrechamente vinculados con el asentamiento de la Orden de las Carmelitas Descalzas en la ciudad de Sevilla, que contó con la presencia de la fundadora, Teresa de Jesús, quien se encargó de la adquisición de las primeras casas de la Orden en la ciudad, en las calles de las Armas y Pajería, actuales Alfonso XII y Zaragoza, y posteriormente la compra de la actual sede en la antigua collación de Santa Cruz. Tras vender la casa de la calle Pajería, la Orden adquirió unas casas pertenecientes al banquero Pedro Morga, en donde se ubicaron definitivamente a finales del mes de abril de 1576, en la sede actual. Estas casas, conservadas íntegramente en la actualidad, conformaban un palacio de estilo renacentista organizado en torno a un patio columnado en doble altura, con dependencias enriquecidas por techumbres mudéjares con decoración pictórica de «candelieri», importantes paños de azulejería, motivos decorativos de celosías de clara raigambre gótica o frisos con relieves del repertorio ornamental plenamente renacentista, de extraordinaria calidad por su ejecución y maestría.
La relevancia que experimentó la Orden en los años siguientes provocó un rápido proceso de ampliación de sus instalaciones, por lo que se incorporaron las casas colindantes y se adquirieron otras para la obtención de los solares donde construir lo que será la gran aportación de la Orden al edificio conventual, el templo, cuya construcción se inició en 1603 bajo la dirección del maestro mayor, Vermondo Resta, por lo que fue concebido en el momento de la transición del manierismo al barroco, en el contexto de una arquitectura de corte sobrio posterior al Concilio de Trento y en conexión con los preceptos de austeridad de la orden carmelita reformada. El edificio se terminó entre 1615 y 1618 y se consagró en 1616.
Destaca también la importancia de este convento como semillero del que surgieron numerosas fundaciones andaluzas, como el convento de las carmelitas de Sanlúcar la Mayor o el de Écija, en los que influyó incluso en el aspecto artístico.
Descripción
Exterior La fachada principal se abre a la ┼calle Santa Teresa, quedando en ella claramente diferenciadas las dos zonas principales, la iglesia y las dependencias conventuales.
Iglesia 280px|miniatura|derecha|Puerta de la iglesia del convento de las Teresas. La iglesia se encuentra situada a la izquierda de las dependencias del convento. Su fachada a los pies de la nave, presenta una portada de vano adintelado inserto en un arco de escasa anchura que descansa sobre dos ménsulas en cuyas partes inferiores aparecen rostros antropomórficos. Cubre la puerta, a modo de entablamento clásico, un tejaroz con estructura de madera apoyado en el muro mediante tornapuntas de forja y con teja árabe bajo el que aparecen pinturas murales con diversas escenas: la Inmaculada Concepción entre monjas de la Orden en la zona central, y en los laterales, San José y Santa Teresa. En la parte superior se recogen tarjas en las que se representan una espada flameante en el lado izquierdo y un libro en la zona derecha sobre los tres paños que configuran el vuelo del tejaroz, mientras que en el centro está representado el escudo de la Orden Carmelita dezcalza y la figura del Espíritu Santo en forma de paloma entre cabezas de querubes. Las dos hojas de la puerta son de madera, ensamblada y claveteada, presentando cada una de ellas sendas portezuelas. Un fuste de columna marca el límite correspondiente entre la fachada de la iglesia y el inicio de la fachada conventual.
El templo tiene planta rectangular, de una sola nave cubierta con bóveda de cañón con lunetos y con capilla mayor cuadrada con bóveda semiesférica. En el interior de la iglesia, iniciando el recorrido desde los pies de la nave, se encuentra en primer lugar el cancel protegiendo la puerta de entrada, fabricado de madera con cuarterones y ocupando casi la totalidad del muro. En la zona superior, sostenido por un gran arco rebajado, se encuentra el coro alto comunicado con la nave mediante una reja. En la parte derecha del cancel hay dos pinturas de caballete, una Epifanía, del , procedente del retablo mayor, y un retrato de la beata carmelita María de los Ángeles, del .
La capilla mayor se cubre con una cúpula sobre pechinas, con nervios decorados con grandes puntas de diamantes y cabujones ovalados en alternancia que confluyen en un óvalo central en el que se encuentra una piña tallada y dorada. En las pechinas hay cuatro pinturas oblongas con un ángel representado en cada una de ellas. Son pinturas al óleo sobre lienzo, embutidas en los registros mediante marcos de yeso y participando de la decoración general de este espacio. En la parte superior del muro derecho se encuentra un cuadro de la Inmaculada, enmarcado por yeserías, y en la zona inferior, se abre la puerta del comulgatorio de las religiosas y la reja que comunica con el coro bajo. Esta puerta es de pequeñas dimensiones y tallada con cuarterones; sobre ella aparecen restos de pinturas murales, de mediados del , con motivos alusivos a la Eucaristía, espigas, ramos de uvas entre decoración de roleos y la figura de un pelícano amantando a sus crías, ubicados sobre una pequeña ménsula de fábrica. En el espacio interior del muro, hay azulejos en los que predominan los tonos azul, blanco y dorado.
La reja del coro, situada a la derecha del comulgatorio, es de forja al igual que la de la tribuna superior, encontrándose sobre ella pinturas murales con escenas alusivas a la Pasión de Cristo: la corona de espinas, la caña, la lanza o la columna de la flagelación. Entre la reja y el arco toral se encuentra la puerta de la sacristía, de madera y con cuarterones rectangulares.
Partiendo desde los pies en el muro izquierdo o del Evangelio, se encuentra en primer lugar el retablo de las Reliquias, inserto en un arcosolio decorado con la técnica del marmoleado, de madera, dorado, policromado y compuesto de banco, cuerpo central de tres calles y ático, aunque actualmente se han trasladado a la clausura. Sobre el arcosolio y situada en el muro, aparece una pintura mural con dos ángeles tenantes apoyados sobre el propio arco, sosteniendo una gloria con la representación del Espíritu Santo en forma de paloma.
Retablo de la Anunciación En el tramo inmediato se encuentra el retablo de la Anunciación, cuya arquitectura sigue el esquema de doble arco de herencia renacentista, con pilastras cajeadas de orden corintio decoradas con grutescos y con columnas entorchadas sosteniendo frontones curvos sobre los que descansan figuras de angelitos. Fue realizado en 1627 por encargo de Bernal Pérez, según consta en la inscripción situada en la parte inferior del intradós de su arco. El cuadro de la Anunciación que lo preside es obra de Francisco de Herrera el Viejo, quien lo pintó en 1627, al igual que el del Padre Eterno del registro superior. En cada una de las jambas del arco hay dos marcos rectangulares con lienzos; en la de la derecha están representadas Santa Carmelita y Santa Eufrocina y en la de la izquierda un santo dominico y Santa Bárbara. En la rosca del arco figuran cuadros con las representaciones de San Juanito, San José con el Niño, la Virgen con el Niño y Santa Teresa con el Serafín, y el Espíritu Santo en la clave. Sustituyen a unos lienzos originales de Herrera hoy desaparecidos. Este retablo, que puede ser considerado como ejemplo de arquitectura protobarroca sevillana, es obra del maestro ensamblador Luis de Figueroa, muy próximo a Montañés, y el autor del dorado y encarnado fue el pintor de imaginería, Baltasar Quintero, figura señera del panorama artístico sevillano y colaborador de importantes artistas del momento.
Retablo de San Juan de la Cruz El siguiente retablo, actualmente sin imagen titular, estuvo dedicado a San Juan de la Cruz. Es de madera dorada y tallada, con estructura arquitectónica del doble arco, teniendo decoradas las pilastras exteriores con querubines, frutos, etc, según característica de la retablística sevillana de la segunda mitad del . En las jambas aparecen una serie de pinturas: la de la jamba derecha representa a Santa Teresa, sentada ante una mesa en actitud de escribir recibiendo la inspiración del Espíritu Santo, y la de la izquierda representa a Santa María Magdalena de Pazzis en actitud de oración. En la rosca del arco hay dos pinturas, una con la escena de la Misa celebrada por el padre fray Gerónimo Gracián de la Madre de Dios cuando la Sagrada Forma se iluminó en el momento de la Consagración, y otra con la escena de la Aparición de Cristo con la cruz sobre un altar para establecer conversación con el santo, En el ático se encuentra otra pintura con la representación de la Virgen del Carmen, como madre de misericordia protegiendo a las carmelitas bajo su manto. Este conjunto de pinturas fue realizado a finales del y, debido a sus rasgos formales, está atribuido a un seguidor de Murillo.
Retablo del Nacimiento A continuación se encuentra el retablo del Nacimiento, antiguo del Calvario, en cuyo espacio central se representa la escena de la Adoración de los Pastores, en un lienzo pintado al óleo de escuela italiana. La máquina del retablo es de estilo protobarroco. En las jambas aparecen confrontados San Agustín y Santo Domingo y sobre ellos Santa Inés y Santa Catalina, en el lado opuesto Santa Cecilia y Santa Isabel de Hungría, y sobre el arco hay lienzos adheridos a tablas en los que están representados San Juan Evangelista, San Juan Bautista y el Cordero Místico. En el ático se encuentra el cuadro con el tema del abrazo de San Joaquín y Santa Ana en la Puerta Dorada. A ambos lados del ático se encuentran los escudos de los patronos Antúnez y Hurtado, inscritos en una tarja y rematados por un yelmo.
Sobre la pilastra contigua está situado el púlpito, de estilo barroco y realizado en hierro forjado en su totalidad, levantado sobre un balaustre, con ambón y escalera. El tornavoz, de madera tallada, dorada y policromada, recrea en la parte inferior una superficie gallonada y en el alzado una cornisa con entablamento decorado con roleos tallados y pintados sobre fondo azul.
Antiguo retablo de Transverberación de Santa Teresa