La tabla de Flandes es una novela del escritor y periodista español Arturo Pérez-Reverte, cuya primera edición fue publicada en 1990. El libro se fundamenta en una trama que mezcla novela histórica y policíaca, con el arte y el ajedrez como grandes temas. Es el libro que convirtió a Pérez-Reverte en un autor superventas.

En 1994, se estrenó una película basada en el libro, de producción inglesa. Titulada La tabla de Flandes dirigida por Jim McBride.

Contexto e historia editorial miniaturadeimagen|izquierda|Una fotografía del novelista cartagenero Arturo Pérez-Reverte

Reportero de guerra durante veintiún años, Pérez-Reverte cubrió para Televisión Española y el diario Pueblo, entre otros medios, diferentes conflictos a lo largo de todo el mundo. Comenzó a escribir novelas a finales de la década de los ochenta, aunque no se profesionalizó hasta mediados de los noventa. La redacción de La tabla de Flandes la concluyó en La Navata en abril de 1990, por lo que su redacción se sitúa en ese ínterin en el que compartía periodismo con literatura.

En un artículo publicado por el diario El Sol a comienzos de 1990, Pérez-Reverte narra el nacimiento de la idea de la que eclosionó la novela:

La novela salió al mercado en 1990. Ese año, la editorial Círculo de Lectores la puso en venta. Alfaguara publicó sendas ediciones a la rústica en 1998 y 2005 y otras en septiembre de 2007, marzo de 2010 y abril de 2014. La última de estas va dedicada a Julio, Rosa, Cristiane Sánchez Azevedo y Raymond Smullyan. Debolsillo también lanzó al mercado varias ediciones en ese formato.

El éxito de la novela, que en apenas dos años había vendido ya más de treinta mil ejemplares, propició su traducción a otros idiomas. Además de al catalán, se tradujo a idiomas extranjeros, como el inglés, alemán, ruso, italiano, chino mandarín, polaco o islandés, entre otros.

Estructura La novela se divide en los siguientes capítulos, encabezado cada uno de ellos por un epígrafe relacionado con el ajedrez y que da pistas acerca del desarrollo de la trama:

. Los secretos del maestro Van Huys . Lucinda, Octavio, Scaramouche . Un problema de ajedrez . El tercer jugador . El misterio de la dama negra

. De los tableros y los espejos . Quién mató al caballero . El cuarto jugador . El foso de la Puerta Este . El coche azul

. Aproximaciones analíticas . Reina, caballo, alfil . El séptimo sello . Diálogos de salón . Final de dama

Argumento Julia es una restauradora de arte a la que se le encarga trabajar La partida de ajedrez —también conocida como La tabla de Flandes o La tabla Farnesio—, una pintura flamenca del siglo , obra de Pieter Van Huys. El cuadro refleja a dos hombres sentados a una mesa, jugando al ajedrez, con una mujer que los observa con atención, apoyada sobre una ventana. En la primera página de la novela, la joven Julia descubre una inscripción oculta en el cuadro, que lee QUIS NECAVIT EQUITEM, «¿Quién mató al caballero?». Se reúne con Menchu Roch, amiga suya y también la galerista que le ha hecho el encargo, para discutir los pasos a seguir en la restauración y deciden que Julia consulte a Álvaro, con quien ha mantenido previamente una relación sentimental, acerca del cuadro.

Con su ayuda, descubren que el cuadro representa a Fernando Altenhofen, duque de Ostenburgo, que juega con las piezas negras, mientras que Roger de Arras, fiel amigo, es el que empuña las blancas. Mientras tanto, la que observa la partida es Beatriz, esposa de Fernando y por tanto duquesa de Ostenburgo. Era sabido que Beatriz y Roger habían mantenido una relación extramarital y se presuponía que el asesinato de Roger —que Julia y Álvaro descubren que había acaecido dos años antes de que Van Huys pintase el cuadro— había corrido a cargo de Fernando.

Julia acude después a César, un anticuario que la ha acompañado desde que ella era joven y perdiese a sus padres. Concuerdan en que han de desvelar el misterio, averiguar quién mata al caballero, ya que esto producirá un considerable incremento en el precio con el que el cuadro salga a subasta. Tras conversar con Manuel Belmonte, propietario del cuadro, y sus familiares, Lola y Alfonso, deciden ponerse a trabajar.

César sugiere que se trata de un problema de ajedrez y que el misterio reside en averiguar cuál de las piezas se ha comido al caballo blanco que falta, por los lazos existentes entre caballero y caballo, siendo la primera palabra la que se emplea en algunos idiomas para referirse a la pieza. Entonces, acuden ambos a un club de ajedrez en busca de un jugador que pueda ayudarles a desvelar el misterio y encuentran a Muñoz, un ajedrecista que, aunque siempre tiene el mapa para llegar al jaque mate, nunca remata sus partidas. Le muestran el cuadro y el jugador de ajedrez opina que se ha de emplear el ajedrez retrospectivo para, volviendo sobre los pasos de la partida, dilucidar cuál ha sido la pieza que se ha comido el caballo blanco y, consecuentemente, matado al caballero.

Álvaro aparece muerto, en apariencia por un accidente en la ducha, aunque los ahora tres jugadores sospechan que puede haberse tratado de un asesinato. El incidente, además, coincide con un movimiento de las negras a partir del que la dama ha tomado al caballo blanco. Mientras continúan las pesquisas, tanto policiales como de los protagonistas, Julia es víctima de un incidente: al parecer, una mujer rubia con gafas de sol le ha saboteado las ruedas y, de haber puesto en marcha en coche, habría muerto. Descubren, asimismo, que una mujer que responde a esa misma descripción, es la que le había enviado a Julia documentos relativos al cuadro en nombre de Álvaro cuando este ya estaba muerto.

En el plano ajedrecístico, Muñoz, que no había cejado en su empeño, descubre que la dama negra es la que, en esa partida, se ha comido al caballo blanco, de lo que Julia deduce, por tanto, que fue Beatriz la que asesinó a Roger y que Fernando, fiel amigo de este, había encargado a Van Huys la elaboración del cuadro, de tal modo que, aunque oculta, la resolución del asesinato quedase grabada para la posteridad.

En el intercambio de jugadas, que no cesa, el desconocido jugador que empuña las piezas negras en la partida rehúye un hipotético cambio de damas y, en cambio, toma, con su propia dama, la torre blanca. Mientras, Julia ha de acudir a un establecimiento para recoger a Menchu, que se ha emborrachado y drogado, y llevarla a su propia casa. A la mañana siguiente, aparece asesinada, con una botella incrustada en el sexo. El cuadro, por su parte, ha desaparecido.

thumb|left|Cuadro del Museo del Prado junto al que el asesino le deja la última indicación ajedrecística a Julia

Max, el novio de Menchu, se erige como principal sospechoso, pero ni Muñoz ni Julia lo ven capaz. Confiesa este que había planeado fugarse con Menchu y el cuadro, pero que, cuando llegó a la casa para ejecutar el plan, se encontró con su cadáver, aunque sin la botella aún. Asimismo, el portero testifica haber visto a una mujer con impermeable y gafas de sol rondar el edificio la misma noche. Julia recibe una llamada misteriosa que la conmina a acudir a una sala del Museo del Prado, donde, junto a El triunfo de la Muerte, un cuadro de Pieter Brueghel el Viejo, encuentra otra indicación para proseguir con el juego.

Tras este nuevo incidente, se reúne con Muñoz, que la lleva al club de ajedrez. Allí le enseña un álbum de fotos, con los finalistas de una edición del trofeo nacional. Pese a su juventud, Julia reconoce en el subcampeón a un joven César —que en ningún momento había declarado tener relación alguna con el juego—, lo que resuelve el misterio.

El anticuario los recibe, amigablemente, en su casa y, además de resolver la partida, les cuenta la historia. De joven, era un buen jugador de ajedrez, pero la apabullante derrota que sufrió en la final hizo que se apartase del juego por completo, tratando de borrar cualquier huella que lo relacionase con él. El cuadro que Julia le mostró, sin embargo, renovó su interés por el juego de los escaques y sintió el impulso, la necesidad de jugar la partida que en él se retrataba. Así, para tener un rival a la altura, acudió al club con Julia, donde encontraron a Muñoz.

A Álvaro, confiesa, lo mató por puro odio, por lo que le había hecho sufrir a Julia, mientras que Menchu falleció para su propio beneficio: había acordado con Paco Montegrifo, el representante de la casa de subastas, el robo del cuadro, de tal manera que los beneficios se repartiesen y Julia se llevase la mayor parte. Además, la mujer rubia de gafas de sol no era más que él disfrazado, lo que le había permitido, entre otras cosas, enviarle a Julia los documentos haciéndole creer que procedían de Álvaro y acceder a su casa cuando Menchu estaba sola y asesinarla. Asimismo, le revela a Muñoz que, para poder seguir la partida, se ha valido de un módulo de ordenador.

Al fin, impelido por Julia a explicar sus verdaderos motivos, César confiesa que le han diagnosticado síndrome de inmunodeficiencia adquirida y que le quedan apenas seis meses de vida. Se despide de ella y de Muñoz y les pide que se retiren, de modo que pueda suicidarse de manera digna.

Otros personajes Casimiro Feijoo, inspector jefe de la policía. Max, novio de Menchu Roch. Paco Montegrifo, representante de la casa de subastas Claymore. Lola Belmonte, sobrina de Manuel Belmonte. Alfonso Lapena, marido de Lola Belmonte.

Análisis de la obra Metaficción De Tejerina, de la Universidad de Varsovia, pone a La tabla de Flandes como ejemplo que contradice el tópico de que el superventas ha de ser «una novela fácil de leer y banal». Combina los elementos tradicionales del relato con la corriente experimentalista y el boom latinoamericano. Por el juego metaficcional —esto es, por las autorreferencias— que la novela propone a través de la partida de ajedrez, de Tejerina la equipara con Continuidad de los parques y Magias parciales del Quijote, relatos de Julio Cortázar y Jorge Luis Borges, respectivamente. En palabras de la autora:

De hecho, la propia Julia, protagonista de la novela, esboza un esquema en el que se perciben algunos de estos niveles: Nivel 1.Julia.

Nivel 2.Escenario que se muestra en el cuadro y el suelo con los escaques.

Nivel 3.Fernando, Beatriz y Roger, que son los personajes que aparecen en el cuadro.

Nivel 4.Tablero sobre el que Fernando y Roger juegan la partida.

Nivel 5.Piezas, que simbolizan tanto a los personajes del cuadro como a los de la trama presente.

Nivel 6.Espejo del cuadro sobre el que se reflejan tanto la partida como los personajes, todos invertidos.

Incluido el nivel del lector —no citado por Julia—, según de Tejerina, resultaría un esquema en el que la partida de ajedrez que se disputa ocupa el centro, englobada por el cuadro, a su vez englobado por la novela, que es la que aprehende el lector desde su realidad. Así, en palabras de Tejerina, hay un «nivel intradiegético», las pesquisas de los protagonistas, y dos «niveles metadiegéticos», el correspondiente a la historia descrita en el cuadro y al relato que se corresponde con la partida de ajedrez.

Asimismo, el lector de la novela se identifica con los investigadores, con los que comparte características, y se adentra de este modo en ella. Según de Tejerina, «el juego metaficcional contribuye al efecto fantástico». Identifica también numerosas referencias metaliterarias, tales como «chistes» con los que los personajes se refieren al embrollo o alusiones a la maestría que atesora el creador del problema ajedrecístico, que no es otro, señala, que Pérez-Reverte.

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