Fedón o Sobre el alma (en griego clásico, Φαίδων ἢ περὶ ψυχῆς') es un diálogo platónico que se ambienta en las últimas horas de vida de Sócrates, antes de ser ejecutado. Platón utiliza este cuadro para exponer sus ideas de madurez, la teoría de las formas, la teoría de la reminiscencia y la teoría de la metempsicosis, como elementos de una discusión sobre la inmortalidad del alma.

Cronología Existe un acuerdo general entre los especialistas en ubicar este diálogo entre las obras de madurez (floruit) de Platón. Alrededor de sus cuarenta años, tras regresar a Atenas de su viaje a Sicilia (Carta VII, 324a), funda la Academia y escribe el Fedón, el Banquete, la República y el Fedro, aproximadamente en este orden. Esto sucede cerca del año 387 a.C. Platón llega en estas obras no solo a forjar y expresar de manera cabal sus propias ideas, sino que también llega a la cumbre de su estilo y capacidad compositiva.Cf. W.K.C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega, IV, p. 315.C. Eggers Lan, Fedón, pp. 20-25.C. García Gual, Diálogos III, Fedón, Banquete, Fedro, p. 9.

Situación dramática Fedón de Elis, discípulo de Sócrates, se encuentra con el pitagórico Equécrates de Fliunte, probablemente en la patria de este último. Allí le narra lo sucedido las últimas horas de vida de Sócrates y lo que se habló en esa ocasión. Esto le permite a Platón disponer de un narrador que pueda presentar al lector no solo el diálogo mismo, sino también la escena y las acciones de los protagonistas.

El diálogo narrado por Fedón tiene lugar en la prisión donde Sócrates estaba detenido esperando el momento de su ejecución, en Atenas, en el año 399 a. C. Aunque en la escena están presentes su esposa Jantipa (luego se retira y reaparece al final) y catorce de sus amigos -entre los que se encontraban Antístenes, Euclides y Critón (59b)-, los interlocutores principales de Sócrates son Simmias y Cebes, antiguos discípulos del pitagórico Filolao. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega, IV, p. 316.Eggers Lan, Fedón, p. 11.García Gual, Diálogos III, Fedón, Banquete, Fedro, p. 16-17.

Contenido Prólogo (57a - 60b) Equécrates le pregunta a Fedón por las circunstancias de la muerte de Sócrates. Fedón comienza explicando por qué Sócrates murió tanto tiempo después de su condena: la ciudad estaba festejando una ceremonia religiosa durante la cual se debían suspender las ejecuciones. Equécrates vuelve a preguntar quiénes estuvieron y qué se dijo y se hizo en tal ocasión. Fedón menciona a los presentes y refiere sus propios sentimientos contradictorios: tanto el placer de la conversación, como el dolor ante la muerte inminente de su amigo. Se narra una escena donde Jantipa debe ser retirada por Critón, a pedido de Sócrates, puesto que se había puesto a gritar y darse golpes en el pecho, emocionada por la llegada de sus amigos.

Narración introductoria (60b - 69e) Diálogo introductorio (60b - 61b) Fedón señala que encontró a Sócrates "recién liberado de los grilletes", lo que le da pie para iniciar el diálogo con una reflexión sobre la íntima relación entre el placer y el dolor: a uno siempre le sigue el otro. Sócrates dice que Esopo debería haber compuesto una fábula en que ambos se mostraran como contendientes que el dios unió en un mismo cuerpo. La mención a Esopo hace recordar a Cebes que Eveno le había pedido preguntara a Sócrates cuál es la razón de que en estos días se hubiera puesto a componer música para el Himno a Apolo y las narraciones de Esopo. Sócrates responde que es debido a un sueño que ha tenido recurrentemente, en el cual se le indicaba que debía hacer música y practicarla. Hasta ahora había interpretado que la filosofía era la más grande música, pero, por las dudas de que el dios le hubiera ordenado hacer el otro tipo de música, no le convenía partir sin haberse purificado practicándola.

El verdadero filósofo y la muerte (61b - 69e) Luego de la explicación destinada a Eveno, Sócrates añade inmediatamente una recomendación: "dile que me siga cuanto antes". Ante la perplejidad que genera su comentario explica que si Eveno es filósofo, estará dispuesto a morir, aunque no haciéndose violencia a sí mismo. Esta respuesta, al ser aparentemente contradictoria, necesita una explicación, que solicita Cebes. Sócrates apela al argumento que se alude sobre esto en los cultos mistéricos: los mortales están en su vida como en una suerte de "prisión" y no deben intentar escapar de ella. Los dioses son los amos y guardianes de los hombres y conviene no quitarse la vida hasta que el dios envíe una situación de necesidad.

Cebes acepta este último argumento contra el suicidio, pero no le parece consistente con el primero sobre la actitud del filósofo frente a la muerte: el filósofo, justamente aquel del que se espera la mayor sensatez y conoce que está al servicio de los mejores amos, no debería alegrarse por huir de ellos. Simmias indica que Cebes apunta con su argumento a Sócrates, que parece llevar tan bien el hecho de dejar tanto a sus amigos como a los dioses.

Sócrates contesta que con la muerte él espera llegar no solo con los mejores hombres, sino también junto a otros dioses, y de que existe algo para los muertos, y que este algo es mejor para los buenos que para los malos. Los verdaderos filósofos se preparan constantemente para la muerte, y para ninguna otra cosa. Esto merece una aclaración sobre lo que es la muerte: es un desprenderse el alma del cuerpo. El filósofo lleva una vida que no está dedicada ni a los placeres, ni a las comidas y bebidas, ni al sexo. No consideran importante la elegancia de la ropa y todo lo relativo al cuerpo. Y esto es para la gente como un estar muerto.

El cuerpo es un impedimento para alcanzar la sabiduría, puesto que los sentidos son engañosos. El verdadero filósofo se aleja del testimonio de los sentidos, y razona mejor cuando los ignora. El alma del filósofo desestima al cuerpo y busca quedarse sola en sí misma.

El acceso a lo que verdaderamente es, las formas, es solamente racional y no podemos captar lo Bello en sí, o lo Grande en sí con los sentidos. Quien se aparte lo más posible del cuerpo es quien captará mejor lo real. El cuerpo es una contaminación, nos llena de distracciones y nos sumerge en la faena cotidiana de su cuidado. La plenitud de la sabiduría nos llegará solamente al morir. Las virtudes y la filosofía son como ritos purificadores que nos preparan para la muerte.

Primeros argumentos sobre la inmortalidad del alma (69e - 84b) El nacer de todo a partir de su contrario (69e - 72e) left|thumb|Sarcófago romano del siglo II d.C. que representa las puertas del mundo subterráneo, destino de las almas para los griegos. Museo Arqueológico de Antalya, Turquía. Cebes hace notar a Sócrates que, en general, se cree que el alma luego de desembarazarse del cuerpo no subsiste. Sócrates opone a tal creencia la de que los que mueren van hacia el Hades, y los que nacen provienen de allá. El solo hecho de que se produzcan nacimientos debería probar que las cosas son así, sostiene Sócrates, puesto no habría cómo explicar los nacimientos.

Sin embargo, para apoyar la creencia presenta un argumento de alcance general, que se aplica a todo lo que se genera -y no solo al hombre- y a todo lo que tiene contrario: según el cual, todo nace de su contrario. Así, vemos que lo bello proviene de lo feo, lo que llega a ser justo era antes injusto, lo que se vuelve grande antes era pequeño, y lo débil y lo lento solo pueden llegar a ser a partir de lo fuerte y lo rápido.

El paso de uno a otros de estos pares contrarios es siempre un proceso genético: el que va de una cosa mayor a una menor, es el disminuir, y de lo menor a lo mayor, aumentar. Y así como hay un dormir, que es el proceso genético que va del estar despierto al estar dormido, y un despertar, que es el pasar de estar dormido al estar despierto, también estas mismas relaciones deben darse en el par de opuestos "vivir" y "estar muerto". Si al proceso que va del primero al segundo es evidente que existe, y lo llamamos "morir", debe haber también otro que sea el proceso que va del "estar muerto" al "vivir": el "revivir".

La necesidad de que este proceso sea real descansa en el hecho de que si no existiera un "despertar" para los que están dormidos, todos acabaríamos compartiendo el destino de sueño eterno de Endimión. Si no existiera un revivir, todo terminaría por estar muerto.

Argumento de la reminiscencia (72e - 78a) Cebes mismo apoya la tesis de la inmortalidad del alma trayendo otro argumento: si el aprendizaje es como se lo ha considerado en otras ocasiones, es en realidad un recordar. Y esto sería imposible si el alma no tuviera una existencia anterior a la de nacer con forma corporal.

La doctrina de la reminiscencia (ἀνάμνησις, anámnēsis) se demuestra interrogando a los hombres sobre cosas que no conocen, y si se hace bien, ellos van diciendo todo correctamente, sobre todo en asuntos relacionados con geometría. No sería posible este proceder si ellos no poseyeran previamente, de algún modo, el concepto de lo que se les interroga.Según los estudios, este pasaje es una referencia a Menón 80d - 86c. Eggers Lan, Fedón, p. 126 n. 86. García Gual, Diálogos III, Fedón, Banquete, Fedro, p. 56, n. 42.

Sócrates intenta otro modo de apoyar la doctrina: sabemos que recordamos cosas olvidadas a partir de cosas diferentes, como cuando vemos a Simmias y recordamos a Cebes, y también a partir de cosas semejante, como si vemos a Simmias dibujado y recordamos a Simmias mismo. Como sea, sabemos que las semejanzas son imperfectas porque conocemos el original y lo recordamos. Del mismo modo, si aceptamos la existencia de lo "Igual en sí" (αὐτὸ τὸ ἴσον) y lo conocemos, no es por verlo directamente en las semejanzas que vemos entre cosas parecidas, porque esta semejanza no se cumple perfectamente nunca, mientras que lo "Igual en sí" es semejante en grado sumo. Si podemos captar la diferencia de grado entre las semejanzas que se dan en las cosas semejantes y lo "Igual en sí", debe ser porque poseíamos esta Idea antes de usar los sentidos, antes de nacer. La percepción solo es la ocasión para "recuperar" aquel conocimiento. Y así sucede con todas las Ideas, la de lo Bueno, la de lo Bello, etc. Es necesario, que si existen estas Ideas, el alma preexista y las haya conocido en esa existencia previa al nacimiento. Al nacer este conocimiento se pierde, pero no del todo, y lo recuperamos al percibir las cosas.

Ante la objeción de Simmias de que este argumento demuestra solo la preexistencia de las almas y no su supervivencia luego de la vida, Sócrates indica que hay que combinar este argumento con el anterior (69e - 72e, vid. supra): si el alma nace a partir del estado de "estar muerta", necesariamente debe existir tras la muerte, puesto que debe renacer. Pero señala que seguramente no terminará aquí la discusión, puesto que sus interlocutores temen que tras la muerte el alma se disipe, como una suerte de vapor o exhalación, sobre todo si uno muere un día de fuerte viento.

La afinidad del alma con las formas (78b - 80d) Sócrates desarrolla este argumento a partir de una contraposición entre aquello a lo que le es posible ese disiparse que se teme que sufra el alma: lo compuesto; y frente a ello, lo simple. Habrá que decidir a cual de estas dos categorías pertenece el alma.