La segunda guerra de los Balcanes fue un breve conflicto que enfrentó en el verano de 1913 a Bulgaria con sus antiguos aliados de la Liga Balcánica, Rumanía y el Imperio otomano, del que salió derrotada. La guerra llevó a un nuevo tratado de paz, el Tratado de Bucarest, que modificó el reparto territorial acordado en el reciente Tratado de Londres que había puesto fin a la primera guerra balcánica en la que la Liga había derrotado a los otomanos.
Los combates duraron treinta y tres días y comenzaron con una ofensiva búlgara que pronto dio paso a contraofensivas serbias y griegas. La intransigencia territorial búlgara, que no se avino a aceptar la posesión griega de Salónica para mantener su alianza con Grecia, ni a ceder la Dobruya meridional para evitar el ataque rumano que decidió la contienda, facilitaron su derrota final. Aunque los búlgaros lograron contener finalmente casi todos los avances serbo-griegos, la entrada en el conflicto de Rumanía primero y del Imperio otomano más tarde garantizó su derrota. El Gobierno de Sofía no se aseguró tampoco el apoyo decidido de Rusia, que podía haber evitado los ataques de rumanos y otomanos. Tampoco contó con el respaldo de las potencias, perdido por el ataque a sus antiguos aliados que desencadenó la guerra.
La contienda acabó con un reparto territorial principalmente favorable a los vencedores: Serbia obtuvo el grueso de la Macedonia septentrional, Grecia de la meridional (incluyendo Salónica), Rumanía la Dobruya meridional y el Imperio otomano Tracia oriental con Adrianópolis. Bulgaria, a pesar de considerar la guerra como una catástrofe, obtuvo una pequeña parte de Macedonia, la Tracia occidental y territorios al sur de los montes Ródope.
Militarmente, Serbia quedó como la principal potencia regional junto con Rumanía, mientras que políticamente fue la única nación cercana a Rusia tras el alejamiento de Bulgaria, insatisfecha con la actitud rusa durante el enfrentamiento. La dependencia rusa de Serbia en los Balcanes para mantener su influencia fue un factor importante en el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial un año más tarde, en el verano de 1914.
Antecedentes Desavenencias por el reparto del territorio conquistado
thumb|340px|izq|Posiciones de los beligerantes a finales de abril de 1913, tras finalizar la primera guerra de los Balcanes.
El rechazo de las potencias, especialmente del Imperio austrohúngaro, a conceder a Serbia una salida al mar Adriático hizo que esta se plantease aumentar su territorio en Macedonia, a costa de la porción prometida a Bulgaria en el acuerdo de alianza entre los dos países. Grecia, por su parte, no deseaba ceder los nuevos territorios bajo su control. Ya en enero de 1913, el príncipe heredero serbio y uno de los príncipes griegos comenzaron a sopesar la posibilidad de establecer una alianza anti búlgara. Ese mismo mes de enero, Serbia pidió la modificación del reparto territorial. A finales de febrero, el Gobierno serbio solicitó formalmente a Bulgaria una nueva negociación de la distribución de los territorios macedonios, que el Gobierno de Sofía rechazó.
Bulgaria deseaba que el reparto de la región se realizase en función de la aportación militar y del esfuerzo realizado en la contienda contra los otomanos, mientras que tanto Serbia como Grecia deseaban una división que garantizase un equilibrio de poder en la zona. Las principales diferencias se centraban en la división de Macedonia y en el control de Salónica. Serbia repitió su petición en los meses siguientes, mientras las relaciones bilaterales empeoraban. Basó sus intentos de modificar el acuerdo original en las siguientes razones, que no dejó de repetir en los meses que precedieron a la guerra con Bulgaria: Bulgaria no había asignado al frente macedonio el número de tropas estipulado en la alianza, lo que había obligado a Serbia a realizar un mayor esfuerzo y había supuesto un incumplimiento de las obligaciones búlgaras. Serbia había enviado al frente a más tropas de las acordadas y había ayudado a Bulgaria en Adrianópolis. Cuando se había firmado la liga, Serbia esperaba lograr una salida al Adriático, que más tarde las potencias impidieron con la creación de Albania. Serbia esperaba ser compensada territorialmente en Macedonia. Bulgaria había ocupado mayor territorio tracio del esperado, en parte con ayuda serbia, y debía por ello estar dispuesta a ceder parte de Macedonia a Serbia.
Dada la solidez de la posición legal búlgara gracias al tratado de alianza, el Gobierno de Sofía no tuvo dificultad en refutar las razones alegadas por el de Belgrado. Un acuerdo entre los mandos aliados en septiembre de 1912 había liberado a Bulgaria de su obligación de enviar cien mil hombres al Vardar, la guerra se suponía que se había hecho en común contra los otomanos y los búlgaros consideraban normal la ayuda serbia en Adrianópolis y el revés en el Adriático afectaba a Serbia, no a Bulgaria; los búlgaros, por su cesión de Silistra a Rumanía, no habían solicitado compensaciones a Serbia. El anexo secreto al tratado de alianza serbo-búlgaro también admitía el derecho búlgaro a territorios al este de los montes Ródope y del Struma, lo que los búlgaros interpretaban incluía la Tracia cercana a Adrianópolis. Por su parte, Bulgaria respondió a las peticiones serbias con su deseo de obtener todo el norte de Macedonia, mediante la concesión de autonomía a la región, paso previo a su incorporación a Bulgaria.
Griegos y serbios comenzaron una campaña de nacionalización de los territorios bajo su control. Se cerraron escuelas búlgaras en Macedonia, se prohibieron los servicios religiosos en búlgaro y se persiguió a la OIRM. En abril Bulgaria solicitó el arbitraje del zar de Rusia en su disputa con Serbia por Macedonia, conforme a lo dispuesto en el tratado de alianza serbo-búlgaro. Rusia aceptó, pero sugirió a los búlgaros ceder parte del territorio prometido en el tratado de alianza a Serbia, lo que disgustó al Gobierno búlgaro. La confianza en la neutralidad rusa sufrió mella a ojos de Sofía, pero el nuevo gabinete de Stoyan Danev, que sucedió a Ivan Geshov tras la dimisión de este el , continuó solicitando la mediación rusa (pedida nuevamente el 19 de mayo). El nuevo primer ministro búlgaro se había convencido de la imposibilidad de mantener la Liga y de que la guerra se había hecho inevitable entre los antiguos coligados. Una última entrevista con el primer ministro serbio, Nikola Pašić, no sirvió para resolver las diferencias entre las dos naciones. Danev, por su parte, insistía en ceñirse estrictamente a las cláusulas del concierto suscrito con Serbia el año anterior.
Acercamiento greco-serbio
El 5 de mayo, se firmaron una serie de acuerdos preliminares entre Serbia y Grecia para mantener una postura común frente a Bulgaria mientras se producían escaramuzas entre fuerzas militares. Estos pactos estipulaban también la división entre los dos países del territorio macedonio al oeste del Vardar y el establecimiento de una frontera común entre ambos. El criterio para dividir el territorio sería la ocupación: una comarca dominada militarmente por una nación le sería asignada automáticamente. En octubre de 1912, los griegos habían presentado ya un borrador de alianza, claramente dirigida contra Bulgaria, a la que Serbia y Grecia temían.
Las negociaciones bilaterales, que no fructificaron en un principio, se reanudaron en enero de 1913 y se aceleraron durante la primavera de ese año. Ante el cariz de los acontecimientos, el acuerdo de mayo se transformó el 1 de junio en liga firme, ratificada en Atenas el 21 del mes. La frontera pactada entre las dos naciones y trazada según el principio mencionado partiría de Ocrida, pasaría al sur de Monastir y llegaría al curso del Vardar al sur de Gevgelija. La frontera con Bulgaria seguiría el curso del Vardar hasta la confluencia de este con el río Bojimia-Dere y de allí continuaría en dirección este hasta la antigua frontera. Los dos coligados se dividían además Albania en zonas de influencia.
Mientras, continuaban en Londres las negociaciones entre la Liga y el Imperio otomano, marcadas por las desavenencias entre los antiguos aliados. El representante búlgaro deseaba la rápida conclusión del tratado con el Imperio para poder trasladar el grueso de sus tropas a Macedonia, a lo que los delegados serbios y griegos se oponían precisamente para evitarlo. Al día siguiente de la firma del Tratado de Londres, Serbia y Grecia rubricaron un tratado de alianza secreto contra Bulgaria () en el que se estipulaba el reparto de Macedonia según el país ocupante en aquel momento. Comenzaron además conversaciones secretas para lograr el apoyo del Imperio otomano que no fructificaron.
Ante el claro aumento de la tensión, el 8 de junio el zar aconsejó a los monarcas búlgaro y serbio que solicitasen formalmente su arbitraje para evitar un conflicto entre los dos países; mientras que Fernando reiteró su deseo de ceñirse a los términos de la alianza, Pedro solicitó una revisión del tratado. Aunque las respuestas no satisficieron completamente al Gobierno ruso, este invitó a las partes a exponer sus posiciones y acudir a San Petersburgo para negociar un acuerdo. Mientras, en las negociaciones bilaterales, Danev siguió tratando de que los serbios aceptasen el arbitraje ruso de acuerdo al tratado de alianza, mientras que Pašić se negó a consentir tal condición y expresó su deseo de una negociación sin condiciones previas y un resolución simultánea del reparto territorial en el sur entre Bulgaria y Grecia.
La actitud de Rumanía Mientras, Austria-Hungría mostraba su interés por pactar con Bulgaria, pero se mostraba reacia a presionar a Rumanía para que esta no exigiese concesiones territoriales a Bulgaria y no ofrecía una alianza militar contra Rumanía y Serbia, única propuesta que hubiese tentado al rusófilo primer ministro Danev a cambiar su política prorrusa por otra favorable a Viena. Danev confiaba en que Rusia evitaría un posible ataque rumano a Bulgaria y no se mostró dispuesto a hacer concesiones como sugería Viena.
Austria-Hungría deseaba destruir la Liga, que consideraba un instrumento de influencia rusa en los Balcanes; prefería un reparto territorial favorable a Bulgaria para que Serbia, a la que los círculos eslavos del Imperio tenían cada vez más por el «Piamonte yugoslavo», no saliese excesivamente reforzada. Para favorecer abiertamente a Bulgaria, sin embargo, necesitaba un acuerdo entre esta y Rumanía, su aliada de la Triple Alianza.
El , Danev indicó a Rumanía que esperaba de ella que, en caso de conflicto con Serbia, mantendría una neutralidad benevolente; pocos días más tarde, se mostró dispuesto a estudiar la construcción de un puente en el Danubio y la unión aduanera entre las dos naciones, pero no a ceder más territorio, única oferta que interesaba al Gobierno rumano. Este indicó claramente el 27 de junio que, en caso de guerra, se movilizaría contra Bulgaria. Danev subestimó las amenazas rumana y otomana. Confiaba en el apoyo ruso para evitar un posible ataque otomano a Bulgaria una vez que el grueso de las tropas se trasladasen a Macedonia. Incluso tras la ruptura de hostilidades el 29 de junio, no presentó oferta alguna a Bucarest.
Vísperas del conflicto miniatura|350px|La Macedonia en disputa entre Serbia y Bulgaria, según el acuerdo de alianza. La pérdida de la posibilidad de acceso al mar Adriático de Serbia por la oposición de las potencias (principalmente del Imperio austrohúngaro) y de la Dobruya meridional por Bulgaria hizo que ambas deseasen obtener mayor territorio macedonio.