miniaturadeimagen|Los pacientes con delirios de grandeza pueden pensar erróneamente que son mucho más poderosos de lo que realmente son (megalomanía). La manía, también conocida como el síndrome maníaco, es un estado elevado anormal de excitación, afecto y nivel energético, o “un estado de elevación ante toda la activación relacionada con la expresión afectiva junto con la labilidad emocional”. Aunque la manía es comúnmente asociada como una “imagen refleja” de la depresión, la elevación del estado de ánimo puede ser euforia o irritabilidad.
Los síntomas de la manía incluyen humor elevado (ya sea eufórico o irritable); fuga de ideas y logorrea; aumento de energía, disminución de la necesidad de dormir e hiperactividad. Estos son los síntomas más evidentes en los episodios hipomaníacos totalmente desarrollados; sin embargo, en el estado de manía completo, se experimentan exacerbaciones progresivamente graves y se confunden cada vez más con otros signos y síntomas, como los delirios y la fragmentación del comportamiento.
La manía es un síndrome con múltiples causas; aunque la vasta mayoría de factores ocurren en el contexto del trastorno bipolar, es también un componente clave de otros trastornos psiquiátricos (tal como el trastorno esquizoafectivo de tipo bipolar) y podría también ser un síntoma secundario para distintas condiciones médicas, así como la esclerosis múltiple; algunos medicamentos o drogas pueden inducir una psicosis maníaca, por ejemplo, los corticosteroides y los antidepresivos; o las sustancias de abuso como la cocaína, las anfetaminas o los esteroides anabólicos. En el DSM-5, los episodios hipomaníacos se encuentran separados de los episodios maníacos completos más severos, los cuales son categorizados como leves, moderados o graves; esto dependiendo de indicadores de acuerdo con las características de sus síntomas (psicosis, catatonia). La manía se divide en tres etapas: hipomanía, o etapa I; manía aguda, o etapa II; y manía delirante (delírium), o etapa III. Esta manera de dividir las etapas de un episodio maníaco es muy útil para describir y diferenciar el diagnóstico de otros trastornos.
La manía varía en intensidad, desde manía leve (hipomanía) a manía delirante, marcado por síntomas como desorientación, alucinaciones, psicosis florida, incoherencia y catatonia. Las herramientas estandarizadas como la escala autoaplicada de manía de Altman y la escala de manía de Young pueden ser utilizadas para medir la gravedad de los episodios maníacos. Debido a que la manía e hipomanía han sido asociados a la creatividad y el talento artístico, no siempre se ve el caso en que las personas maníacas, que claramente padecen el trastorno bipolar, deseen o necesiten ayuda médica; estas personas, con frecuencia, tienen el autocontrol suficiente para funcionar de manera normal o simplemente no son conscientes de que han entrado en un estado maníaco como para recurrir por sí mismos a solicitar el apoyo.
Es común que se crea que las personas maníacas se encuentran bajo la influencia de drogas.
Clasificación
Estados mixtos
En un estado afectivo mixto, el individuo, a pesar de cumplir con el criterio general de una hipomanía o episodio maníaco, experimenta tres o más de los síntomas recurrentes depresivos. Esto ha causado especulación de que la manía y la depresión, en vez de constituir dos polos “verdaderamente opuestos”, son, en cambio, dos ejes independientes en un espectro unipolar-bipolar.
Un estado afectivo mixto, especialmente los que tienen síntomas maníacos prominentes, posiciona a los pacientes en mayor riesgo de un suicidio consumado. La depresión por sí misma es un factor de riesgo. Sin embargo, cuando se suma un incremento de energía y una actividad dirigida a una meta, el paciente es más propenso a actuar violentamente en impulsos suicidas.
Hipomanía
La hipomanía es un estado más leve de la manía que no llega a afectar la funcionalidad ni la calidad de vida. Este mismo podría, de hecho, incrementar la productividad y creatividad. En la hipomanía, hay menor necesidad de dormir y el comportamiento enfocado en una meta y el metabolismo incrementan. Aunque el estado de ánimo elevado y el nivel de energía típico de la hipomanía podrían ser vistos como un beneficio, la manía por sí misma generalmente tiene muchas consecuencias indeseables, como lo son las tendencias suicidas; la hipomanía podría ser, si el estado de ánimo prominente es la irritabilidad y no la euforia, una experiencia desagradable.
Otros trastornos asociados Un solo episodio maníaco, con la ausencia de causas secundarias (como el trastorno por uso de sustancias, los fármacos o una condición médica general), es suficiente para diagnosticar el trastorno bipolar I; la hipomanía puede ser un indicador del trastorno bipolar II. Los episodios maníacos son con frecuencia complicados por delirios y/o alucinaciones; si las características psicóticas persisten por una duración significativamente más larga que en un episodio de manía (dos semanas o más), el diagnóstico más apropiado sería un trastorno esquizoafectivo. Algunos de los desórdenes del el “espectro obsesivo-compulsivo” y de los trastornos del control de los impulsos comparten el nombre “manía”, por ejemplo: la cleptomanía, piromanía y la tricotilomanía. A pesar de ser asociados, desafortunadamente, por la implicación en sus nombres, no existe relación entre la manía o el trastorno bipolar con este otro tipo de trastornos. Asimismo, la deficiencia de vitamina B12 puede provocar características como las de la manía y la psicosis.
El hipertiroidismo puede producir síntomas parecidos a los de la manía, tales como la agitación, humor elevado, aumento de energía, hiperactividad, problemas para dormir y, algunas veces, especialmente en los casos graves, psicosis.
Signos y síntomas thumb|200px|Algunas sustancias adictivas, como la cocaína, pueden inducir estados de ánimo similares a los de un episodio maníaco (excitación, humor elevado, euforia).
Un episodio maníaco es definido por el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría como un “periodo distinto de humor elevado, expansivo e irritable que es anormal y persistente, además de sus respectivos incrementos anormales y persistentes de actividad y energía, que duran al menos una semana y se presentan durante la mayor parte del día, casi todos los días (o cualquier duración si la hospitalización es necesaria)”, en el cual el estado de ánimo no es causado por el uso de drogas, medicamento o alguna condición médica (como hipertiroidismo), y (a) causa claras dificultades en el área laboral o las relaciones sociales y actividades, o (b) requiere la admisión a un hospital para proteger a la persona y otros, o (c) la persona sufre de psicosis.
Para ser clasificado como un episodio maníaco, durante el estado de ánimo perturbado y el incremento de actividad orientada a un objetivo o el aumento de energía, deben estar constantemente presentes al menos tres (o cuatro si sólo está presente la irritabilidad) de los siguientes:
Autoestima inflada o grandiosidad. Reducción de la necesidad de sueño. Hablar en exceso o presión para mantener la conversación (verborrea o habla apresurada). Fuga de ideas o la experiencia subjetiva de que los pensamientos son acelerados. Aumento de la actividad dirigida a objetivos (por ejemplo, hiperactividad laboral, social o sexual), o agitación psicomotriz. Distraibilidad (es fácilmente atraído por estímulos externos poco importantes). Participación excesiva en actividades que potencialmente tienen consecuencias peligrosas o riesgosas (por ejemplo, compras desenfrenadas, abuso de sustancias, conducción imprudente, proyectos comerciales improbables, hipersexualidad).
Aunque las actividades en las que uno participa en el estado maníaco no son siempre negativas, aquellas con el potencial de tener desenlaces negativos son mucho más comunes. En casos en los que la persona está deprimida al mismo tiempo, se dice que pasa por un episodio mixto.
La Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud define al episodio maníaco como un estado de ánimo que es más alto que lo que la situación justifica y puede variar de un espíritu elevado hasta exuberancia casi incontrolable, acompañado de hiperactividad, una compulsión por hablar, se reduce la necesidad de dormir, dificultad para mantener la atención y distraibilidad en aumento. Frecuentemente se agranda la autoestima y la autoconfianza, mientras que ideas grandes y extravagantes son expresadas. El comportamiento que está fuera del carácter y que es riesgoso, insensato o inapropiado pueden resultar de la pérdida de la limitación de las normas sociales.
Algunas personas tienen incluso síntomas físicos, tales como sudoración, alteración del ritmo y pérdida de peso. En la manía de estado completo, usualmente la persona maníaca siente como si su objetivo sobrepasara cualquier otra cosa, que no hay consecuencias o que las consecuencias negativas serán mínimas, así como que no necesitan moderar o limitarse cuando se trata de conseguir lo que buscan. La hipomanía es distinta, ya que puede causar poco o nulo desajuste en las funciones. La conexión de la persona hipomaníaca con el mundo externo y sus estándares de interacción se mantienen intactos, aunque la intensidad del estado de ánimo sí se afecte. Sin embargo, aquellos que sufren de hipomanía prolongada y sin tratamiento están en riesgo que desarrollar manía completa y podrían cruzar la “línea” incluso sin darse cuenta de que lo han hecho.
Uno de los síntomas característicos de la manía (y en un nivel más reducido en la hipomanía) es a lo que se le llama “pensamiento acelerado”. Con frecuencia, este cuenta como instancia de que la persona maníaca está siendo excesivamente distraída por estímulos que son objetivamente poco importantes. Esta experiencia crea un estado inconsciente en el que los pensamientos del individuo le preocupan totalmente, haciéndolo incapaz de estar al tanto del tiempo o que no se dé cuenta de cualquier cosa fuera del flujo de sus propios pensamientos. Estos mismos pensamientos fugaces interfieren con la capacidad de dormir.