miniaturadeimagen|Dibujo de Engels del grupo Die Freien de jóvenes hegelianos. De izquierda a derecha: Arnold Ruge, Ludwig Bühl, Carl Nauwerck, Bruno Bauer, Otto Wigand, Edgar Bauer, Max Stirner, Eduard Meyen, tres desconocidos, Karl Friedrich Köppen. Los jóvenes hegelianos (Junghegelianer), más tarde conocidos como hegelianos de izquierda (Linkshegelianer), eran un grupo de estudiantes y jóvenes profesores de la Universidad Humboldt de Berlín seguidores del trabajo de Georg Hegel. El más famoso de ellos fue Karl Marx y la relación intelectual entre Marx y Hegel ha motivado amplios estudios sobre los jóvenes hegelianos.
Derecha e izquierda hegeliana thumb|229x229px|La filosofía política de Hegel podía incluirse entre las liberales o conservadoras.
Los jóvenes hegelianos se oponían a otra corriente hegemónica llamada Derecha hegeliana (Rechtshegelianer) o viejos hegelianos que dominaba las cátedras y estamentos universitarios y gubernamentales. Esta derecha hegeliana, formada sobre todo por teólogos protestantes y conservadores, opinaba fundamentalmente que la filosofía de Hegel era compatible con el Cristianismo. Que la serie de eventos históricos de la dialéctica hegeliana se habían completado en su momento histórico, y que el estado y la sociedad prusianos, tal como existían, eran la culminación de todos los cambios dialécticos (mencionaban el alto grado de desarrollo del Estado, la presencia de universidades importantes, desarrollo económico y altas tasas de empleo). Así pues, para la derecha hegeliana se vivía en el mejor de los mundos posibles. La nómina de esta corriente estaba representada por Karl Daub, Carl Friedrich Göschel, Hermann Friedrich Wilhelm Hinrichs, Georg Andreas Gabler, Kasimir Conradi, Kuno Fisher, Daniel Schenkel, Johann Eduard Erdmann, Karl Ludwig Michelet (no confundir con el escritor francés), Ernst Theodor Echtermeyer, Johann Karl Friedrich Rosenkrantz (biógrafo de Hegel y al que algunos asignan el centro hegeliano) y, al principio, Bruno Bauer. Engels los llamaba burlescamente los "diádocos hegelianos", como si fueran los generales de Alejandro Magno que se repartieron su imperio helenístico. Sus órganos fueron los Anales Berlineses para la Crítica Científica y la Revista de Filosofía y de Teología Especulativa.
A diferencia de esta visión positiva y ya nacionalista del estado prusiano, cerrada a la evolución, al futuro y a la utopía, la Izquierda hegeliana (Linkshegelianer) o jóvenes hegelianos negaban la compatibilidad de Hegel con el Cristianismo, opinaban que muchos otros cambios dialécticos habían de suceder y que la sociedad prusiana del momento estaba lejos de la perfección, puesto que contenía bolsas de pobreza y censura gubernamental, así como discriminación por factores religiosos de los no luteranos, no cristianos o simplemente ateos. Ellos mismos se consideraban liberales. Según Arnold Ruge, "todo lo racional es real, y todo lo real es racional" en un sentido dinámico, que no niega el progreso histórico. Se subordina "lo que es" a "lo que podría ser". La nómina de esta corriente estaba compuesta por David Friedrich Strauss, Arnold Ruge, Bruno Bauer, que se incorporará después, Ludwig Feuerbach, Moritz Hess, Max Stirner, Friedrich Engels y Karl Marx. Su órgano eran los Anales de Halle.
Los jóvenes hegelianos no eran reconocidos por las universidades debido a sus visiones radicales de la religión y la sociedad. A varios de los profesores se les obligó a dimitir, y a algunos estudiantes como el joven Marx se les rechazaron trabajos en la Universidad de Berlín.
Desarrollo
Los primeros jóvenes hegelianos La historia de los jóvenes hegelianos empieza en 1835 con un libro sumamente controvertido e influyente: La vida de Jesús de David Strauss. En este texto, Strauss da una interpretación de los evangelios y de la vida de Jesús que partiendo de las premisas filosóficas de Hegel rechaza tanto las conclusiones de este mismo como la visión oficial al respecto. Así, por vez primera Hegel es vuelto contra sí mismo y contra el orden establecido. Para Strauss la figura de Jesús, cuya existencia misma es puesta en duda, personificaba el grado de autoconciencia que la humanidad había alcanzado en ese entonces. De esta manera se humaniza tanto a Dios como a Jesús y es la Humanidad, como sujeto colectivo de la Historia, la que pasa al primer plano. Así lo dice Strauss:
Strauss resume este razonamiento tan hegeliano de una manera drástica: “la humanidad es Cristo”.David Friedrich Strauss (1840). Das Lebe Jesu. Tübingen: C. F. Osiander, volumen 2. El escándalo fue inmediato. C. A. Eschenmayer de Turingia describe a Strauss como un nuevo Judas y los luteranos ortodoxos, con el catedrático de Teología de la Universidad de Berlín Ernst Wilhelm Hengstenberg a la cabeza, lo condenan resueltamente. Se escriben artículos a favor y en contra de Strauss y el gobierno investiga la posibilidad de intervenir contra un teólogo tan heterodoxo.
De esta manera los hegelianos se ven obligados a tomar partido y los defensores de Strauss pasan a formar el núcleo del cual surgiría el joven hegelianismo o Izquierda hegeliana. Esto no quiere decir que haya sido este libro el que haya creado la división dentro del campo hegeliano. La misma, tal como lo dice McLelland, existía ya, pero de forma más bien latente. La polémica en torno a la obra de Strauss vino a sacarla a la luz y a radicalizarla enormemente, creando, además, un sentido grupal y de cuerpo entre ambos bandos enfrentados.
De la crítica de la religión a la crítica revolucionaria Hasta 1839 el horizonte crítico de los jóvenes hegelianos está dominado por discusiones extremadamente complejas y esotéricas sobre materias teológicas. El punto central de esta crítica es la consideración de la religión en general y del cristianismo en particular como un producto histórico de la evolución del hombre que, en un momento dado, está destinado a ser superado por formas más altas de autoconciencia humana. Pero lo que en realidad hacía esta crítica absolutamente inaceptable era el postulado de que ese momento ya había llegado con la filosofía de Georg Hegel. De esta manera la religión se hacía obsoleta y perdía su rol histórico, en especial en cuanto soporte fundamental y oficial del Estado prusiano. El mensaje de los jóvenes hegelianos era que el Estado prusiano requería de un fundamento más adecuado a su misión histórica y ese fundamento no podía ser otro que la filosofía. Así, durante este primer período los jóvenes hegelianos no se ven en absoluto como opositores al régimen político existente sino como sus verdaderos defensores, que buscan fortalecerlo a través de reformas que lo harían más adecuado a sus altos propósitos. Esta búsqueda de convencer al poder existente de que debía hacerse menos religioso y más racional, es decir, filosófico, fue perdiendo terreno poco a poco y la crítica a Hegel por la falta de radicalidad en sus conclusiones empezó pronto a extenderse a otros campos. Este fue el caso de la filosofía de la historia.
En 1838 el conde polaco August von Cieszkowski escribe una obra verdaderamente señera titulada Prolegómenos sobre la filosofía de la historia, en la cual plantea —de una manera directa y explícitamente inspirada por el milenarismo de Joaquín de Fiore— que la filosofía de Hegel no marca el fin de la historia sino solo el comienzo de la tercera y última etapa del movimiento tríadico de la dialéctica histórica. Con este tercer momento, al que Hegel había dado inicio, concluye el ciclo en que el Espíritu primero era “an sich” (en sí o como “das Selbstsein”), para luego ser “für sich” (para sí o como “das Selbstdenken”) y ahora llegar a ser “aus sich” (de sí o fuera de sí como “das Selbsttun”). La tríada va así, para decirlo en forma simple, del ser al pensamiento y del pensamiento a la acción. Su último momento es el de la “praxis”, en el cual la humanidad pasa a conformar una realidad de acuerdo a las reglas de la razón.August von Cieszkowski (1838). Prolegomena zur Historiosophie. Berlín: Veit und comp., p. 116. Este momento culminante de la historia es el momento que reconciliará, como lo dice Leszek Kolakowski:
Cieszkowski orienta así su mirada hacia el futuro y, sobre todo, hacia la acción, formulando lo que él mismo llama una “filosofía de la praxis” (“die Philosophie der Praxis”).
La filosofía pasa así a tomar un rol activo, formativo y revolucionario que llevará a lo que pronto será el grito de guerra de la izquierda hegeliana: “la realización de la filosofía”. Esto es lo que Marx hará inmortal en su famosa tesis número once sobre Feuerbach de 1845: “Los filósofos no han hecho hasta ahora más que interpretar de diversos modos el mundo; pero de lo que se trata ahora es de transformarlo.” De esta manera los discípulos de Hegel, para poder formular un credo revolucionario, se verían forzados a volver al “Sollen” (“deber ser”) de Fichte, contra el cual Hegel –como pensador profundamente antiutópico que era– había lanzado tantas andanadas críticas. Cieszkowski rompe así y de una manera explícita con la prohibición hegeliana de pronunciarse sobre el futuro y convierte esta tarea en la tarea más esencial de la reflexión filosófica.
Radicalización política de los jóvenes hegelianos La filosofía futurista de Cieszkowski vino a darle expresión a aquel estado de ánimo milenarista que imperaba entre los jóvenes hegelianos basado en la certidumbre de que su época era un punto de quiebre fundamental en la evolución humana y el comienzo de una era cualitativamente diferente de la misma. Además, estaba el convencimiento de que en el surgimiento de esta nueva época la filosofía, encarnada por ellos mismos, jugaría un papel esencial. Esta convicción se canalizó primero en intentos de reformar el orden existente desde adentro, convenciendo a los detentadores mismos del poder de la necesidad de autoreformarlo. Luego, cuando el poder respondió con la persecución en vez de prestarle oídos a los llamados de los jóvenes filósofos, se pasa a una actitud mucho más desafiante que se radicalizará cada vez más hasta llegar al elitismo crítico de Bauer, el comunismo de Hess, Engels y Marx, el anarco-comunismo de Bakunin y el individualismo radical de Stirner.
Entre 1838 y 1842 la mayoría del movimiento jovenhegeliano se agrupa en torno a los Hallische Jahrbücher, la revista editada por Arnold Ruge que desde 1841 pasó a llamarse Deutsche Jahrbücher. Es justamente Ruge quien durante este período está a la vanguardia de aquel movimiento de radicalización política de sus jóvenes amigos que comienza en 1840 para profundizarse durante 1841 y culminar en 1842-43. Este desarrollo puede ser sintetizado de la siguiente manera: Los jóvenes hegelianos tienen grandes expectativas de que el nuevo rey de Prusia, Federico Guillermo IV, que asume el poder en 1840, abra el camino de la realización de sus aspiraciones reformistas y liberales. Nada de esto, sin embargo, se haría realidad. El nuevo monarca muestra de inmediato un rostro sumamente conservador, tratando de revivir las costumbres más rancias de la tradición alemana. El nuevo rey ve en los jóvenes hegelianos un grupo de críticos irreverentes y pronto estallará el conflicto entre ambos. Los jóvenes hegelianos responderán radicalizando y ampliando su crítica contra el orden existente. Su liberalismo tiende a evolucionar hacia un democratismo donde las bases mismas de la monarquía son cuestionadas. A comienzos de 1842 Arnold Ruge proclama públicamente su convicción democrática y llama a sus amigos, según la expresión de Auguste Cornu, a “transformar el liberalismo en democratismo”.Auguste Cornu (1967) Carlos Marx – Federico Engels. La Habana: Instituto del Libro, p. 300.