La rebelión de Espadán fue una revuelta mudéjar que tuvo lugar en 1526 en la sierra homónima como respuesta a la orden de Carlos I, dictada el 13 de septiembre de 1525, que los obligaba a convertirse forzosamente al cristianismo. Participaron sobre todo los habitantes de esta zona del Reino de Valencia, aunque también se sumaron personas llegadas desde áreas más meridionales del territorio.
Antecedentes
Los antecedentes más remotos de la revuelta de 1526 se encuentran en la configuración social del Reino de Valencia tras la conquista de Jaime I, así como en la posterior concentración de una numerosa población de religión islámica en las zonas montañosas del interior y en las huertas de Játiva y Gandía.
En este sentido, tras la toma de Morella y Ares, Jaime I inició la conquista del territorio valenciano. Burriana, principal ciudad de la Plana, capituló el 16 de julio de 1233 y se convirtió en la base de las operaciones cristianas contra las comarcas vecinas. Desde allí partieron expediciones hacia Onda, Nules, Vall de Uxó y otras zonas todavía dominadas por los musulmanes.
En cuanto a la sierra de Espadán, Jaime I optó preferentemente por negociar la rendición de las comunidades musulmanas. Los pactos les permitieron conservar las tierras, practicar el islam y mantener buena parte de sus costumbres e instituciones a cambio del reconocimiento de la soberanía cristiana y del pago de rentas y tributos. Un ejemplo de esta política fue la carta puebla concedida en 1242 a las aljamas de Eslida, Ahín, Jinquer, Pelmes y Sueras, en la que el monarca respetaba diversos usos anteriores a la conquista.
Finalmente, la sierra de Espadán se consolidó como uno de los principales espacios de población islámica del Reino de Valencia, con una red formada por castillos, alquerías y pequeños núcleos rurales con escasa presencia cristiana, más allá de los pueblos de Villamalur, Torralba del Pinar o Pavías. De hecho, durante el siglo XIV, los mudéjares se asentaron en lugares de nueva creación, como Benialí, cerca de Ahín. En cambio, como consecuencia de las epidemias, las guerras y las inclemencias meteorológicas, otros pequeños núcleos quedaron despoblados, como Berissanda o Lauret, en los alrededores de Eslida
Paralelamente, a lo largo de estos dos siglos, las comunidades mudéjares de Espadán mantuvieron relaciones diversas con sus vecinos cristianos. Junto con los intercambios comerciales, se produjeron conflictos relacionados con los límites de los términos, los pastos, las rentas señoriales y las obligaciones fiscales. A finales del siglo XIV, por ejemplo, los mudéjares de Fanzara y de Alcudia de Fanzara pleitearon contra el supuesto derecho de un ganadero cristiano a que su ganado pasara la noche dentro de su término. Por otra parte, la negativa de los mudéjares de Artesa y Tales a contribuir a la pecha de la villa cristiana de Onda provocó que vecinos de esta asaltaran casas de ambos pueblos durante el verano de 1414. Finalmente, la propia morería de Onda fue objeto de un ataque en 1457.
Sin embargo, la situación de las comunidades musulmanas valencianas cambió de manera decisiva después de la conquista de Granada en 1492. La política inicial de tolerancia fue sustituida progresivamente por una estrategia de conversión religiosa. En 1502, los musulmanes de la Corona de Castilla fueron obligados a convertirse al cristianismo o a abandonar el territorio, aunque la medida no se aplicó inicialmente a los dominios de la Corona de Aragón.
En el Reino de Valencia, el punto de inflexión se produjo durante la revuelta de las Germanías, entre 1519 y 1523. Los agermanados bautizaron por la fuerza a numerosos mudéjares, especialmente a los que vivían en tierras señoriales. Una vez derrotada la Germanía, se planteó la validez de aquellos bautismos. Una junta de teólogos y juristas reunida en Madrid en 1525 consideró que los sacramentos habían sido legítimos y que, por tanto, los bautizados debían ser tratados como cristianos.
El 13 de septiembre de 1525 se promulgó una disposición que ordenaba a los mudéjares valencianos recibir el bautismo. Se les concedía un plazo de treinta días para presentarse ante las autoridades eclesiásticas. En caso de negarse, podían ser acusados de apostasía, condenados a muerte y privados de sus bienes.
Una parte de la nobleza valenciana se mostró reticente a aplicar inmediatamente la orden. En este sentido, los mudéjares constituían una parte esencial de sus vasallos y de sus rentas, de modo que una conversión precipitada podía provocar huidas, revueltas o despoblación. No obstante, la Corona mantuvo la decisión y encargó a los señores y a los oficiales reales que la hicieran efectiva.
La primera resistencia importante se produjo en Benaguacil a partir del 20 de noviembre de 1525. Los musulmanes se negaron a entregar las armas, clausurar la mezquita y bautizarse. Tras el fracaso de las negociaciones y el rechazo de los habitantes de Benaguacil al perdón del rey, las tropas cristianas sitiaron la villa. La población capituló el 17 de febrero de 1526 y sus habitantes fueron obligados a convertirse.
Sin embargo, la caída de Benaguacil no puso fin al conflicto. Mudéjares procedentes de distintos lugares del Reino se dirigieron hacia la sierra de Espadán, donde confiaban en que la abrupta orografía les permitiría defenderse mejor. Uno de estos mudéjares, llamado Caravaus y vecino de Algar de Palancia, se convirtió en el líder de los rebeldes y tomó el nombre de Zelim Almanzor.
Desarrollo de la rebelión
Batalla del Valle de Almonacid La primera gran ofensiva cristiana contra los rebeldes tuvo lugar el 28 de marzo de 1526. Las tropas, dirigidas por el duque de Segorbe, Alfonso de Aragón y Portugal, partieron de Segorbe y penetraron en el Valle de Almonacid con el objetivo de atacar las posiciones mudéjares situadas en las montañas próximas.
Las fuentes no coinciden en el número de efectivos movilizados. Algunas crónicas hablan de unos 3.000 combatientes cristianos. mientras que otras estimaciones reducen el ejército a aproximadamente un millar de hombres En cualquier caso, las tropas cristianas debían avanzar por un valle estrecho y ascender por las abruptas laderas que rodeaban el camino de Segorbe a Onda, mientras que los sublevados ocupaban las alturas y controlaban el collado de Par en Par. Además, tenían el sol de frente
En consecuencia, los rebeldes atacaron con contundencia desde las alturas a las tropas que intentaban ascender desde el Valle de Almonacid hasta el collado de Par en Par. La resistencia fue mucho más intensa de lo que esperaban los mandos cristianos. Según las crónicas, el ejército real sufrió aproximadamente 60 muertos y unos 200 heridos. Ante la imposibilidad de superar las defensas y el riesgo de sufrir más bajas, el duque de Segorbe ordenó la retirada.
Asalto mudéjar a Chilches El éxito obtenido en el Valle de Almonacid permitió a los sublevados abandonar temporalmente sus posiciones defensivas y efectuar incursiones contra algunos núcleos cristianos de la Plana. El episodio más destacado se produjo el 18 de mayo de 1526, cuando un grupo de mudéjares descendió de la sierra y asaltó la población cristiana de Chilches.
Los atacantes mataron a cinco habitantes, entraron en la iglesia y profanaron el edificio. También se llevaron el sagrario y varias formas consagradas. La acción demostró que la presión militar ejercida hasta entonces sobre los rebeldes era insuficiente y que estos podían desplazarse desde las montañas hasta la franja litoral.
La profanación del templo tuvo una gran repercusión. Las autoridades eclesiásticas presentaron el asalto como una agresión contra la fe cristiana, lo que facilitó la obtención de recursos para financiar la guerra.
Ofensiva cristiana de verano Después del asalto de Chilches, las autoridades decidieron sustituir la estrategia defensiva por una ofensiva destinada a aislar a los sublevados, cortar sus comunicaciones y privarlos de alimentos y agua. El acceso oriental a la sierra, a través de Onda, fue considerado una de las vías más adecuadas para penetrar en el territorio rebelde.
El 11 de julio de 1526, una fuerza comandada por Francisco Beneyto, justicia criminal de Valencia, partió de la capital valenciana en dirección a Onda. Después de pasar por Massamagrell y Sagunto, llegó a Nules el 13 de julio, donde la esperaban el duque de Segorbe y el gobernador Jerónimo de Cabanyelles. Desde allí, las tropas continuaron hasta Onda, que se convirtió en la principal base cristiana para la ofensiva oriental. Una vez concentrado el ejército, unos 600 soldados avanzaron inmediatamente hacia Espadán. Unos 300 efectivos mudéjares presentaron combate desde La Serreta, una pequeña elevación situada entre los pueblos de Artesa y Tales que controlaba el paso por los caminos de Onda a Segorbe y Sueras.
Tras cerca de una semana, al amanecer del 21 de julio se produjo un gran asalto contra las posiciones mudéjares. Estos, superados, huyeron hacia Ahín, mientras que los soldados cristianos conquistaron la práctica totalidad de la vertiente oriental de Espadán en pocas horas. De hecho, la documentación indica que Ahín ya se encontraba en poder de las tropas reales el 22 de julio Durante esta fase también fue saqueada y destruida la alquería de Benialí
Ahora bien, la ocupación de los pueblos no significó el final de la resistencia. Los rebeldes todavía controlaban los sectores más abruptos de la sierra y disponían de una red de refugios, senderos y posiciones fortificadas. La campaña entró así en una nueva fase.
Batalla final Ante la persistencia de la resistencia, Carlos I accedió al envío de refuerzos. A las fuerzas valencianas se sumaron aragoneses, catalanes y varios millares de lansquenetes procedentes de Perpiñán. El ejército cristiano llegó a reunir aproximadamente 7.500 combatientes, la concentración militar más importante de toda la campaña.
El reducto más avanzado de los rebeldes en la línea del frente se encontraba en una montaña próxima al pico Espadán, junto al camino de Aín a Almedíjar y al collado de la Íbola. Se trata del Tossal Gros o de la adyacente cota 910, que en aquella época fue denominada sierra de los Cristianos, porque los cristianos consiguieron controlarla la víspera del asalto final, el 18 de septiembre.
El asalto definitivo se produjo el 19 de septiembre. El ejército se dividió en tres grupos que debían atacar simultáneamente las posiciones rebeldes. Unos 2.500 lansquenetes alemanes, comandados por Wilhelm Freiherr von Roggendorf, avanzaron desde el collado de la Nevera o de Par en Par en dirección a las partidas de Los Castañeros y La Pastora. Desde Almedíjar ascendieron unos 1.500 valencianos y 500 aragoneses. Un tercer contingente, formado por aproximadamente 2.500 valencianos, catalanes y alemanes, partió de Aín.
El objetivo era impedir que los rebeldes concentraran la defensa en un único punto y atacarlos simultáneamente desde el noroeste, el suroeste y el este. Las tropas tuvieron que superar las laderas, los parapetos y la resistencia de los mudéjares, que combatían desde las alturas. En algunos sectores fue necesario emplear artillería para abrir una brecha en las defensas.
El triunfo cristiano fue total. Algunos supervivientes huyeron hacia el sureste, en dirección a la Muela de Cortes, mientras que otros grupos se dispersaron por las montañas. Durante los días posteriores, los soldados cristianos persiguieron a los fugitivos y capturaron o mataron a numerosos habitantes de la sierra. Otros mudéjares aceptaron el bautismo para evitar la muerte o la esclavitud.
Consecuencias