thumb|Jesús es atravesado en un costado por la lanza de un soldado romano. Fray Angélico (vc. 1440), Monasterio Dominico de San Marcos, Florencia.

La lanza sagrada (también conocida como lanza del destino, lanza de Longino o lanza de Cristo) es el nombre que se dio a la lanza con la que un soldado romano, llamado Longino según un texto bíblico apócrifo, atravesó el cuerpo de Jesús cuando estaba en la cruz.

Referencias bíblicas La lanza se menciona solo en el Evangelio de Juan (19,33-34, sin mentar a Longinos) y no aparece en ninguno de los evangelios sinópticos. En el evangelio se indica que los romanos planearon romper las piernas de Jesús, práctica conocida como crurifragium, un doloroso método de acelerar la muerte en la crucifixión de los condenados a este castigo. Momentos antes de hacerlo, los soldados vieron que él ya había muerto y por eso pensaron que no había razón para romper sus piernas. Para cerciorarse de que él estaba muerto, un soldado le clavó su lanza en el costado derecho.

El fenómeno de la sangre y el agua era visto como un milagro según Orígenes (aunque el agua se puede explicar biológicamente por la perforación del pericardio). Sin embargo, para los católicos tiene un sentido más profundo: representa a la Iglesia (específicamente los sacramentos del bautismo y la eucaristía) que fluyen del costado de Cristo, así como Eva surgió del costado de Adán.

Longino thumb|left|250px|Miniatura de la Crucifixión, Evangelios de Rábula.

El soldado que atraviesa el costado de Cristo con la lanza de Longinos no es mencionado en los Evangelios, pero sí en las referencias más antiguas que se tienen de la leyenda. En el evangelio apócrifo de Nicodemo, de fecha desconocida, alrededor del , también llamado Hechos de Pilatos, el soldado es identificado como un centurión llamado «Longinos» («Longinus» en latín) en el que además se menciona a los ladrones crucificados junto a Jesús: Gestas y Dimas.

Una forma del nombre Longinos también aparece en una miniatura en los Evangelios ilustrados por Rábula en 586 d. C. (actualmente en la Biblioteca Laurenciana, en Florencia). En la ilustración, el nombre Longinos está escrito en griego sobre la cabeza del soldado que perfora el costado de Cristo. Esta es una de las primeras referencias del nombre, si es que no es una inscripción hecha posteriormente.

La tradición cristiana, refiriéndose a la novela La lanza de Louis de Whol (1955), le identifica como Cayo Casio Longinos («Gaius Cassius Longinus», en latín), con lo que quien atravesara a Jesús con una lanza se llamaría igual que uno de los principales asesinos de Julio César, y con esto no se hace más que debilitar la teoría de que el soldado que atravesase a Jesús se llamara así.

La lanza sagrada En la fe cristiana, la lanza sagrada es la lanza usada en la crucifixión, que fue identificada más adelante como una reliquia. Muchas reliquias han sido identificadas como la lanza sagrada o partes de ella.

La lanza del Vaticano thumb|250px|Ilustración de Ademaro de Monteil en la que se narra cómo se porta la lanza sagrada. thumb|left|150px|Lanza sagrada del Vaticano. La lanza era desconocida hasta que San Antonino de Piacenza (570 d.C.), describiendo los lugares santos de Jerusalén, dice que él había visto en la Basílica del monte de Sion «la corona de espinas con la cual coronaron a nuestro Señor y la lanza con la cual le perforaron en el costado». Una mención de la lanza también se hace en el Breviario de la Iglesia del Santo Sepulcro. La presencia en Jerusalén de esta importante reliquia es atestiguada por Casiodoro (485–585), así como en Los viajes de Gregorio (538–594), quien nunca estuvo en Jerusalén.

En 615, Jerusalén y sus reliquias fueron capturadas por las fuerzas persas del rey Cosroes II. Según el Chronicon Paschale, la punta de la lanza, que se había quebrado, fue dada en el mismo año a Nicetas, que la llevó a Constantinopla y la depositó en la iglesia de Santa Sofía. Esta punta de lanza, que fue fijada en un ycona o ícono, en 1244 fue vendida por Balduino II de Constantinopla a Luis IX de Francia y guardada con la corona de espinas en la Sainte Chapelle de París. Durante la revolución francesa, estas reliquias fueron llevadas a la Bibliothèque Nationale y posteriormente desaparecieron (la actual «corona de espinas» es una guirnalda).

En cuanto a la porción más grande de la lanza, Arculpus la vio en la iglesia del Santo Sepulcro alrededor de 670 en Jerusalén; sin embargo, no hay otra mención de ella tras el saqueo de 615. Algunos dicen que la porción más grande de la reliquia se llevó a Constantinopla en algún momento durante el , posiblemente al mismo tiempo que la corona de espinas. En algún momento, su presencia en Constantinopla parece ser claramente atestiguada por varios peregrinos, particularmente de origen ruso. Y aunque posteriormente fue depositada en varias iglesias, parece ser posible rastrearla a diferencia de la reliquia de la punta. Sir Juan Mandeville declaró en 1357 que había visto la cuchilla de la lanza Sagrada en París y también en Constantinopla, y que la reliquia de esta última ciudad era mucho más grande que la de París.

Cualquiera que haya sido la reliquia de Constantinopla, cayó en las manos de los turcos, y en 1492, bajo circunstancias minuciosamente descritas en el Liber Notarum de Johannes Burchard, el sultán Bayezid II envió la reliquia a Inocencio VIII para congraciarse con el Papa para que continuase guardando preso a su hermano Cem. En este punto hubo en Roma grandes dudas de su autenticidad, por la presencia de otras lanzas rivales en París (la punta que había sido separada), Núremberg (la lanza de Viena) y Armenia (la lanza de Echmiadzin). A mediados de 1700, el Papa Benedicto XIV dijo que había obtenido un dibujo exacto de la punta de la lanza de París y que, comparándola con la reliquia en la basílica de San Pedro, estaba satisfecho de que las dos formaran una sola cuchilla.

La lanza de Echmiadzin thumb|left|200px|Lanza sagrada de Echmiadzin, Armenia. La lanza que se encuentra en Echmiadzin, Armenia, fue descubierta durante la Primera Cruzada. En 1098, el Cruzado Pedro Bartolomé dijo tener una visión en la que San Andrés le decía que la Lanza Sagrada estaba enterrada bajo la catedral de San Pedro en Antioquía. Tras mucho excavar en la catedral, la lanza fue descubierta. Esto se consideró un milagro por parte de los cruzados, quienes fueron capaces de derrotar al ejército musulmán que repelía el asedio a la ciudad, y capturaron decisivamente Antioquía.

Tiempo después de expulsar al ejército musulmán, hubo sospechas de que la lanza de Pedro no era la lanza de Cristo. Para desmentir esto, Pedro caminó en fuego portando la lanza; al entrar en el fuego, Pedro murió.

La lanza de Viena (Lanza Hofburg) thumb|Detalle de la Inscripción de La lanza de Viena. thumb|upright=0.6|Lanza de Viena expuesta en el Museo Schatzkammer.

Los emperadores del Sacro Imperio Romano tenían su propia Lanza, atestiguada desde el tiempo de Otón I (912–973). En el año 1000 Otón III le dio a Boleslao I el Bravo una réplica de la Lanza en el Congreso de Gniezno.

En 1084, Enrique IV le agregó una banda de plata con la inscripción «Clavus Domini» («El clavo del Señor»). Esto se basaba en la creencia de que esta era la lanza de Constantino el Grande que encerraba como reliquia un clavo usado para la crucifixión. En 1273 se utilizó por primera vez en la ceremonia de coronación.

Alrededor de 1350, Carlos IV mandó ponerle una banda de oro sobre la de plata con una inscripción que dice «Lancea et Clavus Domini» («La lanza y el clavo del Señor»). En 1424, el emperador Segismundo del Sacro Imperio Romano Germánico tenía una colección de reliquias, incluida La Lanza, que trajo de su capital en Praga a su natal Núremberg y decretó que ahí se guardara por siempre. A esta colección se le conoce como Reichskleinodien o Regalía Imperial.

Cuando el ejército revolucionario francés se aproximaba a Núremberg en la primavera de 1796, los concejales municipales decidieron trasladar el Reichskleinodien a Viena, Austria, para ponerlo a resguardo. La colección fue confiada al entonces barón von Hügel, quien prometió devolver todos los objetos en cuanto la paz fuere restaurada y la seguridad de la colección estuviera asegurada. Sin embargo, el Sacro Imperio fue disuelto en 1806 y von Hügel aprovechó la confusión sobre quién era el legítimo dueño y vendió la colección entera, incluyendo la lanza, a los Habsburgo. Cuando los concejales descubrieron la venta, solicitaron que les fuera devuelto el Reichskleinodien pero fueron rechazados. Como parte de la Regalía Imperial, la lanza fue conservada en el Schatzkammer (Tesorería Imperial) en Viena y se le conoció como «la lanza de San Mauricio».

Durante la Anschluss, cuando Austria se anexó a Alemania en 1938, Adolf Hitler tomó la lanza. Ferviente admirador de Enrique I el Pajarero, el Führer hizo una copia y guardó la original en la Catedral de Santa Catalina de Núremberg, la misma en la que había permanecido durante el I Reich, llegando a utilizar la reliquia en varios mítines entre 1938 y 1939.

En 1940 fue almacenada en los búnkeres bajo el Castillo de Núremberg, junto con una gran colección de obras de arte. Escondida en marzo de 1945, junto con parte de las joyas imperiales, y recuperada por el Programa de Monumentos, Arte y Archivos del Mando Aliado. Se almacenó en el propio castillo hasta su devolución al Tesoro Austriaco.

En 2003 el metalúrgico inglés y escritor de Ingeniería Técnica, el Dr. Robert Feather, obtuvo permisos extraordinarios no solo para examinar la lanza en un ambiente de laboratorio, sino también para quitar cuidadosamente las bandas de oro y plata que la mantienen unida. En la opinión del Dr. Feather y de otros expertos, la creación aproximada de la cuchilla de la Lanza es del , un poco anterior a lo que el Schatzkammer estimaba.

Se encuentra expuesta en el Schatzkammer (Tesoro Imperial), que es una de las colecciones del Palacio Imperial de Hofburg, considerada como parte del Museo de Historia del Arte de Viena (Kunsthistorisches Museum).

Otras lanzas Otra lanza se ha preservado en Cracovia, Polonia, desde 1200. Aunque se alega que ha estado en esa ciudad por ocho siglos, los registros alemanes indican que es una copia de la lanza de Viena. El emperador Enrique II la mandó hacer con pequeñas astillas de la Lanza original. Otra copia le fue entregada al rey de Hungría al mismo tiempo.

Sin embargo, otra historia escrita por William de Malmesbury cuenta que Hugo Capeto entregó la lanza Sagrada al rey Athelstan de Inglaterra; sin embargo parece deberse a una idea errónea.

En la cultura contemporánea

El factor del reconocimiento que ha gozado la lanza del Destino la ha ayudado a ser una característica prominente en la cultura contemporánea, en las películas, en la televisión o en los videojuegos.

Ópera En la Ópera Parsifal del compositor alemán Richard Wagner se hace constante mención a dos reliquias muy importantes dentro de la fe cristiana. La primera de ellas es el Santo Grial, en torno al que gira el eje argumental de la ópera, y la otra la Lanza Sagrada, que termina quedando en poder de Parsifal tras haberla podido sacar del bien custodiado castillo del Mago Klingsor.

Televisión En busca de la lanza Sagrada fue emitido por la cadena de televisión Mundo Olé el 25 de diciembre de 1995, en la serie de documentales Misterios ancestrales, y narrado por Leonard Nimoy.