220px|miniaturadeimagen|derecha|Centro Niemeyer, única obra de Oscar Niemeyer en España La arquitectura en el Principado de Asturias presenta sus primeros restos materiales en la cultura de castros y época romana, pero no es hasta la etapa alto medieval cuando nos encontramos con una arquitectura relevante que, además, ha llegado hasta nuestros días, el arte Preorrománico. En el resto de la época medieval el estilo que más presencia tendrá será el románico, con pocos ejemplos góticos, hasta llegar a las casonas y palacios barrocos del . Posteriormente la industrialización asturiana dio lugar a un gran crecimiento urbano (especialmente en Oviedo, Gijón, Avilés y las comarcas mineras) que ha desembocado en interesantes ejemplos de arquitectura modernista, regionalista, industrial (reflejado en fábricas, estaciones, mercados, colegios...) y numerosos ejemplos de movimiento moderno. Todo ello sin perder de vista la llamada arquitectura popular asturiana, compuesta principalmente por casas de galerías, corredores, hórreos y paneras. En los últimos años del y principios del XXI destacan algunos ejemplos de "nueva arquitectura".
Cultura castreña Podría considerarse a la cultura de los castros como la de una incipiente arquitectura. Estrabón describía a los habitante del noroeste de la península como los habitantes de castros, poblados fortificados que se proveían de los necesario en los alrededores y gracias también al intercambio entre comunidades, un amplio periodo comprendido entre la Edad del Bronce y la llegada de Roma. Algunos se construyeron sobre anteriores poblados neolíticos y siguieron estando habitados hasta la Edad Media. La mayor presencia de estos se dio en la zona occidental asturiana aunque están repartidos por todo el territorio. En los más grandes, como el de Coaña, se calcula pudieron llegar a vivir entre 1500 y 2000 personas. Por lo general, las construcciones de hábitat eran de planta circular con paredes de adobe o piedra, precedidas de un porche, con cubiertas generalmente vegetales (escasamente de otros materiales como la pizarra). Algunos de los más importantes son Chao Samartín, Coaña, Noega o San Chuis.
Roma Tras la conquista del norte peninsular, los romanos se establecieron en la actual Asturias y el resto de la franja cantábrica en el El grado de romanización de Asturias ha sido un tema debate. Lo que sí está claro es que la presencia de Roma es evidente y, aunque no se han descrito templos ni lugares de culto, han aparecido numerosas monedas y estelas funerarias. Los restos arquitectónicos más relevantes son dos conjuntos de termas, uno en Gijón, situado junto a la playa de San Lorenzo, y otro en Valduno (Las Regueras). También existen restos de la Villa de Veranes, en Gijón, que fue ocupada hasta el . La otra villa romana más importante de la que se conservan restos en Asturias es Villa de San Martín, en Las Regueras, donde en 2018 se encontró un segundo mosaico romano de importantes dimensiones.
Existen numerosos restos arqueológicos repartidos por la región, como el fuerte romano de La Carisa y la Vía Carisa, el Chao Samartín y restos de la explotación áurea en el occidente.
Arquitectura medieval El prerrománico asturiano 240px|miniaturadeimagen|izquierda|Palacio de Ramiro I, Oviedo
El Reino de Asturias se convirtió en la primera entidad política cristiana tras la invasión musulmana de la península ibérica. Se estableció como una pequeña monarquía de herencia visigoda que llegó a ampliar sus territorios por toda la cornisa cantábrica y hasta el Duero entre 718 y 924. Los restos materiales de este reino se engloban en el conocido como Arte Asturiano, que comprende pintura, escultura, orfebrería y arquitectura. La arquitectura asturiana de este periodo se enmarca en el estilo prerrománico con unas características singulares por las que varios de sus ejemplos han sido declarados Patrimonio de la Humanidad en 1985. Hasta nuestros días han llegado un buen número de edificios donde destacan un puñado de iglesias por conservar más elementos originales. Se trata de Santa Cristina de Lena (la mejor conservada), San Julián de los Prados, San Salvador de Valdediós (el Conventín), Santianes de Pravia, Santa María de Bendones, San Pedro de Nora, San Miguel de Lillo y Santa María del Naranco, siendo esta última en sus orígenes una de las dependencias del palacio de verano de Ramiro I construido en la loma del Monte Naranco y de la que Lillo era su iglesia palatina, no conservándose el resto de estructuras del complejo, a falta de una intervención arqueológica. Así mismo destacan los restos más antiguos de la Catedral de Oviedo: parte de la Cámara Santa y la Torre Vieja.
Se trata de iglesias pequeñas, con ventanas con celosías y geminadas, decoración interior, arcos de medio punto, gruesos muros de sillar trabajado y contrafuertes, así como columnas ricamente decoradas con la técnica de sogueado. Influencias del arte visigodo, pero también oriental y lombardo. El arte asturiano renunció en un primer momento al arco de herradura presente en el mundo hispanogodo, quizás para diferenciarse de Toledo por la postura adopcionista de su obispo Elipando de Toledo (por lo cual nació el Archidiócesis de Oviedo en 811). Con la llegada de mozárabes, el arco de herradura se dejó ver en la posterior San Salvador de Valdedios. Las iglesias con restos prerrománicos se cuentan por más de veinte, entre ellas el testero de San Tirso en el centro de Oviedo, aunque no se conservan apenas restos civiles (como el Castillo de Alfonso III) o monasterios reales. La obra civil más importante es la Fuente de Foncalada, situada también en la capital asturiana y que está dentro de la denominación de Patrimonio de la Humanidad.
El Románico
200px|miniaturadeimagen|derecha|Columnas de la Cámara Santa A partir del los límites del reino asturiano se consolidan hasta el Duero, acabando por constituirse el Reino de León y pasando, por tanto, la capitalidad de Oviedo a la ciudad de León. Esto sin embargo no mermó la actividad económica de la región asturiana, y una buena muestra son los abundantes ejemplos de románico, tanto internacional como un románico con rasgos específicos que permiten diferenciar al asturiano del de otras zonas limítrofes como el gallego o el leonés. La Enciclopedia del Románico en la península ibérica registra 200 vestigios románicos en el Principado incluyendo puentes, escultura, orfebrería, viviendas y muy especialmente iglesias y monasterios. Es de tener en cuenta que el Camino de Santiago primitivo, declarado Patrimonio de la Humanidad, parte de Oviedo, al que se unen sus vías adyacentes. Fue una importante vía de comunicación que trajo innovaciones artísticas y que además favoreció la construcción de edificios religiosos a lo largo del trayecto (además de malaterías y hospicios). Varios monasterios asturianos de fundación medieval no han llegado hasta nuestros días, o fueron muy reformados en el periodo barroco, conservando únicamente detalles románicos como la iglesia del Monasterio de Santa María de Villanueva de Oscos. Caso excepcional es la Ermita del Monte Monsacro, de planta octogonal, vinculada a la leyenda de las reliquias de Arca Santa e incluso a la Orden del Temple.
La Catedral de Oviedo conserva parte de su obra románica, simbolizada en su Cámara Santa, Patrimonio de la Humanidad y en la que destaca el apostolado que funciona como columnas para sostener la bóveda.
Como sucede con el prerrománico, destacan las pequeñas iglesias que se dispersan por el territorio asturiano perfectamente integradas en el entorno, aunque algunos de estos edificios han acabado por incorporarse a entornos urbanos como San Nicolás de Bari y la Iglesia de los Padres Franciscanos en Avilés o las portadas románicas de San Esteban de Ciaño y Santa Eulalia de Ujo, conservadas en edificios de estilo neo reconstruidos a finales del XIX. En los templos románicos asturianos destaca la decoración en tímpanos, arquivoltas, capiteles, canecillos y ábsides, así como abundante simbología en capiteles.
El Gótico 180px|miniaturadeimagen|izquierda|Basílica Catedral Metropolitana de San Salvador La arquitectura gótica tuvo menor importancia en Asturias que el románico. La existencia de gran número de iglesias y capillas cubrían las necesidades de culto, y la presencia de la tradición románica pesó sobre las nuevas edificaciones que corresponden al periodo gótico en la península. Además, es una época económica y políticamente menos relevante en la región. El ejemplo más destacado de arte gótico es la Catedral de Oviedo. En el comienza la construcción de su estructura gótica, finalizando en el . Destacan especialmente las bóvedas interiores estrelladas, los arcos formeros, triforios y el claustro de la catedral. La torre se culmina en el , con cierto carácter renacentista y con la experiencia de las agujas de Burgos compartiendo su autor, Juan de Colonia. El antes mencionado claustro comenzó su construcción en 1300, sustituyendo al románico, y se finalizó en 1441 en gótico flamígero. Escultóricamente sigue la tradición románica, con la presencia de 167 capiteles decorado con arpías, dragones, centauros y otros animales monstruosos.
Otros ejemplos de gótico en Asturias están presentes en la Colegiata de Santa María del Conceyu (Llanes) consagrada en 1480, la Capilla de los Alas e iglesias de los Franciscanos y San Nicolás de Bari (Avilés). En muchas ocasiones el gótico queda reservado al pórtico principal del templo, como son los casos de las iglesias de Santa María de Llas (Cabrales ), Iglesia de San Antolín de Bedón (Llanes), Santa Eulalia (Benia de Onís, con una elaborada ventana de tracería en su testero), el pórtico de San Juan de Amandi y Santa María de la Oliva (Villaviciosa). Si bien la iglesia del monasterio de Valdediós (1218) tiene un testero románico, la bóveda deja ver ya tracería gótica. En Santa María de Narzana (Sariego) destaca su arco toral.
En cuanto a arquitectura civil destacan los palacios de García de Tineo (Tineo), el Palacio de Camposagrado de Siero o el Palacio de Gastañaga (Llanes), que anticipan a las casonas barrocas. Los puentes medievales de Olloniego y Cangas de Onís presentan arcos apuntados.
Torres y castillos Desde la monarquía asturiana se levantaron varias torres, multiplicadas en la plena y baja Edad Media con carácter defensivo, residencial, estratégico para el control de rutas, aduanero o carcelario. Muchas de ellas se levantaron sobre antiguos castros y otras se fueron ampliando con el tiempo y se incorporaron a casas nobiliarias renacentistas-barrocas como la Torre de Olloniego, la Torre de Salas, Palacio de Doriga, La Ferrería de Nava, Torre de Noriega (Ribadedeva) o la Torre de Ciaño (Langreo). Algunos ejemplos de torreones son la Torre de Llanes, Torre de Tuñón, Torre de Proaza, Torre de San Román (Candamo), Torreón de El Condado (Laviana) o la Torre de Peñerudes (Morcín). Normalmente son torres de planta cuadrangular o circular, y algunas se decoran con ventana geminadas. Muchas de ellas se conservan en buen estado. Otras destacan entre mayores conjuntos que formaban una fortaleza, como la de Tuleda o el Castillo de Soto, pero apenan se conservan.
Arquitectura de la Edad Moderna Renacimiento