José Gonzalo Zulaika Arregi, José Antonio Donostia o Aita Donostia (en castellano, Padre Donostia) (San Sebastián, 10 de enero de 1886-Lecároz, 30 de agosto de 1956) fue un escritor, compositor, musicólogo y organista español.Jorge Oteiza y la estela del Padre Donostia en Agiña. Consultado el 27 de noviembre de 2013

Biografía Comenzó sus estudios musicales en 1896 en la población de Lecároz, valle de Baztán (Navarra), y a la edad de 11 años compuso su primera obra, Diana (1897), para orquesta. En 1908, tras hacerse sacerdote, amplió su formación musical en Barcelona, y entre 1912 y 1918 compuso su obra Preludios vascos, un conjunto de obras populares arregladas para piano. Llegó en 1932 a ser euskaltzain, es decir, miembro de la Real Academia de la Lengua Vasca (Euskaltzaindia).

Su primer profesor de violín fue Toribio Mugica en el colegio de Marianistas y continuó estudiando con el violinista ciego Eleuterio Ibarguren. A los diez años ingresó como alumno en el seminario de Lecároz, donde hizo el bachillerato, el noviciado y los estudios eclesiásticos —fue ordenado sacerdote en 1908— y allí ejerció de profesor hasta 1918. Estudió con el profesor Ismael Etxezarra piano, armonía y composición. Más tarde, entre 1908 y 1911, estudió contrapunto con Adrián Esquerrá en Barcelona; composición con Bernando Gabiola en San Sebastián, y en los años 1920 y 1921 perfeccionó estudios con Eugenio Cools en París. Maduró además su formación gregoriana en varias abadías benedictinas: Silos (1909), Besalú (1915) y Solesmes (después de 1920). Cuando salió de Lecároz en 1918, ya había descollado como compositor, folclorista, articulista, conferenciante y profesor. Como compositor contaba con una extensa producción desde la temprana Diana compuesta a los 11 años: abundante música de cámara de los comienzos de la juventud, numerosas obras corales, melodías con piano, piezas de órgano, canciones y los Preludios vascos que le habían dado merecido renombre. Como folclorista había recogido más de un millar de canciones populares vascas; ya comenzaba a ser reconocido por sus artículos y requerido para pronunciar conferencias en las capitales y poblaciones importantes del País Vasco y Navarra.

A partir de 1918, cuando quedó liberado de las tareas de profesor, la vida del padre Donostia adquirió una enorme movilidad, con permanencias prolongadas en capitales de varias naciones y viajes circunstanciales, singularmente en España, por motivos de conferencias, congresos y reuniones. Madrid fue el primer lugar de permanencia estable durante varios meses, a partir de noviembre de 1918: se familiarizó con la música sinfónica, habitualmente a través de las orquestas Pérez Casas y Arbós, y se acercó a grandes intérpretes del momento: Pau Casals, Risler, Sauer y Wanda Landowska. Un año después fue a París, y buscando el mundo impresionista se acercó a Ravel, quien le recomendó a Eugenio Cools, «profesor de quien guardo el mejor recuerdo, ya por sus cualidades pedagógicas, ya por la amistad que me unió a él». Desde entonces también existió relación entre Ravel y el padre Donostia, que volverían a encontrarse años más tarde en Lecároz. Aprovechó bien su permanencia en París, pues el 28 de junio de 1920 tuvo lugar una audición de «obras del R.P.J.A. de San Sebastián» en la sala Érad, con intervención, entre otros, de Ricardo Viñes, y ese mismo año trabó amistad con Henri Ghéon, uno de los representantes del renacimiento del teatro católico francés. Cuatro de sus obras fueron ilustradas musicalmente por el padre Donostia, siendo estrenadas tres de ellas en París.

Durante su estancia en Madrid (1918-19) había formado un coro y organizado cursos de liturgia y de música. Entre 1922 y 1924 pasó de nuevo tres largas temporadas en la capital de España, reemprendiendo su labor anterior, y tuvo oportunidad de hacer oír su música, como Bocetos, que se estrenó en la primavera de 1923, o la versión de Les Trois Miracles. A requerimiento del obispo de Bayona llevó a cabo en el segundo semestre de 1924 una serie de intervenciones en Argentina para ayudar a un seminario de Ustaritz. Lo más destacable fueron las conferencias, conciertos en Buenos Aires, Bahía Blanca, Concordia y Montevideo, y la representación de sus cuadros líricos vascos en Buenos Aires. Estos cambios se dan con menos frecuencia en los años siguientes y hasta 1936, siendo los más intensos en investigaciones musicológicas que se reflejan en numerosos artículos y conferencias. Fue admitido como miembro de la Sociedad Internacional de Musicología (1928), Sociedad Francesa de Musicología (1930), Academia de la Lengua Vasca (1932), Academia de Bellas Artes de San Fernando (1932) y, algo más tarde, de la Hispanic Society of America.

La actividad de compositor se refleja fundamentalmente en el grupo de composiciones de orquesta, generalmente con canto. Se ha hecho referencia a varias con texto de Henri Ghéon; hay, además, cuatro para pequeño conjunto: Axeria eta gabaraxaina, Joie, Notre Dame de Sokorri y Saint Nicolas. En estos años presentó en pequeña orquesta varios números de los Preludios Vascos. Una obra significativa fue Acuarelas vascas (1932), estrenada ese mismo año en Madrid por Arbós, que la repuso luego en varias capitales europeas. Trabajó para violín y piano varios de los Preludios vascos y las sonatas de Joaquín Arana y Albinoni, y compuso cuatro obras significativas para piano. Entre las importantes obras sueltas, religiosas y profanas, destaca el bloque de más de cuarenta melodías vascas, de un singular revestimiento pianístico.

En 1936, durante la guerra civil española, se exilió a Francia, viviendo en Toulouse, París, Mont-de-Marsan, e instalándose finalmente en Bayona.

Desde otoño de 1936 a la primavera de 1943 residió en Francia, dedicándose a labores benéficas. Siguió cultivando la música: compuso, dio conferencias y organizó conciertos; éstos en especial durante los dos años de residencia en Bayona, donde ejerció la organistía de Saint Charles en Biarritz y fundó la coral Sine Nomine. Composiciones de estos años son el juguete escénico Bétharram, el drama La Quête héroïque du Graal, el Poema de la pasión y varios motetes polifónicos; y lo más significativo, los tres cuadernos de Infantiles para piano, así como las tres suites Itinerarium mysticum, para órgano.

En 1943 estaba de nuevo en Lecároz, pero ese mismo año se creó en Barcelona el Instituto Español de Musicología, centro integrado en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y desde 1944 hasta 1953 trabajó en él, primero en la sección de musicología y luego en la de folclore. En esta última realizó una ingente labor, atestiguada por las seis mil fichas recogidas, estudiadas y comentadas por él, relativas en gran parte a la canción popular. Representó al Instituto en los congresos internacionales de folclore de Londres (1947) y de Basilea (Suiza, 1948). A estos años pertenecen algunas piezas para piano y para órgano, canciones con texto catalán, muchas melodías originales en estilo gregoriano, obras polifónicas, como el Tríptico franciscano, y sobre todo la Missa pro defunctis. Esta labor personal continuó en Lecároz desde el verano de 1953. Compuso algunas partituras profanas vascas, pero predominan las composiciones religiosas: antífonas y plegarias al Señor, a la Virgen María y a varios santos, algún número navideño y principalmente la serie de responsorios de Navidad para voces blancas y los de Semana Santa para voces graves. A comienzos de 1956 se apreciaron ya los primeros síntomas de su enfermedad.

Actualmente su archivo y biblioteca personal se encuentran en el Archivo Histórico Provincial de Capuchinos de Pamplona y en la Biblioteca Central de Capuchinos de Pamplona.

Obra Musicología Siendo como fue un compositor, musicólogo y organista vasco de los más destacados, su obra es también extensa en todos los campos en los que trabajó con pasión. Entre las facetas que configuran la rica personalidad musical del padre Donostia destacan las dedicadas a la composición y el folclore vasco, siendo muy importante su aportación a la musicología; a esto se unió una frecuente y acertada actividad de conferenciante. Composición y folclore nacieron como afición consciente apenas pasada la adolescencia, en los primeros años del siglo, cuando escribía las Piezas románticas para cuerda y piano, y cuando trabó contacto con escritos de los folcloristas Azkue y Gascue, y con canciones de Charles Bordes (autor en 1897 de Archives de la tradition basque, una investigación etnomusicológica encargada por el Ministerio de Educación Pública francés). Pocos años después se encontraba comprometido en ambas especialidades como en una única empresa que desarrolló a lo largo de la vida.

El padre Donostia fue un investigador del folclore vasco en general, si bien lo fue principalmente del folclore musical, y dentro de este, eminentemente de la canción popular. En materia musical trató temas relacionados con instrumentos, danzas, juegos y costumbres, reflejados en trabajos como Instrumentos populares vascos, Instrumentos de música popular española (se mencionan 358 instrumentos), Historia de las danzas de Guipúzcoa, Irri dantzak-Danzas de risa, Canciones de trabajo en el País Vasco y Elogio musical de la pelota vasca. En la canción popular centró el esfuerzo de sus investigaciones a partir de 1911 y durante varios lustros. Los ejemplares recogidos en los primeros años fueron galardonados en 1915 en concurso organizado por las cuatro diputaciones vascas. De la selección realizada entre ellos y entre los recogidos posteriormente se formó la colección Euskel eresorta-Cancionero vasco, publicado en 1922 con un total de 393 melodías. El número de ejemplares recogidos es aproximadamente de dos mil, cuya publicación en cuatro volúmenes fue el coronamiento de la obra completa compuesta por los doce volúmenes de música (en la que no va incluida la producción sinfónica y sinfónica-vocal) y los cinco de escritos. El amplio material de melodías es de un gran valor en sí, pero lo es además por la información que acompaña a cada canción, algunas de las cuales ya habían sido presentadas hacía muchos años en publicaciones como Gure Herria, Euskalerriaren Alde, Revista Internacional de Estudios Vascos, Yakintza y Boletín de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. Ese gran acopio de material fue la base para elaborar numerosos artículos y conferencias relativos al folclore músico-vocal, así como múltiples estudios sobre los diferentes grupos de canciones (enumerativas, infantiles, zortzikoak, de cuestación, de cuna...), canciones concretas como la Marcha de San Ignacio, otros de carácter general sobre la canción vasca o sobre la canción popular religiosa, y sobre la manera de recoger las canciones populares. Como aportación al folclore español escribió el artículo «El modo de Mi en la canción popular española», además de las seis mil fichas sobre canción popular que se conservan en el Instituto Español de Musicología del CSIC.

Coincidiendo con los años de labor en ese instituto, colaboró en el Anuario Musical del mismo, sacó a la luz Música de tecla en el País Vasco. Siglo XVIIl (1951), importante contribución al clave de España y la primera del País Vasco, y preparó las Sonatas de Manalt y obras de Juan de Antxieta.

Destacable es el extenso estudio Música y músicos del País Vasco (1953), que viene a ser la primera historia de la música del territorio, con muchos datos y noticias de primera mano.

Colaboró en diccionarios de varias naciones: el castellano de la editorial Labor (1954), el alemán Die Musik in Geschichte und Gegenwart de Blume (1949...), el francés de Larousse (1957) y el inglés de Grove, quinta edición (1954-55). Algunos de sus escritos son propiamente trabajos de musicología, como Essai d'une bibliographie musicalepopulaire basque o Panorama de la música en el País Vasco, anterior en varios lustros y base del citado Música y músicos en el País Vasco.