Juan Zumel (¿Valladolid?, c. 1473-Burgos, 16 de abril de 1534) fue un magistrado castellano del que desempeñó cargos políticos en la ciudad de Burgos, como alcalde y escribano mayor, y en Valladolid, como regidor y protector del Hospital de Esgueva. Se casó con Catalina de Estrada, ingresó en la cofradía de Santiago y fue elegido tutor de Juliana Angela de Velasco y Aragón, hija del condestable de Castilla Bernardino Fernández de Velasco y Mendoza.

Es conocido por su activa participación en las Cortes de Valladolid de 1518, en las que manifestó su oposición a las concesiones de cargos a extranjeros por parte del nuevo monarca, Carlos I. Durante la revuelta comunera, en 1520 y 1521, logró la sumisión de Burgos al poder real, pacificó Valencia y se dirigió a Toledo como juez pesquisidor para condenar a los rebeldes de esta ciudad, que acababan de rendirse en octubre-noviembre de 1521. Esta actitud le valió numerosas mercedes del monarca, aunque también las represalias de los comuneros.

Tras esos acontecimientos, fue elegido tutor de Atanasio de Ayala, hijo del rebelde conde de Salvatierra. En los últimos años de su vida también desempeñó algunas comisiones del condestable de Castilla, con quien tenía una duradera amistad. Falleció en Burgos el 16 de abril de 1534 y en su testamento pidió ser sepultado en Valladolid.

Vida y cargos Primeros años: nacimiento y matrimonio A pesar de no existir en los archivos parroquiales fuentes que acrediten una fecha certera, Juan Zumel debió nacer, según el historiador Domingo Hergueta y Martín, hacia el año 1473, aunque no está claro si en Burgos —como habitualmente se cree— o en Valladolid, donde además de doctorarse en su Universidad, contrajo matrimonio con Catalina de Estrada y se desempeñó como regidor y gran protector del Hospital de Esgueva. Allí, también, dispuso de casi todas sus propiedades: tres casas en la «Hacera» —aportadas por su esposa— y otra casa principal que lindaba con estas, situada en la «boca de la Plazuela Vieja», que compró tras su matrimonio. En Burgos, en cambio, no dejó a su muerte más que noventa libros.

Como bienes patrimoniales, Zumel llevó en su casamiento una heredad que rentaba cincuenta y seis fanegas de pan, mitad trigo y mitad cebada, en Barcones (provincia de Soria), así como Catalina llevó casas y heredades en Madrigal (provincia de Guadalajara). Ambas propiedades se hallaban enclavadas en el señorío de María de Tovar, esposa del que luego fue condestable de Castilla, Iñigo Fernández de Velasco, y con quienes el matrimonio mantuvo una fluida relación. De esa manera, cuando aquellos heredaron el ducado de Frías y se trasladaron a Burgos, Zumel los acompañó, e incluso el mismo Velasco llegó a proponerlo para el Consejo Real.

Existen informaciones contradictorias acerca de si el matrimonio tuvo hijos. En una carta dirigida a la Junta de Valladolid en plena Guerra de las Comunidades de Castilla, a comienzos de febrero de 1521, Zumel pide que le «diesen licencia a Doña Catalina su señora y a un hijo suyo», pero lo cierto es que su testamento no hace mención a ningún descendiente directo.

Zumel cofrade de Santiago y tutor de Juliana Ángela de Velasco Zumel, como miembro de una distinguida familia, pudo ingresar en la Cofradía de los Caballeros de San Pedro y Santiago de la Fuente, instituida para asociar a los caballeros y nobles burgaleses. Durante la segunda década del también se encargó, junto con Juan de Velasco y Martín Ochoa de Saviola, de la tutoría de Juliana Ángela de Velasco y Aragón, cuyo padre Bernardino Fernández de Velasco y Mendoza le había dejado un mayorazgo a condición de casarse con un descendiente de su bisabuelo Juan de Velasco.

Juan Zumel se trasladó con Ochoa de Saviola a la villa de San Vicente de la Sonsierra, en la provincia de Logroño, y allí, el 16 de junio de 1516, otorgó junto con él una escritura por la cual Juan Téllez Girón, conde de Ureña, y su hijo Pedro Girón y Velasco, vendieron a Juliana la referida ciudad de San Vicente, con todos los derechos señoriales y mero mixto imperio, por el precio de 21 250 000 maravedíes, para lo cual ella dejaba en fianza la posesión de la villa y fortaleza de Briones. Fue Zumel quien, después de las formalidades acostumbradas, entregó la vara de la justicia al nuevo alcalde señorial, Pero Gil.

Nombramiento para alcalde mayor de Burgos Tras la renuncia de Juan Osorio, el 13 de junio de 1515 Zumel fue nombrado por la monarquía, a título vitalicio, alcalde mayor de Burgos, en virtud de su «suficiencia», «abilidad » y algunos servicios hechos a la Corona.

Pleito sostenido con la abadesa de las Huelgas thumb|220px|Vista del Hospital del Rey de Burgos, cuya jurisdicción estuvo disputada entre la ciudad y la abadesa de las Huelgas a finales de la Edad Media. Desde comienzos del , la ciudad de Burgos había querido impedir que la abadesa de las Huelgas ejerciese la jurisdicción civil y criminal sobre el Real Monasterio y Hospital del Rey. En 1516, ya como alcalde mayor, Juan Zumel se dirigió allí con un escribano y algunos hombres armados, pero entonces se encontró con la oposición del merino del monasterio, que le cerró las puertas. Al día siguiente dictó algunos autos de prisión contra el alcalde del compás y los vecinos que lo habían ayudado, tras lo cual prendió a varios de estos y citó por medio de pregones a los demás.

Ante ello, la abadesa de las Huelgas acudió a la Chancillería de Valladolid para defender sus derechos y, al mismo tiempo, ordenó a su procurador que obtuviese del regente Francisco Jiménez de Cisneros una provisión favorable al respecto. Consultado el caso con el presidente y los oidores del tribunal, el 2 de diciembre de 1516 se le ordenó a Zumel que soltase a los presos bajo pena de 50 000 maravedíes, y al concejo burgalés que no innovase nada en la cuestión hasta la resolución del pleito.

Sin embargo, Zumel no desistió en su actitud, sino que envió al alcalde del compás un pregonero acompañado de hombres armados para que emplazase a ciertos vecinos, al mismo tiempo que el procurador de la ciudad ponía una demanda contra el representante del monasterio.

De parte de la abadesa, el procurador Juan de Calderón protestó ante el regente y le pidió que hiciese cumplir la misiva expedida anteriormente, para que Zumel compareciese ante la Chancillería y fuese condenado con las penas señaladas por ella. A pesar de que el concejo de Burgos salió en su propia defensa, el tribunal de Valladolid indicó a Cisneros la necesidad de dirigir otra carta a la ciudad. Así lo hizo el 28 de marzo de 1517, cuando duplicó la multa anterior a 100 000 maravedíes. Sin embargo, esta nueva carta de conminación no hizo mucho efecto, pues la abadesa y el comendador del Hospital debieron volver a elevar una nueva queja contra el alcalde Zumel:

Obtención de la escribanía mayor del concejo y del crimen de la ciudad de Burgos El 23 de septiembre de 1516 Juan Zumel solicitó permutar su oficio de alcalde mayor por el de escribano mayor del concejo y del crimen. Tres meses después, el 20 de diciembre de ese año, el monarca Carlos I aceptó su nombramiento —confirmado luego el 16 de abril de 1517— dado que quien ostentaba el cargo, Gonzalo Pérez de Cartagena, había presentado su renuncia y enviado a la Corte su título original para que fuese dado por nulo y destruido. thumb|200px|Restos del castillo de Lara de los Infantes, luego entregado al extranjero Joffre de Cottanes

Como escribano mayor, Zumel colaboró con Diego Osorio y los representantes de León y Valladolid para redactar la carta que Burgos y esas dos ciudades dirigieron a Carlos I, rogándole que fuera a Castilla lo más pronto posible. El 17 de febrero de 1517, además, el concejo de Burgos le ordenó apoderarse del castillo de Lara, que se encontraba desguarnecido. Zumel se dirigió allí, tomó información acerca de como su alcaide lo había abandonado, formó un inventario de las armas, pertrechos y bienes muebles que había y procedió finalmente a entregarla a Pedro de Porres, de quien recibió pleito homenaje.

Zumel en las Cortes de 1518

Primeras protestas y presiones regias thumb|210px|Fachada del Colegio de San Gregorio, en Valladolid, donde se reunieron los procuradores para celebrar las Cortes de 1518 En 1518 Zumel fue designado por el concejo de Burgos para asistir a las Cortes de Valladolid, junto con el regidor Diego de Soria. Su actuación en las mismas es bien conocida por los historiadores: el 2 de febrero, antes de que se diese inicio a la primera sesión, protestó en nombre de los demás por el nombramiento de dos extranjeros en los cargos más importantes de Cortes: el de Jean Sauvage como presidente —acompañando al obispo Pedro Ruiz de la Mota— y el de un tal Maestrejos como asistente, pidiendo testimonio de su queja al secretario Bartolomé Ruiz de Castañeda.

El historiador hispanista Joseph Pérez concuerda con Manuel Giménez Fernández al subestimar el significado de la actuación del procurador burgalés y calificarla como una simple oposición verbal por parte de alguien que, como perteneciente desde hacía mucho a la clientela del condestable, buscaba manifestar los sentimientos de una parte de la aristocracia castellana, inquieta ante la posición que ocupaban los flamencos en la nueva administración y decepcionada por permanecer alejada de los centros de poder.

El cronista Prudencio de Sandoval, por su parte, ha dejado un relato sobre las presiones regias que recibieron ambos procuradores burgaleses como consecuencia de su actitud. Según él, Carlos les ordenó presentarse en el palacio del canciller para celebrar una conferencia con este, el obispo Mota y el letrado García de Padilla. Por temor y por precaución de lo que podría pasar, los de Valladolid y Sevilla decidieron acompañarlos. Y una vez allí, según el cronista, la camarilla flamenca habría recriminado a Zumel su conducta orientada a «levantar los ánimos»:

Zumel comunicó lo ocurrido a sus colegas y presentó personalmente una petición a Le Sauvage para que el monarca confirmase los capítulos acordados en las anteriores Cortes. Entonces se encontraron con Mota y García de Padilla, los cuales, a su vez, se entrevistaron con Guillermo de Croy, señor de Chiévres y consejero del rey, para determinar qué hacer. Tras hacerlos esperar un tanto, respondieron que elevarían la demanda a conocimiento del rey, aunque al mismo tiempo hicieron un comentario negativo por la osadía de «dar petición al rey antes que supiesen lo que Su Alteza les querría mandar». Zumel habría respondido que su intención era advertir a Carlos de las necesidades que sufría el reino para así evitar de ese modo cualquier alteración o desacato contra su autoridad.

Acto seguido, Le Sauvage envió al secretario Villegas para que le trajese al doctor Zumel. Temiendo lo peor, los procuradores de Córdoba y Granada se instalaron junto a la puerta de la recámara del presidente de las Cortes y esperaron que Zumel saliese sano y salvo.

Votación del servicio y mercedes reales a Zumel El 5 de febrero Carlos confirmó las palabras del discurso leído por Mota y Juan Zumel se levantó del asiento para agradecerle su venida a Castilla y reiterar los pedidos manifestados anteriormente. Seguidamente, juraron los procuradores y el monarca.

El 9 de febrero el obispo Mota pronunció un nuevo discurso: la proposición real, en la cual justificó el pedido al reino de un gran servicio extraordinario. Zumel, en nombre de todos los procuradores, pidió tiempo para deliberar. La misma respuesta ofreció al día siguiente cuando Mota manifestó su pretensión de que el servicio fuese mayor a los pasados, debido a las acuciantes necesidades del monarca. Finalmente, aquel fue votado formalmente el 14 de febrero y en los términos impuestos por Carlos: doscientos cuentos de maravedíes pagaderos a tres años.