El Libro de Isaías (, ) es el primero de los Nevi'im en el Tanaj judío y el primero de los Profetas Mayores en la Biblia cristiana. El libro es identificado por un sobrescrito como la obra del profeta del Isaías ben Amoz. Tradicionalmente se pensó que todo el libro de Isaías fue escrito por el mencionado profeta, postura que fue reflejada en los primeros autores cristianos y que ellos mismos atribuyen a Jesús de Nazaret. Esta fue la opinión de los rabinos y las Iglesias cristianas de manera unánime hasta el , y hoy sólo sostenida por expertos.
La crítica moderna considera que al menos una parte del libro fue compuesta durante la cautividad de Babilonia y después. El primero en expresar esta consideración fue el teólogo alemán-suizo Bernhard Duhm quién sostuvo que el libro se compone de tres colecciones separadas de oráculos: a saber: Proto-Isaías (capítulos 1–39), que contienen las palabras de Isaías; Deutero-Isaías (capítulos 40–55), el trabajo de un anónimo autor del escrito durante el Exilio, y Trito-Isaías (capítulos 56–66), compuesto después del retorno del Exilio. Esta postura es actualmente admitida de manera general entre los estudiosos de la Biblia, independientemente de su confesión religiosa y como tal se refleja incluso en los programas de estudios de seminarios y universidades confesionales.«This question can be considered dispassionately. It touches no dogma, or any religious principle in Judaism; and, moreover, does not materially affect the understanding of the prophecies, or of the human conditions of the Jewish people that they have in view» (rabino Joseph H. Hertz).R. De Vaux: «Introducción a los profetas. Isaías»; en la Biblia de Jerusalén: 987-988. Bruselas: Desclée de Brouwer, 1971.
El libro puede leerse como una extensa meditación sobre el destino de Jerusalén durante y después del exilio. La parte deuteroisaiana del libro describe cómo Dios convertirá a Jerusalén en el centro de su dominio mundial a través de un salvador real (un mesías) que destruirá al opresor («Babilonia», el Imperio neobabilónico); este mesías es el rey Ciro el Grande de Persia, fundador del Imperio aqueménida, que no es más que el agente que lleva a cabo el reinado de Yahvé.
Isaías se pronuncia en contra de los líderes corruptos y a favor de los desfavorecidos, y basa la justicia en la santidad de Dios más que en el pacto de Israel.
Isaías fue una de las obras más populares entre los judíos en el período del Segundo Templo (c. 515 a. C. - 70 d. C.). En los círculos cristianos, se le tenía en tan alta estima que se le llamaba «el quinto evangelio», y su influencia se extiende más allá del cristianismo a la literatura inglesa y a la cultura occidental en general, desde el libreto del Mesías de Handel hasta una gran cantidad de expresiones cotidianas como «espadas en rejas de arado», «refugio contra la tormenta» y «voz en el desierto».
Consideraciones previas El libro de Isaías se presenta como una obra unitaria que la tradición judía y cristiana ha atribuido a Isaías, el profeta que, según el libro del Eclesiástico, vivió en tiempos del rey Ezequías de Judá, entre los siglos y De él se afirma que contempló los últimos tiempos y fue consuelo para los que sufrían en Sión, especialmente los que fueron llevados al destierro en Babilonia. La antigüedad y autenticidad del texto se respaldan con los manuscritos hallados en Qumrán, donde se conserva un ejemplar completo y otro con la mayor parte de los pasajes, ambos del Estos testimonios coinciden en esencia con la versión griega de los Setenta y con la tradición masorética.Universidad de Navarra. Cátedra de Teología. Comentarios a la Sagrada Biblia. p. 4175. EUNSA Editorial
Dentro del conjunto bíblico, Isaías ocupa un lugar de privilegio. En la Biblia cristiana abre la serie de los cuatro profetas mayores, no sólo porque su predicación es anterior a la de Jeremías, Ezequiel y Daniel, sino también porque el libro que recoge sus oráculos es el más extenso y, probablemente, el de mayor trascendencia en la tradición profética. Algo semejante ocurre en la Biblia hebrea, donde encabeza a los llamados profetas posteriores, antecediendo a Jeremías, Ezequiel y a los doce menores. Su lugar no parece casual, pues su voz profética marca un antes y un después en la historia religiosa de Israel.Universidad de Navarra. Cátedra de Teología. Comentarios a la Sagrada Biblia. pp.4175-76. EUNSA Editorial
La importancia de Isaías no se limita a su volumen o a su posición en el canon, sino que se extiende a la influencia que ha ejercido en la tradición posterior. En el Nuevo Testamento es el escrito del Antiguo Testamento más citado después de los Salmos, lo que muestra hasta qué punto sus palabras fueron interpretadas como anuncio directo de la venida de Jesucristo. Sus oráculos sobre la esperanza, la salvación y el futuro mesiánico se leen como anticipaciones del misterio cristiano, lo que convierte a Isaías en un puente entre la antigua alianza y la nueva. Por esa razón, tanto en la liturgia como en la teología, el libro de Isaías ha mantenido una presencia central que trasciende los siglos.
Estructura thumb|350px|Reproducción fotográfica del gran rollo de Isaías, el manuscrito bíblico mejor conservado de los encontrados en Qumrán. Contiene todo el Libro de Isaías en hebreo, con algunas pequeñas partes dañadas. Fue escrito probablemente por un escriba de la secta judía de los esenios alrededor del siglo II a. C.; por lo tanto, es al menos 1000 años más antiguo que los manuscritos masoréticos completos más antiguos. El consenso académico general a lo largo de la mayor parte del consideraba que el libro de Isaías contenía tres colecciones separadas de oráculos. Un esquema típico basado en esta interpretación del libro ve su estructura subyacente en términos de la identificación de figuras históricas que podrían haber sido sus autores: 1–39: Proto-Isaías, que contiene las palabras del Isaías original; 40–55: Deutero-Isaías, obra de un autor anónimo del exilio; 56–66: Trito-Isaías, una antología de unos doce pasajes.
Aunque una parte del consenso general sigue vigente, esta percepción de Isaías como compuesto por tres secciones bastante distintas sufrió un desafío radical en el último cuarto del . El nuevo enfoque analiza el libro en términos de sus características literarias y formales, en lugar de sus autores, y ve en él una estructura dividida en dos partes entre los capítulos 33 y 34: 1–33: Advertencias sobre el juicio y promesas de restauración posterior para Jerusalén, Judá y las naciones; 34–66: El juicio ya ha tenido lugar y la restauración está cerca.
Proto-Isaías/Primer Isaías (capítulos 1–39): 1–12: Oráculos contra Judá principalmente de los primeros años de Isaías; 13–23: Oráculos contra las naciones extranjeras a partir de su edad madura; 24–27: El «Apocalipsis de Isaías», añadido en una fecha muy posterior; 28–33: Oráculos del ministerio tardío de Isaías; 34–35: Una visión de Sion, tal vez una adición posterior; 36–39: Historias de la vida de Isaías, algunas desde el Libro de los Reyes.
Deutero-Isaías/Segundo Isaías (capítulos 40–54), con dos grandes divisiones, 40–48 y 49–54, la primera enfatizando a Israel, la segunda, a Sion y Jerusalén: Una introducción y conclusión subrayando el poder de la palabra de Dios sobre todas las cosas; Una segunda introducción y conclusión dentro de estos en la que un heraldo anuncia la salvación a Jerusalén; Fragmentos de himnos dividiendo varias secciones; El papel de las naciones extranjeras, la caída de Babilonia, y el ascenso de Ciro como un elegido de Dios; Cuatro «Cánticos del Siervo» personalizando el mensaje del profeta; Varios poemas más largos sobre temas tales como el poder de Dios y las invitaciones a Israel a confiar en él.
Trito-Isaías/Tercer Isaías (capítulos 55–66): Una colección de oráculos de profetas desconocidos en los años inmediatamente después del regreso de Babilonia. Viendo a Isaías como un libro de dos partes (capítulos 1–33 y 34–66) con un tema general, conduce a un resumen de su contenido como el siguiente:
El libro se abre exponiendo los temas de juicio y posterior restauración de los justos. Dios tiene un plan que se realizará en el «Día de Yahweh», cuando Jerusalén se convertirá en el centro de su gobierno en todo el mundo. Ese día todas las naciones del mundo vendrán a Sion (Jerusalén) para instrucción, pero primero la ciudad debe ser castigada y limpiada del mal. Se invita a Israel a unirse a este plan. Los capítulos 5–12 explican la importancia del juicio asirio contra Israel: el gobierno justo del rey davídico seguirá después de que el monarca asirio arrogante es derribado. Los capítulos 13–27 anuncian la preparación de las naciones para el gobierno mundial de Yahweh; los capítulos 28–33 anuncian que un salvador real (un mesías) surgirá como consecuencia del castigo de Jerusalén y la destrucción de su opresor.
El opresor (ahora identificado como Babilonia en lugar de Asiria) está a punto de caer. Los capítulos 34–35 cuentan cómo Yahweh regresará a los exiliados redimidos a Jerusalén. Los capítulos 36–39 hablan de la fidelidad del rey Ezequías a Yahweh durante el asedio asirio como modelo para la comunidad restaurada. Los capítulos 40–54 señala que la restauración de Sion está ocurriendo porque Yahweh, el creador del universo, ha designado al rey persa Ciro el Grande como un "mesías" prometido y el constructor del templo. Los capítulos 55–66 son una exhortación a Israel a mantener el pacto. La eterna promesa de Dios a David se hace ahora a los hijos de Israel/Judá en general. El libro termina ordenando justicia mientras suceden las etapas finales del plan de Dios, incluyendo la peregrinación de las naciones a Sion y la realización del reinado de Yahweh.
Resumen miniatura|Miguel Ángel (–12), «Isaías», Ciudad del Vaticano: Techo de la Capilla Sixtina miniatura|Detalle de la entrada al 30 Rockefeller Plaza con un versículo de Isaías 33:6 Rockefeller Center, Nueva York Si consideramos Isaías como un libro dividido en dos partes (capítulos 1-33 y 34-66) con un tema general, podemos resumir su contenido de la siguiente manera: El libro comienza exponiendo los temas del juicio y la posterior restauración de los justos. Dios tiene un plan que se realizará en el «Día de Yahvé», cuando Jerusalén se convierta en el centro de su dominio mundial. Ese día, el mundo acudirá a Sión (Jerusalén) en busca de instrucción, pero primero la ciudad debe ser castigada y purificada del mal. Israel es invitado a unirse a este plan. Los capítulos 5-12 explican el significado del juicio asirio contra Israel: el reinado justo del rey davídico seguirá después de que el arrogante monarca asirio sea derrocado. Los capítulos 13-27 anuncian la preparación de las naciones para el dominio mundial de Yahvé; los capítulos 28-33 anuncian que un salvador real (el mesías) surgirá tras el castigo de Jerusalén y la destrucción de su opresor. El opresor (ahora identificado como Babilonia en lugar de Asiria) está a punto de caer. Los capítulos 34-35 cuentan cómo Yahvé devolverá a los exiliados redimidos a Jerusalén. Los capítulos 36-39 hablan de la fidelidad del rey Ezequías a Yahvé durante el asedio asirio como modelo para la comunidad restaurada. Los capítulos 40-54 afirman que la restauración de Sión está teniendo lugar porque Yahvé, el creador del universo, ha designado al rey persa Ciro el Grande como el mesías prometido y constructor del templo. Concretamente, el capítulo 53 predice un siervo sufriente que será el mesías del que habla el profeta en los versículos anteriores. Los capítulos 55-66 son una exhortación a Israel para que mantenga el pacto. La Promesa eterna de Dios a David se hace ahora al pueblo de Israel/Judá en general. El libro termina exhortando a la justicia a medida que se cumplen las etapas finales del plan de Dios, incluyendo la peregrinación de las naciones a Sion y la realización del reinado de Yahvé.