La batalla de Sangarará fue el primer enfrentamiento armado entre las fuerzas coloniales españolas y el movimiento insurgente liderado por Túpac Amaru II durante la Gran Rebelión. Tuvo lugar el 18 de noviembre del año 1780 en la localidad de Sangarará, en el actual Perú, y concluyó con una victoria de los rebeldes.
Tras el inicio de la rebelión el 4 de noviembre de 1780, que buscaba eliminar instituciones como la mita y los repartos, y luego de la ejecución del corregidor de Tinta, Túpac Amaru decretó el 16 de noviembre la abolición de la esclavitud. En respuesta, las autoridades del Cusco enviaron fuerzas al mando de Tiburcio Landa, que se unieron a las de Fernando de Cabrera Peinado y a un contingente indígena. El ejército realista se atrincheró en la iglesia de Sangarará, donde rechazó una propuesta de rendición. El 18 de noviembre tuvo lugar el enfrentamiento, que terminó con numerosas bajas realistas, la dispersión de sus fuerzas y graves daños en la iglesia por la explosión de su polvorín.
Esta batalla constituyó el primer enfrentamiento de la rebelión y puso en alerta a las autoridades coloniales, al favorecer la expansión de un clima de insurrección entre indígenas, mestizos, esclavos y criollos que se incorporaban al movimiento. El resultado fue una derrota significativa para las fuerzas realistas.
Antecedentes El 12 de noviembre de 1780, Fernando Cabrera Peinado, corregidor de Quispicanchi, quien había logrado escapar de los rebeldes, informó al ayuntamiento de Cuzco sobre la captura de Arriaga y el inicio de la rebelión. El corregidor del Cuzco, Fernando Inclán Valdez, estableció un consejo de guerra, recaudó fondos y, el 13 de noviembre, envió un emisario a Lima solicitando ayuda. Por su parte, el obispo Moscoso y Peralta asumió la organización militar y la administración de los recursos reunidos.
El obispo donó 12.000 pesos, y otros monasterios y órdenes religiosas, un adicional de 18.000. Además, prestó 14.000 pesos del dinero de la Iglesia, mientras que el cura de San Jerónimo, Ignacio de Castro, prestó una suma adicional de 40.000 pesos. Según el obispo, los rebeldes se encontraban solo a 10 leguas del Cuzco, y contaban con 10.000 indígenas armados y 600 mestizos y españoles.
Al mando de Tiburcio Landa se creó una compañía compuesta por miembros de la milicia local, voluntarios del Cuzco y aproximadamente 800 indígenas y mestizos procurados por los curacas de Oropeza, Pedro Sahuaraura y Ambrosio Chillitupa. Este grupo de contrainsurgentes intentaba derrotar a los rebeldes y reclamar una recompensa.
El 17 de noviembre alcanzaron Sangarará, un pequeño y frío pueblo al norte de Tinta, a aproximadamente 3800 metros de altitud, donde se les unieron milicias organizadas por los curacas de 6 pueblos cercanos. Y, al no reportar señales de peligro, la compañía de Landa acampó en el pueblo, en vez de hacerlo en una ladera menos vulnerable.
Por su parte, Tupac Amaru, quien seguía de cerca al ejército realista, llegó sorpresivamente a Sangarará, liderando un ejército de aproximadamente 6.000 hombres.
La batalla A las 4 de la mañana del 18 de noviembre, las tropas de Landa despertaron rodeadas. Un testigo afirmó que las tropas rebeldes que se aproximaban sonaban como un «temblor». El corregidor Cabrera ordenó refugiarse en la iglesia del pueblo, aunque debido a la prisa algunos realistas cayeron, muriendo pisoteados
Tupac Amaru exigió que se rindieran, y pidió al cura y sus ayudantes que salieran. Cuando los realistas desobedecieron estas instrucciones, Tupac Amaru ordenó a criollos y mujeres abandonar la iglesia, indicando que un ataque era inminente. No obstante, Landa y sus tropas impidieron que cualquiera saliera, y varios murieron en el caos.
Entonces, los rebeldes se deslizaron por el cementerio adyacente e iniciaron el ataque arrojando piedras con hondas desde atrás de una pared que correspondía al sagrario de la iglesia, lo que impedía ver a los atacantes. La fusilería de los rebeldes actuaba con eficacia, mientras la artillería de los sitiados carecía de espacio suficiente para que su acción resultara efectiva. En un momento de la batalla, la pólvora de los realistas se encendió quemando el techo y provocando el desplome de una pared de la iglesia que aplastó a varios de los sitiados quienes disparaban sus fusiles a través de las ventanas. Desesperados, muchos de los soldados se confesaron con el acosado capellán, Juan de Mollinedo.
A las 8 y media de la mañana, los rebeldes, enardecidos por la porfiada resistencia, incendiaron los restos del techo de la iglesia, propagado el fuego. Una vez que el techo estuvo en llamas, las vigas ardientes comenzaron a caer y las tejas explotaban por el calor. La resistencia se fue haciendo imposible, por lo que las tropas de Landa se arrojaron fuera de la iglesia para no perecer en el incendio y, al salir, eran muertos por los rebeldes a palos, pedradas y lanzadas.
La batalla culminó al mediodía, tras 6 horas de agotadora lucha, y quedó sellada la victoria de Túpac Amaru.
Consecuencias Inferiores en número y mal posicionadas, las tropas de Landa fueron aniquiladas. Un informe calcula 576 muertos, que incluían más de 20 europeos. Bartolomé Castañeda, quien se salvó ocultándose en una pequeña capilla, calculó que al menos 300 realistas murieron en la batalla. Los rebeldes atendieron y liberaron a 28 criollos heridos.
Según otro informe, Tupac Amaru golpeó el cadáver de Fernando Cabrera, quien lo había evadido días antes, murmurando: «Este por cabeza dura se ve de este modo». El mismo informe, narra también que los rebeldes ejecutaron a un curaca realista.
El capellán Juan de Mollinedo capturado por los rebeldes, contabilizó 395 muertos en combate más un incalculable número de incinerados en la iglesia. Túpac Amaru le dio doscientos pesos para que enterrase a los muertos. Fue liberado a causa de su estatus de cura y llegó al Cuzco.
Las bajas tupacamaristas fue menor a veinte.
Referencias
Categoría:Rebeliones en el virreinato del Río de la Plata Categoría:Historia del Virreinato de Perú Categoría:Batallas de Perú Categoría:Rebelión de Túpac Amaru II