miniatura|La muerte de Sócrates de Jacques-Louis David, 1787. Sócrates condenado a muerte por envenenamiento de cicuta. Según relata Platón en la Apología, este pudo haber eludido la condena, pero prefirió acatarla y morir. En ética y otras ramas de la filosofía, el suicidio plantea preguntas difíciles respondidas de manera diferente por varios filósofos. Un ejemplo representativo es Albert Camus, quien utilizó el suicidio para reflexionar sobre el sentido de la vida desde una posición existencial en su ensayo filosófico El mito de Sísifo, a menudo representado con la famosa frase «No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: es el suicidio». Teniendo en cuenta que el ser humano se puede plantear el dilema del suicidio incluso en las mejores condiciones que la vida le pueda brindar, surge la pregunta de si el suicidio es una solución al problema de la vida misma, y no solo una respuesta perversa a una vida que ha salido mal.
En términos filosóficos el concepto de suicidio es difícil de delimitar, ya que según las características que se consideren o no como constitutivas de un acto suicida ciertas acciones pueden quedar fuera, o por lo menos, generar cierta controversia. Determinar si un acto es suicida o no puede implicar un juicio moral subyacente, a menudo inconsciente, sobre la justificación de las acciones de la persona que realiza el acto, como por ejemplo en el caso de una persona fumadora consciente de que fumar le puede causar la muerte, o en situaciones como la muerte de Sócrates o la de Jesucristo. De la misma manera, pueden darse actos suicidas que no resulten en la muerte de la persona que los realiza, o muertes voluntarias que no sean consideradas suicidio, como el caso de la eutanasia en países como Suiza o España.
A nivel incluso de especie se ha argumentado que la tendencia del ser humano a sentir más interés por algo que reporte ventajas a corto plazo que posibilidades de supervivencia a largo plazo es un indicador de una tendencia suicida, como por ejemplo se evidencia con el hecho de que el aumento actual de la población mundial no es sostenible a largo plazo. Asimov lo interpreta como un desequilibrio entre el poder que posee el ser humano y su inteligencia, lo que tan solo ha supuesto una ventaja a corto plazo en cuanto al relativo dominio sobre el resto de especies, pero que a la larga conduce a una inevitable autodestrucción.
Se suele considerar una definición basada en la intención, es decir, la noción de suicidio como la intención de provocarse la muerte; aunque en este caso el problema suele ser que prácticamente siempre detrás de la intención de morir hay otra necesidad o intención. El suicidio puede tener uno o varios objetivos aparte del suicidio mismo como podrían ser el alivio de un sufrimiento físico o mental, el martirio persiguiendo una causa moral (como la inmolación de Mohamed Bouazizi o la de los bonzos como Thích Quảng Đức) o militar (como los ataques suicida y kamikazes), el suicidio altruista como cumplimiento de un deber social percibido (como el sati o el harakiri), la evitación de una pena capital, la venganza o la protección de una tercera persona.
Filosofía antigua y clásica occidental
Platón El concepto de suicidio se ha utilizado como punto de reflexión por lo menos desde Platón, aunque ni el latín ni el griego clásico tenían un equivalente para el concepto actual de suicidio, y solían utilizar otro tipo de expresiones como biaiothanatos (en el sentido de "morir de una muerte violenta") o muerte auto-sacrificial (como Aquiles siguiendo voluntariamente su propio fatum).
Platón reflexiona sobre el suicidio en varios de sus textos (Fedon 61b-62c, Leyes IX 854a3–5 y 873c-d, y República Libro III). Defiende que el suicidio es reprobable ya que el alma humana pertenece a los dioses, y querer huir de esta dependencia no es propio de una persona sabia y cuerda. Sin embargo reconoce cuatro excepciones a este principio:
Si la mente y el carácter se han corrompido no pueden ser rescatados, la persona tiene el deber moral de rehusar un tratamiento médico Cuando el suicidio se realiza por orden judicial, como en el caso de Sócrates Cuando el suicidio es obligado por una desgracia personal extrema e inevitable Cuando el suicidio es el resultado de la vergüenza de haber participado en acciones manifiestamente injustas
Aristóteles Aristóteles considera que el suicidio es un acto que va en contra de la recta razón, y por tanto no los considera un acto de libre elección. Argumenta que aunque el suicidio no representa una injusticia hacia uno mismo ya que lo que se hace con uno mismo es consensuado, sí que resulta un atentado contra lo que uno le debe a la comunidad o al estado, y por tanto estaría cometiendo una injusticia (Ética a Nicómaco, Libro V, XI, 1138a). Por otro lado considera que el suicidio que se realiza para evitar un mal (como la pobreza, el desamor o algo doloroso) es un acto de cobardía, y no es una muerte noble (Ética a Nicómaco, Libro III, IIIX, 1116a).
Estoicismo Algunos de los máximos representantes de la filosofía estoica como Séneca, Epicteto, Cicerón y Marco Aurelio, sostuvieron que la muerte por su propia mano es a menudo una opción más honorable que una vida de miseria prolongada, siendo uno mismo el que puede juzgar si su vida merece la pena de ser vivida teniendo en cuenta la calidad de vida y la rectitud y no su duración. Sin embargo, no legitiman el suicidio en determinadas circunstancias, como el hastío de la vida o el dolor físico, sin antes haber combatido la enfermedad con valentía, evitando huir del sufrimiento a través de una muerte irreflexiva. Los estoicos aceptaron que el suicidio era permisible para la persona sabia en circunstancias que podrían impedirle vivir una vida virtuosa.Don E. Marietta, (1998), Introduction to ancient philosophy, pages 153–4. Sharpe Plutarco sostuvo que aceptar la vida bajo la tiranía habría comprometido la autoconsistencia de Catón el Joven como estoico y habría perjudicado su libertad de tomar decisiones morales honorables. El suicidio podría justificarse si uno es víctima de un dolor o una enfermedad grave, pero de lo contrario sería visto como un rechazo del deber social de uno.William Braxton Irvine, (2009), A guide to the good life: the ancient art of Stoic joy, page 200. Oxford University Press
Epicureísmo
Epicuro siguió una posición similar a la estoica respecto al suicidio. El epicureísmo sigue una posición hedonista de la vida, donde «todo bien y todo mal está en la sensación» de dolor o placer. Epicuro dice que «la necesidad es un mal, pero no es ninguna necesidad vivir según la necesidad», pero esta posibilidad no es deseable, pues el sabio, aun en las condiciones más adversas, puede afirmar el placer de toda la vida.Álvarez, Alberto Enrique (27 de abril de 2016). El Gnomologicum Vaticanum y la filosofía de Epicuro. p. 333-335. Es de necios decir el antiguo dicho "bueno es no haber nacido, o, habiendo nacido, franquear cuanto antes las puertas del Hades" porque si fuera así, se pregunta Epicuro: «Pues si está convencido de lo que dice, ¿cómo es que no abandona la vida?».
Según la doctrina epicúrea, muchas angustias a la vida surgen del miedo al dolor y a la inevitable muerte que produce, pero «es ridículo correr hacia la muerte por tedio de la vida, cuando es la manera de vivir la que hace correr hacia la muerte». Según el Tetrafármaco epicúreo, la muerte no es temible pues «no significa nada para nosotros» porque «cuando existimos, la muerte aún no está presente, y cuando la muerte está presente, entonces no existimos»; y los castigos divinos son solo supersticiones del vulgo. A su vez, los dolores provenientes de deseos naturales (como comer, beber y dormir) se mitigan fácilmente, proporcionado así un estado de paz mental que Epicuro llama ataraxia.
Filosofía renacentista Michel de Montaigne, quien tuvo una importante influencia estoica y humanista, ya aclara en sus Ensayos que en la vida hay cosas peores que la muerte misma. Las justificaciones que considera legítimas son tanto el dolor como el temor de una muerte peor que el propio suicidio. Por otro lado considera que existen razones de peso para no hacerlo, como son el deber hacia el propio país y hacia Dios, y el perjuicio emocional que les podría causar a las personas que tuvieran afecto a quien se quita la vida.
Filosofía moderna occidental Aunque en la filosofía moderna la postura frente al suicidio no sea unívoca, podemos encontrar cada vez más autores que defendieron la legitimidad del suicidio, aunque habitualmente solo en determinadas circunstancias. Siguiendo los ideales de la ilustración se utilizan argumentos racionales para defender el derecho de las personas a elegir el momento de su muerte, principalmente bajo la idea de la libertad individual. Sin embargo, no se sentían complacidos: que una persona se suicidara traía de fondo la idea de que el ideal ilustrado había fracasado.
John Donne escribió el ensayo Biathanatos en 1608, en el que defiende la idea de que el único acto justificable de auto-homicidio es aquel en el cual el motivo principal sea la gloria a Dios, el martirio y la caridad cristiana; al cual se llega a través del uso de la razón. Es considerado el primer ensayo escrito sobre el suicidio en la cultura occidental. En 1732, Alberto Radicati escribe otra de las obras referentes sobre el suicidio de principios de la época moderna bajo el título Una disertación filosófica sobre la muerte, compuesta para consolación de los infelices por un amigo de la verdad, en la que defiende el derecho al suicidio frente a la moral cristiana y la ilegitimidad que comete el Estado al interferir en este tipo de asunto.
Romanticismo El movimiento cultural y artístico del Romanticismo, como una corriente coetánea frente al racionalismo de la ilustración y el neoclasicismo, se acerca a la muerte desde la pasión y la fascinación. En esta corriente el suicidio es a menudo una fuente de inspiración artística y de debate intelectual. El acercamiento a la muerte reafirma y aviva la propia existencia. El suicidio teatral convierte al ejecutor en un agente activo, disipando el miedo a la muerte, y por otro lado se independiza de la sociedad convirtiéndose en un héroe, un adalid del individualismo romántico.
Filosofía política En El contrato social, de Jean-Jacques Rousseau, es tal que todo hombre tiene "derecho a arriesgar su propia vida para preservarla".
Thomas Hobbes y John Locke rechazan el derecho de los individuos a quitarse la vida. Hobbes afirma en su Leviatán que la ley natural prohíbe a todo hombre "hacer aquello que es destructivo para su vida, o quitarle los medios para preservarla". Romper esta ley natural es irracional e inmoral. Hobbes también afirma que es intuitivamente racional que los hombres deseen la felicidad y teman más a la muerte. Locke por otra parte escribe en su Segundo tratado sobre el gobierno civil que el estado natural, más que un "estado de libertad, no es, sin embargo, un estado de licencia"; pues el hombre no tiene "la libertad de destruirse a sí mismo, ni tampoco a ninguna criatura de su posesión, excepto en el caso de que ello sea requerido por un fin más noble que el de su simple preservación".Segundo tratado sobre el gobierno civil, capitulo 2, párrafo 6 p. 3
Fenomenología