La Gran Guerra Irmandiña (en referencia a las milicias urbanas denominadas hermandades) fue una revuelta social que tuvo lugar en Galicia entre 1467 y 1469,PALLARÉS MÉNDEZ, M. C.; PORTELA SILVA, E. De Xelmírez aos Irmandiños. A Galicia feudal (séculos XII-XV). A gran historia de Galicia, Tomo V, Volume 2. Arrecife Edicións Galegas (2007). ISBN 978-84-96931-10-7. y fue posiblemente la mayor revuelta europea de todo el .Lss primeras revueltas medievales ya tuvieron lugar en Europa durante la segunda mitad del , después de la peste negra de 1348: la Jacquerie en Francia en 1358 o la revuelta campesina de 1381 en Inglaterra Comenzó en primavera de 1467 en Galicia, en una situación de conflicto social (hambre, epidemias y abusos por parte de la nobleza gallega) y político (guerra civil en Castilla). La Santa Hermandad, surgida y justificada por tal situación, se tornó en una revuelta cómo reacción a un sentimiento acumulado de agravio por los males y daños que el pueblo recibía de los nobles de las fortalezas.
Precedentes La gran guerra irmandiña de 1467 estuvo precedida de múltiples revueltas en ciertas zonas y localidades. Según algunos historiadores, como el profesor Barros Guimeráns, la primera revuelta organizada cómo Hermandad en la Baja Edad Media gallega es la de 1418-1422 en Santiago de Compostela.
La Hermandad Fusquenlla tuvo lugar en 1431, con Roi Xordo al frente, en las tierras de los Andrade. Surgió más tarde, en 1451, la "primera hermandad" en las rías de Pontevedra y Arosa. Después surgieron las hermandades de La Coruña y Betanzos, seguidas de las de Santiago de Compostela, Muros y Noya de 1458.
Desencadenamientos Situación de crisis social Agresividad de los señores derecha|miniaturadeimagen|250x250px|Armadura y armas de los caballeros, generalmente ofrecidas por el señor en la Investidura. La nobleza gallega vivía un de conflictos y confrontación internas. A la intranquilidad generada por tal serie de conflictos se sumaban los efectos negativos de la epidemia de 1466, así como anteriormente la peste y las malas cosechas, que provocaron además una caída de rentas de la nobleza, lo que derivó en una actitud recaudadora agresiva para contrarrestar esta disminución.
Entre las víctimas de la nueva nobleza se encontraba también el clero. Incluso parte del patrimonio y señoríos de monasterios y catedrales estaban ocupados o encomendados en 1467. De hecho la Hermandad devolvió a la iglesia muchos de los bienes usurpados por la nobleza laica.
Los vasallos frente a las fortificaciones, refugios de malhechores Existía, por tanto, un sentimiento acumulado de agravio, por los males y daños que las villas y la gente recibían de las fortalezas (percibidas cómo refugios de malhechores), tanto de señores y caballeros como de prelados, como indican las testigos del Pleito Tabera - Fonseca: Por eso la hermandad se focalizó en la demolición de sus refugios, las fortalezas.
La estos determinantes componentes emotivos se sumaban las segundas intenciones de emancipación de la vasallaje y la liberación de pago de rentas del señor; terminar con el sistema de fortificaciones construidas entre los siglos y .
Situación de crisis política Otro agravante era la debilidad del Estado medieval que tenía lugar en toda Europa, lo que con frecuencia llevaba la que el rey se apoyara en las ciudades y villas para frenar la nobleza feudal. En la corona de Castilla era especialmente cierto por el enfrentamiento, en la década de los sesenta, del infante D. Alfonso con Enrique IV, con el correspondiente vacío de poder.
Posición de la nobleza gallega en el conflicto entre D. Enrique y D. Alfonso derecha|miniaturadeimagen|346x346px|Enrique IV de Castilla autorizó la Santa Hermandad. La actitud de toda la nobleza gallega frente al conflicto entre Enrique IV de Castilla y Alfonso no está aún totalmente clarificada. Entre los fieles a Enrique IV se situaron Alvar Pérez Osorio (conde de Trastámara), y algunos de sus parientes próximos, como Lope Sánchez de Moscoso o Gómez Pérez de las Mariñas I. Morais Muñiz cree que entre los partidarios de Alfonso figuraban los condes de Ribadeo y de Santa Marta, lo de Benavente, que era su Canciller mayor,, Alvar Páez de Soutomaior el vizconde de Monterrei, Juan de Zúñiga y probablemente también Fernán Pérez de Andrade, El Joven, así como el arzobispo Alonso II de Fonseca e incluso el propio conde de Lemos, a pesar de que los datos son escasos y contradictorios.Su lealtad a la causa de D. Alfonso se sostiene en mientras que su lealtad a D. Enrique es defendida en
Posición del clero y tercero estamento en el conflicto entre Enrique y Alfonso Al contrario que la nobleza gallega, el rey contó con el apoyo de la mayoría del clero gallego, incluido el episcopado, la excepción del arzobispo Fonseca. Enrique IV contó también con una amplia base popular, mayormente en villas y ciudades, sabedoras de que Enrique era el apoyo legal del movimiento Irmandiño.
Nacimiento de las "Hermandades" en otros territorios de la corona de Castilla Esta aguda crisis social y política favoreció el desarrollo de las Hermandades. Así, ya entre 1456 y 1460 varias villas de Guipúzcoa utilizaron la hermandad contra la nobleza local, arrasando un gran número de sus casas fuertes "porque façian y consentían muchos robos y malificios en lana tierra y en los caminos y en todos los logares". En 1464 una nueva Hermandad General castellana celebró su primera junta en Segovia. Esta hermandad permaneció inicialmente a raya de Enrique IV, que la utilizó contra los partidarios de su hermano Alfonso.
Influencia de las "Hermandades" de otros territorios El nacimiento de la "Hermandad General" de Castilla y León dio pie a la demanda de las ciudades leales a Enrique de extender las Hermandades al Reino de Galicia. Enrique IV permitió al final el surgimento de la "Santa Hermandad", seguramente con el propósito de debilitar la rebelión de la nobleza. Otro propósito de Enrique era, según Olivera Serrano, conseguir la contribución de Galicia a la Hacienda real, restituyendo además el derecho a voto en las Cortes de Galicia (derecho que habían perdido en las cortes de Madrid de 1419)., p. 320-321.
Alonso de Palencia, cronista oficial del reino de Castilla, comenta en 1477 la formación y actividad de la hermandad gallega, presentándola como la máxima realización de la Hermandad General de Castilla y León, y muestra su entusiasmo por la eficacia de su trabajo justiciero y anti-señorial, tomando fortificaciones consideradas inexpugnables.p. 191-192.
El comienzo de la Hermandad
Precedentes Ya entre 1454 y 1458 había existido otra hermandad en Galicia "quel te lo dice moy virtuoso rey don Enrrique mandó faser y se fiso por su mandato en lana çibdad de lana Cruña y villa de Betanços", a las que se unieron los ayuntamientos de Santiago, Noya y Muros,, vol. I, p. 19-27. así como importantes señores gallegos (Bernal Yáñez de Moscoso, Pedro Bermúdez de Montaos o Sueiro Gómez de Soutomaior).
El comienzo de la Hermandad fue anterior a la gran guerra de la primavera de 1467, como prueban documentos y referencias de comienzos de 1465. Así, en febrero de 1465 se registra que Pedro Álvarez Osorio, conde de Lemos, cedía a su hijo a fortificación de Monforte, por le ser contrarias las hermandades de Galicia y, segundo declara el conde, "poderia ser quisessem tomar suas tierras y não era justo que su filho, siendo sem culpa e inocente, las perdesse".
Aprobación de la Hermandad Aparentemente, algunas de las villas gallegas más significativas, como La Coruña, Ferrol, Santiago, Lugo, Pontevedra o Betanzos, enviaron a sus representante para sancionar el nacimiento de la institución en Galicia. Lope García de Salazar afirma que fue Afonso de Lanzós quien canalizó la demanda, obteniendo de Enrique IV los capítulos de la "Hermandad".
Consta la presencia en las cortes de Salamanca, en mayo de 1465, del escribano Juan Blanco, procurador de Betanzos, que parece que obtuvo la demandada aprobación real.
Afonso Mosqueira, testigo del pleito Tabera - Fonseca, cuenta la presencia de Joan de Betresca, enviado del rey Enrique:
Consolidación e implantación A principios de 1467, la Hermandad estaba ya organizada e implantada en su papel de ordenamiento y justicia. Una testigo de la implantación e integración en la Hermandad de varios señalados nobles gallegos es la demanda que, en febrero de 1467, presenta Teresa de Zúñiga, condesa de Santa Marta, ante dos representantes de la Hermandad General, que se habían comprometido a proceder contra los querelados Sancho López de Ulloa, Pedro Pardo de Cela y Diego de Andrade "según el tenor y la forma de los diez capítulos, leyes y ordenanzas de la Santa Hermandad".Pedro Maldonado, vecino de Zamora e diputado de la Santa Hermandad della, y Alfonso Fernández da Madalena, vecino también de Zamora e "cuadrillero de la dicha Santa Hermandad de la dicha çibdad". Además de eso, en la demanda también se indica que esta integración se había extendido no sólo a los nobles de sus fortificaciones, sino también a sus vasallos.
El compromiso con la Hermandad de cabidos y ciudades A principios de 1467 los compromisos de cabidos y ciudades habían sido ya expresados públicamente. El 14 de marzo, por ejemplo, el cabido y el ayuntamiento de Tuy habían jurado los capítulos de la Santa Yrmandade, y una semana más tarde designaron al canónigo Gonzalo Vázquez para asistir en su nombre a la junta de la Hermandad que se iba a celebrar en Medina del Campo.
A su vez, el 16 de marzo se registró un acuerdo del cabido compostelano de contribuir con "quatro mill maravedies de pares de blancas para aa arca de la Yrmandade", y el ayuntamiento de Orense, en abril, anticipó "viinte y çinco mill pares de blancas" para que la fortificación del Castelo Ramiro fuera entregada "aa Santa Yrmandade".
A esto se unieron otras reuniones o asambleas: en Santiago, después en Lugo, después en Mellid, y más tarde en Betanzos. Los pormenores de la revuelta se ultimaron en dichas reuniones; en la última hay registro de la asistencia de los señores Fernán Pérez de Andrade, El Joven, Sancho Sánchez de Ulloa y Gómez Pérez de las Mariñas I a los que se les solicitó la cesión de sus fortificaciones, "cada uno lanas suias, y qe lanas pedían para derribárselas porque dezían que de lanas te las dice fazían muchos males, porque robaban y tomaban a los hombres y los prendían". Esta exigencia representa la confirmación última de las intenciones ya presentes anteriormente, como indican las precauciones tomadas por el conde de Lemos que se mencionaron antes.
Evolución de la revuelta
Estallido de la revuelta miniaturadeimagen|300x300px|Torre de San Sadurniño, en Cambados, destruida entre 1466 y 1470 durante las revueltas irmandiñas. En los principios de la primavera de 1467 llegó la revuelta general, cuando las Juntas de las Hermandades, organizadas en todas las comarcas gallegas, lanzaron la consigna contra las fortalezcas, símbolo del acoso señorial.
Las columnas irmandiñas, que una testigo del pleito Tabera - Fonseca cifra en ochenta mil omes, comenzaron a recorrer las comarcas, y con la fuerza de su número y el auxilio de impuestos, bombardas y otras armas, acabaron rindiendo la gran mayoría de los castillos y fortificaciones gallegas.