La facultad de Filosofía y Letras es un edificio de la Ciudad Universitaria de Madrid, sede de las facultades de Filosofía y Filología de la Universidad Complutense de Madrid. Levantado en la década de 1930 y reconstruido tras la guerra civil, el inmueble, fruto del arquitecto Agustín Aguirre López, tiene el estatus de bien de interés cultural desde 2017.

Ubicación El inmueble, denominado históricamente Facultad de Filosofía y Letras o “Filosofía A” de la Universidad Complutense, es en la actualidad sede de las facultades de Filosofía y de Filología. Está situado en la plaza de Menéndez Pelayo de la Ciudad Universitaria de Madrid, en el distrito de Moncloa-Aravaca. Su ocupación o superficie en planta es de 5138 m² y su superficie construida total asciende a 18 472 m².

El edificio está construido sobre una plataforma prominente en posición lateral respecto a la avenida Complutense, eje vertebrador de la Ciudad Universitaria. Un frondoso arbolado lo rodea y protege de una franca visibilidad. La fachada norte o principal se abre a la plaza de Menéndez Pelayo, centro del Campus de Humanidades, dedicada actualmente a jardines y aparcamientos, enfrentada a la Facultad de Derecho. La fachada sur se orienta hacia la calle del Profesor Aranguren a través de un amplio jardín aterrazado. Las fachadas este y oeste limitan con otros jardines en talud.

Historia Alfonso XIII fue coronado rey en mayo de 1902, terminando así la regencia de María Cristina de Habsburgo. Bajo su reinado continuó el sistema de alternancia política que había proporcionado cierta estabilidad al país, pero no se resolvieron problemas como los crecientes nacionalismos, la intervención del ejército en la política o las fuertes reivindicaciones sociales. La situación condujo a la dictadura del general Miguel Primo de Rivera (1923-1930), durante la cual se tomaron medidas económicas y políticas para impulsar el desarrollo y reducir la conflictividad laboral y social.

En el ámbito universitario, a partir de la expulsión de Miguel de Unamuno de su cátedra en la Universidad de Salamanca en 1924, se desataron las críticas de algunos intelectuales como Manuel Azaña o Gregorio Marañón. La comunidad estudiantil de Madrid, que veía con recelo la dictadura de Primo de Rivera, sufría problemas de hacinamiento en las aulas y servicios insuficientes en muchos centros, con escasas posibilidades de alojamiento. Eso provocó en 1927 la fundación del sindicato “Federación Universitaria Escolar”. Ante este panorama, el rey Alfonso XIII tomó la iniciativa de poner en marcha la construcción de un gran campus universitario, cediendo terrenos de la Corona en el distrito de Moncloa y creando la Junta de la Ciudad Universitaria de Madrid, órgano encargado de la gestión del proyecto, cuya dirección técnica recayó en el arquitecto Modesto López Otero, catedrático y director de la Escuela de Arquitectura de Madrid. De contrastada formación académica pero sensible a los nuevos planteamientos estéticos y admirador de la arquitectura norteamericana, supo rodearse de un equipo de arquitectos como Miguel de los Santos Nicolás, Agustín Aguirre López, Manuel Sánchez Arcas, Pascual Bravo Sanfeliú y Luis Lacasa Navarro, junto con el ingeniero Eduardo Torroja Miret. Tras visitar en 1927 algunos de los más prestigiosos campus universitarios europeos y americanos, trazó el proyecto general de la Ciudad Universitaria y se reservó para sí mismo el proyecto del Paraninfo, concebido como una pieza monumental y representativa. En 1928, a la vez que se iniciaban las obras de urbanización, se redactaron los primeros proyectos de edificios. El jiennense Agustín Aguirre López (1896-1985), arquitecto titulado en 1920 y con una prometedora carrera profesional como dibujante e ilustrador, recibió sucesivamente los encargos de la Facultad de Farmacia (1928), el Viaducto sobre la vaguada Cantarranas (1929) y los edificios del Campus de Humanidades, de los que solo llegó a proyectar las Facultades de Filosofía y Letras (1931-32) y Derecho (1931-1950). En todos ellos tuvo como colaborador al ingeniero Eduardo Torroja Miret, figura imprescindible para entender la arquitectura española de entreguerras.

En el año 1929, la crisis económica internacional alcanzó España y provocó meses después la caída del dictador Primo de Rivera. Tras las elecciones municipales de 1931 y la salida del país del rey Alfonso XIII, el 14 de abril de 1931 se proclamó la Segunda República, dando fin al período de Restauración Borbónica. El advenimiento de la Segunda República no supuso un obstáculo para el desarrollo del proyecto universitario. Al contrario, a la vez que se impulsaban reformas de contenido educativo e iniciativas como las Misiones Pedagógicas, el nuevo gobierno apoyó decididamente las obras del campus, en las que llegaron a trabajar simultáneamente más de cinco mil obreros. La nueva Junta de la Ciudad Universitaria, dirigida en esta fase por Manuel Sánchez Arcas, pospuso la construcción de algunos edificios de carácter superfluo o representativo, buscando ante todo la funcionalidad, sometida a las ideas de economía y eficacia.

No es fácil delimitar la participación y responsabilidad real de cada uno de los arquitectos del equipo técnico en el desarrollo de los proyectos, ya que algunos estaban interrelacionados o condicionados por decisiones externas. Tras el proyecto de la Facultad de Farmacia, muy supeditado a las ideas de López Otero por su vecindad con el resto de construcciones del Campus de Medicina desarrolladas por Miguel de los Santos, y el del viaducto de los Quince Ojos sobre la vaguada Cantarranas, proyectado conjuntamente con Eduardo Torroja, Agustín Aguirre abordó el desarrollo del proyecto del Campus de Humanidades partiendo de la idea o concepto general plasmado por López Otero en los planos de conjunto de noviembre de 1928. La evolución del proyecto general de la Ciudad Universitaria fue a su vez condicionando el concepto del Campus de Humanidades y el programa funcional de cada una de sus facultades o partes integrantes. Mientras que en el proyecto general de 1928 el citado Campus era una agrupación de construcciones en U abierta hacia el eje de la avenida Complutense, presidido por el gran volumen de la Biblioteca de Humanidades, la decisión de trasladar la biblioteca al Paraninfo para darle un contenido práctico propició en 1931 el desarrollo de un nuevo proyecto de Campus de Humanidades siguiendo un esquema de claustro cerrado, con edificios de rango equivalente en cada uno de sus lados, unidos por galerías. La Facultad de Filosofía y Letras ocuparía el lado sur del Campus, enfrentada a la Facultad de Derecho.

El mes de mayo de 1932 fue decisivo para la conformación definitiva del Campus de Humanidades, esta vez con edificios independientes, y para la definición formal y tipológica de las Facultades enfrentadas de Filosofía y Letras y de Derecho. La rápida evolución del proyecto hay que vincularla al viaje realizado por Agustín Aguirre por distintos países europeos para estudiar directamente la nueva arquitectura racionalista, así como al cambio político que acabaría con el relevo de Modesto López Otero en la dirección técnica de la Junta de la Ciudad Universitaria. Todo ello debió crear un clima propicio para que Aguirre desarrollara con más libertad sus propias ideas, aunque los planos definitivos del proyecto estén firmados por ambos arquitectos.

Agustín Aguirre pretendía conciliar su concepto monumental y representativo de la arquitectura pública con la aplicación de los principios higienistas propiciados por la Institución Libre de Enseñanza, pero utilizando un lenguaje racionalista de vanguardia, despojado de cualquier referencia historicista, y en eso se separaba del criterio del arquitecto director. La organización volumétrica de su propuesta definitiva para la Facultad de Filosofía y Letras remite a la tradición de la arquitectura neoclásica, representada en Madrid por Juan de Villanueva y utilizada de forma recurrente en la arquitectura institucional posterior: una composición simétrica presidida por un cuerpo central de carácter representativo rematado en ábside, con dos cuerpos o alas laterales perpendiculares a fachada y otro cuerpo transversal de enlace. La adaptación del proyecto de 1931 consistió ante todo en la renuncia a la utilización de huecos verticales enlazados para articular fachadas, como se habían planteado en el Campus de Medicina y en la adopción de un tipo de fachada de composición claramente horizontal, con antepechos corridos y ventanas apaisadas separadas entre sí por simples pilares. Se reconfiguró el cuerpo central, incorporando las escaleras al espacio del vestíbulo y situando el salón de actos o aula magna en el eje de la composición, con planta y graderío semicircular a modo de teatro clásico. En la fachada posterior, orientada al sur, se introdujo un soportal con losa de hormigón para control del soleamiento, de gran efecto plástico.

El edificio se proyectó con una cuidadosa modulación de los espacios que nacía de la propia estructura, incorporando los últimos avances técnicos y utilizando materiales de gran calidad. La estructura se realizó en hormigón armado para permitir la modulación de espacios y racionalizar el diseño de fachadas. Se aplicaron a gran escala técnicas constructivas novedosas, como los solados continuos de terrazo, o soluciones poco habituales como las persianas proyectantes, el sistema mecanizado de oscurecimiento del salón de actos, las pizarras deslizantes en las aulas o el sistema de aire acondicionado. También se dotó al edificio de máquinas muy avanzadas para facilitar la enseñanza, como los proyectores de transparencias o de opacos. La calefacción, como en el resto de edificios de la Ciudad Universitaria, era de producción centralizada y distribución canalizada a través del campus. Las obras fueron adjudicadas a la empresa Huarte y Cía. en julio de 1932, comenzando la ejecución de la primera fase en el mes siguiente. En enero de 1933, con la estructura general terminada, se inauguraba el primer pabellón del edificio con asistencia de las máximas autoridades del país, entre ellas el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, el jefe de Gobierno, Manuel Azaña y cuatro ministros de su gabinete. izquierda|miniaturadeimagen|Vista del edificio