thumb|200px|Adolf Wölfli, 1910 El término arte marginal (Outsider art en inglés) fue acuñado por el crítico de arte Roger Cardinal en 1972 traduciendo al inglés el concepto de Art Brut, que había sido concebido por el artista francés Jean Dubuffet para describir el arte creado fuera de los límites de la cultura oficial. Mientras que el término de Dubuffet era bastante específico, pues su interés se dirigía especialmente hacia las manifestaciones artísticas llevadas a cabo por pacientes de hospitales psiquiátricos, el término outsider art se hacía extensivo a los artistas autodidactas o naïf, aunque nunca hubiesen sido internados en una institución psiquiátrica.

El artista marginal es por tanto aquel que desarrolla su labor creativa sin contacto alguno con las instituciones artísticas establecidas, respondiendo a una fuerte motivación intrínseca y haciendo uso frecuentemente de materiales y técnicas inéditos. Una gran parte del arte marginal refleja estados mentales extremos, idiosincrasias particulares o elaborados mundos de fantasía. Desde el año 2000 el Premio Europeo EUWARD, que galardona a artistas mentalmente discapacitados, viene proveyendo a este tipo de arte con un fórum internacional.

El Art Brut es un término acuñado en 1945 por Jean Dubuffet para referirse al arte creado por gentes ajenas al mundo artístico sin una formación académica. Dubuffet comenzó a reunir una colección de esta clase de obras y a divulgarlas por medio de exposiciones y de publicaciones después de la Segunda Guerra Mundial para quitarle a las obras el rótulo de arte de enfermos mentales.

Dubuffet afirmaba que todos llevamos un potencial creativo que las normas sociales actuales anulan. Esto se observa en las creaciones de personas que se mantienen al margen de la sociedad, tales como: internos de hospitales psiquiátricos, autodidactas, solitarios, inadaptados o ancianos. Desde 1945 Dubuffet recoge estas obras, fundando en 1948 la "Compagnie d´Art Brut" junto a André Breton, Michel Tapié y otros. La colección formada llega a las 5000 obras, que se exponen por primera vez en 1967 en el Museo de las Artes Decorativas de París, instalándose definitivamente en 1976 en el Château de Beaulieu de Lausana. La colección está formada en su mayoría por obras de enfermos psiquiátricos, generalmente esquizofrénicos; pese a ello, Dubuffet rechazó siempre la idea de "arte psiquiátrico" afirmando que "no existe un arte de los locos". El art brut constituye un aspecto fundamental del primitivismo (aunque se trate de una expresión muy revaluada en la actualidad) asumido a lo largo de todo el por ciertos artistas que permanecen al margen de la modernidad.

Origen Desde mediados del , expresiones como Art Brut y outsider art han alentado una distinción problemática entre el arte realizado por artistas profesionales y acreditados y el hecho por personas «al margen de la sociedad», en muchos casos enfermos mentales, delincuentes, visionarios, autodidactas y médiums, entre otros individuos presuntamente «excéntricos». El interés por el arte marginal, o outsider art, ha seguido de cerca la evolución de la psiquiatría y los esfuerzos por comprender los misterios de la mente humana a finales del y comienzos del . Dentro de los círculos artísticos, artistas como Paul Klee y Pablo Picasso buscaron un arte espontáneo, no adulterado por el saber, en contraste con lo que para ellos era una tradición occidental excesivamente sofisticada y centrada en sí misma. Su interés creciente por el arte de los enfermos mentales coincidió con los «redescubrimientos» del arte tribal, el arte popular y los dibujos infantiles. Los expresionistas dieron prioridad a la intuición y la espontaneidad sobre la razón y el conocimiento, explorando las profundidades de la psique para la creatividad autónoma. Las descripciones del arte marginal han tendido a basarse en factores sociológicos y psicológicos, y en la diferencia fundamental de los artistas respecto de una «norma» cultural dominante. Ese tipo de categorización es cada vez más discordante con la sensibilidad posmoderna. La aparición de la noción de Art Brut se inscribe de forma precisa en la revolución artística de principios del . Marcado desde el en que se construye el mito del “buen salvaje”, el interés por el primitivismo se expande por toda Europa hacia 1890 y altera profundamente el pensamiento intelectual y estético. Los artistas sienten la necesidad de liberarse de la tradición y buscan valores y referencias nuevos. Delacroix se marcha a Oriente en busca de salvajismo y refinamiento, Gauguin se enamora de los esplendores de los mares del sur, Picasso se apasiona por extrañas producciones tribales y Kandinsky se maravilla ante la pureza de los grabados populares. miniaturadeimagen|"Extracción de la piedra de la locura", El Bosco, 1475-1480. El exotismo, lo primitivo y el folklore favorecen, a diferentes niveles, un retorno a las fuentes liberadoras. Algunos artistas se orientan hacia otros polos de alteridad, con virtudes regeneradoras: la creación infantil, el arte espiritista y la producción de los asilos. Este entusiasmo por la alteridad ocupa un lugar determinante en la historia del Art Brut.

Arte y locura Posiblemente pueda hablarse de cierta asimilación entre otras nociones de arte y locura desde la antigüedad, pero la ligazón de estos dos conceptos se establecerá fundamentalmente con el romanticismo (finales del ), cuando en relación con el racionalismo ilustrado se exalta la fascinación por la locura como fuente de inspiración artística. Con el tiempo adquiriría un valor paradójico como sinónimo del genio creador, e incluso pasaría por ser piedra de toque de la originalidad artística. La asociación entre enfermedad mental y arte, en un sentido más estricto, empieza a establecerse a primeros del con el desarrollo de la psiquiatría como disciplina autónoma, con el empeño de comprender los múltiples misterios de la mente humana. Las posturas de las vanguardias históricas, ponen un énfasis especial en los derroteros dadaístas y surrealistas, corrientes que ven en la locura una vía privilegiada hacia una creatividad libre de trabas que impone la civilización burguesa.

Cualquier asociación del arte con la locura es sumamente problemática, pues no cabe duda de que el acceso psicótico puede ser una experiencia absolutamente perturbadora y extenuante; además, es de todo punto falso que la locura de por sí confiera talento artístico. Lo que vale la pena observar es que el nexo metafórico entre esas dos clases de «posesión», la condición psicótica y el trance creativo, ha sido tomado muy en serio por muchos practicantes del arte, así como por críticos de sus obras, y por lo tanto es un hecho cultural que no se puede soslayar.

Características La entera concepción de un Art Brut o arte marginal descansa, en efecto, sobre la premisa de un individuo creador que opera en gran medida despreocupado (e idealmente desinformado) de las expectativas de los demás. La interioridad es, en efecto, la clave de la mentalidad del auténtico marginal, cuya obra surge principalmente de imaginar y elucubrar. Navegando a golpe de intuición, el creador espontáneo solo atiende a su rumbo particular, y zarpa sin piloto en una dirección que prescinde alegremente de convencionalismos tales como las reglas de la perspectiva, la técnica «correcta» o los materiales tradicionales. Asumiendo el pleno control del proyecto formativo, el sujeto creador orquesta los contenidos psíquicos del mismo con arreglo a sus diseños personales, desarrollando un repertorio característico de motivos y elementos que pasan a ser los componentes de una arquitectura cerrada. Esa actividad autónoma y apasionada implica también un esfuerzo sostenido de auto-constitución y auto-consolidación, que equivale a un esfuerzo de auto-estabilización terapéutica. Ese es el sentido en el que la obra de arte afirma su existencia ante todo como refugio, ciudadela defensiva, nido íntimo. Más aún, puede entrañar una acentuación casi autista de lo privado sobre lo comunicativo, de suerte que el ocultamiento y los códigos secretos vengan a ser marcadores añadidos de un compromiso creativo intenso. Ese afán hermético puede alimentar un lenguaje acusadamente idiosincrático, que haga que todas las obras de un artista se vean como algo de una pieza, casi invariablemente reconocible como hecho por esa persona y constitutivo en su totalidad de un mundo privado o microcosmos personal. El estudioso de la estética Henri Focillon escribió (en el contexto de un análisis general de la forma artística) que «las relaciones formales que existen dentro de una obra y entre obras distintas componen un orden, una metáfora del universo». La característica inequívoca de los mejores artistas marginales estriba en estructurar un mundo alternativo integral, por así decirlo una cosmología propia.

Dubuffet y Art Brut

Para las ideas académicas tradicionales de lo bello, Jean Dubuffet fue implacable en su desdén. Rebelde inveterado, fustigó la idea de belleza por ser la antítesis de todo lo vital y estimulante. «la belleza es pura secreción de la cultura como los cálculos lo son del riñón», clama en su opúsculo de 1968 sobre lo que califica de «cultura asfixiante». La cultura oficial, sostiene, establece condiciones tan rígidas de apreciación y evaluación que sencillamente ahoga la invención y estigmatiza como carente de valor todo lo que no entre dentro de sus excluyente límites. Es mucho más sano, insiste, prescindir del concepto dictatorial de belleza, y en su lugar hablar de arte como algo «interesante, apasionante, capaz de sacudir el espíritu». El pintor francés Jean Dubuffet empieza sus prospecciones de obras marginales durante el verano de 1945. El término Art Brut se impone en su mente en julio de ese año, en el transcurso de sus viajes por Suiza y por Francia. Esta noción de Art Brut consiste en la ausencia de formación artística, ignorancia de toda tradición cultural, reinvención de las etapas del acto creador, elaboración de la obra en el anonimato y en el desarrollo autárquico de las producciones.

El eclecticismo que muestra Dubuffet a principios de la búsqueda, manifiesta que la “línea” del Art Brut no está claramente definida en su mente. Más tarde, terminará excluyendo de su programa el conjunto de obras pertenecientes al arte primitivo, el arte popular, el arte naif y el arte infantil. Así mismo, los autores que hayan tenido una formación artística, que fueron integrados a sus colecciones en un primer momento, serán apartados. Dubuffet se concentrará en creadores europeos y orientará sus pesquisas alrededor de los alienados y los aislados sociales.

Dubuffet no se engaña hasta el punto de ver en toda producción de asilo una expresión artística de valor. No es la locura lo que crea al artista, el artista lo es a pesar de la locura. “El caso de un verdadero artista es casi tan raro en los locos como en la gente normal”. Además, Dubuffet ignora la locura en materia de expresión artística, afirmando que “no hay arte de los locos como no hay arte de los dispépticos o de los enfermos de la rodilla”. La definición de Art Brut no se fundamenta pues en el estado mental del creador. Para él, toda expresión artística verdadera implica necesariamente fiebre, tensión y violencia; se codea con la desviación y tiene algo de “delirio inspirado”.

El hogar y la compañía Art Brut Inaugurado en 1947 en los sótanos de la galería René Drouin, en París, el hogar del Art Brut presenta, las figuras reales y principescas dibujadas por Aloïse, los sílex tallados de Juva y los bajo relieves esculpidos en corcho por Gironella. Las exposiciones del hogar tendrá un punto de subversión. Un año más tarde funda la Compañía del Art Brut junto con André Breton, Jean Paulhan, Charles Ratton, Henri-Pierre Roché, Michel Tapié y Edmond Bonsel.