miniatura|Boicot antisemita contra un negocio judeoalemán en Tietz, Berlín, señalado por los nazis con una estrella judía y un cartel con la inscripción «¡Alemanes! ¡Defendeos! ¡No compréis a los judíos!»Antisemitismo nazi, 1933 El antisemitismo, en el sentido amplio del término, hace referencia a la discriminación, hostilidad, prejuicio y odio hacia los judíos, basada en una combinación de prejuicios de tipo religioso, racial, cultural y étnico. En sentido restringido, el antisemitismo es una forma específica de racismo y discriminación, pues se refiere a la hostilidad hacia los judíos, definidos como una «raza», concepción moderna que habría surgido a mediados del ; no debe confundirse con el antijudaísmo, que es la hostilidad a los judíos definidos como grupo religioso, cuya expresión más desarrollada sería el antijudaísmo cristiano. Pierre-André Taguieff, por su parte, propone englobar todas las manifestaciones de hostilidad, aversión y odio hacia los judíos que se han producido a lo largo de la historia bajo el término de judeofobia.
El antisemitismo puede manifestarse de muchas formas: como odio o discriminación individual, ataques de grupos nucleados con dicho propósito o, incluso, mediante la violencia policial o estatal.
Como ha señalado Michel Wieviorka, «el antisemitismo es el problema de todos los demócratas, de todos los humanistas, no es solo un problema de los judíos. Y lo mismo ocurre respecto de todas las demás formas de racismo».
La reunión que desde 2020 se realiza bajo los auspicios del Instituto Van Leer de Jerusalén de un grupo de académicos de todo el mundo para hacer una evaluación crítica de la definición de la IHRA e intentar clarificar los aspectos de la misma que causan confusión y preocupación, propone, junto a cinco directrices de carácter general y diez relacionadas con Israel y Palestina, con fecha 25 de marzo de 2021, la siguiente definición de antisemitismo:
El nacimiento del término «antisemitismo» en el Aunque la etimología del término antisemitismo podría dar a entender que se trata de un prejuicio contra los pueblos semitas en general, el término se utiliza en forma exclusiva para referirse a la hostilidad contra los judíos. Con el fin de evitar confusiones en referencia a otros pueblos que hablan lenguas semíticas, algunos autoresPor ejemplo, Pierre-André Taguieff, en La nueva judeofobia, obra citada en la bibliografía. prefieren el uso de términos equivalentes no ambiguos, como judeofobia o antijudío, reservando antisemitismo para su uso en referencias históricas a las ideologías antijudías de la segunda mitad del y la primera mitad del .(wzo.org.il, La naturaleza de la judeofobia).
El adjetivo semítico fue acuñado por el orientalista alemán August Ludwig von Schlözer en el tomo VIII del Repertorium für biblische und morgenländische Literatur de J. G. Eichhorn, publicado en 1781. Pero Schlözer no hace referencia a una raza —concepto que había aparecido cincuenta años antes por obra del francés Henri de Boulainvilliers que pretendía demostrar la superioridad de la «raza» franca o germánica sobre la raza galorromana— sino a un grupo de lenguas llamadas semíticas –el arameo, el hebreo y el árabe, entre otras–, que serían las que hablan los descendientes del hijo de Noé, Sem, padre de Abraham y antepasado de Eber —los hebreos—, así como de Yoqtan, antecesor de varios pueblos de Arabia. Esta acepción de la palabra semítico fue usada en el , por otros lingüistas como el alemán Max Müller, catedrático en la Universidad de Oxford entre 1850 y 1876, que siguió distinguiendo dos tipos de lenguas: la semítica y la «aria», vocablo que utilizó en lugar del término indoeuropeo, que fue el que acabaría imponiéndose. Pero en ningún momento estos autores identificaron grupos lingüísticos con grupos étnicos o «razas». miniatura|izquierda|Wilhelm Marr, creador del término «antisemitismo». Sin embargo, a mediados del se empieza a pasar del concepto lingüístico al racial, es decir, de la noción de lenguas semíticas al de «raza» semita opuesta a la «raza» indoeuropea o aria, todo ello ligado al nacimiento del racismo. Entre 1853 y 1855 el francés Arthur de Gobineau publica su Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas que es el libro que inaugura el racismo —aunque Gobineau no era antisemita— y en 1855 el también francés Ernest Renan publica en París Histoire générale et système comparé des langues sémitiques, en el que afirma que los pueblos semitas son inferiores a los pueblos arios, por lo que aboga por depurar el cristianismo de todos sus elementos semíticos. Así pues, semita se empezó a utilizar a mediados del para designar a los pueblos hablantes de las lenguas semíticas y sus realizaciones culturales. Pese a carecer de toda base étnica, y al igual que sucedió con el término ario, la voz semita se transfirió de su significado lingüístico original a un nuevo significado racial. miniatura|Primera página de 1893 del periódico antisemita francés La libre parole, fundado por Édouard Drumont, en el que aparece una caricatura sobre la «ambición judía» de dominar el mundo ("Su patria", se lee al pie), y en la que el judío está representado por unos supuestos rasgos «raciales» que lo definen e identifican, como la enorme nariz aguileña. El término antisemitismo aparece poco después, en 1873, por obra del periodista alemán Wilhelm Marr. Lo utiliza para descalificar a los judíos, definidos como un grupo étnico, como una "raza", no como los seguidores de una determinada religión, por lo que para Marr y para todos los antisemitas posteriores los judíos seguían siendo judíos aunque se convirtieran al cristianismo, lo que diferenciaba el antisemitismo del antijudaísmo tradicional defendido por el cristianismo desde sus comienzos —un judío convertido al cristianismo dejaba de ser judío y pasaba a ser cristiano—. Como han destacado muchos autores, recurrir a la palabra «antisemitismo» para designar el rechazo racial a los judíos «no deja de presentar una contradicción interna: el antisemitismo viene dirigido únicamente contra los judíos, cuando, en rigor, tan semitas son los árabes como los judíos».
Marr desarrolló el nuevo concepto de antisemitismo en su libro publicado en 1879 Zwanglose Antisemitische Hefte (y Wilhelm Scherer empleó ese mismo año el término Antisemiten en Neue Freie Presse), aunque lo utilizó por primera vez en un panfleto antisemita que exhortaba a la hostilidad contra los judíos desprovisto de toda connotación religiosa. El panfleto de Marr, publicado en Berna, tuvo mucho éxito (doce ediciones en el mismo año) y fundaría unos meses después la Liga de los antisemitas (Antisemitenliga).
En 1886 se publica en Francia uno de los libros antisemitas de mayor impacto, La France juive, essai d'histoire contemporaine de Edouard Drumont, en el que se señala a la raza «inferior» de los judíos que pretende dominar a la «raza aria», como la responsable de todos los males que está padeciendo Francia y Occidente. Para dar mayor difusión a sus ideas antisemitas Drumont, ferviente católico, funda un periódico, La libre parole, que tendrá un especial protagonismo cuando estalle el caso Dreyfus en la década final del .
En 1905 apareció el libelo antisemita más conocido, Los protocolos de los sabios de Sion, elaborado por un agente de la policía zarista, que influyó poderosamente en Mi lucha de Adolf Hitler, quien proponía una solución final al problema judío.
El nacimiento del antisemitismo como corriente de pensamiento moderno también está ligado a la eclosión de los nacionalismos en el europeo, que tuvieron como bandera común la idea «un pueblo, un Estado» y que está en el origen del concepto de Estado nación. Al calor de esa idea se formaron diversos Estados europeos, surgidos del desmembramiento de los imperios o bien a través de la unificación de Estados con similar cultura y lengua, (como Italia y Alemania). Paralelamente a ese desarrollo nacionalista, y atravesándolo en muchas ocasiones, evolucionó el moderno antisemitismo, que en esencia consideraba a los judíos como pueblo apátrida, ajenos al cuerpo de la nación y enemigos potenciales de ésta.
Antijudaísmo y antisemitismo (racista) miniatura|Representación medieval de dos judíos alemanes, con los típicos sombreros que los identificaban, ya que era imposible distinguir por sus rasgos físicos a los judíos de los que no lo eran. Hay historiadores que restringen el uso del término antisemitismo a la Edad Contemporánea —cuando se inventó el racismo y el antisemitismo como un derivado suyo—. Para designar el odio y rechazo de los judíos de épocas anteriores proponen utilizar el término antijudaísmo. Es el caso del hispanista francés, Joseph Pérez, quien al referirse a la discriminación de los judíos desde los siglos y d. C. y a lo largo de la Edad Media habla de «antijudaísmo, no antisemitismo». Su argumentación es la siguiente:
Sin embargo, la hostilidad hacia los judeoconversos en los reinos ibéricos medievales —como lo demuestra la revuelta anticonversa de Toledo de 1449— y en la posterior Monarquía Hispánica —con la implantación de los estatutos de limpieza de sangre, para diferenciar a los cristianos nuevos de los cristianos viejos—, plantea dudas sobre la tajante separación entre antijudaísmo y antisemitismo, ya que en este caso la hostilidad y la discriminación hacia los judíos no se basaría en su identidad religiosa sino en una cierta identidad «racial». Michel Wieviorka asegura que «en este contexto, el antijudaísmo se convierte en racismo antes de la existencia del término» —llega a afirmar que «los inventores de la 'raza' judía son, en primer lugar, los poderes políticos español y portugués de aquel entonces y las autoridades religiosas sobre quienes se apoyan, que encabezarán la Inquisición»—, aunque advierte de que «fuera de esa obsesión de la pureza de la sangre, hasta el hay que hablar de 'antijudaísmo', y no de antisemitismo».
Por su parte, Joseph Pérez considera que la discriminación de los «cristianos nuevos», con la creación de los estatutos de limpieza de sangre, no «se refería a supuestas características biológicas de los judíos; fue un concepto social y no racial: aludía al linaje, no a la raza; fue una reacción de plebeyos contra hidalgos, una especie de compensación ideológica: uno puede comprar la hidalguía si tiene dineros para ello, pero no puede comprar la limpieza [de sangre] que viene a ser, por lo tanto, una nobleza natural superior a la otra». Joseph Pérez recuerda que la palabra «sangre» en el es equivalente a linaje por lo que la expresión «pureza de sangre» (pureté de sang en Francia), equivaldría a la ausencia de herejía entre los ascendientes de una familia.
«Antisemitismo racista»
Christian Geulen ha propuesto denominar al antisemitismo surgido en la segunda mitad del como «antisemitismo racista». Geulen señala que conforme fue avanzando el siglo los judíos fueron «quienes se convirtieron en objeto preferido de las ideologías racistas» y que el término «antisemitismo» nació en Imperio Alemán en los años 1870-1880 «para dar nombre a una visión del mundo que veía los fundamentos de todo desarrollo cultural en la diferenciación y la lucha entre lo “ario” y lo “semita”». En este sentido el «antisemitismo racista», según Geulen, «no era en absoluto una simple aversión hacia los judíos. A finales del , y no sólo en Alemania, el antisemitismo era un programa de partido y una filosofía de la historia, un punto de vista político y una doctrina natural y social; era un medio esencial de entenderse a sí mismos…».