La Expedición Libertadora del Perú fue una fuerza militar naval y terrestre creada en 1820 por el gobierno de Chile con el objetivo de desarrollar el plan del libertador rioplatense José de San Martín para lograr la independencia del Perú y de esta manera consolidar la independencia del resto de países de América del Sur. En 1824, esta fuerza se sublevó y se unió al bando español en la Fortaleza del Real Felipe, que defendió hasta la conclusión de la guerra en 1826, cuando el Callao capituló.

El general José de San Martín dirigió sus esfuerzos en preparar la independencia del Perú tras consolidar la independencia de Chile en la decisiva Batalla de Maipú. Para avanzar en este objetivo, el 5 de febrero de 1819 se firmó un tratado entre la recién establecida República de Chile y las Provincias Unidas del Río de la Plata. Sin embargo, debido a la amenaza de invasión por la "Grande Expedición" española y las tensiones internas en el Río de la Plata, la fuerza militar terminó siendo organizada principalmente por el gobierno de Chile, con la condición de que los costos fueran reembolsados por el futuro gobierno independiente del Perú.

El nuevo director supremo de Chile, Bernardo O’Higgins, designó a José de San Martín como jefe del ejército y al marino escocés Thomas Cochrane como comandante de la flota naval. Así se formó el «Ejército Libertador del Perú», oficialmente denominado por decreto supremo del Congreso de Chile el 19 de mayo de 1820. Esta fuerza combinada, conocida como el Ejército Unido Libertador de Chile, integraba unidades del Ejército de Chile junto con las del Ejército de los Andes.

En 1819, la división naval española sufrió un naufragio en el Cabo de Hornos, y en 1820, la rebelión del ejército de Rafael del Riego puso fin a la amenaza de la “Grande Expedición” de España contra el Río de la Plata. El marino Lord Cochrane logró eliminar los últimos vestigios del poder naval español en el océano Pacífico. Estos acontecimientos facilitaron el embarque de las fuerzas terrestres del general San Martín en Valparaíso y su posterior desembarco el 8 de septiembre en la bahía de Paracas. Desde allí, las tropas ocuparon la ciudad de Lima y proclamaron la independencia del Perú.

El ejército expedicionario participó en las expediciones de Arenales a la sierra peruana y en las campañas de los puertos intermedios. Sus miembros integraron los cuadros de las unidades peruanas en formación. Estas unidades permanecieron con el bando patriota hasta el motín del Callao de 1824, momento en el que se pasaron al bando español formando el regimiento de la Lealtad o Real Felipe. Sin embargo uno de los escuadrones de Granaderos de los Andes se mantuvo con los patriotas y se integró en el Ejército Unido Libertador del Perú en el que combatió hasta el final del conflicto.

Antecedentes

La independencia de Chile

En 1814 la Capitanía General de Chile fue reconquistada por la Corona española tras la batalla de Rancagua, poniendo término al periodo denominado Patria Vieja, en el cual los patriotas chilenos habían gobernado los destinos de la colonia y concebido notables reformas al régimen colonial español pero sin declarar su independencia. Posterior a dicho suceso, las tropas chilenas, junto a los personeros del gobierno, huyeron a Mendoza, donde fueron recibidas por el gobernador de la provincia de Cuyo general José de San Martín, quien había concebido durante su estadía en la provincia de Córdoba un plan, similar al Plan de Maitland, para la liberación de las colonias sudamericanas del Imperio español.

Este plan consistiría en invadir Chile con un ejército conformado por los restos del Ejército de Chile, derrotado en Rancagua, y tropas argentinas, para llevar esto a cabo, solicitó se le diera la gobernación de la Provincia de Cuyo. Luego de la invasión y liberación de Chile, por el ejército aliado, este se embarcaría por mar rumbo al Perú para extinguir la presencia española en aquella región, dado que suponía una gran amenaza para la independencia de Chile y del Río de la Plata.

Los agentes rioplatenses y el colapso militar español

Motín y captura de la expedición de la fragata María Isabel (1818)

En mayo de 1818, partió de Cádiz, la última expedición española hacia Sudamérica, compuesta por once transportes con 2,000 soldados del regimiento Cantabria, escoltada por la fragata María Isabel, de 50 cañones, recientemente adquirida de Rusia. Agentes del gobierno argentino en España alertaron a Buenos Aires sobre la expedición, y Juan Martín de Pueyrredón logró que la tripulación de la fragata Trinidad se sublevara, uniendo así a la nave y su información a la causa revolucionaria. La Trinidad llegó a Buenos Aires, revelando las señales, rutas y puntos de encuentro de la expedición española. Pueyrredón envió los bergantines Lucy y el Intrépido para informar al gobierno chileno y reforzar su flota.

En octubre de 1818, la escuadra chilena, comandada por Blanco Encalada y con el capitán Guillermo Miller al mando de la infantería de marina, zarpó de Valparaíso para emboscar al convoy español. Encontraron la fragata María Isabel en Talcahuano, donde, usando bandera falsa, la capturaron. Solo un transporte logró escapar hacia el Callao. Con esta operación, Chile obtuvo el dominio del Pacífico y capturó al último regimiento español destinado a Sudamérica. La María Isabel fue renombrada como fragata O'Higgins.

Poco después, llegó a Valparaíso Thomas Cochrane, un renombrado marino y héroe británico, quien aceptó liderar la escuadra chilena. Blanco Encalada y el resto de los capitanes insurgentes se pusieron bajo su mando. A finales de 1818, los patriotas lograron el control del Pacífico, un paso clave para la futura expedición al Perú.http://www.pachami.com/SanMartin31.htm

Naufragio de la División naval española del mar del Sur (1819)

En 1819, Fernando VII, en un intento de restaurar el poder naval español en el Pacífico, decidió enviar una poderosa división al Perú. El convoy, conocido como la “División del Mar del Sur”, zarpó de Cádiz el 11 de mayo de 1819, compuesto por cuatro buques con 1,400 hombres. Incluía dos potentes navíos de línea: el San Telmo, de 74 cañones, comandado por el capitán de navío Joaquín de Toledo y Parra, y el Alejandro I, también de 74 cañones, bajo el mando de Antonio Tiscar y Pedrosa. Además, acompañaban la fragata Prueba, de 55 cañones, comandada por Manuel del Castillo, y la fragata mercante armada Primorosa Mariana, de 48 cañones, al mando de Melitón Pérez del Camino.

El brigadier Rosendo Porlier y Asteguieta, un experimentado veterano limeño de la batalla de Trafalgar y la guerra de independencia de México, estaba al mando de la expedición. Sin embargo, la condición de los barcos no correspondía a esta larga travesía al Callao. El Alejandro I naufragó cerca de Río de Janeiro pero logró regresar. El San Telmo se perdió en una tormenta en el Cabo de Hornos. La fragata Prueba, gravemente deteriorada, logró escapar al puerto de Guayaquil durante el bloqueo del Callao.

Solo la Primorosa Mariana consiguió llegar al Callao, llevando la noticia de la desaparición de la división naval española.

Pronunciamiento de Riego (1820)

La oportunidad para poner en marcha el ambicioso plan de San Martín se consolidó en 1820, gracias a la acción decisiva de los agentes rioplatenses liderados por Juan Martín de Pueyrredón. Una tupida red de espías y sociedades secretas dedicaron sus esfuerzos a provocar la rebelión en Cádiz de la Grande Expedición a Ultramar, una poderosa fuerza destinada a la reconquista española del Río de la Plata. Esta expedición colosal, que contaba con más de 28 buques de guerra, 30 cañoneras, 6,000 marinos, 22,000 soldados y sus correspondientes transportes, se desmoronó antes de zarpar, desbaratándose en sus propios puertos.

Simultáneamente, España experimentó un cambio institucional drástico con la captura del monarca y el establecimiento del Trienio Liberal, que marcó un vuelco significativo en el poder. La desaparición de la amenaza de cruzar la cordillera de los Andes dejó el camino despejado y sin obstáculos para San Martín, quien finalmente pudo dirigir todos sus recursos y energías a la empresa libertadora del Perú, un hito crucial en la independencia de Sudamérica.

Organización de la Expedición libertadora

La escuadra libertadora miniatura|Cruce de Los Andes de San Martín y O'Higgins - Óleo de Martín Boneo (1865) que se conserva en el Museo Histórico Nacional de Argentina, Buenos Aires. miniatura|Batalla de Chacabuco, 1817. La flota que navegaría en el Pacífico y llevaría al ejército libertador al Perú con el pabellón de las tres estrellas se formó por capturas de buques españoles y la compra de naves inglesas y americanas. El primer buque de guerra fue el bergantín español llamado Águila, de 16 cañones, que entró engañado a Valparaíso luego de la batalla de Chacabuco porque los patriotas dejaron las banderas españolas flameando en la fortaleza. Fue capturado y, bautizado con el nombre de Pueyrredón. En su primera misión fue enviado a la isla Juan Fernández a rescatar los patriotas prisioneros de los realistas. Entre ellos estaba Manuel Blanco Encalada, quien sería luego comandante de la flota. Luego se agregó el Windham (1801), de 44 cañones, comprado por José Antonio Álvarez Condarco en Londres. El buque fue renombrado "Lautaro". Con estos dos buques, luego de la victoria de Maipú, rompieron el bloqueo de Valparaíso emprendido alternativamente por las fragatas españolas Esmeralda (1791) y la Venganza (1792).

En abril de 1818, la Lautaro y el Pueyrredón salieron del puerto y bajo la estratagema de bandera falsa consiguieron abordar la Esmeralda. En el combate muere el capitán del buque chileno, O'Brien, el abordaje es rechazado y la nave española pudo dirigirse a Talcahuano y el buque chileno regresó al puerto de Valparaíso tras romper el bloqueo. En julio se compró una corbeta estadounidense que se bautizó como Chacabuco, luego otro bergantín estadounidense que se llamó Araucano. En agosto llegó un navío Cumberland (1802), de 60 cañones, contratado por Condarco en Londres, que se denominó San Martín. El mando de la armada fue confiado a Manuel Blanco Encalada. Los patriotas a fines de 1818 había formado una escuadra superior, más potente y moderna que la vieja flota española del Pacífico.

El ejército libertador miniatura|izquierda|Bernardo O'Higgins. La victoria de Maipú hizo posible el comienzo de la conformación de la expedición libertadora hacia Perú. En primer lugar se debía crear una escuadra, después organizar y equipar un ejército poderoso y finalmente preparar armamentos para levantar otros en el Perú. A su vez se debían, además, reducir los últimos focos realistas subsistentes en Chile que resistían aún con tenacidad. El director supremo O'Higgins se encargó de la preparación de la escuadra y de la pacificación del territorio de Chile. La escuadra se formó en gran parte con las adquisiciones de Álvarez Condarco y las naves que el almirante Manuel Blanco Encalada capturó en varios cruceros. Por otro lado el ejército surgía con mayor lentitud pero la constancia y la sagacidad de general San Martín llevó a los gobiernos de Chile y de las Provincias Unidas del Río de la Plata a firmar un acuerdo en febrero de 1819 que decidió en firme su preparación. Entretanto el almirante Cochrane había realizado un crucero por el Pacífico en el que conquistó varias naves y pertrechos, y sobre todo, afirmó su dominio en el mar por el que debía cruzar la expedición.

La guerra civil en las Provincias Unidas complicó la labor bélica de San Martín. El gobierno para sostenerse (como representante de una tendencia), requirió la ayuda de las tropas del ejército de los Andes. Lo exigió primeramente Pueyrredón y posteriormente su reemplazante José Rondeau.