thumb|right|300px|Calle concurrida (rue Daguerre en París). De acuerdo con la prevención de la delincuencia mediante el urbanismo, cuanto más transitada está una calle, más difícil es que en ella se cometan delitos.
La prevención de la delincuencia mediante el urbanismo (CPTED por sus siglas en inglés) es un planteamiento multidisciplinar para disuadir a los delincuentes mediante el diseño del entorno urbano. Las estrategias CPTED se basan en la capacidad de influir en decisiones de la persona que está considerando delinquir. En general la CPTED se aplica mayormente al entorno urbanizado, alterando —con el objetivo de disuadir a los delincuentes—el diseño físico de las comunidades en que las personas residen y se reúnen. Los principios del diseño CPTED afectan a elementos del entorno construido desde los pequeños (como el uso estratégico de arbustos y otra vegetación) a los grandes principios rectores, como la forma de construir un barrio entero o el favorecer que la calle se pueda observar desde las viviendas ("ojos en la calle"). La CPTED también se conoce como "prevención situacional".
Estrategias para el entorno construido Las estrategias CPTED dependen de la capacidad de influir en la decisión de la persona que está considerando si comete o no un delito. La investigación del comportamiento delincuencial muestra que esta decisión está más influida por el riesgo percibido de ser o no ser atrapado que por el beneficio esperado o la facilidad de entrada en el recinto. La certidumbre de ser cogido es lo que más disuade a los delincuentes, no la severidad del castigo, de modo que aumentando la probabilidad de capturar al delincuente se reducirá el delito. Basándose en esta investigación, las estrategias CPTED subrayan el aumento del riesgo percibido de detención y aprehensión.
De acuerdo con las extendidas aplicaciones de las directrices (1971-1980) para un espacio defendible, hacia 2004 la mayoría de las aplicaciones de la CPTED se basan solamente en la teoría que un diseño adecuado y un uso eficaz del urbanismo pueden reducir el delito y el miedo al delito, mejorando así la calidad de vida. Este diseño adecuado busca disuadir a los delincuentes actuando sobre el entorno en el que se cometerían los delitos. De acuerdo con Moffat los 6 conceptos principales son territorialidad, vigilancia, control de accesos, aspecto (cuidado o descuidado), apoyo a las actividades y complicación de los posibles objetivos. Aplicar estos conceptos es clave cuando se intenta prevenir el delito en cualquier vecindad, tanto si hay mucha delincuencia como si no.
La vigilancia natural y las estrategias de control de acceso limitan las oportunidades de delinquir. El refuerzo territorial promueve el control social a través de múltiples medidas. El aspecto y el apoyo a las actividades confortan a la comunidad y le proporcionan la capacidad de frenar el delito por sí sola. Complicar los objetivos al posible delincuente redondea las técnicas anteriores para disuadir del delito en un paso final.
Vigilancia natural
La vigilancia natural incrementa el riesgo percibido por el delincuente potencial al hacerlo más visible para las personas honradas. Se produce una vigilancia natural si se diseña el emplazamiento de elementos físicos, las actividades y el discurrir de peatones y vehículos de manera tal que se maximice la visibilidad del espacio y sus usuarios, fomentando las interacciones sociales positivas entre los usuarios legítimos de los espacios públicos y privados. Los delincuentes potenciales se sienten observados y por ello, inherentemente, perciben un incremento en el riesgo de delinquir. Este incremento es todavía mayor si faltan rutas de escape viables y a cubierto. Algunas disposiciones que facilitan esta vigilancia natural son:
Diseñar las calles para incrementar el tráfico peatonal y ciclista. Colocar ventanas que den a aceras y aparcamientos. Dejar abiertas las persianas y las contraventanas. Utilizar el tráfico de paso como elemento de vigilancia. Diseñar el paisaje para facilitar la visión y minimizar los lugares donde se pueda ocultar una persona, especialmente en los puntos de entrada previstos y los que pudieran utilizarse para una entrada indebida. De todas las vallas adecuadas para una situación, utilizar las más bajas y que menos limiten la visión. Emplear vestíbulos transparentes en las entradas de los edificios. Para la iluminación, evitar las luces mal colocadas que crean puntos ciegos para los observadores u omiten áreas críticas. Asegurarse de que las zonas potencialmente problemáticas están bien iluminadas: senderos, escaleras, entradas, salidas, aparcamientos, teléfonos públicos, cajeros automáticos, buzones, paradas de autobús, áreas infantiles, áreas recreativas, piscinas, lavanderías, áreas de almacenamiento, lugares de reciclado o depósito de basuras, etc. Evitar iluminación de seguridad demasiado brillante que pueda resultar cegadora en unas zonas y arrojar sombras densas en otras, dificultando la tarea a observadores potenciales. Los ojos se adaptan a la oscuridad y encuentran difícil manejar disparidades drásticas de iluminación. Usar iluminación de menor intensidad a menudo requiere aumentar el número de luminarias. Utilizar luminarias apantalladas o indirectas para controlar los brillos. Iluminar las vías peatonales a las alturas adecuadas para que se vean las caras de las personas (y así identificar a los posibles delincuentes). Utilizar calles curvas con múltiples puntos de vista desde múltiples entradas a las viviendas, dificultando así además una posible vía de escape.
La vigilancia natural puede complementarse con medidas mecánicas y organizativas. Por ejemplo, pueden añadirse cámaras en las zonas que no es posible vigilar desde ventanas.
Control natural de los accesos Este control limita las oportunidades de delinquir tomando medidas para diferenciar los espacios públicos de los privados. Consiste en emplazar de manera específica entradas, salidas, vallas, iluminación y vegetación:
Utilizar un único punto de entrada, claramente identificable. Utilizar estructuras para conducir a las personas a las áreas de recepción. Diseñar los baños públicos con entradas acodadas (en vez de entradas directas o de antecámaras). Esto evita la sensación de aislamiento de los sistemas de doble puerta. Plantar arbustos espinosos bajo las ventanas bajas. Cultivar plantas espinosas rastreras o trepadoras junto a las vallas para desanimar a posibles intrusos. Eliminar los diseños que proporcionan acceso a las viviendas a través del tejado o niveles superiores. En el patio delantero, emplear, a lo largo de los límites de la propiedad, vallas de estacas que lleguen a la altura de la cintura, para controlar el acceso y facilitar la vigilancia. Colocar una puerta que se pueda cerrar entre los patios delantero y trasero. Para limitar los patios laterales y traseros utilizar vallas abiertas que lleguen a la altura del hombro. La vegetación que se emplee no debería estorbar la interacción social con los vecinos. Para separar un patio trasero de una vía pública emplear vallas altas, cerradas y sólidas, en vez de muros que bloqueen la visión desde todos los ángulos.
El control natural de los accesos se usa para complementar medidas de control de accesos mecánicas y operativas, como el refuerzo de la seguridad pasiva.
Refuerzo natural del territorio Este refuerzo fomenta el control social a través de una mejor definición del espacio y concienciación de los propietarios. Un entorno diseñado para delimitar claramente los espacios privados consigue 2 cosas. Primera, crea un sentimiento de propiedad. Los propietarios tienen un interés para enfrentarse a los intrusos o informar de su presencia a la policía. Segundo, la sensación de que el espacio les pertenece crea un ambiente donde los "extraños" o "intrusos" se distinguen y pueden identificarse más fácilmente. Dicho refuerzo se logra utilizando edificios, vallas, solados, señales, iluminación y plantas para expresar la propiedad y definir espacios públicos, semipúblicos y privados, de las formas siguientes:
Mantener cuidados todos los elementos del entorno (plantas, vallas, luminarias, etc.) para transmitir que el espacio está ocupado por una presencia activa y alerta. Plantar árboles en las zonas residenciales. La investigación demuestra que, contrariamente a la visión tradicional de los agentes de la ley, los espacios residenciales al aire libre con árboles se consideran más atractivos, seguros y utilizables que los mismos espacios desprovistos de árboles. Restringir las actividades privadas a los espacios privados. Poner en los puntos de acceso carteles que indiquen que en el entorno se emplean sistemas de seguridad. Evitar las vallas altas de red metálica. Evitar también coronar las vallas con alambre de espino, porque eso comunica la ausencia de personas y un riesgo reducido de ser detectado. Poner en las áreas comunes elementos como asientos o fuentes que atraigan la presencia de personas. Programar actividades en estas zonas comunes. Instalar luces con sensores de movimiento en todos los puntos de entrada.
Adicionalmente se pueden conseguir estos objetivos asignando a determinados usuarios los espacios que se encontraban sin asignar.
Las medidas de refuerzo territorial hacen que las personas honradas se sientan seguras y que los potenciales delincuentes perciban un riesgo sustancial de detección o aprehensión. Cuando la gente se enorgullece de lo que posee y toma las medidas adecuadas para proteger sus pertenencias, se disuade el delito, porque se vuelve más difícil. Los delincuentes no quieren dificultades. Si las hay, delinquen menos. Cuanto más difícil sea cometer un delito en una zona determinada, menos delitos se cometerán.
Otros elementos de la CPTED El mantenimiento y el apoyo a las actividades son aspectos de la CPTED que se han mencionado anteriormente, pero que a menudo se tratan separadamente porque no afectan a elementos físicos.
Mantenimiento El mantenimiento es una forma de expresar la propiedad. El deterioro indica menos control por los usuarios de un lugar y una mayor tolerancia al desorden. La Teoría de las ventanas rotas es una herramienta valiosa para comprender la importancia del mantenimiento en la disuasión del delito. Los partidarios de esta teoría apoyan la tolerancia cero, sosteniendo que una ventana rota incitará a los gamberros a romper más. Cuanto antes se arregle esa ventana rota, menos probable es que se rompan otras intencionadamente. El vandalismo se ajusta también a esta teoría: cuanto antes se borre una pintada, menos probable es que se hagan otras porque, para que nadie la vea, no merece la pena correr el riesgo de hacerla. Dar una imagen positiva de la comunidad muestra un sentimiento de orgullo y autoestima que nadie puede quitar a los propietarios.
Apoyo a las actividades Este apoyo aumenta el uso del entorno para actividades seguras, con lo que se facilita la detección de actividades ilegales o indeseadas. La vigilancia natural por los que realizan las actividades seguras no es intencionada y no hay planes específicos para que busquen actividades indebidas. Si se ponen carteles como «Precaución: niños jugando» y otros que indiquen las actividades permitidas, los vecinos se involucrarán más en lo que ocurre a su alrededor. Serán más conscientes de quién está, de quién se supone que no debería estar y de lo que parece sospechoso comparado con la cotidianidad habitual.
Historia de la CPTED