Martín Alfonso de Córdoba el BuenoSegún algunos autores fue apodado el Bueno por «su carácter bondadoso, su caridad ilimitada y su gran corazón», como señaló Francisco Crespín Cuesta en su Historia de la villa de Fernán Núñez. Cfr. Crespín Cuesta (1994), p. 71. (m. Córdoba, 8 de julio de 1349), conocido también como Martín Alfonso de Montemayor, fue un noble castellano de la Casa de Córdoba e hijo de Alfonso Fernández de Córdoba, señor de Cañete de las Torres y adelantado mayor de la frontera de Andalucía, y de Teresa Ximénez de Góngora.

Fue señor de Montemayor, Dos Hermanas, Duernas, las Salinas y el Galapagar, y señor de los Heredamientos de la Reina y del Fraile y de los de Fernán-Núñez, Abencalez y Aguaxarón, siendo además alférez mayor y alcalde mayor de Córdoba y caballero de la Orden de la Banda.

Martín Alfonso fue el fundador del señorío y de la Casa de Montemayor, y el abad de Rute mencionó que estuvo «tan adornado de notables virtudes que por ellas mereció el renombre de Bueno», mientras que Tomás Márquez de Castro, por su parte, también elogió al personaje y afirmó que fue «uno de los caudillos militares más valerosos que se han conocido».

Orígenes familiares

Fue nieto por parte paterna de Fernán Núñez de Témez, que fue señor de Dos Hermanas y de la Torre de Fernán Martínez, y de Leonor Muñoz. Y por parte materna era nieto de Luis Ximénez de Góngora, que fue señor de la Zarza y el Cañaveral, y de Ximena Íñiguez.

Fue hermano, entre otros muchos, de Fernando Alfonso de Córdoba, que fue señor de la Casa de Córdoba y de Cañete de las Torres, y de Leonor Alfonso de Córdoba, que contrajo matrimonio con Pedro Venegas, señor de la Casa de Venegas en Córdoba y alcalde mayor de dicha ciudad.

Biografía Juventud y actuaciones durante la minoría de edad de Alfonso XI 320px|thumb|Vista aérea de Montemayor y de su castillo. (Provincia de Córdoba). Se desconoce su fecha de nacimiento. Su padre, Alfonso Fernández de Córdoba, fue señor de Dos Hermanas y de Cañete de las Torres y de otros muchos heredamientos, y llegó a ocupar los cargos de alcalde mayor y alguacil mayor de Córdoba y también el de adelantado mayor de la frontera de Andalucía. Y Francisco Fernández de Béthencourt señaló que Martín Alfonso se crio primero en la Corte y posteriormente al lado de su padre y de sus hermanos «en lucha perpetua contra los moros granadinos y en constantes entradas por sus tierras», lo cual también ha sido mencionado por otros historiadores. Y en 1296, Martín Alfonso y su hermano Fernando Alfonso contribuyeron a defender, junto con su padre, el municipio cordobés de Baena de los ataques del rey Muhammad II de Granada, participando también en dicha defensa numerosos nobles cordobeses.

En el testamento que los padres de Martín Alfonso otorgaron en Córdoba el día 29 de junio de 1317, establecieron para él, que era el hijo segundogénito, un mayorazgo que comprendería el castillo y la villa de Dos Hermanas y todas sus posesiones en dicho lugar, y también las casas principales que sus padres estaban edificando en esos momentos junto al convento de San Agustín de Córdoba, según consta en un fragmento del mencionado testamento que fue publicado por Fernández de Béthencourt:

El adelantado Alfonso Fernández legó a sus hijos, como indicó Nieto Lozano, un conjunto considerable de bienes adquirido sobre todo mediante compras a lo largo de su vida, y aunque «apostó oficialmente por la primogenitura de su hijo» Fernando Alfonso, también dejó abierta una puerta para su hijo Martín, ya que le hizo una «generosa donación en razón del tercio», por lo que fue en estos momentos cuando nació la Casa de Montemayor, de la que Martín Alfonso fue el fundador. Pero Martín Alfonso añadió a los bienes que heredó de sus padres numerosas propiedades entre las que figuraban «cortijos, haciendas y yugadas de tierra», como señaló Nieto Lozano, a las que se sumaron los bienes que aportó como dote al matrimonio su esposa, Aldonza López de Haro, y el historiador José María Ruiz Povedano señaló que a lo largo de su vida Martín Alfonso:

Martín Alfonso de Córdoba estuvo presente en el Desastre de la Vega de Granada, que tuvo lugar el día 25 de junio de 1319 y donde perdieron la vida los infantes Pedro y Juan de Castilla el de Tarifa, que eran los jefes del ejército cristiano y los tutores del rey Alfonso XI durante su minoría de edad junto con la reina María de Molina. La muerte de los mencionados infantes en dicha batalla supuso el ascenso al poder absoluto en la Corte castellana del infante Felipe de Castilla, hijo de la reina María de Molina y apoyado por ésta, de Don Juan Manuel, nieto de Fernando III, y de Juan el Tuerto, hijo del infante Juan y nieto de Alfonso X, ya que cada uno de ellos controlaba una determinada zona geográfica de Castilla e intentaban alcanzar un mayor protagonismo político y ser nombrados tutores del rey Alfonso XI en sustitución de los infantes Pedro y Juan, a pesar de que en la Concordia de Palazuelos y en las Cortes de Burgos de 1315 quedó establecido que en caso de que alguno de los tres tutores muriese continuaría siéndolo aquel que quedase con vida, lo que legalmente convertía a la reina María de Molina en la única tutora legítima de su nieto. Y a causa de todo ello, en Castilla comenzó, como señaló Manuel García Fernández, un periodo de anarquía y de auténtica «guerra civil», y dicho historiador también subrayó la circunstancia de que Don Juan Manuel y Juan el Tuerto fueron apoyados por el rey Jaime II de Aragón.thumb|230px|Retrato que se supone representa a Don Juan Manuel, nieto del rey Fernando III de Castilla. (Catedral de Murcia).

En Andalucía comenzaron las discordias entre los partidarios de Don Juan Manuel y los del infante Felipe, y Juan Ponce de Cabrera, que era primo segundo de Don Juan Manuel por ser los dos bisnietos del rey Alfonso IX de León, fue uno de sus más decididos y principales partidarios en Córdoba. Y a pesar de que la mayor parte de las ciudades de Andalucía respaldaban al infante Felipe, Don Juan Manuel contaba con numerosos partidarios en Córdoba, entre los que figuraban el propio Juan Ponce de Cabrera, Fernando Gutiérrez, obispo de Córdoba, Fernando Díaz Carrillo, señor de Santa Eufemia y alcalde mayor de Córdoba, Pedro Díaz, hermano del anterior, y Pedro Alfonso de Haro, señor de Chillón, siendo algunos de ellos mencionados, como señaló Sanz Sancho, en el capítulo XXVIII de la Crónica de Alfonso XI. Y los principales partidarios cordobeses del infante Felipe y de la reina María de Molina eran Arias de Cabrera, hermano de Juan Ponce de Cabrera, Alfonso Fernández de Córdoba, señor de Cañete de las Torres, adelantado mayor de la frontera de Andalucía y alguacil mayor de Córdoba, Fernando Alfonso de Córdoba, hijo del anterior y alguacil mayor de Córdoba por delegación de su padre, Pay Arias de Castro, señor de Espejo y alcaide del alcázar de Córdoba, Martín Alfonso de Córdoba, que era el alférez mayor de Córdoba, y Pedro Ximénez de Góngora, señor de Cañaveral, por lo que algunos autores han llamado a este último grupo el bando de los oficiales del rey. Y otros historiadores han añadido que tanto Martín Alfonso como los miembros de su familia, los Fernández de Córdoba, siempre apoyaron a la reina María de Molina y a su hijo, el infante Felipe, y aseguraron que «en todas estas andaduras, Martín Alfonso replicaba las habilidades guerreras de su hermano, quien a su vez, imitaba los pasos de su padre».

En el otoño de 1320 hubo graves enfrentamientos en CórdobaPara más información sobre la revuelta de Córdoba de 1320, véase el artículo de Manuel García Fernández titulado Tensiones nobiliarias y gobierno municipal en Córdoba durante la minoría de Alfonso XI (1312-1325). entre los partidarios de Don Juan Manuel y los oficiales reales que representaban a la Corona y defendían la legalidad vigente. Los representantes municipales de la ciudad solicitaron a la reina María de Molina, madre del difunto Fernando IV de Castilla y abuela de Alfonso XI, que destituyese a los alcaldes y al alguacil de la ciudad y les permitiese designar a los que ellos eligieran en asamblea vecinal. Pero la reina no accedió a sus demandas, argumentando que el privilegio de nombrarlos siempre había correspondido al rey, y les aconsejó que cuando se reunieran las Cortes del reino enviaran sus «mandaderos» para que presentaran allí sus peticiones y todo quedara resuelto en beneficio del rey y de la propia ciudad de Córdoba, según consta en la Crónica de Alfonso XI. Y el historiador Manuel García Fernández subrayó que bajo tales alborotos y reclamaciones lo que realmente subyacía era el enfrentamiento entre los dos bandos del patriciado urbano cordobés por controlar la ciudad y su reino, ya que la clásica interpretación de que se trataba de un conflicto entre los nobles y el pueblo, que en realidad llevaba mucho tiempo «alejado» del poder municipal, carece de fundamento en la actualidad.La opinión de Manuel García Fernández es también avalada por otros historiadores modernos, como Iluminado Sanz Sancho, que señaló que Juan Ponce de Cabrera y sus compañeros aprovecharon la expulsión de sus enemigos de Córdoba para apoderarse de diversas fortalezas, ya que aquel se apoderó de Cabra, Pedro Alfonso de Haro del castillo de Chillón, y Pedro Díaz de Aguayo de Castro el Viejo. Cfr. Sanz Sancho (2002), pp. 41-42.

Pero la negativa de la reina María de Molina a satisfacer las exigencias de los cordobeses provocó el descontento popular, y a pesar de que los partidarios del infante Felipe y de la reina intentaron defender la legalidad vigente, Juan Ponce de Cabrera y los suyos solicitaron a Don Juan Manuel que acudiera a Córdoba, ya que estaban dispuestos a reconocerle como tutor del rey. Y a continuación se alzaron en armas contra sus adversarios y ocuparon por la fuerza la zona de Córdoba conocida como la Axerquía, donde tapiaron dos de las puertas que comunicaban ese sector con la parte superior de la ciudad, siendo una de ellas probablemente la conocida como Puerta del Hierro y la otra la Puerta de la Pescadería, como afirmó el historiador José Manuel Escobar Camacho. Y después ocuparon el castillo del Puente y otras torres de la ciudad y obligaron a sus enemigos a refugiarse en el alcázar, que comenzaron a asediar y cuyo alcaide era Pay Arias de Castro, produciéndose además numerosos muertos y heridos por ambas partes. Y los protagonistas de la revuelta fueron Juan Ponce de Cabrera, el obispo de Córdoba, Fernando Gutiérrez, el señor y alguacil de Santa Eufemia, Fernando Díaz, el hermano de este último, Pedro Díaz, y Pedro Alfonso de Haro, y todos ellos, a excepción del obispo, eran vasallos del rey y tenentes de algunas fortalezas.375px|thumb|Alcázar de los Reyes Cristianos. (Córdoba).

Entre los defensores del alcázar, que eran acaudillados por Pay Arias de Castro, alcaide de la fortaleza, y por Alfonso Fernández de Córdoba, adelantado mayor de la frontera, figuraba Martín Alfonso de Córdoba. Pero cuando tuvieron conocimiento de que Don Juan Manuel se encontraba a dos leguas de Córdoba, negociaron su rendición y abandonaron la ciudad acompañados por sus esposas, según consta en el capítulo XXXII de la Gran Crónica de Alfonso XI:

Pay Arias de Castro y sus compañeros abandonaron el alcázar junto con todos aquellos que defendían lo establecido por la Hermandad General de Andalucía y se refugiaron en Castro del Río, municipio al que posteriormente le sería concedido el título de «Leal» por Alfonso XI de Castilla, junto con otras mercedes, pero las posesiones y rentas de los que se refugiaron en dicho lugar fueron confiscadas por los partidarios de Don Juan Manuel, según afirmó Braulio Vázquez Campos. Y las posesiones de Martín Alfonso también fueron confiscadas, como indicó Fernández de Béthencourt.

Actuaciones durante la mayoría de edad de Alfonso XI (1325-1349) thumb|220px|Retrato imaginario de Alfonso XI de Castilla, por José María Rodríguez de Losada. Ca. 1892-1894. (Ayuntamiento de León).