La depresión (del latín depressio, que significa ‘opresión’, ‘encogimiento’ o ‘abatimiento’) es el diagnóstico psiquiátrico y psicológico que describe un trastorno del estado de ánimo, transitorio o permanente, que se caracteriza por sentimientos de abatimiento, infelicidad y culpabilidad, además de provocar una incapacidad total o parcial para disfrutar de las cosas y de los acontecimientos de la vida cotidiana (la anhedonia). Los trastornos depresivos pueden estar, en mayor o menor grado, acompañados de ansiedad.
A menudo conlleva incomprensión social y estigmatización, pues existen muchos prejuicios y concepciones sociales erróneas ligadas a esta enfermedad debido al desconocimiento de la misma. Una idea equivocada muy común es asociar la depresión a la tristeza, o a un estado de ánimo débil, voluntario, o de carácter pesimista, cuando se trata de una enfermedad que, en muchos casos, requiere tratamiento farmacológico. Así mismo existe una relación errónea entre la locura y las enfermedades mentales. Estas ideas presentes en la sociedad, además de la actual inexistencia de pruebas médicas que diagnostiquen esta enfermedad, hace que los que la padecen no se quieran asociar con las ideas negativas que la acompañan ni la identifiquen correctamente, tarden en pedir ayuda o piensen en recurrir al suicidio.
El origen de la depresión es multifactorial. En su aparición influyen factores biológicos, genéticos y psicosociales. La psiconeuroinmunología plantea un puente entre los enfoques estrictamente biológicos y psicológicos.
Los episodios depresivos se asocian con cambios en la neurotransmisión del sistema nervioso central y cambios estructurales en el cerebro, producidos a través de mecanismos neuroendocrinos, inflamatorios e inmunológicos. Los principales neurotransmisores implicados son la serotonina, la noradrenalina, la dopamina, el glutamato y el GABA.
Los principales tipos de depresión son el trastorno depresivo mayor, el trastorno distímico (también llamado periodo depresivo persistente) el trastorno ciclotímico, el trastorno afectivo estacional y la depresión bipolar. El trastorno depresivo mayor, el distímico y ciclotímico son las formas más comunes de depresión, el trastorno distímico y ciclotímico son más crónicos, con una tristeza persistente durante al menos dos años.Albrecht, T.A. (2007). 100 preguntas y respuesta sobre la depresión. Madrid. Editorial EDAF, S.L.
Historia
Conocida en sus inicios con el nombre de melancolía (del griego clásico μέλας ‘negro’ y χολή ‘bilis’), la depresión aparece descrita o referenciada en numerosos escritos y tratados médicos de la Antigüedad. El origen del término se encuentra en Hipócrates, aunque hay que esperar hasta el año 1725, cuando el británico Richard Blackmore rebautiza el cuadro con el término actual de depresión.Jackson, Stanley W., Historia de la melancolía y la depresión. Hasta el nacimiento de la psiquiatría moderna, su origen y sus tratamientos alternan entre la magia y una terapia ambientalista de carácter empírico (dietas, paseos, música, etc.), pero con el advenimiento de la controversia de la biopsiquiatría y el despegue de la psicofarmacología, pasa a ser descrita como acaso una enfermedad más. Su alta prevalencia y su relación con la esfera emocional la han convertido, a lo largo de la historia, en frecuente recurso artístico e incluso en bandera de movimientos culturales como el romanticismo.
Epidemiología Las cifras de prevalencia de la depresión varían dependiendo de los estudios, en función de la inclusión tan solo de trastornos depresivos mayores o de otros tipos de trastornos depresivos. En general, se suelen recoger cifras de prevalencia en países occidentales de aproximadamente el 3% en la población general, y para el trastorno depresivo mayor, una incidencia anual del 1 al 2 por mil.Weissman, M. M., Myers, J. K. (1978). Affective disorders in an US urban community. Arch. Gen. Psychiat., 35:1304-1311.
Según la OMS en el mundo hay más de 350 millones de personas con depresión. La OMS estima que, en 2020, la depresión ha pasado del quinto puesto en el ranking mundial de enfermedades que causan muerte y discapacidad, al segundo lugar.
Estudios y estadísticas parecen coincidir en que la prevalencia es casi el doble en la mujer que en el hombre, aunque no son pocos los trabajos que cuestionan esta asimétrica incidencia: existen estudios que indican que la depresión en el hombre es mucho menos admitida y su sintomatología reporta de manera diferente.Por ejemplo, ¿es la depresión realmente menos común entre los hombres, o realmente se trata de que los hombres reconocen y obtienen ayuda para la depresión con menos frecuencia? El National Institute of Mental Health (NIMH por sus siglas en inglés) condujo grupos de opinión para investigar de qué manera los hombres reconocen su propia depresión. En estos grupos los hombres describieron sus propios síntomas de depresión sin darse cuenta de que estaban deprimidos. Particularmente, muchos de ellos no tenían conocimiento de que los síntomas “físicos”, tales como dolores de cabeza, trastornos digestivos y dolores crónicos, pueden estar asociados con la depresión. Además, ellos tenían aprehensión de acudir a un profesional de la salud mental o ir a una clínica de la salud mental por temor a que otros se enteren. Si otros se enteraran, esto podría poner en peligro su trabajo, oportunidades de promoción o beneficios de seguro médico. Temían que al ser identificados con un diagnóstico de enfermedad mental perderían el respeto de sus familiares y amigos o su posición en la comunidad.
Algunos factores estresantes vitales, como el nacimiento de un hijo, las crisis de pareja, el abuso de sustancias tóxicas (principalmente alcohol) o la presencia de una enfermedad orgánica crónica se asocian con un riesgo incrementado de desarrollar un trastorno depresivo mayor. En cuanto a la asociación familiar debida a factores genéticos, la existencia de un pariente de primer grado con antecedentes de trastorno depresivo mayor aumenta el riesgo entre 1,5 y 3 veces frente a la población general.Blazer, D. G., Kessler, R. C., McGonagle, K. A. y Swartz, M. S. (1994). The prevalence and distribution of major depression in a national community sample: The National Comorbidity Survey. Am. J. Psychiat.., 151:979-986. La mayor duración del primer episodio y el mayor número de episodios en la vida de aquellos con depresión de inicio temprano se debe a la falta de detección y tratamiento oportuno en jóvenes.
Etiología miniatura|Molécula de serotonina. El eje serotonina-dopamina parece cumplir un papel fundamental en el desarrollo de los trastornos depresivos. En este descubrimiento se funda el efecto de los modernos antidepresivos, inhibidores de la recaptación de serotonina
El término médico hace referencia a un síndrome o conjunto de síntomas que afectan principalmente a la esfera afectiva: como es la tristeza constante, decaimiento, irritabilidad, sensación de malestar, impotencia, frustración a la vida y puede disminuir el rendimiento en el trabajo o limitar la actividad vital habitual, independientemente de que su causa sea conocida o desconocida. Aunque ese es el núcleo principal de síntomas, la depresión también puede expresarse a través de afecciones de tipo cognitivo, volitivo o incluso somático. En la mayor parte de los casos, el diagnóstico es clínico, aunque debe diferenciarse de cuadros de expresión parecida, como los trastornos de ansiedad. La persona aquejada de depresión puede no experimentar tristeza, sino pérdida de interés e incapacidad para disfrutar las actividades lúdicas habituales, así como una vivencia poco motivadora y más lenta del transcurso del tiempo. A veces, una persona con depresión de larga duración puede no reconocer que padece depresión porque su estado anímico se ha acostumbrado a ella, y asocian los síntomas a su personalidad. Esta situación se conoce como «depresión crónica encubierta», «depresión crónica enmascarada» o «depresión sonriente».
La depresión puede tener importantes consecuencias sociales, laborales y personales, desde la incapacidad laboral (ya que se puede presentar un agotamiento que se verá reflejado en la falta de interés hacia uno mismo, o incluso el desgano para la productividad, lo cual no solo afectará a quien está pasando por la depresión, sino también a quienes lo rodean) hasta el suicidio. Otros síntomas por los cuales se puede detectar este trastorno son cambio del aspecto personal, enlentecimiento psicomotriz, tono de voz bajo, constante tristeza, llanto fácil o espontáneo, disminución de la atención, ideas pesimistas, ideas hipocondríacas y alteraciones del sueño.
El origen de la depresión es complejo, ya que en su aparición influyen factores genéticos, biológicos y psicosociales.
Un elevado y creciente número de evidencias indica que los episodios depresivos se asocian no solo con cambios en la neurotransmisión del sistema nervioso central, sino también con cambios estructurales en el cerebro, producidos a través de mecanismos neuroendocrinos, inflamatorios e inmunológicos, especialmente si se debe a un trauma psicológico que perdura en el tiempo. Los principales neurotransmisores que disminuyen su actividad en personas con depresión son la serotonina, la noradrenalina, la dopamina, el glutamato y el GABA. La explicación de la depresión causada por un desequilibrio químico ha sido contrariada por el trabajo de Joanna Moncrieff y Mark Horowitz. Moncrieff llega a afirmar que la eficacia de los antidepresivos es causada por «complejos efectos no específicos»; sin embargo, algunos psiquiatras criticaron este estudio arguyendo que la metodología usaba una forma indirecta de medir el rastro de la serotonina, en vez de tomar muestras directas de la molécula.
Los problemas de sueño pueden ser tanto una causa como una consecuencia de la depresión. La falta de sueño adecuado puede afectar el estado de ánimo, la capacidad para manejar el estrés y la salud mental en general. Por otro lado, los síntomas depresivos, como la rumiación y la ansiedad, pueden interferir con la calidad y la duración del sueño. El insomnio es un síntoma común de la depresión. Las personas con depresión pueden tener dificultades para conciliar el sueño, despertarse temprano por la mañana o tener un sueño fragmentado y poco reparador. Otras personas con depresión pueden experimentar hipersomnia, que se caracteriza por dormir en exceso o tener una sensación constante de somnolencia. Pueden pasar gran parte del día durmiendo o teniendo dificultades para mantenerse despiertas. La depresión también puede afectar el ritmo circadiano, que regula los ciclos de sueño y vigilia. Algunas personas con depresión pueden experimentar un desajuste en sus ritmos naturales, lo que puede llevar a una mayor actividad durante la noche y somnolencia durante el día. Asimismo, las personas con depresión pueden tener un mayor riesgo de experimentar pesadillas recurrentes, lo que puede interrumpir su sueño y empeorar los síntomas depresivos.
Aunque se necesita más investigación para comprender completamente la relación entre la depresión y los hemisferios cerebrales, ciertos estudios apuntan a que la depresión podría estar asociada con un desequilibrio en la actividad de los hemisferios cerebrales y la comunicación entre estos. Por ejemplo, se ha encontrado que las personas con depresión tienen una actividad reducida en el hemisferio izquierdo, que se asocia con la emoción positiva y la motivación, y una actividad aumentada en el hemisferio derecho.