La proclamación del Estado Catalán dentro de la República Federal Española de 1873 fue un intento fallido de proclamar el "Estado federado Catalán" en Barcelona (España) el 9 de marzo de 1873 cerca de un mes después de haberse proclamado en Madrid la Primera República Española. Lo que sí aprobó la Diputación Provincial de Barcelona ese día, en compensación por su negativa a proclamar el "Estado Catalán" dentro de la "Federación Española", fue la disolución del Ejército regular y su conversión en uno voluntario.
Historia Del 11 al 21 de febrero de 1873 thumb|300px|Proclamación en Madrid de la Primera República Española por la Asamblea Nacional. 11 de febrero de 1873 El 11 de febrero de 1873, tras la abdicación de Amadeo I, fue proclamada en Madrid la Primera República española por la reunión conjunta del Congreso de los Diputados y del Senado, constituidos en Asamblea Nacional. Fue el resultado del pacto ―«transacción», lo llamó el republicano Francesc Pi i Margall― entre el Partido Republicano Federal y los monárquicos del Partido Demócrata-Radical, que detentaban la mayoría en la Asamblea, y en el mismo no se definió si la nueva República sería unitaria o federal. Pi i Margall escribió al año siguiente: «¿Qué República era la proclamada? Ni la federal ni la unitaria. Había mediado un acuerdo entre antiguos y modernos republicanos y habían convenido en dejar a unas Cortes Constituyentes la definición y la organización de la nueva forma de gobierno. La Federación de abajo arriba era desde entonces imposible».
La noticia de la proclamación de la República en Madrid fue conocida en Barcelona a primera hora del 12 de febrero —el día anterior por la tarde el diario La Linterna ya había dado la noticia de que Amadeo I había abdicado— e inmediatamente se decretaron tres días de festejos. Se engalanaron los edificios y bandas de música recorrieron la ciudad, mientras se izaba la bandera federal de Cataluña en el Ayuntamiento. Esta era una bandera roja con un triángulo en blanco sobre el que estaba escrita la palabra «Democracia» en letras rojas, y alrededor del cual había unas estrellas también blancas, y en la que figuraba la palabra «Cataluña». Sobre la fachada del edificio de la Diputación se instaló un gran dosel carmesí debajo del cual se puso un escudo de Cataluña coronado con un gorro frigio. miniaturadeimagen|250px|left|Caricatura de la revista satírica catalana La Flaca del 3 de marzo de 1873 sobre la pugna entre los que defienden la república unitaria (representados por un burgués) y los que defienden la federal (representados por un menestral con la barretina catalana).
Desde el mismo momento en que se conocieron los acontecimientos de la capital, los republicanos catalanes presionaron para que se proclamara la República federal, recibiendo una respuesta negativa por parte de la dirección del partido republicano federal en Madrid que se mantenía fiel al pacto que había firmado con los radicales de posponer la definición de la República hasta la elección y formación de las Cortes Constituyentes. Esto no impidió que el sector «intransigente» del partido en Cataluña proclamara la República federal en alguna localidad como Rubí. En otros lugares sus ayuntamientos aprobaron mociones pidiendo la proclamación de la República federal como en Olesa de Montserrat o en Arenys de Munt. El ayuntamiento de Gracia fue más lejos y pidió a la Diputación Provincial de Barcelona que se constituyera en «Convención» para que proclamara la República federal.
De hecho los periódicos republicanos de Barcelona que publicaron artículos celebrando la proclamación de la República en Madrid, daban por hecho que sería una república democrática federal. El semanario La Campana de Gracia empezaba su artículo con un «¡Viva la República democrática federal!» y el diario La Independencia decía: «cualquiera otra solución que no sea la República democrática federal es un crimen de lesa nación». Añadiendo a continuación: «La República democrática federal es la armonía entre todas las gentes honradas: no es la solución de un partido exclusivista. Sus defensores de ayer la han querido siempre y hoy la quieren para todos los españoles».
En Barcelona la presión para que se proclamara la República federal se centró en la Diputación provincial, elegida por sufragio universal ―ella misma se definía por ello como única representación legítima del pueblo―, y que contaba con una mayoría republicana federal a diferencia del Ayuntamiento de Barcelona dominado por los monárquicos. En la misma mañana del día 12 de febrero varios diputados provinciales «intransigentes» pidieron en el pleno extraordinario de la Diputación que se celebró ese día para valorar las noticias que llegaban de Madrid que se proclamara inmediatamente el «Estado Catalán» pero la propuesta fue rechazada. La Diputación también recibió presiones para que entregara «armas al pueblo» y se formara una milicia para combatir a los carlistas. Para ello se creó una Comisión de Armamento y Defensa que inmediatamente organizó dos compañías que debían ser el embrión de una fuerza armada que sustituyera al Ejército regular cuando este fuera disuelto, como pedían los republicanos federales. Al mismo tiempo se extendieron en los cuarteles de la ciudad los actos de indisciplina al grito de «¡Viva la República federal!» por parte de los soldados que desconfiaban de sus oficiales por simpatizar con la monarquía.
El 13 de febrero, sólo un día después de conocerse la proclamación de la República en Madrid, tuvo lugar una manifestación obrera para pedir a la Diputación, además de una legislación social —reducción de la jornada laboral, mejora de las condiciones higiénicas de trabajo, prohibición del trabajo infantil— y armas para combatir a los carlistas, que «declare la autonomía de la provincia convirtiéndola en estado federal». Los delegados obreros que se entrevistaron con los diputados provinciales se comprometieron a «coadyuvar armónicamente al triunfo de la república federal, que es su aspiración porque ven encarnada en ella su ideal político y social». Los manifestantes, entre los que había muchas mujeres, también pidieron la abolición de las odiadas quintas y la disolución del Ayuntamiento de Barcelona ―de hecho dieciséis concejales monárquicos dimitieron por «falta de salud» así como el alcalde Francisco de Paula Rius y Taulet de la misma tendencia que fue sustituido por el republicano Narciso Buxó y Prats; los nuevos concejales fueron nombrados por la Diputación Provincial entre los afiliados al «Club de los Federalistas», que era «intransigente»―. Al final de la manifestación se dieron vivas a la República Democrática Federal y también a la Asociación Internacional de Trabajadores, cuyos miembros también participaron.
Los republicanos «intransigentes» eran los que más presionaban para la implantación inmediata de la república federal. Estaban agrupados en torno al centro «El Estado Catalán», también llamado «Club de los Federalistas». Frente a ellos los republicanos federales moderados o «benevolentes» defendían la estrategia del gobierno de Madrid ―y de actuar de común acuerdo con él― de esperar a la formación de las Cortes Constituyentes. Se agrupaban en torno a Círculo Republicano Democrático Federal de Barcelona que hizo público un manifiesto llamando a la unión y a la sensatez de los barceloneses para «contribuir con abnegación sincera al afianzamiento de la democracia republicana federal».
El diputado provincial «intransigente» Carreras presentó al pleno la siguiente propuesta que sería comunicada a las otras tres diputaciones catalanas y cuyo primer acuerdo sería proclamar la autonomía de los municipios de la provincia:
La propuesta no fue aprobada porque se impuso la posición oficial de que la proclamación de la República federal la debían hacer las futuras Cortes Constituyentes, aunque todos los diputados provinciales coincidieron en que su aspiración era conseguirla. Por otro lado, el día 17 llegaron a Barcelona los republicanos encarcelados en Menorca que habían sido liberados, como los que habían estado presos en el castillo de Montjuic. Se organizó una manifestación de homenaje que recorrió las calles de la ciudad, siendo recibidos en la Diputación y en el Ayuntamiento.
thumb|300px|Concentración del 21 de febrero en la plaza de San Jaime de soldados y civiles exigiendo la proclamación de la República Federal Española. Al fondo la fachada de la Diputación Provincial de Barcelona.
Los «intransigentes» volvieron a presionar a la Diputación el 21 de febrero aprovechando la inestabilidad creada por la deserción el día anterior del capitán general Eugenio Gaminde acusado de ser poco afecto a la nueva República ―Gaminde, que había sido cesado por el gobierno el día 18, abandonó Barcelona de forma imprevista en el vapor «Lepanto» y sin esperar órdenes de Madrid lo que fue calificado de «cobarde huida»―. Ese día 21 se organizó un desfile militar en la plaza de San Jaime en el que, según la crónica del Diario de Barcelona publicada al día siguiente, «los soldados marchaban con las culatas al aire, guardando unos la formación y otros confundidos con los paisanos; algunos llevaban gorros frigios, otros gorras catalanas…», en una clara muestra de indisciplina e insubordinación al no llevar el ros, el gorro militar reglamentario. Asimismo se oyeron muchos gritos de «¡Viva la República Federal!» en una «plaza [que] se hallaba completamente llena y ofrecía un aspecto imponente». Y mientras se desarrollaba el desfile una Comisión entró en el edificio de la Diputación para «en nombre del pueblo y del Ejército» pedir que la Diputación «se declare en Convención del Estado Federal de Cataluña y adopte las resoluciones que tiendan a consolidar la situación». Entonces el vicepresidente de la Diputación telegrafió al gobierno en Madrid exponiéndole la petición que se acababa de presentar. El telegrama que envió el gobierno como respuesta se desconoce pero parece que pidió a la Diputación que no la cumpliera ya que al día siguiente los mismos que la habían presentado acabaron retirándola ―«la aprobación de nuestra proposición podría producir graves conflictos inútiles», argumentaron―.
Del 21 de febrero al 8 de marzo thumb|left|El nuevo Capitán General de Cataluña Juan Contreras y Román. El 25 de febrero llegaron a Barcelona el nuevo Capitán General Juan Contreras y Román y el nuevo Gobernador militar, el general José Lagunero y Guijarro, con los que el gobierno de Madrid esperaba, según un telegrama enviado por el presidente del poder ejecutivo Estanislao Figueras a la Diputación de Barcelona, que «Barcelona recobre la calma ordinaria» ―el día anterior había llegado el nuevo gobernador civil Miquel Ferrer i Garcés―. El nuevo capitán general fue muy bien recibido debido a su claro compromiso con la República incluso en tiempos de la monarquía de Amadeo I, lo que precisamente destacó el diputado provincial Baldomero Lostau, del sector «intransigente», en el discurso de bienvenida que dio en nombre de las autoridades de Barcelona. El general Contreras inmediatamente se ocupó de restablecer la disciplina militar en los cuarteles prohibiendo el uso de la barretina en lugar del ros.