300px|thumb|Conjunto musical durante una celebración en Nahuizalco.
La música de El Salvador se refiere a las diferentes manifestaciones musicales de la República de El Salvador, la que a su vez está englobada en las tradiciones musicales latinoamericanas más amplias.
El Salvador es un país de América Central, cuya cultura es en principio una mezcla de etnias indígenas (Nahuas-Pipiles, Lencas y Cacaoperas), europeos (principalmente españoles), y africanos (diferentes grupos étnicos traídos como esclavos durante la época colonial); a lo que se le han sumado otros grupos poblaciones que han llegado al país en tiempos recientes (como puede ser de Asia, Norteamérica u otros países de Latinoamérica); por lo que la cultura del país es producto de la sumatoria de rasgos de las diferentes culturas que se han mezclado entre su gente a lo largo de su historia. Todo ello hace que las expresiones musicales sean bastantes diversas, a la vez que la cultura musical se ha ido adaptando a las diferentes nuevas corrientes musicales que han ido surgiendo en las distintas épocas que ha atravesado en su historia.
Estilos populares
Los géneros musicales más prolíficos en El Salvador son:
La Cumbia, hay diversas agrupaciones, ya que este género se vio fuertemente influenciado por la interacción de músicos salvadoreños y colombianos (Cumbia salvadoreña). El Rock, desde sus inicios este género de alcance mundial tuvo una gran aceptación entre los jóvenes, presentando varias etapas históricas en su desarrollo algunos grupos conocidos son Los R.E.D.D, Prueba de Sonido, Friguey, Grupo Bronco de Vicente Sibrian entre otros. La Salsa, tuvo su entrada al país en los 1990 con grupos como Salsa Clave y Generación Latina, y para la de década de 2010 y 2020 uno de los principal grupos sería Salsalvador All Stars. Música regional mexicana, la música mexicana es muy aceptada en el país, y hay agrupaciones que incursionan en el subgénero de banda sinaloense, entre las que destacan La Auténtica Banda LL, Banda La Primera, La Auténtica Banda de Plata. El Heavy Metal, pero principalmente sus subgéneros más extremos y menos comerciales como el Thrash, Death, Black, Power, han sido muy prolíficos en cuanto a producción de material discográfico, conciertos locales y giras internacionales.
Música prehispánica y colonial
Antes de la llegada de los españoles, el territorio que hoy en día se conoce como El Salvador era un espacio habitado predominantemente por grupos de habla náhuat conocidos como pipiles. Durante la época prehispánica fue sucesivamente habitado por los pueblos xincas, mayas, lencas y mangues. Estudios precolombinos dan muestra de la importancia de la música, sobre todo en expresiones rituales en los que se empleaban tambores y trompetas. La musicóloga María de Baratta da muestra de la construcción de instrumentos complejos en esa época como el teponahuaste, las flautas fálicas con bola deslizante de Quelepa o la ocarina Tecoaliztli
Con la venida de los españoles, la música clásica europea y la española se mezclaron con los estilos nativos. Los códigos musicales precolombinos fueron reemplazados por otros, cambiando sus significados, funcionalidad, formas de aprendizaje, transmisión, difusión e intercambio.
La música en el periodo colonial fue promovida y apoyada por tres poderes:
Las autoridades indígenas que promovían la transmisión de las tradiciones de una generación a otra. La iglesia católica, a través de la música de corte religioso, que no necesariamente debía ser música sacra, sino que alababa o hablaba de Dios. Las instancias del Reino de España en las provincias.
En este periodo comienzan a aparecer las primeras bandas de música militares, caracterizadas por la mezcla de elementos propios de la música europea junto a ritmos y construcciones indígenas y africanas, introducida esta última a través de los esclavos. Algunos de los primeros conjuntos de esta época son:
Conjunto de Pardos del Barrio Veracruz, Sonsonate (1762) Conjunto de militares del Guaymoco, Sonsonate (1762) Conjunto de mulatos, negros e indios de Santo Thomas Tesaquangos (1768) Grupo vocal – instrumental de Santiago Nonualco (1789 - 1802)
Música en el
El 22 de noviembre de 1824 se constituye la República Federal de Centro América y el estado del Salvador fue uno de sus cinco Estados hasta 1841 cuando se constituyó como república. En ese año de 1841 llegarían a San Miguel, para ofrecer un concierto, el italiano Juan Guido y los españoles Manuel Navarro y José María Martínez de la Rosa; quienes traerían consigo un clarinete, una trompa, un bugle, una especie de corno y un redoblante. Su música llamaría la atención del coronel Manuel Cañas (padre del general Juan José Cañas, escritor del himno nacional) quien los invitaría a quedarse en el país; por lo que se trasladarían a San Salvador, donde con el apoyo del general Francisco Malespín fundarían la primera banda marcial, con el nombre de banda militar, de la que José Martínez sería su primer director.
En 1845 se fundaría la primera escuela de música, gracias a la llegada del violinista guatemalteco José Escolástico Andrino; quien en 1847 crearía la primera orquesta estable y de carácter sinfónico, llamada Sección Filarmónica.
Con la fundación de la banda marcial y la llegada de Andrino empezaría a forjarse la música salvadoreña de este siglo qué a grandes rasgos se caracterizaría por estar marcada por las preferencias estéticas del romanticismo musical europeo, en particular por la ópera; esto debido a los músicos y compositores extranjeros residentes en el país que serían los maestros de los artistas nacionales. Otros estilos qué tuvieron eco en los artistas musicales de este siglo, y que también provenía de la influencia europea, fueron los valses, polcas, chotis, mazurcas, pasodobles y marchas. Estos distintos estilos engalanaban los repertorios de banda, ya sea con piezas propias (cuya composición distaba de incorporar rasgos propios qué lo distinguiese del modelo europeo) o con piezas de autores europeos como Waldteufel, Strauss, Meyerbeer, Verdi, Wagner, Chopin, Paganini, Lizt, y Thalberg. Por otro lado, es de mencionar que en la industria musical nacional de este siglo había una presencia constante de mujeres en la ejecución del piano, en instrumentos de cuerdas (ya sean frotadas o pulsadas), y en el canto y la composición de formas menores.
Las tres áreas principales áreas de producción musical en este siglo fueron: La música marcial, de las bandas militares, y cuyo reportorio incluía marchas, oberturas, danzas y fantasías de opera. La música de concierto, que iniciaría con la orquesta de Escolástico Andrino; y que incluiría presentaciones de solistas, orquestas sinfónicas, grupos de cámara y bandas en veladas en los teatros y residencias particulares. La música ritual indígena, en sincretismo con el santoral y festividades de la Iglesia católica.
A mediados del siglo, llegaría al país el género musical de la habanera; que influenciaría a los pueblos del interior, donde surgirían temas como "Me levanto de mañanita" (pieza registrada en localidades como Panchimalco, Nahuizalco, Ataco, y otros).
Bajo la administración del general Gerardo Barrios (1859-1863) se estimuló la creación de bandas régimentales en distintos puntos del país. El repertorio, generalmente constituido por danzas de salón y marchas, atrajo públicos diversos a las plazas de las principales ciudades.
En 1860 llegaría como director de la banda marcial el belga Alexis Cousin, quien la reorganizaría dándole el nombre de "Banda de los Supremos Poderes"; asimismo, se encargaría de difundir algunas obras musicales como: la marcha "Suavos de la Reina", el vals "Guardias de la Reina", y el paso doble o marcha "Reina Victoria" (conocida como la marcha "Gerardo Barrios"). Más adelante, en 1870, llegaría como director de dicha agrupación el prusiano Emilio Dressner, quien compondría piezas como "Mi salutación a El Salvador", "Independencia", y "Melodías del Norte", y quien venía con su esposa (que era pianista y cantante) que educaría a señoritas de las capas medias y altas con las habilidades artísticas que poseía. Posteriormente, en 1876, llegaría el prusiano Heinrich Drews, que la dirigiría hasta 1915, y quien compondría varias piezas como el pasodoble «El Triunfo; Drews introduciría a la banda piezas de destacados compositores (como Mozart, Beethoven, Wagner, Liszt, Brahms, y Strauss), y con él la banda comenzaría a expandirse e ilustrarse hasta ser considerada la mejor banda u orquesta de Centroamérica, que tendría a más de cien miembros en sus filas, participaba en eventos en todo el istmo, y se presentaba dos o tres noches en la plaza central de la capital.
En el último cuarto de siglo se fundan las sociedades filarmónicas de San Salvador (1875, dirigida por Alexis Cousin) y de San Vicente (1878, fundada y dirigida por Enrique Miranda). En el Teatro Nacional o el Teatro Colón de San Salvador se realizaban conciertos con las bandas militares en veladas que incluían recitales de canto y poesía. Asimismo, se pondría de moda como instrumentos el piano y el violín, debido a la influencia de la cultura italiana y francesa en las personas de alto estatus qué realizaban viajes a Europa; y también se pondría de moda la formación de estudiantinas, conjunto musical de estudiantes universitarios, tanto de hombres como de mujeres. Además de ello, más artistas extranjeros buscarían establecerse en el territorio, convirtiéndose en maestros de un nuevo generación de artistas nacionales, entre ellos estarían: los italianos Juan Aberle (compositor del himno nacional) y Alfredo Goré y el holandés José Kessels (que desde 1896 sería director de la banda militar de Santa Ana, la cual llegaría a ser reconicida como la segunda banda más importante del país).
A finales de siglo, se introducen las victrolas y los fonografos qué funcionaban con cuerdas; por lo que en las haciendas y en las casas veraniegas comenzarían a sonar las piezas y canciones que estaban de moda en Europa, Estados Unidos y México, así como algunas de Sudamérica, que comenzarían a ser interpretadas por las bandas pueblerinas.
Algunos compositores, músicos y agrupaciones nacionales son recordados gracias a su mención en programas de concierto o la publicación de partituras en revistas como "La Quincena", El "Álbum filarmónico salvadoreño" o "La Ilustración Centroamericana" de Juan Aberle. Entre ellos tenemos: Eusebio Castillo, director de bandas y de la escuela de música de Bellas Artes; María Josefa Castillo, hermana del anterior, y pianista en los conciertos de la Sección Filarmónica de Escolástico Andrino; Rafael Olmedo Artiga, violinista y compositor del capricho para violín y piano «Las Hadas»; Refugio Pinto de Arbizú, pianista y compositora de la mazurca «La inspiración»; la Orquesta femenina de cuerdas “Violetas Vicentinas”, que funcionaría entre los años de 1877 a 1906, y cuya primera violinista sería Sara Miranda Campos Reales de Ramírez; la Estudiantina Santaneca, dirigida por Juan Aberle (en la cual había una femenina, en la que algunas de sus integrantes fueron: Teresa Carbia, Anita Valle, Trinidad Regalado, y Josefina Sandoval; y una masculina cuyos integrantes eran: Pedro y Rafael Paz, Abel Peña, Manuel Calderón, Abel Hernández, Carlos y Rodolfo Cordón, Javier y Trinidad Díaz, Pedro León, y Cipriano Vides); las pianistas Jesús Lagos, Sara Zaldívar y Amelia Andrade, qué tocaron con la Banda de los Supremos Poderes (dirigida por Heinrich Drews) y en 1877 en los conciertos de la Sociedad Filarmónica (dirigida por Juan Aberle); entre otros.