miniatura|Interior de estilo modernista de la casa Vicens (Barcelona, 1883-1888), de Antoni Gaudí La evolución histórica de las artes decorativas transcurre en paralelo a la historia del arte en general, especialmente la arquitectura, a la que ha estado ligada usualmente la decoración y el interiorismo. Se denomina artes decorativas a todas aquellas actividades relacionadas con el arte o la artesanía destinadas a producir objetos con una finalidad a la vez utilitaria y ornamental. Son por lo general obras realizadas con una elaboración industrial o artesanal, pero persiguiendo una cierta finalidad estética. El concepto es sinónimo de las llamadas artes aplicadas o artes industriales, también llamadas a veces artes menores en contraposición a las artes mayores o bellas artes. En cierto sentido, las artes decorativas es un término aplicado preferentemente a las artes industriales, así como a la pintura y la escultura, cuando su objetivo no es el de generar una obra única y diferenciada, sino que buscan una finalidad decorativa y ornamental, con una producción generalmente seriada.

Las artes decorativas incluyen procedimientos y técnicas como la cerámica, el mosaico, la ebanistería, la orfebrería, la glíptica, el esmalte, la taracea, la metalistería, el textil, la tapicería, la corioplastia o la vidriería. También a menudo engloba las artes gráficas (grabado) y la miniatura, así como algunas obras de arquitectura, pintura y escultura destinadas a la ornamentación y concebidas en serie, no como obras individuales.

Las artes decorativas han estado presentes en mayor o menor medida en todos los períodos de la historia del arte en general, bien por solitario o bien en conjunción con otras artes, especialmente la arquitectura. En muchos casos han marcado de forma determinante algún período histórico, como el arte bizantino, el islámico o el gótico, de tal forma que no sería posible valorarlo adecuadamente sin la presencia de este tipo de realizaciones. En otros casos, especialmente el de culturas nómadas, es el único tipo de realización artística llevado a cabo por estos pueblos, como es el caso de los escitas o de los pueblos germánicos que invadieron el Imperio romano. En muchas culturas las artes decorativas han tenido un estatus similar al resto de las artes, como es el caso de la cerámica griega o la laca china. Cabe también valorar la estrecha relación entre las artes decorativas y la cultura popular, que a menudo ha tenido en este medio su principal vía de expresión.

Prehistoria

miniatura|Vaso campaniforme de Ciempozuelos, de arcilla negra pulimentada con una capa de barro fino y decorada con motivos geométricos incisos rellenos de pasta blanca, Museo Arqueológico Nacional, Madrid El arte prehistórico es el desarrollado por el ser humano primitivo desde la Edad de Piedra (Paleolítico superior, Mesolítico y Neolítico) hasta la Edad de los Metales, períodos donde surgieron las primeras manifestaciones que se pueden considerar como artísticas por parte del ser humano. En el paleolítico (25 000-), el hombre se dedicaba a la caza y vivía en cuevas. Tras un período de transición (mesolítico, 8000-), en el neolítico (6000-) se volvió sedentario y se dedicó a la agricultura y la ganadería, con sociedades cada vez más complejas (estratificación social, religión). Comienza entonces la producción de piezas de artesanía, ya que las obras manufacturadas solían tener una incipiente decoración, si bien no había una conciencia plena de elaboración de productos artísticos. Por último, en la llamada Edad de los Metales (3000-), surgieron las primeras civilizaciones protohistóricas.

Las primeras manifestaciones que se podrían considerar artes decorativas proceden del neolítico, período en el que aparecen las primeras decoraciones arquitectónicas y las primeras obras de cerámica, así como el arte textil. Entre las primeras pueden citarse como más relevantes el friso con decoración de espirales de Hal Tarxien (Malta) o el poste de piedra igualmente decorado con espirales del túmulo de New Grange (Irlanda). En el milenio IV a. C. apareció la llamada cerámica cardial, decorada con impresiones de conchas (cardium), realizadas en toda la superficie a modo de horror vacui. Ha sido encontrada en diversos puntos de Europa occidental y oriental.

miniatura|izquierda|Réplica del conjunto del tesoro de El Carambolo (-), Museo Arqueológico de Sevilla El neolítico dio paso a la Edad de los Metales, pues la utilización de elementos como el cobre, el bronce y el hierro supuso una gran transformación material para estas antiguas sociedades. La metalurgia del bronce apareció en Anatolia, desde donde pasó a Chipre y Creta y, posteriormente, el resto de Europa. La mayoría de sus realizaciones eran de arte mobiliar, preferentemente joyas y armas, decoradas con motivos geométricos abstractos. Surgió entonces la orfebrería, donde se trabajaba el oro y piedras preciosas como el jade o el ámbar, con realizaciones como el collar de jade de Poltalloch (Escocia), los vasos de oro de Rillaton (Royal Collection Trust) y de Ringlemere (British Museum), el collar de Gleninsheen (Irlanda) o la taza de oro de Borgbjerg (Dinamarca). En cerámica surgieron en el calcolítico los vasos campaniformes con motivos ornamentales inspirados en la cestería, originaria de España y con una difusión posterior por toda Europa.

En la Edad del Hierro destacaron las culturas de Hallstatt (Austria) y La Tène (Suiza). La primera se dio entre el y el , caracterizada por la cerámica polícroma, con decoraciones geométricas y aplicaciones de adornos metálicos. La Tène se desarrolló entre el y el , ligada a la cultura celta. Destacó por sus objetos en hierro (espadas, lanzas, escudos, fíbulas), con diversas fases de evolución (La Tène I, II y III). Al final de esta era recibió las influencias griega, etrusca y del arte de las estepas. Algunas realizaciones célebres son el casco de Coțofenești (Rumanía), el caldero de plata de Gundestrup (Dinamarca), las vasijas de bronce de Basse-Yutz (Metz), el espejo de bronce de Birdlip (Gloucestershire). En España cabe mencionar en el seno de la cultura tartéssica el tesoro de El Carambolo, compuesto por diversas piezas de oro y cerámica de depurada factura.

Arte antiguo

miniatura|Cerámica esmaltada de la puerta de Istar, que representa un animal fantástico con cabeza de serpiente y patas de león y águila, Museo de Pérgamo, Berlín Puede llamarse así a las creaciones artísticas de la primera etapa de la historia, iniciadas con la invención de la escritura, en las que destacan las grandes civilizaciones del Próximo Oriente: Egipto y Mesopotamia. También englobaría las primeras manifestaciones artísticas de la mayoría de pueblos y civilizaciones de todos los continentes. En esta época aparecieron las primeras grandes ciudades, principalmente en cuatro zonas delimitadas por grandes ríos: el Nilo, el Tigris y el Éufrates, el Indo y el río Amarillo.

Mesopotamia

El arte mesopotámico se desarrolló en la zona comprendida entre los ríos Tigris y Éufrates (actuales Siria e Irak), donde desde el milenio IV a. C. se sucedieron diversas culturas como los sumerios, acadios, amorritas, asirios, caldeos, etc. En Mesopotamia la carencia de piedra llevó a la construcción con ladrillo y adobe, materiales pobres que requerían un revestimiento si se quería construir un edificio más o menos estético, lo que se lograba con apliques cerámicos. Aquí se inventaron las primeras herramientas de alfarería, como el torno y el horno de dos cámaras, cerca del Las obras de cerámica esmaltada decoraban las paredes de los palacios y las puertas de las ciudades, como la de Istar en Babilonia, con dibujos de leones y animales fantásticos. Un buen ejemplo es el templo de Eanna en Uruk, del que proceden las muestras más antiguas de decoración cerámica, a través de unas piezas de colores rojo, blanco y negro, dispuestas a modo de mosaico geométrico. Esta decoración evolucionará más adelante a motivos como rosetas o trenzados, como en los templos de Tell Halaf y El Obeid. En los zigurats sumerios, asirios y babilónicos era tradicional recubrir cada uno de sus pisos de un color distinto, al tiempo que evolucionaban las ornamentaciones hacia motivos cada vez más complejos, con representaciones mitológicas y escenas historiadas, como en el templo de Eanna en Uruk.

En la evolución de la cerámica decorativa se perciben por primera vez efectos estéticos y simbólicos que denotan una voluntad creadora alejada de la realización meramente estructural. El aspecto estético se percibe especialmente en el cromatismo, a través de la búsqueda de entonaciones no degradadas que contrastan entre sí. El aspecto simbólico se manifiesta en los efectos de luz y brillo conseguidos mediante la cerámica vidriada, que se asocian en templos y palacios con los grandes seres que dominan el mundo, sean divinos o de la realeza. Este rico cromatismo se aprecia asimismo en los mosaicos taraceados y en las obras de orfebrería, donde abundan el oro y las piedras preciosas, como el nácar y el lapislázuli. Los mejores exponentes son los tesoros encontrados en las tumbas reales de Ur, con obras como el llamado mosaico del Estandarte o las joyas de la reina Shubad, conservadas en el British Museum.

En esta región se desarrolló notablemente la glíptica, a través de sellos de forma cilíndrica grabados en mármol, caliza o concha, decorados con motivos geométricos, animales (reales o fantásticos), inscripciones cuneiformes o escenas históricas, religiosas o de la vida cotidiana, como un cilindro sumerio del grabado con un banquete nupcial. En las artes del metal destacan las puertas de Balawat, en la ciudad asiria de Imgur-Bel, realizadas en bronce entre el 860 y el , decoradas con escenas de las campañas militares de Salmanasar III.

Egipto

miniatura|Máscara funeraria de Tutankamón (c. 1354-), Museo Egipcio de El Cairo En Egipto surgió una de las primeras grandes civilizaciones, con obras de arte elaboradas y complejas que suponen ya una especialización profesional por parte del artista/artesano. Con un sistema político fuertemente centralizado y jerarquizado, su arte era intensamente religioso y simbólico. Iniciado alrededor del , el arte egipcio perduró hasta la conquista de Alejandro Magno, si bien su influencia persistió en el arte copto y bizantino.

miniatura|izquierda|Estatua de bronce damasquinado de la reina Karomama Merimut I, Museo del Louvre, París El arte egipcio se caracteriza por la unidad estilística mostrada uniformemente durante toda su historia, que se manifiesta en aspectos como el estatismo y la rigidez de sus figuras, la minuciosidad del detalle o el sentido plano de la escena y el color, con una policromía de colores sin degradaciones, con contornos marcados. Esto se percibe asimismo en la orfebrería con el tabicado y embutido de distintos materiales, o en el vidrio mediante la unión de bandas onduladas monocromas. Una de sus mayores manifestaciones dentro del marco arquitectónico fue la pintura y el relieve policromado, que decoraba tanto interiores como exteriores de edificios, como se percibe en el palacio de Tell el-Amarna (dinastía XVIII).

Los egipcios lograron grandes avances técnicos, especialmente en orfebrería, como en el batido del oro, el cincelado, el grabado a buril, el granulado y la incrustación. Algunas realizaciones sobresalientes son: los brazaletes de la esposa del rey Djer (dinastía I), los brazaletes de Hetepheres I (dinastía IV), el collar usej de Imthepy (dinastía VI), la cabeza de oro del dios Horus hallada en Hieracómpolis (dinastía VI), la diadema y el cinturón de la princesa Sit-Hator (dinastía XII), el pectoral de Sesostris II (dinastía XII) y las joyas encontradas en la tumba de Tutankamón (dinastía XVIII), entre las que destaca su máscara funeraria, de oro batido con incrustaciones de pasta de vidrio y lapislázuli, cuarzo y feldespato, así como el sarcófago, de de oro puro.