Manuel Ernesto Malbrán de la Lastra (Washington D. C., 22 de septiembre de 1912 - Buenos Aires, 18 de julio de 2005) fue un abogado, político y diplomático argentino.Manuel E. Malbrán . LaNacion.com, 19 de julio de 2005.

Biografía Fue hijo del también embajador Manuel Esteban Malbrán Achával y María Luisa de la Lastra. Nació en la capital de Estados Unidos durante la labor diplomática de su padre.Manuel Ernesto Malbrán de la Lastra. Genealogía Familiar.

Se trasladó a Buenos Aires, donde realizó su educación secundaria en el Colegio San José. Estudió abogacía en la Universidad de Buenos Aires, graduándose en julio de 1938. En 1950 se especializó en Derecho Aeronáutico en el Instituto de Derecho Aeronáutico de la Nación. Posteriormente fue profesor adjunto de Legislación Aérea en la Universidad Nacional de La Plata. También en dicha universidad y en la del Salvador, fue profesor adjunto de Derecho Internacional Privado.

También se desempeñó como abogado particular y como apoderado judicial de Obras Sanitarias de la Nación.

En agosto de 1966 fue nombrado embajador de la República Argentina en la República de Chile, ejerciendo el cargo entre septiembre del mismo año y agosto de 1969. Durante su desempeño como embajador, se llevaron a cabo negociaciones sobre el arbitraje del Reino Unido de la frontera argentino-chilena en el Canal Beagle.Malbrán, Manuel E. Diplomatic Documents of Switzerland 1848-1975.

En cuanto a su actividad política, fue miembro del Partido Demócrata Conservador de la ciudad de Buenos Aires, llegando a ser vicepresidente de la junta de gobierno del partido. Fue candidato a senador nacional y dos veces candidato a diputado nacional. También fue delegado del partido en el comité nacional de la Federación de Partidos de Centro.

En 1974 comenzó a colaborar escribiendo artículos y editoriales en el diario La Prensa. En 1984 se hizo miembro de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas.

Falleció en 2005 a los 92 años de edad. Sus restos descansan en el cementerio de La Recoleta.

Manuel Ernesto Malbran

( Una breve semblanza)

Manuel Ernesto Malbran nació en Washington el 22 de septiembre de 1912, por ese entonces  su padre, Manuel Esteban era Primer Secretario en la embajada Argentina en EE. UU. venía de su primer destino en Portugal ante el Rey Manuel, último reinante de los Saboya. Durante ese destino, que dio comienzo a su carrera diplomática, se casó, en la ciudad de las luces, con Maria Luisa de la Lastra, su madre, ambos de familias cordobesas.  Familiares recuerdan su vida

La primera infancia de Manuel Ernesto iba a transcurrir entre Washington, Venezuela y Méjico sucesivos destinos diplomáticos de su padre con rangos crecientes. Cosas de su madre, tuvo por niñera una institutriz francesa que le enseño a hablar en su lengua antes que en castellano, idioma que ella no manejaba con soltura. De esa primera fonética le quedó el típico arrastre frances de la erre que nunca perdió pese al correr de los años.

Pues bien, pasado el tiempo de mamaderas y papillas Manuel Ernesto con 7/8 años comenzó a aprender a andar a caballo en México, mas precisamente en el inmenso parque del Castillo de Chapultepec pues allí iba su padre casi todas las semanas a visitar al General Alvaro Obregón, presidente de México con quien había cultivado una fecunda  amistad y él, a su vez, con el hijo de este último de su misma edad. Los he visto en fotos cabalgando en los alrededores de la casa.

Así y cursando los  grados inferiores llega Manuel a sus primeros 9 años. Un nuevo viaje lo esperaba. Puede que este fuera su primer desarraigo, ya vendrían otros, inevitables en la vida de los hijos de diplomáticos, pero no por ello menos dolorosos. Adiós a los lugares cotidianos, a los amigos, a los aromas domésticos. En fin, no era para tanto, estaban sus dos hermanas Maria  Celia Beatriz (Chela) y Maria Angélica (Maruca) que siempre, a esa edad, son compañía cercana.

Cambio de país, Chile, cambio de colegio; lo inscribieron en el Andrés Bello, que vendría a ser como el Colegio Nacional Buenos Aires aquí.

Andrés Bello fue un venezolano, hombre de amplísima y sólida cultura que la República de Chile supo atraer hacia sí y obtuvo de él ingentes frutos educativos y culturales. Fue fundador del Instituto que lleva su nombre y de la Universidad de Chile de la que fue su rector de por vida, entre otros muchos emprendimientos y aportes sobre todo en orden a los estudios de la lengua castellana.

Allí fue, entonces, donde Manuel Ernesto curso los últimos grados de la escuela primaria y el primero de la secundaria.

Su paso por el Andrés Bello le dejo, más allá de los conocimientos curriculares, dos aportes que serían relevantes en su vida: el primero una enseñanza muy clara de método de estudio del que siempre echo mano y eso se lo he visto practicar tanto en la preparación de sus clases cuanto en el estudio de las especialidades del Derecho en las que se adentro con entusiasmo y lucidez intelectual. En segundo lugar el grupo de condiscípulos entre los que tuvo algunos amigos de toda la vida (Antonio Tagle, M. Aldunate etc) Dentro del grupo de sus condiscípulos, aunque sin ser amigos, quiso la providencia que fuera vecino de  Eduardo Frei Montalba  que cuarenta años más tarde sería presidente de la hermana República de Chile para cuando Manuel fue nombrado embajador argentino ante su gobierno. Se prodigaron mutuo respeto y consideración y tuvieron, para relacionarse, la gran ventaja de haberse conocido de jóvenes y haber compartido las aulas. Esto facilito, sin duda, su gestión diplomática.

En el año 1928, tras una estancia en Chile de casi 7 años, vuelve con sus padres a Buenos Aires y termina el año en curso en el Colegio Champagnat.

A partir del arribo a Buenos Aires, ciudad que prácticamente no conocía, se va a producir un cambio muy radical en su vida; sus padres decidirán que termine su educación secundaria en el país como así también la universitaria. Era el momento de vivir en su patria y permitirse amarla. Que estudie en ella y tome contacto, conozca y se dé a conocer a su familia.  

Se instalaron en un departamento de la calle Suipacha Nº      entre Juncal y Arroyo. Tristan Malbran, su abuelo, ya había vivido sobre la calle Suipacha en un petit hotel, entre Viamonte y Tucumán. Muchos años más tarde el mismo viviría en un departamento en Suipacha Nº 1180 entre Arenales y Santa Fé  desde 1966 hasta su muerte en el año 2005.

En plena adolescencia y habiendo sido su padre destinado como embajador en los EEUU se lo inscribe, pupilo, en el colegio San José  donde su padre había cursado la escuela primaria y secundaria. El padre dejaba a su hijo en un ámbito educativo que conocía desde niño y en la cual confiaba plenamente. Vamos a rescatar de aquí, de este paso por el San José, dos adquisiciones importantes para toda su vida, que la mejoraron y en algunos casos la embellecieron. Manuel se llevó del colegio una estricta disciplina personal que mantuvo durante toda su vida. Levantarse temprano y estudiar durante las primeras horas de la mañana. Lo hizo hasta muy entrado en años.  Se negó al tabaco y bebía alcohol muy ocasionalmente y poco.

El colegio tenía algunas materias optativas, artes plásticas, teatro, oratoria etc. Manuel eligió oratoria. Tenía un talento natural para la oratoria, tal vez algo de herencia pues su padre era considerado un elegantísimo orador. Le fue una herramienta muy útil en la vida política para arengar e intentar convencer tanto desde el encumbrado escenario, como subido al modesto banco de una plaza.

En fin, transcurrió lo que faltaba del secundario pupilo. En sus salidas del fin de semana iba a vivir a lo de Carlos Cirio, médico aventajado profesor de la UBA, casado con Irma Teresa Malbran Arrufo, media hermana de su padre hija del segundo matrimonio de su abuelo. Allí confraterniza con sus primos, Miguel Ángel (el  Bebe) y Juan Domingo (el Bubi) e Irma Maris, un tanto menores que él. Vivian en un petit-hotel señorial en la calle Ayacucho casi esquina Las Heras.

Su madre le escribía todos los días y él bebía afecto y continencia de esas cartas que guardó celosamente toda su vida. Permaneció en lo de Cirio hasta 2º o 3er año de la facultad pues ingreso en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Por ese entonces su padre le alquiló un departamento sobre la calle Paraguay donde hoy funcionan tribunales en lo Civil y Comercial de la Capital.

Salió de la pubertad y entró en la plena juventud de la mano de Haydee Malbran Arrufo, mayor que él pero no tanto, de quien se enamoro al punto de querer casarse, proyecto que su madre con el auxilio de su padre se encargaron de demoler férreamente en razón no solo de la eventual consanguinidad sino por el hecho de que Haydee era unos cuantos años mayor. Ella se casó luego con Otto Wetzler empresario alemán. De este matrimonio nació Ricardo Wetzler Malbran, que, mucho más joven era primo de Manuel Ernesto.

A los 21 años hizo un viaje a Londres donde sus padres representaban a la Argentina y coincidió su estadía con la de la Misión Roca. De vez en cuando había veraneado en Cosquín en lo de Dehesa y esas temporadas las recordaba con alegría y afecto sobre todo por el dueño de casa, de fuerte perfil y caudillo político de la zona.

Se graduó de abogado en junio de 1938 año en el que viajó a Italia, nuevo y último destino de su padre.

A la vuelta ingreso como abogado “ junior ” en el Ferrocarril Pacifico con oficinas en ese tiempo en los pisos superiores de la actual galeria de ese nombre en las calles Florida y Córdoba; su primer trabajo.

Por  esos días se puso de novio con Celia Maria Pico Ramos Mejia para casarse luego en diciembre de 1941.

Celia Maria era hija de Paulino Pico y Maria Celia Ramos Mejia de las Carreras. Pico, de rancia estirpe porteña, fue Secretario General de la Presidencia de Manuel Quintana y luego Juez y Camarista en lo Civil y Comercial. Murió prematuramente.

Se casó en la Iglesia del Santísimo Sacramento sobre la calle San Martín ceremonia a la que asistió el entonces Presidente de la República, Ramón Castillo.

Y si bien asistieron a su casamiento ilustres personajes, el conflicto bélico europeo impidió que su madre y sus hermanas pudieran concurrir ni compartir la alegría y acompañar al novio. Ello en razón del peligro que significaba para la navegación civil el cruce del atlántico en plena y trágica conflagración y obviamente, la inexistencia al momento de aviones comerciales de línea.

Su padre, a la sazón embajador argentino ante el Reino de Italia, viajó solo en un avión postal que traía el correo de la Europa en guerra.

En esta estadía le ayudó a poner su estudio jurídico, pues ya era apoderado de Obras Sanitarias de la Nación y estaba vinculado con algunas empresas .

Ese sería el último viaje del Embajador a su querida patria, cuando llegó ya se lo vio con signos de enfermedad. A su vuelta y un año después, moriría cristianamente en Turín  el 12 de noviembre de 1942 en el ejercicio de su alto cargo y asistido espiritualmente por el Rdo. Padre Serié, Superior de los Salesianos.