La guerra de la Plata o guerra Platina fue un conflicto bélico que enfrentó a la Confederación Argentina con la alianza formada por el Imperio del Brasil, República Oriental del Uruguay y las provincias argentinas de Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe. La guerra fue parte de una larga disputa de intereses entre Argentina y Brasil por su influencia sobre Uruguay y Paraguay, y la hegemonía en la Región Platina (áreas colindantes al Río de la Plata). El conflicto se desarrolló en Uruguay, sobre el Río de la Plata y al noreste de Argentina. Los problemas internos de Uruguay, incluida la revuelta de Antonio Lavalleja y la guerra grande, fueron los principales factores que mantuvieron la Guerra Platina.
En 1850, la región del Plata se mantuvo políticamente inestable. El gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, utilizaba sus influencias políticas para ganar control dictatorial sobre las provincias argentinas, lo que generaba oleadas de rebeliones regionales. Mientras tanto, en Uruguay se desarrollaba la Guerra Civil que se inició después de la rebelión de Fructuoso Rivera, en 1836 tras la asunción de Manuel Oribe. Rosas apoyó al Partido Blanco durante el conflicto, ya que buscaba extender la frontera argentina a las áreas ocupadas por España durante el anterior Virreinato del Río de la Plata. Lo que significaría controlar Uruguay, Paraguay y Bolivia. Esto amenazó los intereses y soberanía del Imperio del Brasil, ya que el territorio del anterior Virreinato llegaba hasta la provincia de Río Grande del Sur, parte del territorio brasileño.
Brasil buscó eliminar la amenaza de Rosas, por lo que en 1851 se alió con las provincias separatistas argentinas de Corrientes y Entre Ríos, lideradas por Justo José de Urquiza y al Partido Colorado uruguayo que era afín a la integración internacional. Después aseguró el flanco sudeste al aliarse con Paraguay y Bolivia. Y dirigió una ofensiva en contra del régimen de Rosas, provocando una declaración de guerra.
Las fuerzas aliadas avanzaron hacia el territorio de Uruguay derrotando a los partidarios de Rosas y del Partido Blanco uruguayo liderado por Manuel Oribe. Posteriormente las fuerzas aliadas se dividieron para avanzar por tierra para enfrentar las principales defensas de Juan Manuel de Rosas y por mar para atacar directamente Buenos Aires.
La guerra Platina terminó en 1852 con la victoria aliada en la batalla de Caseros, lo que estableció por un tiempo la hegemonía de Brasil sobre gran parte de Sudamérica. El fin de la guerra y la desaparición de Rosas inició un periodo de estabilidad económica y política en el Imperio del Brasil, un proceso político en Argentina que resultó en un Estado más unificado y un corto periodo de paz institucional en Uruguay que declaraba «ni vencedores ni vencidos». Sin embargo, el fin de la guerra no resolvió todos los problemas de la región Platina. La agitación siguió durante los años siguientes por las disputas internas e intrigas que se desarrollaron en Uruguay, una larga guerra civil en Argentina y un Paraguay emergente que buscaba imponer sus pretensiones. Más adelante se desarrollaron dos guerras internacionales importantes conocidas como la guerra de La Triple Alianza en Paraguay y la Invasión brasileña de 1864 en Uruguay durante las dos décadas siguientes provocadas por ambiciones territoriales y conflictos de influencias.
Antecedentes Gobierno de Rosas en Argentina thumb|left|Juan Manuel de Rosas, Gobernador de facto de la Confederación Argentina. thumb|250px|alt=map of South America with the Viceroyalty of the Río de la Plata indicated in blue, the area of which incorporated portions of present-day Argentina, Uruguay, Brazil, Paraguay, Bolivia and Chile|Virreinato de Río de la Plata en azul, y Brasil en verde. El virreinato se dividió en Argentina, Bolivia, Uruguay y Paraguay.
Juan Manuel de Rosas se convirtió en gobernador el 8 de diciembre de 1829 de Buenos Aires después de un breve periodo de anarquía provocado por el fin de la Guerra del Brasil en 1828. Rosas dirigió ejecutivamente a la Confederación Argentina y fue el encargado de sus Relaciones Exteriores. Durante sus 20 años de gobierno, el país vio resurgir conflictos armados entre el Partido Unitario (partido opositor) y los Federalistas.
Rosas deseaba recrear el Virreinato de Río de la Plata para construir un poderoso Estado republicano con Argentina en el centro. El Virreinato cayó al inicio del tras la separación de varias naciones después de la Guerra de Independencia Argentina y durante la Revolución Oriental. Para alcanzar la reunificación, el gobierno de Argentina debía anexar a los países vecinos de Bolivia, Uruguay y Paraguay, así como una parte del sur de Brasil. Rosas reunió aliados a lo largo de la región con quienes compartían su visión. Esto significó que en algunos casos tuviera que involucrarse en la política interna de países vecinos, respaldarlos e incluso financiar rebeliones y guerras.
Paraguay Paraguay una nación soberana desde 1811, pero no fue reconocida por ninguna nación. Argentina la consideraba como una provincia rebelde. El soberano paraguayo José Gaspar Rodríguez de Francia decidió que la mejor manera de mantener su independencia era aislar a Paraguay del contacto con el resto del mundo. Por lo que hasta 1840 evitó relaciones diplomáticas con otros países. Con la muerte de Rodríguez de Francia, esta política comenzó a cambiar, y tras la llegada de sus sucesores cónsules Carlos Antonio López y Mariano Roque Alonso se firmaron dos tratados el 31 de julio de 1841, "Amistad, Comercio y Navegación" y el otro provisorio de "Límites", con la provincia argentina de Corrientes, lo que rompió cualquier posible relación con la Argentina de Rosas, provocando que Rosas aumentara la presión sobre Paraguay y bloqueó el tráfico internacional sobre el Río Paraná.
Conflicto de Uruguay thumb|250px|left|alt=An old photograph showing buildings lining the river banks of the Rio de la Plata at Buenos Aires.|Visión del Río de la Plata en Buenos Aires, 1852. La capital argentina fue el centro del poder de Rosas.
La provincia Cisplatina se convirtió en el Estado Oriental del Uruguay después de la Guerra del Brasil de 1820. Rápidamente el país se vio envuelto en la Guerra Grande, una guerra civil que dividió al país entre sus primeros dos partidos políticos: el Partido blanco liderado por Manuel Oribe y el Partido Colorado liderado por Fructuoso Rivera.
Antonio Lavalleja, antiguo líder de los 33 Orientales y aliado de Oribe descubrió que Rosas estaba interesado en ayudarlo financiera y militarmente, pero en 1832, Lavalleja comenzó a recibir apoyo de Bento Gonçalves, un soldado de la provincia brasileña de Rio Grande do Sul. Gonçalves había sido incitado por Rosas a rebelarse en contra del gobierno brasileño en 1835, con el objetivo de anexar a la provincia de Rio Grande do Sul a su control. Juntos, Lavalleja y Gonçalves, iniciaron una campaña en Uruguay caracterizada por la violencia y los saqueos que generaban. Gonçalves traicionó a Rosas y Lavalleja para aliarse con Rivera, juntos invadieron Uruguay e invadieron la mayor parte del país en los alrededores de la capital, por lo que el aún presidente Manuel Oribe, renunció a su puesto y huyó a Argentina.
Rosas estaba determinado a recuperar la soberanía argentina sobre Uruguay y vengarse de Gonçalves, resultando en una serie de intervenciones. En 1839, el ejército dirigido por Lavalleja, Oribe y Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos fue rápidamente derrotado por el ejército de Rivera, por lo que Lavalleja decidió dejar de formar parte de la guerra civil. Rosas envió otro ejército argentino a Uruguay en 1845 bajo las órdenes del expresidente Oribe y Urquiza, en esta ocasión, el ejército de Rivera fue destruido y los sobrevivientes fueron masacrados. Rivera fue el único que pudo escapar a Río de Janeiro donde se mantuvo en exilio. El ejército de Rivera que quedaba integrando el Gobierno de la Defensa, estaba concentrado en Montevideo y fue atacado por Oribe, en lo que se conoció como el Sitio de Montevideo. Donde el ejército de Oribe asesinó a más de 17 000 uruguayos y 15 000 argentinos.
Oribe aseguró el control de casi todo el territorio uruguayo, lo que le permitió enviar un ataque para invadir el sur de Brasil atacando a su paso a más de 188 granjas donde robaron cerca de 814 000 piezas de ganado y 16 950 caballos. A esto, los brasileños decidieron tomar represalias de manera independiente y atacar Uruguay en lo que se conoció como las "Califórnias", haciendo referencia a la violencia en el oeste de Norteamérica debido a las revueltas de California en contra de México, para lograr su independencia y posterior unión a los Estados Unidos. A medida de que el conflicto aumentaba, el apoyo de Rosas a los Blancos se mantuvo, lo que generó que la anarquía se expandiera por casi toda la región; además de una creciente amenaza de Francia y Gran Bretaña, que fueron inducidas a declarar la guerra a Argentina, imponer el Bloqueo Anglo-francés al Río de la Plata y enviar ataques a Buenos Aires en repetidas ocasiones. Aunque el gobierno argentino era capaz de mantener una resistencia efectiva, la paz se acordó en 1849.
Reacción del Imperio de Brasil thumb|left|alt=Half-length portrait from a photograph showing the young, bearded Emperor Pedro II in full uniform with sash of office and various medals|Emperador Pedro II durante la Guerra Platina.
A mediados del , el Imperio de Brasil contaba con una gran riqueza y era la nación más poderosa de Latinoamérica. Prosperaban bajo una monarquía constitucional y se enorgullecían porque no existían caudillos, dictadores y golpes de estado, los cuales eran comunes en el resto del continente. Sin embargo, durante el gobierno Regencial en los 1830s, existieron varias rebeliones internas por disputas locales entre algunas provincias. Una de ellas fue la guerra de los Farrapos dirigida por Gonçalves.
Para el Imperio de Brasil, los planes de expansión de la Argentina de Rosas representaban una gran amenaza para la existencia del imperio y su hegemonía en sus fronteras del sur. Ya que una unión exitosa de Argentina con Uruguay y Paraguay para reconstituir el territorio del Virreinato de Río de la Plata representaba una amenaza. Porque además de tomar el control del Río de Plata, significaría un corte en la comunicación entre la provincia de Mato Grosso y Río de Janeiro.
Los miembros del gabinete brasileño no lograron llegar a un acuerdo sobre la manera en que sería abordada la amenaza que Rosas representaba. Una parte de los ministros se inclinaron por buscar una resolución pacífica, ya que creían que Brasil no estaba preparado para una guerra y una derrota podría detonar un caos similar al que se vivió después de la pérdida de Cisplatina en la década de 1820, lo que provocó la abdicación de Pedro I. Los demás ministros creían que una respuesta militar era la única manera de erradicar la amenaza. En 1849, Paulino José Soares de Sousa, miembro de los ministros a favor de la guerra, fue elegido como Ministro de Relaciones Exteriores y dejó en claro que buscaría tratar la situación con Argentina sin ningún tipo de asistencia extranjera por lo que "el gobierno imperial no buscaría un juez o alianza con Francia o cualquier otro país europeo para tratar el asunto en la región Platina. Esto significa que podremos resolverlos con las naciones que están estrechamente relacionados con él[...] No admitirá la influencia europea en América." El Imperio de Brasil estaría determinado a extender su zona de influencia sobre Sudamérica.