La prensa en la guerra del Pacífico fueron las interacciones públicas entre los gobiernos, los gobernados y la formación de una opinión a través de los hechos y opiniones dados a conocer por los medios de comunicación durante la guerra. También deben ser consideradas las limitaciones en las vías de transmisión de las noticias: demoras, censura, analfabetismo, poder de compra.

Muchas de las decisiones tomadas antes y durante la guerra del Pacífico por los gobiernos beligerantes fueron por lo menos influidas, cuando no impuestas, por la prensa que formaba una "opinión pública" con base en informaciones sobre los hechos ocurridos y planteamientos doctrinales, el llamado cuarto poder. En la conformación de la opinión pública influían también la escuela y las ceremonias.

Son numerosos los historiadores y observadores que sostienen que la guerra fue una consecuencia de la exacerbada opinión pública en Bolivia, Chile y Perú, y que si sus líderes no hubiesen declarado la guerra, habrían sido derrocados.Farcau, "The Ten Cents War", p. 45

Prensa

Gonzalo Bulnes acusa que, después de la ocupación de Antofagasta, tanto la prensa chilena como la peruana eran igualmente ardientes: La prensa [peruana] llenaba sus columnas con una literatura guerrera, i su actitud se enardecía con el tono no menos ardiente de la de Chile, especialmente de la de Valparaíso.

Hernán Poblete Varas señala en un comentario sobre la renovada publicación de Guerra del Pacífico: recopilación completa de todos los documentos oficiales, correspondencias y demás publicaciones referentes a la guerra que ha dado a luz la prensa de Chile, Perú y Bolivia, conteniendo documentos inéditos de importancia el papel de testigo de los hechos que cumplió la prensa durante el conflicto.

Opinión pública versus tecnocracia

Otro efecto de la prensa era la obligación que sentían políticos y militares a realizar operaciones de las cuales no estaban convencidos pero lo hacían para "satisfacer" a la prensa. Así lo comunicó Williams durante su incursión al Callao al ministro Sotomayor. Esto también ocurría en Perú: Jorge Basadre considera, citando a Pedro Dávalos Lissón, que la opinión pública en Perú no aceptaba la misión defensiva que las condiciones de inferioridad técnica imponían a la armada peruana. Señala que cuando García y García salvó su nave desde el combate en Angamos fue considerado una cobardía. Esto empujaba al gobierno de Prado a acciones que no eran aconsejables desde el punto de vista militar.

Flujo de información secreta

Se ha criticado en Chile que la prensa podía publicar toda información, también la susceptible de ser utilizada por sus enemigos y también se permitía el uso del telégrafo a cualquiera. Esa fue la fuente de información utilizada que llevó a la Unión y al Pilcomayo a acechar el paso de un transporte (desarmado) chileno entre Antofagasta e Iquique. Esto condujo al Combate naval de Chipana. También en el otro sentido se recababa información. Cuando zarpó el Rímac, se sabía en Valparaíso que el Huáscar y la Unión habían sido vistos frente a Taltal. y probablemente M. Grau se enteró por la prensa del viaje del Rímac al norte.

Corresponsales de guerra

Existen una serie de informes de corresponsales de guerra peruanos y chilenos que estuvieron en el Huáscar, Chalaco, la Unión durante su incursión a Punta Arenas o el corresponsal chileno que informó desde Antofagasta, la Campaña de Lima.

Condicionantes

Corresponsales de guerra en los barcos y en los campamentos Analfabetismo Influencia a través del número de lectores "Subvenciones" beligerantes a periódicos "neutrales" para la publicación de desinformación

Prensa en Perú

thumb|right|200px|La revista limeña El Banquillo presenta el 12 de junio de 1880 una visión despectiva del soldado chileno: pequeño, vociferante, mal vestido, mal armado, sobre pequeños barcos de madera. Por el contrario, el soldado peruano aparece fornido, bien vestido, seguro y tranquilo con sus poderosos cañones.

La prensa peruana tuvo un importante papel en los entretelones que llevaron a la firma del Tratado de Alianza Defensiva (Perú-Bolivia) en 1873, aunque este fue discutido, aprobado, firmado e intercambiado secretamente. Así lo sostiene Jorge Basadre, quien indica que aparecían en la prensa de ese tiempo verdaderos ensayos de Geopolítica que analizaban alianzas, países peligrosos, fronteras, supremacía, anexiones, etc.

En febrero de 1879, el ministro de relaciones exteriores de Bolivia, Serapio Reyes Ortiz, buscó el apoyo de la prensa a favor de la declaración del casus foederis lo que al parecer consiguió, aunque Basadre indica que casi no era necesario el esfuerzo porque la opinión pública de Perú creía que su país ejercía un dominio (Basadre lo llama "patriciado") en América por el efecto embriagador del Combate del 2 de mayo, pero también a causa de los temores a una alianza Bolivia-Chile. Finalmente y a pesar de algunos atisbos de prudencia al comienzo de la crisis de los 10 centavos la prensa se volcó por la guerra. Basadre cita a José Antonio de Lavalle y a M. C. de VarignyCharles de Varigny fue el autor de La Guerra del Pacífico, publicada en francés en la revista Revue des Deux Mondes en los años 1880 y 1881. que escribieron que la opinión pública estaba por la guerra: Nueve años después que París, cayó Lima en el mismo frenesí de guerra. Como Napoleón III, Prado pudo invocar como una excusa la "voluntad del pueblo".

G. Bulnes considera que al comienzo de la crisis, la prensa peruana reconocía que la justicia estaba de parte de Chile, pero cuando al encargado de negocios de Perú en Chile, Pedro Paz Soldán y Unanue, le fue comunicado que Chile ocuparía Antofagasta hasta el grado 23 y el lo telegrafió a Lima, la opinión pública de Lima se opuso a la medida de fuerza. Pero, asevera Bulnes, eso no fue extensivo al resto del país sino que fue impuesto por Lima a las provincias que poco interés tenían.

Tras asumir el poder con poderes dictatoriales, Piérola no permitió una prensa libre y nombró un consejo de estado para revisar las sentencias de los tribunales, que entre otras, debían juzgar los delitos de prensa El 16 de enero de 1880, el periódico El Comercio de Lima fue clausurado y también cualquier otra edición de sus dueños. La razón era que El Comercio había publicado un comentario favorable a un contrato que Piérola había rechazado.

Prensa en Chile

thumb|right|200px|Llamado a enrolarse en el Regimiento 4° de Línea.

En Chile, a partir de 1871 los gobiernos liberales de Federico Errázuriz Zañartu y Aníbal Pinto habían establecido una amplia libertad de prensa que E. Rubilar califica de "madura y consolidada". Por esa razón los gobiernos chilenos estaban sometidos constantemente al escrutinio (y al escarnio) de los medios de comunicación.

La prensa jugó en Chile un importante papel durante todo el conflicto. Se sabe que en vísperas de la guerra existieron esfuerzos de los directivos de la CSFA para influir a través de la opinión pública, o mejor dicho publicada, sobre el gobierno en favor de una política intransigente frente a Bolivia. Posteriormente, José Antonio de Lavalle sostiene que durante su intento de mediación, la prensa chilena toda era contraria a su mediación y que cualquier entendimiento era considerado por los comentaristas como un ultraje a la honra de su país.

Los principales periódicos chilenos durante la guerra fueron, El Mercurio (Valparaíso), La Patria (Valparaíso), El Ferrocarril (Santiago), El Independiente (Santiago), La Discusión (Chillán), La Libertad Católica (Concepción), La Revista del Sur (Concepción), Los Tiempos (Santiago) y La Época (Santiago)

La prensa chilena tuvo una postura crítica y de denuncia del carácter interventor de la política estadounidense en el conflicto del Pacífico. Especial revuelo causó la publicación del memorandum Hurlbut por La Patria en Valparaíso.

Prensa en Bolivia

thumb|right|200px|Portada icónica del periódico El Comercio publicada en La Paz de Ayacucho del 28 de febrero de 1879. La imagen que vemos es una reedición hecha el 23 de marzo de 1973, como señala el sello en la parte superior derecha.

Prensa en España

thumb|250px|derecha|Grabado publicado en la "Ilustración" sobre la expulsión de chilenos de Perú. La Ilustración Española y Americana publicó regularmente noticias y comentarios sobre el curso de la guerra, acompañados por grabados de protagonistas, civiles y militares de los hechos.

Según Julián Soto Lara, la prensa española informaba sobre los acontecimientos en la costa sudamericana en un tono crítico a Chile, presentándolo como un país militarista, agresivo y avasallador. El belicismo chileno se tornó odioso para los periodistas españoles. Soto Lara la califica de peruanofila y llama la atención sobre el eco positivo que despertó Piérola, el dictador peruano, en la prensa católica española, que vio en él una especie de mesías para el caos político en el antiguo virreinato español. Soto Lara asume que la débil posición de Perú puede haber despertado una suerte de filantropía, pero que esta no se extendió a Bolivia.

Prensa en el Reino de Gran Bretaña e Irlanda del Norte

Tal como en otras potencias, no existía interés en la opinión pública en el conflicto en el lejano Pacífico Sur. Esto permitió al Foreign Office llevar una política que se abstenía de una intervención directa y que solo ofrecía sus buenos oficios a los beligerantes. Pero Nicolás de Piérola no buscaba solo buenas palabras sino apoyo activo y eso era lo que encontró en James G. Blaine.

No era así entre armadores y mercaderes que sufrían por la destrucción de sus bienes durante la campaña naval y acreedores, quienes, llegado el momento, debieron elegir entre las ofertas de Perú y de Chile para renegociar el pago de sus deudas.

Basadre acusa un apoyo de la prensa inglesa a Chile: The Times de Londres que es un diario constantemente hostil al Perú en esa época pero Kiernan considera que las acusaciones de que un poderoso grupo de industriales salitreros habrían empujado al gobierno de Chile a la guerra han sido presentadas sin pruebas.

Prensa en los Estados Unidos de América

Según Gonzalo Bulnes, la opinión pública estadounidense estaba desinteresada de lo que ocurría en el sur del continente, el noventa por ciento ignoraba que hubiese una guerra. A fines de 1881, sin embargo, la prensa comenzó a publicar rumores basados en el memorandum Hurlbut Las noticias del New York Herald (3 de diciembre) y el New York Tribune (3 de noviembre) anunciaban una posible intervención militar estadounidense en la guerra del Pacífico Sur Los periódicos pro-Blaine (The New York Tribune y New York World, propiedad del hermano de Hurlbut) publicaban noticias a favor de Perú. Por el contrario el Washington Post informó que Blaine estaba ayudando a un grupo que deseaba aprovechar los problemas de Perú para obtener el control de sus depósitos de guano. La publicación de esta noticia obligó a Blaine a contener a su enviado en Lima. David Haley sostiene que la prensa había comenzado a publicar noticias sobre Perú y las iniciativas de Hurlbut, lo que había obligado a Blaine a modificar su política al respecto.

Las críticas se centraban en la utilización de la diplomacia y el poder de los EE. UU. a favor de inversionistas europeos. Un columnista anónimo del New York Herald escribió el 17 de febrero de 1881: me parece un acto de imprudencia sublime que se nos pida sacar las castañas del fuego para un grupo de ávidos inversionistas extranjeros (N.d.T.: no-estadounidenses) que no solo han expoliado a Perú en los contratos del guano sino que también han impedido constantemente cualquier esfuerzo de ciudadanos estadounidenses por ingresar al mercado de ese continente.

Marcial Martínez Joaquín Godoy José Martí Las entrevistas de James G. Blaine

Vías de comunicación

thumb|right|300px|Flujo de noticias durante la guerra. Las distancias son ortodrómicas en kilómetros, para rutas marinas y terrestres.