Fortunata y Jacinta es una novela del escritor español Benito Pérez Galdós publicada en cuatro volúmenes entre enero y junio de 1887,Escrita en cuatro tomos, iniciados en junio de 1885 y cerrados en enero, mayo, diciembre de 1886 —las tres primeras partes— y en junio de 1887, la cuarta y última. dentro del ciclo de las Novelas españolas contemporáneas. Según la opinión mayoritaria de la crítica literaria, se trata de la mejor novela de su autor, y junto a La Regenta de Leopoldo Alas, una de las más populares y representativas del realismo literario español y de la novela española del . Situada en el Madrid de la segunda mitad de dicho siglo, relata las vidas cruzadas de dos mujeres de distinta extracción social unidas por un destino trágico.
La novela fue adaptada al teatro por Ricardo López Aranda en 1969 y llevada al cine por Angelino Fons en 1970. Diez años después Televisión Española produjo y emitió una adaptación a la pequeña pantalla a cargo del director Mario Camus. thumb|350px|Portadas de primeras ediciones de Fortunata y Jacinta (1887).
La novela Los críticos coinciden en reconocer que Galdós escribió Fortunata y Jacinta «en la cima de su poder creador», y el propio autor parecía consciente de ello. De ahí que, a pesar de ser un escritor de «incontenible fertilidad», en esta ocasión emplease año y medio en concluir el manuscrito de la novela. No se sabe si en ese inusitado tesón por crear la obra perfecta pudo influir la reciente publicación de La Regenta, obra máxima de «Clarín», su amigo y par.
Galdós inició la redacción de la novela al regresar del viaje a Portugal que al final de la primavera de 1885 hizo con el escritor José María Pereda y un amigo suyo. Invirtió en concluir la Primera Parte casi ocho meses —junio de 1885 a enero de 1886—, dejando un manuscrito plagado de modificaciones (que con el resto de la novela ha dado lugar a las dos versiones de Fortunata y Jacinta, conocidas entre los investigadores como «la versión alfa y la versión beta»). Tras otros cuatro meses de intensa dedicación, remató la Segunda Parte, firmada en mayo de 1886; y tras un breve respiro estival acometió la Tercera Parte —la más corta de las cuatro— que cerró siete meses más tarde, en diciembre de aquel año. La Cuarta Parte, la última y más larga, la escribió Galdós en seis meses, de enero a junio de 1887.
Marco y personajes Más de un centenar de personajes secundarios con un perfil psicológico bien dibujado, dentro de un conjunto coral que se acerca al millar de tipos, forman «la comedia humana» que Galdós, como Balzac y Dickens habían hecho años antes, hará girar en torno a un gran tiovivo alimentado por las emociones y los actos de los dos personajes protagonistas que «se odian y se aman al mismo tiempo»: Fortunata, la mujer del pueblo, instintiva y víctima de su propia fortaleza; y Jacinta, la hembra estéril, sensible hasta la obsesión y finalmente salvada por su instinto maternal frente al acoso de su propia clase.
Los estudios críticos y las versiones visualizadas (en cine y televisión) han profundizado y mostrado un buen boceto de la psicología de los grandes personajes protagonistas o conductores de la trama de esta novela. El magno escenario aludido, con millares de comparsas y escenarios modelados e iluminados por los sentimientos de Fortunata y Jacinta, solo puede percibirse recorriendo línea a línea las cuatro partes de la novela; en un gran retablo en el que conviven «al lado de la vida, la muerte».
Las descripciones de personajes del propio Galdós
Fortunata, «una mujer bonita, joven, alta...», hace así su aparición en la novela, mostrándose ante Juanito Santa Cruz —alias el Delfín— con una metáfora de corral y gallinero:
Muchos autores (críticos, eruditos galdosistas e hispanistas) aceptan el protagonismo y singularidad de Fortunata en el contexto general de la historia, como portavoz naturalizado del pensamiento de Galdós. Una mujer —lo que en la obra galdosiana ya es en sí mismo una categoría— que forma parte de ese «pueblo» que «posee las verdades grandes y en bloque», que sobrevive, miserable y castizo, en el «Cuarto Estado» de la capital de España, y que constituye «lo esencial de la Humanidad, la materia prima».
Jacinta es presentada en el capítulo IV de la Primera Parte. El escritor la esboza en dos tiempos: «Jacinta era una chica de prendas excelentes, modestita, delicada, cariñosa y además muy bonita. Sus lindos ojos estaban ya declarando la sazón de su alma o el punto en que tocan a enamorarse y enamorar». Tras la caricatura, el retrato:
Juanito Santa Cruz, es presentado en el primer capítulo con generosidad, como hijo único, mimado por sus padres, «muy bien parecido y además muy simpático, (...) vestía con elegancia y tenía tan buena educación, que se le perdonaba fácilmente el hablar demasiado». Galdós, en su genialidad natural, remata el retrato con esta reflexión:
Maximiliano Rubín, el representante más desgraciado de la familia Rubín, antihéroe, se presenta en el capítulo I de la Parte Segunda con un párrafo que recupera la picaresca y anticipa el esperpento: «Maximiliano era raquítico, de naturaleza pobre y linfática, absolutamente privado de gracias personales. Como que había nacido de siete meses y luego me le criaron con biberón y con una cabra». Por si no ha quedado claro, al autor, en el capítulo II, añadirá:
thumb|"Mendigos de Madridejos", vistos por Doré en 1862, para L'Espagne, libro de viajes del Baron Davillier (1874).
Guillermina Pacheco, se presenta como personaje secundario en el capítulo VII de la Parte Primera. El primer dibujo lo hace el escritor y es una concesión a la galería folletinesca: «Guillermina, que fue bonita y aun un poquillo presumida, no tuvo nunca amores, y si los tuvo no se sabe absolutamente nada de ellos. Es un secreto guardado con sepulcral reserva en su corazón». Unas páginas más allá, Galdós deja que sea la propia dama de la caridad quien se presente a sí misma:
Mauricia la Dura aparece con todo su tronío en el capítulo VI de la Segunda Parte. El autor sólo necesita un párrafo para esculpirla en piedra literaria:
El autor thumb|Galdós en un boceto de Ramón Casas, hacia 1897 (MNAC).
Esta declaración de principios del escritor canario, definiendo con verbo académico su concepción de «la máquina admirable de las pasiones», llevaría a Tuñón de Lara a suponer que Galdós no llegó a tener «una lucidez meridiana sobre el porvenir, sino simplemente conciencia de su tiempo para no identificarse con la parálisis de la historia de España».
En 1886 y sin una relación aparente con el desafío que el novelista se ha propuesto con la construcción de Fortunata y Jacinta, Galdós inició su carrera parlamentaria, de un modo un tanto rocambolesco, llevado por la insistencia de su amigo el periodista José Ferreras, hombre del círculo de Sagasta, líder en ese momento del Partido Liberal. Su final aceptación de la designación a dedo y sin obligaciones administrativas ni políticas, salvo asistir a las sesiones de la Cámara de Diputados, le llevó a ingresar en el Congreso como diputado por Guayama (Puerto Rico). El escritor nunca llegaría a visitar su circunscripción antillana, pero su obligada asistencia a las Cortes —donde, tímido por naturaleza, apenas despegaría los labios— le sirvió de nuevo e insólito observatorio desde el que analizar lo que luego titularía como «la sociedad española como materia novelable»."Galdós, cronista parlamentario", por José Manuel Cuenca Toribio. Cuadernos hispanoamericanos, ISSN 0011-250X, Nº 521, 1993, págs. 41-46 Consultado en abril de 2014La sociedad española como materia novelable fue, una docena de años más tarde, el título de su discurso de ingreso en la Real Academia Española, que pronunció en 1897, y que fue contestado por su mentor y amigo, el ortodoxo Menéndez Pelayo.
Mientras Galdós escribe, se irán sucediendo acontecimientos históricos como la epidemia de cólera en Madrid en el verano de 1885; la muerte de tuberculosis de Alfonso XII y el inicio de la regencia de María Cristina con el nacimiento en mayo de 1886 del que será Alfonso XIII. Ese año, la capital de España ve cómo se aprueba el proyecto de la Gran Vía, que, como no podía ser menos será llevada a la zarzuela con ese mismo nombre y estrenada en pleno mes de julio. Pocos serán los acontecimientos que el año 1887 aparten al escritor de su prisa por cerrar la "novela magna", objetivo que consigue tras algunas escapadas a Toledo, y que tuvo como premio, durante el verano de aquel año, su gran viaje con Alcalá Galiano por el Norte de Europa. Concluido el periplo, en Madrid le esperaba a Galdós los primeros ejemplares impresos de Fortunata y Jacinta. Galiano, le escribiría en diciembre de ese año unos "versos desesperados", ante la incertidumbre de no haber recibido aún el libro: thumb|Atrio de la iglesia antigua de San Ginés de Madrid, 1867, cuadro de Raimundo de Madrazo (Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, Cuba).
El escenario
Fortunata y Jacinta, universal y castiza a la vez, ha sido considerada por los galdosistas como la novela que mejor describe y define el «Madrid galdosiano». Así lo han referido desde Leopoldo Alas (Clarín), contemporáneo de Galdós, a Pedro Ortiz-Armengol, su más completo y desapasionado biógrafo. El retrato literario que el escritor canario hace de la ciudad y sus gentes es comparable al pictórico que un siglo antes hiciera Francisco de Goya.Aunque la narración se localiza casi enteramente en Madrid, las vacaciones de los Arnaiz y Santa Cruz tienen como marco San Sebastián, y la luna de miel de Juanito y Jacinta en un viaje por distintos lugares de España. También, de forma casi anecdótica se mencionan en la novela otras capitales, como Barcelona, Biarritz, Londres y París.
Momento histórico La acción de la novela transcurre, con la precisión histórica que Galdós suele dar a su obra, entre diciembre de 1869 y abril de 1876. Partiendo del ambiente sociopolítico que han dejado los últimos días de la Revolución de 1868, van pasando por sus páginas el Reinado de Amadeo I, la Primera República, los golpes militares de los generales Pavía y Martínez Campos, y año y medio de Restauración, como telón tan significativo como cronológico.
En el plano social, la organización gremial se encuentra en proceso de desaparición, sustituida por un emergente cuarto estado de inspiración proletaria. Los obradores desaparecen y sus maestros y aprendices pasan a engrosar el grupo de los asalariados. El campo se vacía en un incontenible y creciente éxodo rural hacia la ciudad.El estudio de Caudet da referencias de Madoz y los estudios de Ángel Bahamonde y Julián Toro, sobre un Madrid que entre 1845 y 1875 pasó de doscientos mil a cuatrocientos mil habitantes, el doble en treinta años de lapso; especificando que la gran mortalidad infantil y las epidemias no compensaban en ese periodo ningún tipo de crecimiento. En las estadísticas de la época, este nuevo grupo social recibe el título de «jornaleros» (trabajadores «a jornal» o por jornada de trabajo); la burguesía en el poder, con su lenguaje piadoso y eclesial los nombrará como «clases menesterosas» (dejando claro así que pertenecen a otra clase social y que están «necesitadas»); finalmente, los republicanos del momento los bautizan con una fórmula internacional como «clases trabajadoras».
«Dos historias de casadas» thumb|Miércoles de Ceniza en la calle de Toledo de Madrid (1873) y entierro de la Sardina, en un dibujo de Daniel Urrabieta Vierge. Nada más estéril y engañoso que intentar una sinopsis argumental de esta novela, como puede desprenderse de toda la información anterior. Para los que se la hayan saltado, a conciencia, se ofrece aquí un resumen del melodrama folletinesco: