Los alemanes del Volga (en alemán: Wolgadeutsche o Russlanddeutsche, 'alemanes de Rusia'; en ruso: поволжские немцы, povólzhskie nemtsy) eran alemanes étnicos que vivían en las cercanías del río Volga —en la región europea meridional de Rusia occidental, alrededor de Sarátov y más hacia el sur—, que conservaron el idioma alemán, la cultura alemana, sus tradiciones y prácticas religiosas (tanto protestantes como católicas). Los alemanes del Volga desarrollaron el asentamiento más numeroso entre los alemanes de Rusia.

A finales del y principios del , numerosos alemanes del Volga emigraron a Argentina, Brasil, Canadá, y Estados Unidos. Esta emigración estuvo motivada por el cambio de las condiciones en Rusia y las hostilidades crecientes.

Desde entonces, dichas hostilidades hacia los alemanes étnicos fueron en aumento en Rusia hasta que finalmente, en 1941, bajo el gobierno de Stalin, todos los alemanes fueron deportados a gulags (campos de trabajos forzados) ubicados en Siberia y otros lugares de Asia Central, lo que provocó un genocidio.* Luego del colapso de la Unión Soviética en 1991 y la apertura de las fronteras, muchos de los alemanes sobrevivientes que aún quedaban en Rusia emigraron a Alemania.

Actualmente, las únicas cifras respecto a la existencia de descendientes de alemanes en Rusia son las que refiere el gobierno ruso, ya que no hay observadores internacionales.

En Rusia 250px|thumb|Catalina II de Rusia. thumb|250px|Algunas de las principales colonias alemanas en la región del Volga.

Comenzaron a emigrar a partir de 1763, principalmente de los territorios que en la actualidad conforman los estados de Hesse, Renania-Palatinado, Baden-Wurtemberg y Baviera, para reunirse en la ciudad de Büdingen, en Oberhessen, desde donde emprendieron todos juntos el viaje hacia Rusia, aceptando una invitación de la emperatriz Catalina II de Rusia de afincarse en las tierras del bajo Volga. Los primeros contingentes debieron llegar primero a la ciudad portuaria de Lübeck, en Alemania, para luego embarcarse con destino a la ciudad Oranienbaum, Rusia. Una vez allí, debieron viajar hasta la ciudad de San Petersburgo, lugar desde donde partieron hacia la región del Volga. Allí fundaron el 29 de junio de 1764 la primera aldea, Dobrinka (; en el actual raión de Krasnoarmeisk, óblast de Sarátov). Entre 1764 y 1772 se establecieron 106 colonias a lo largo del río Volga, cerca de Sarátov, totalizando 30 623 habitantes en esa primera colonización. Históricamente, estas primeras colonias se conocieron como "colonias madres". Los alemanes se dividieron en colonias protestantes y colonias católicas. A medida que estas colonias crecían en población, se hacían necesarias otras tierras. Así, a partir de 1848 se establecieron una serie de "colonias hijas", principalmente al sur y al este de las colonias originales. Las colonias hijas estaban habitadas por descendientes de los colonos originales y de igual modo se dividían según su confesión religiosa (no había colonias mixtas).

Al lado occidental del Volga se lo llamó Bergseite (, lado montañoso) y al lado este, Wiesenseite (, lado de prados o llano). Así, las colonias fundadas se identifican como las que son de la Bergseite (correspondiente a la Gobernación de Sarátov) o de la Wiesenseite (correspondiente a la Gobernación de Samara). Y se fijó como capital de la primera la ciudad de Sarátov, y como capital o centro jurídico de la segunda, a Samara. Actualmente, en cambio, el óblast de Sarátov abarca tierras a ambos lagos del río Volga.

La inmigración alemana a esta zona se mantuvo siempre constante durante casi 100 años, aunque hacia el último período algunos se asentaron en las tierras de Odesa, a orillas del mar Negro, en respuesta a otro edicto que invitaba a colonizar especialmente a alemanes, pero esta vez de parte del zar Alejandro I de Rusia, nieto de Catalina. Este grupo es conocido como los alemanes del mar Negro. Los que se asentaron en el Cáucaso, en tanto, son conocidos como alemanes del Cáucaso.

Las profesiones de los alemanes asentados en el Volga eran muy diversas: farmacéuticos, médicos, abogados, ingenieros, profesores, así como zapateros, herreros, panaderos, demás artesanos y una mayoría de agricultores que buscaban un lugar de paz para vivir, ya que Alemania estaba padeciendo el largo sufrimiento de las guerras sucesivas entre ducados. Durante el tuvo lugar la guerra de los Treinta Años, que duró de 1618 a 1648, y ya entrado el , la guerra de los Siete Años, de 1755 a 1763. Por aquel entonces, la zarina Catalina la Grande, ella misma alemana, invitaba a sus compatriotas a través de edictos a colonizar las tierras sobre las que tenía soberanía y les prometía una serie de condiciones o privilegios que, a su criterio, harían más atractivo el movimiento migratorio. Por caso, práctica libre de la religión (el único requisito era que sólo podían ir los que fueran cristianos), exención del servicio militar, libre ejercicio y uso del idioma natal, organización escolar propia y dirección administrativa de sus colonias y aldeas por estatutos propios, entre otros. En síntesis, lo que Catalina les prometía era continuar siendo étnica y jurídicamente alemanes, aunque se trasladaran a vivir a las heladas estepas rusas como ella lo deseaba.

Sin embargo, si bien eso les fue respetado, al llegar a Rusia fueron obligados a confinarse por completo a las actividades del campo, y sólo unos pocos pudieron dedicarse a su profesión o a vivir de lo que habían estudiado tal como lo deseaban. Al mismo tiempo que se les impedía salir del territorio, debieron jurar fidelidad a su majestad imperial. De esta manera, los alemanes entendieron que sólo vivirían para trabajar, y durante varias generaciones los ancianos murieron sin haber conocido el esparcimiento. Confiaron en que si lograban llevar una vida sumamente austera y podían cumplir con todas las privaciones que se imponían, sus hijos podrían gozar de una mejor condición, lo que les permitiría hacer valer sus derechos.

El riguroso abocamiento al trabajo por parte de los alemanes y su intransigente sentido del deber, hicieron que ni ellos ni sus descendientes se permitieran la ociosidad, como tampoco gozar de comodidades que se basaran en acortar las jornadas de trabajo, y durante muchos años se había prohibido la celebración de fiestas, con excepción de los ritos religiosos, que eran cumplidos con suma adhesión por toda la comunidad.

Como consecuencia de eso, al cumplirse el primer siglo de la colonización alemana en el Volga, las espigas de trigo cubrían una superficie mayor que la de la Suiza actual, y los alemanes del Volga se convirtieron en importantes terratenientes. No obstante, nunca delegaron las tareas rurales, de modo que las familias que se encontraban en mejor posición económica continuaron trabajando sus campos para poder enviar a sus hijos a estudiar a universidades de Alemania. Una vez graduados, a muchos les era prohibido regresar de nuevo a Rusia para ver a sus padres y tomar contacto con sus seres más directos, por lo que varias familias se desesperanzaron y creyeron que ya nada podían hacer.

La eficiencia que lograron durante todos sus propios gobiernos, la adhesión total al trabajo y los contratos de radicación y colonización favorecieron el desarrollo de las colonias y ciudades. A los descendientes de los primeros pobladores les aseguraban quedar exentos "eternamente" de la mayoría de las obligaciones que tenían los propios habitantes de Rusia, incluida la de prestar servicio militar. La alta tasa de natalidad, junto con la continua inmigración, multiplicó notablemente la población alemana en el Volga, al punto que entre 1838 y 1880 sólo la cantidad de aldeas alemanas que se encontraban circundantes al río ascendía a 583. Conservaron con extrema rigurosidad el idioma alemán y el cúmulo de tradiciones heredadas de sus familias y maestros, y no se daban casamientos mixtos entre rusos y alemanes. De este modo, mantuvieron intacto el legado antropológico y cultural de sus ancestros.

Pese a los logros que habían alcanzado, en 1864 las penurias se agudizaron debido a las pérdidas de los privilegios otorgados por Catalina la Grande. Esto provocó que fuertes contingentes de alemanes comenzaran a emigrar hacia América a partir de 1872. Sus destinos fueron Canadá y Estados Unidos especialmente entre los protestantes, mientras que muchos católicos optaron por Brasil, Argentina y en menor medida Paraguay.

En Norteamérica Canadá

Desde 1874 hasta 1879 llegaron contingentes de menonitas de Rusia a Canadá y se asentaron en Winnipeg y la Columbia Británica, especialmente en Vancouver, mientras que otros grupos se afincaron en la provincia de Alberta.

Desde la segunda etapa en 1893, las oleadas estaban constituidas por grupos de alemanes de confesiones cristianas diversas: católicos, luteranos, bautistas.

La tercera se dio en 1897; la cuarta entre 1923 y 1932 con contingentes de alemanes de la zona de Odesa y el mar Negro.

Y la quinta, en 1947, nuevamente con inmigrantes alemanes llegados desde el mar Negro.

Estados Unidos thumb|200px|left|Estatua conmemorativa de una familia de alemanes del Volga en Victoria, Kansas, EE. UU. thumb|150px|Referencia histórica en Hays, Kansas, EE. UU. Desde 1872 hasta 1891 llegaron contingentes de alemanes procedentes de Rusia a Estados Unidos y se fueron asentando en los estados de Dakota del Norte, Dakota del Sur, Nebraska, Iowa, Kansas y Arkansas.

A partir de 1848, los alemanes católicos prefirieron tomar el rumbo de América del Sur, ya que el gobierno de Estados Unidos era mayoritariamente afín al protestantismo, a diferencia de Brasil y Argentina, en que la mayor parte de la población era católica.

Actualmente, si bien los descendientes de alemanes del Volga viven en diversos estados, componen un alto porcentaje de la población en el estado de Kansas, con presencia en casi todos sus pueblos y ciudades.

En 1970, asimismo, los descendientes de alemanes del Volga componían el segundo grupo étnico más importante del estado de Colorado (colindante con Kansas), solo sobrepasado por los hispanoparlantes.

Por otro lado, se estima que el 30-40% de la población de Dakota del Norte es descendiente de alemanes de Rusia, principalmente de alemanes del mar Negro.

En Sudamérica Brasil Hacia 1876 el Imperio de Brasil, actual República Federativa de Brasil, era una monarquía y Pedro II invitó a los alemanes del Volga a poblar su territorio. A partir de entonces, las oleadas de inmigrantes alemanes se afincaron en los estados de São Paulo, Paraná, Santa Catarina y Río Grande del Sur.

Uruguay Muchos de los que se afincaron en Uruguay ya habían desembarcado en Porto Alegre y de allí se dirigieron hacia el sur por tierra. Una minoría desembarcó en Montevideo y otros llegaron como resultado de colonizaciones "hijas" de alemanes del Volga de la provincia argentina de Entre Ríos, que limita con Uruguay. Con todo, los alemanes del Volga asentados en Uruguay representaron casos excepcionales.

Argentina

Los que llegaron a la Argentina lo hicieron merced a una ley del entonces presidente argentino Nicolás Avellaneda. El 5 de enero de 1878 se fundó la primera colonia de alemanes del Volga en Argentina, siendo ésta Colonia Hinojo, ubicada en Olavarría, en el interior de la Provincia de Buenos Aires. Un poco más tarde, el 21 de julio de ese mismo año, algunos alemanes del Volga que habían arribado al país junto a los primeros, se dirigieron al departamento de Diamante de la Provincia de Entre Ríos para fundar las colonias de General Alvear. Tras esos primeros primeros asentamientos de 1878, en los años que siguieron, se daría el resto de las fundaciones de colonias. La población total de descendientes de alemanes del Volga en la Argentina está estimada en alrededor de 2 000 000 de habitantes.Según el Centro Argentino Cultural Wolgadeutsche hay alrededor de 2 000 000 descendientes de alemanes del Volga en Argentina.