La Casa de los huesitos es un edificio que se encuentra en el actual número 24 de la calle Mariana Rodríguez del Toro de Lazarín en el barrio de la Lagunilla del centro histórico de la Ciudad de México y fue construido a finales del . esta edificación fue declarada monumento histórico el día 11 de abril de 1980.

Breve historia Contexto: Toda sociedad humana lleva en su estructura un orden y una serie de castigos, para los infractores del mismo, es decir la Ley que, generalmente esta respaldada por costumbres o interpretaciones filosóficas, ya sea religiosas o laicas para todo aquel que sea considerado delincuente, dicha sentencia o pena, independiente de si es reparativa, tiene el objetivo de crear miedo y con ello la disuasión por medio del castigo a manera de escarmiento. Durante la dominación colonial española en México, las autoridades que representaban y actuaban en nombre del poder del Monarca, coexistían en la Nueva España en una serie de estructuras yuxtapuestas, una de ellas fue el Tribunal del Santo Oficio, conocido como la inquisición para los delitos de orden teológico y que atentaran contra el credo católico romano, una especie de policía del pensamiento. En el caso de los delitos del orden común: Robos, secuestros, violaciones y asesinatos, se turnaban los reos a jueces penalistas; cuando en un hecho o acción violenta había muertes, ultrajes o herejías, la inquisición o los jueces penales condenaban a los reos a la muerte, de acuerdo con la legislación vigente, los reos eran entregados a los verdugos del poder civil para su ejecución. Para los fines de la reconstrucción del tejido social, había una acción necesaria para la "conciencia y moral publica" que era el dar un acogimiento espiritual a los procesados a la última pena para cerrar el asunto y regresar a la tranquilidad de la vida cotidiana. Dados los puntos anteriores, en los terrenos donde se ubica la casa que hoy se le denomina "de los huesitos" funcionó un pequeño hospital y morgue durante el , que completaban un conjunto con una iglesia, un cementerio, criptas subterráneas, osarios comunitarios, fosa común y casas curiales ubicados todos dentro de la antigua calle de la Estampa de la misericordia, dicho hospital fue convertido en casa de recogimiento de mujeres agraviadas o en interdicto en 1709.aunque se conservo el anexo de la morgue. Anexa a estas instituciones se encontraba la primitiva iIglesia de la Misericordia, sin torre pero con espadañas, construida a principios del y esta contaba con una sociedad de hombres benefactores, denominada Cofradía, cuya función además de auxiliar al cura a proporcionar los elementos para dar los servicios religiosos en el templo y del hospital y posteriormente la casa de recogimiento, era la de administrar y cuidar de un cementerio especial creado para los cadáveres de los criminales ejecutados en la plaza mayor.Rivera Cambas, Manuel. México pintoresco Artístico y Monumental. Tomo II p.50, Editorial del Valle de México México D.F. 1981 y otros lugares donde había patíbulos como la prisión de la acordada, la cárcel de la perpetua de la inquisición, el cadalso en la plazuela de Mixcalco, el campo del ejido, la plazuela de la paja y la cárcel del hospital de San Andrés, en todo caso cuando la pena llevaba el desmembramiento o la hoguera, la recolecta a posteriori de los despojos humanos, los que eran llevados por personal de la dicha Cofradía llamada del Señor de la Misericordia, que tenía su sede en la iglesia, la que gozaba de una limosna especial otorgada por los notables de la sociedad, dentro de sus deberes se encargaba de la triste tarea de recoger y sepultar cristianamente y por piedad, las manos y cabezas de los ajusticiados que eran exhibidas públicamente como escarmiento, después de un tiempo dictaminado por los jueces respectivosMarroquí, José María, la ciudad de México. Ed. La Europea, p. 707. México D.F.1900 y con el objetivo que se reunieran a futuro con el resto del cadáver inhumado y también dado el caso, celebrar las misas y rezos en penitencia de las animas de los difuntos ejecutados, las que de acuerdo con la creencia teológica del catolicismo, se hallarían en un lugar quimérico llamado el purgatorio, en estas ceremonias generalmente un novenario, se unían los parientes y deudos de los finados. En el caso de los muertos en los quemaderos, blasfemos, brujos o sodomitas del "Pecado Nefando" cuyos huesos grandes de la cadera piernas o cráneo no se habían convertido en cenizas, eran recogidos y terminados de pulverizar y tras una ceremonia de ex comunión eran arrojados a la tierra y aguas pues no estarían en el purgatorio sino en un imaginario sitio llamado Infierno.

En el año de 1796, por acuerdo de la cofradía y las autoridades virreinales fueron derribadas la iglesia primitiva y la oficina cural y sacristía, que habían sido severamente dañadas durante el terremoto del 10 de junio de 1792, se intento una reconstrucción completa del templo pero los fondos nunca se completaron, aunque se pudo levantar una parte del templo para seguir dando el servicio espiritual a la población y con el objetivo a futuro de hacer una ampliación a la iglesia del Señor de la Misericordia y una capilla a San Dimas en el lugar o buscar a futuro una nueva ubicación. Este deseo de las autoridades eclesiásticas, no se pudo concretar, pues la estructura del orden social sufrió un cambio debido a la guerra de los insurgentes, y que en 1812 se estableció la Constitución de Cádiz que suprimió al Tribunal del Santo Oficio y luego la posterior obtención de la independencia por los mexicanos, situación adversa que desvió los gastos al sostenimiento de la economía de guerra e hizo que no hubiesen los fondos necesarios, no obstante la cofradía siguió funcionando, dado que la iglesia en los primeros años de la independencia mexicana, mantuvo el control de muchas instituciones y dirección de fiestas y costumbres sociales y no fue sino hasta la guerra de reforma y la caída del segundo imperio que se suprimieron algunos conventos y órdenes monásticas y por ende las cofradías, se quitó al clero la administración de los camposantos, por lo que cualquier difunto podía ser enterrado sin importar la causa o credo al estar ya bajo la tutela civil, se suprimieron los castigos y penas de muerte vergonzantes y se demolieron los edificios y la citada capilla de la cofradía del señor de la misericordia, los terrenos obtenidos de esa forma, fueron fraccionados para su venta y poder construir algunas viviendas, que eran necesarias por el crecimiento de la ciudad, el cambio fue lento, nadie quería vivir en esos terrenos por ser antiguo cementerio, iglesia y lugar tabú, con el paso de los años se fue olvidando este punto y algunas casas fueron construidas hasta finales del en el porfiriato.

La casa de los huesitos actual data de ese periodo. A principios del a la construcción original de 10 viviendas y una portería mas dos accesorias comerciales, se le agregaron más habitaciones construyendo un piso en planta alta y funciono mucho tiempo como vecindad de rentería, la versión más aceptada sobre el origen del nombre popular de la casa, es que hace referencia a los restos de los criminales ejecutados, los cuales eran depositados en una serie de osarios que se encontraban en ese lugar.De los cuales se hallo uno en 1886, donde se construyeron los cimientos de la futura casa. Dichos huesos fueron removidos de su lugar y colocados en un lugar hoy en día desconocido, pero al cabo de los años en otras casas y edificaciones fueron hallados mas osarios y restos de los ataúdes del viejo panteón, del que no sabemos si se retiraron o se reubicaron en un sitio mas profundo pues no hay constancia de este asunto.

Cabe señalar que en algunos casos dada la sentencia, se prohibía toda identificación a futuro del difunto reo, si moría por herejía sus huesos eran molidos y reducidos al polvo, como el caso del mulato Juan De La Vega Galeano alias Cotita de la Encarnación, preso junto con más de una docena de personas en 1657 por el delito de Sodomia o pecado nefando, fue ejecutado en un cadalso cercano a la capilla del hospital de San Lázaro, junto con otros trece reos del mismo delito y sus restos se redujeron cenizas, las que con algunos pedazos de huesos grandes como el cráneo, se llevaron por la Cofradia de la Misericordia al camposanto y se terminaron de moler con mortero y ser esparcidos al viento, si por el contrario el reo se apegaba a su fe católica, sus huesos eran conservados en osarios, de los que se desconoce la cantidad de ellos y su ubicación exacta, todo estaba envuelto en una discrecionalidad y secreto y los documentos de la inquisición o de dicha cofradía que podían darnos luz sobre el tema, se encuentran extraviados, traspapelados en un archivo o fueron destruidos.

En este lugar también estaban los restos óseos de la gente que moría sin ser identificada, en condición de indigencia o viajeros o migrantes que eran asesinados y no se sabían sus datos o reos que morían en la cárcel por suicidio, asesinato o purgando su sentencia, la función era darles un destino piadoso o legal a los restos de la gente desconocida o pobre muerta en calle, prisión o ejecutada. No se tienen muchos datos específicos, pues tan solo en dos siglos, hubo más de ochocientos difuntos en las cárceles y calles de la ciudad por diversos motivos y hubo que dárseles un lugar en el dicho camposanto del Señor de la Misericordia y eso obligó a que hubiesen varios osarios en el sitio referido.

Los ejecutados: En ese lugar por ley del rey y de la Iglesia Católica, fueron enterrados los despojos de muchos homicidas, que causaron terror y furor en la sociedad novohispana, generalmente salteadores de caminos y asesinos, detenidos por el tristemente celebre Tribunal de la Acordada, en esta categoría entraban también los infidentes al rey, los parricidas, filicidas y los matadores de sus esposas, muchos de estos feroces criminales, llenaron las páginas de los periódicos de la época. Un caso peculiar fue el de los verdugos del comerciante español Joaquín Dongo, un hombre notablemente acaudalado, que fue jefe del consulado de comercio de la Ciudad de México que hacia los negocios de la Nao de la China y el puerto de Cádiz, tenía el grado de coronel de milicia citadina y voto de calidad en asuntos del cabildo del ayuntamiento de la Ciudad de México. Joaquín Dongo fue un hombre con gran influencia, consejero de altos funcionarios y que manejaba los destinos y haciendas de mucha gente en la sociedad colonial, fue muerto a puñaladas junto con su servidumbre, en su casa ubicada en la calle de los Donceles, con fecha de viernes 23 de octubre de 1789. Tras unas pesquisas y esfuerzos realizados por los alcaldes del crimen, fueron detenidos, procesados y encontrados culpables, tres españoles hijo hidalgos, caballeros, que respondían a los nombres Felipe Aldama, Antonio Blanco y Baltasar Dávila, hombres jóvenes que, dedicados a la vagancia, ebriedad y juego y no queriendo trabajar, planearon y efectuaron el robo que concluyó en una masacre que escandalizo a la sociedad de esa época, y bajo las investigaciones de la policía de la acordada y la pista de un cintillo de cabello ensangrentado, dieron las autoridades con los asesinos, quienes robaron más de veinte mil pesos en plata amonedada, que ocultaron en una habitación rentada, en un hoyo que cavaron bajo las duelas del piso, se ordenó por petición del Virrey Revillagigedo hacer una sentencia escarmentaría y en ella se les condeno a muerte, los reos delante del público, fueron desnudados del torso, azotados, marcadas sus espaldas con fuego y decapitados, sus cabezas al igual que su mano derecha, fueron exhibidas de acuerdo con la sentencia emitida por el juezen la plaza mayor, frente al mercado del Parián y las manos clavadas en el portón de la casa del finado Dongo.