miniatura|350px|Europa al iniciarse la guerra en 1914.

El 28 de julio de 1914, el Imperio austrohúngaro declaró la guerra al reino de Serbia, acto que sumió a Europa, debido al sistema de alianzas imperante, en la «tercera parte de las guerras balcánicas», que pronto se transformó en la Primera Guerra Mundial. El imperio tuvo que combatir en varios frentes simultáneamente, para lo que no contaba con medios económicos militares suficientes, por lo que la contienda pronto se tornó insostenible. El auxilio del Imperio alemán se volvió pronto tutela del Estado de los Habsburgo, que se fue acentuando con la prolongación del conflicto y privó a este de toda posibilidad de poner fin a la guerra sin el beneplácito del Gobierno de Berlín, pese al agotamiento paulatino de los austrohúngaros.

En el otoño de 1918, cuando la situación interior amenazaba con acabar con la monarquía, dos derrotas militares, la batalla de Doiran en Macedonia, acaecida en septiembre, y la de Vittorio Veneto en el frente italiano, en octubre, decidieron la suerte del imperio, su desmembramiento y el derrocamiento de la Casa de Habsburgo de los tronos de Austria y Hungría.

El Imperio austrohúngaro y la guerra El problema de los eslavos del sur visto por el imperio miniaturadeimagen|350px|Los cambios territoriales en los Balcanes en 1912-1913: las guerras balcánicas expulsaron casi totalmente a los otomanos de la península y permitieron una notable expansión de Serbia y Grecia.

El reino de Serbia, Estado eslavo enclavado en los Balcanes, suponía para los mandatarios del Imperio austrohúngaro el principal problema: era una amenaza para la estabilidad interna del imperio y un obstáculo a los planes de expansión en la península balcánica. Una sala de recepciones del Ministerio de la Guerra en Belgrado contenía una alegoría de la nación serbia con los territorios que el Estado serbio deseaba obtener: la Voivodina, Dalmacia y Bosnia-Herzegovina, todos ellos parte del Imperio austrohúngaro a principios del siglo . Además, tanto Serbia como Montenegro deseaban aprovechar la decadencia del Imperio otomano y rechazaban la situación territorial de la península vigente a comienzos del siglo.

En efecto, desde el surgimiento del reino, algunos políticos serbios, con el respaldo de gran parte de la población, se empeñaron en obtener los territorios mencionados por la alegoría del ministerio y crear así un Estado que englobase a toda la población considerada serbia; pese a esto, el Principado de Serbia, aún dependiente teóricamente del Imperio otomano, firmó un acuerdo de colaboración con el austrohúngaro que marcó el comienzo de una alianza que entró en crisis a partir de 1903. Desde 1905-1906, el reino serbio, con el sostenimiento —principalmente financiero— de Francia, se fue sacudiendo la tutela austrohúngara. La crisis bosnia de 1908, que concluyó con la anexión austrohúngara de Bosnia-Herzegovina, estropeó las buenas relaciones del imperio con Rusia. Aislado diplomáticamente, el imperio se volvió cada vez más dependiente de su único aliado, Alemania.

Por añadidura, en la población eslava de los territorios meridionales del Imperio austrohúngaro surgió una cierta simpatía por el reino vecino, que fue acentuándose con el tiempo; los partidarios de una reforma administrativa para repartir el territorio imperial en tres unidades —una de ellas eslava—, método que se creía podía permitir conservar el imperio frente al nacionalismo eslavo, quedaron pronto superados en número por los que preferían instaurar un Estado yugoslavo independiente de la influencia austriaca, entre los que se contaban los eslovenos y los croatas. La oposición de los mandatarios cisleitanos y transleitanos a aceptar una reforma administrativa que diese autonomía de una manera u otra a los eslavos y a cambiar la estructura administrativa dual hizo que, en la crisis de julio de 1914, optasen por la guerra como medio para tratar de aplastar a Serbia y, con ella, a los nacionalismos yugoslavos. El escoger el conflicto con el reino vecino fue también reflejo de la tendencia al autoritarismo ante cualquier amenaza que caracterizaba a la sazón a los Gobiernos de las dos mitades del imperio.

Objetivos bélicos imperiales El imperio, fiel aliado del Imperio alemán desde la liga de ambos en 1879, desempeñó un complejo papel en la guerra, ya que tanto los enemigos como los aliados ansiaban apoderarse de parte de su territorio. Por su parte, y como todos los demás países beligerantes, el imperio esperaba obtener ventajas económicas en caso de que el resultado de la guerra fuese favorable.

Objetivos bélicos thumb|Cuadro que representa al emperador astrohúngaro Francisco José I y al emperador alemán Guillermo II con comandantes militares durante la Primera Guerra Mundial.

El ultimátum presentado el 23 de julio a las autoridades serbias reflejaba las aspiraciones bélicas del imperio en las primeras semanas de la crisis; los mandatarios imperiales deseaban humillar al reino vecino y someterlo definitivamente a la tutela austrohúngara.

Durante la década de 1910, el imperio trató de expandirse por los Balcanes, hacia el sur; desde la conclusión de la crisis bosnia de 1908, intentó extender su influencia a Albania, territorio que aún dependía formalmente del Imperio otomano, lo que originó tensiones con Italia, que todavía estaba aliada oficialmente con Alemania y Austria-Hungría.

En el otoño de 1916, los diversos aliados del Reich expresaron sus objetivos bélicos, incluido el Imperio austrohúngaro. Las victorias austro-germanas de 1915, tanto en los Balcanes como en Polonia, permitieron la ocupación por los Imperios Centrales de vastos territorios, entre ellos Albania, Serbia y Polonia. Esteban Burián, ministro común de Asuntos Exteriores del imperio, se fijó como meta asegurar un «crecimiento considerable del poder y la seguridad» del imperio.

Meses antes, el Parlamento de Budapest atravesó una crisis notable por la formulación de los objetivos bélicos imperiales: Mihály Károlyi, dirigente principal del Partido de la Independencia, exigió la celebración de un debate sobre el asunto; contrario a la liga con el Reich, se indispuso con la mayoría de sus correligionarios, encabezados por Albert Apponyi y únicamente logró el respaldo de una veintena de compañeros diputados. Este grupo representó el papel de oposición a la alianza germana y de defensor de una paz pactada.

thumb|izq|Tren blindado MÁVAG en 1914.

Desde finales de 1915 y por insistencia de los dirigentes húngaros, los mandatarios imperiales expresaron su renuncia a nuevas anexiones de importancia y su deseo de colocar responsables políticos favorables al imperio en los territorios ocupados, lo que debía permitirles ejercer indirectamente el dominio político y económico de estos. En Serbia y Montenegro, Burián decidió sustituir la dinastía Karađorđević y limitar las anexiones territoriales a ciertos puntos del Danubio, un pasillo para conectar el imperio con Albania y unas plazas estratégicas para proteger la llanura litoral dálmata cerca de Cattaro, puerto de guerra austrohúngaro, pero insistió en someter a los dos reinos a una estricta tutela austriaca y en dominar Albania, que compartiría con Grecia a cambio de la neutralidad de esta. Además, la derrota rumana azuzó las ambiciones austrohúngaras en Rumanía, de la que deseaba ciertos territorios fronterizos estratégicos y ventajas económicas; el ministro de Asuntos Exteriores parecía ignorar las ambiciones alemanas por los «millardos rumanos», y los mandatarios austrohúngaros en general los designios germanos sobre Valona.

En los meses siguientes, la ambición austrohúngara por las tierras polacas, ya antigua, creció. El dominio de estas escapó al imperio, pese a la entrega de la corona polaca al archiduque Carlos Esteban. El Reich, mucho más poderoso que su aliado, aplicó un control estricto de este nuevo «Estado». Las condiciones alemanas impuestas para acceder a la entrega de la corona polaca reconstituida a un príncipe Habsburgo disiparon toda ilusión austrohúngara de hacerse con el señorío de Polonia: Burián afirmó que el Reich se apoderaría de esta, primero de hecho y luego de derecho, uniéndola al reino de Prusia.

A lo largo de 1917, los mandatarios austrohúngaros abandonaron oficialmente Polonia, a la que se había unido Galitzia, en favor del Reich, a cambio de que Rumanía quedase integrada en la esfera de influencia austrohúngara. Durante estas negociaciones, los responsables austrohúngaros se mostraron dispuestos a ceder Trento a Italia a cambio de ciertos territorios rumanos, pero los alemanes lo rehusaron a causa de su deseo de someter económicamente a Rumanía.

Planes alemanes para Austria-Hungría miniaturadeimagen|350px|Sistema de alianzas en Europa antes de la Primera Guerra Mundial: Triple Entente Triple Alianza Países neutrales.

Por otra parte, la posición de Austria-Hungría requería según los dirigentes alemanes su sometimiento al Reich. Los mandatarios alemanes deseaban formar un bloque continental que pudiese rivalizar con el resto de potencias mundiales, la Mitteleuropa, que comenzaría como una unión o federación aduanera que luego devendría con el tiempo en unión política. Con este deseo de formar un bloque continental que otorgase al Reich los medios para desempeñar una política mundial relevante, los dirigentes alemanes trataron de formar lazos orgánicos permanentes entre aquel y el Imperio austrohúngaro. Estos lazos se concretaron en acuerdos políticos, económicos y militares entre los dos países.

En noviembre de 1915, los alemanes propusieron entablar conversaciones para instaurar una unión económica entre los dos imperios, que tomase como modelo la Zollverein alemana. Los círculos gubernamentales alemanes se mostraban, empero, divididos sobre los detalles de tal unión: algunos, entre los que destacaba Bethmann-Hollweg, se mostraban favorables al establecimiento de una unión aduanera total, que comprendiese a todos los Estados de la Mitteleuropa, mientras que otros preferían una federación aduanera y un tercer grupo, formado principalmente por políticos prusianos, defendían la mera firma de acuerdos comerciales bilaterales entre el Reich y los demás Estados centroeuropeos, entre ellos Austria-Hungría. Como parte de estas negociaciones, se trató el asunto de la unión de las líneas de comunicación (líneas férreas y vías fluviales). No obstante, tras un año de conversaciones, las dos partes aún no habían alcanzado ningún acuerdo tangible.

El Reich intentó asociar estos tratos económicos a la entrega de la corona polaca a un miembro de la casa de Habsburgo; algunos políticos alemanes llegaron a sugerir la conveniencia de que Polonia se integrase en el Imperio austrohúngaro a cambio de la cesión al Reich de la Cisleitania, salvo Galitzia, que se uniría al nuevo reino polaco.

thumb|izq|Unidad de artillería austrohúngara que aparece en The Illustrated London News en 1914.

Finalmente, en mayo de 1918, en Spa (Fischer denomina la reunión la «visita a Canossa»), el Reich obtuvo del imperio vecino la aquiescencia a todos sus anhelos, a causa del agotamiento de este tras cuatro años de guerra: los mandatarios alemanes lograron que el emperador Carlos firmase tres tratados que ligaban permanentemente a los dos imperios. Como consecuencia de estos tratados, Austria-Hungría quedó sometida al estrecho control del Reich mediante una liga política firme, la instauración de una Waffenbund que seguía el modelo de los estados federados alemanes y el establecimiento de una unión aduanera entre las dos naciones, cuya implantación se dejó en manos de unas comisiones técnicas creadas al efecto y que se reunieron en Salzburgo en julio y octubre de 1918.