Joaquín Maciel y Lacoizqueta o bien Joaquín Maciel de Lacoizqueta o simplemente Joaquín Maciel (Santa Fe, gobernación del Río de la Plata, 20 de junio de 1729–ib., Virreinato del Río de la Plata, 2 de junio de 1780) era un hidalgo hispano-criollo, además de conquistador, poblador, hacendado, comerciante y funcionario, que fuera nombrado como teniente de gobernador de Santa Fe desde 1766 hasta 1771, y ejerciendo su cargo fue asignado muy a su pesar por el gobernador Bucareli como comisionado para cumplir la Pragmática Sanción de 1767 de expulsión de los jesuitas del Imperio español, por lo cual le tocó ejecutar en su jurisdicción el destierro de los mismos.
Biografía hasta el retorno al Río de la Plata
Origen familiar y primeros años
Joaquín Maciel y LacoizquetaCentro de Estudios Genealógicos e Históricos de Rosario (n.º 5, p. 1, ref. 2).Madero, Fernando M. (op. cit., p. 50, año 1989). Según el autor, la esposa de Joaquín Maciel que era Isidora Fernández de Valdivieso había nacido [por error] en la ciudad de Santiago de Chile [en vez de Córdoba del Tucumán (op. cit.)]. había nacido el 20 de junioUdaondo, Enrique (op. cit., p. 529, año 1945). de 1729 en la ciudad de Santa Fe, capital de la tenencia de gobierno homónima que era una división administrativa dentro de la gobernación del Río de la Plata, y esta a su vez, una entidad autónoma dentro del Virreinato del Perú.
Era hijo del alcalde Manuel Maciel y Cabral de AlpoinInstituto de Estudios Iberoamericanos (op. cit., v. 1, p. 46, año 1980). y de su esposa Rosa de Lacoizqueta y Martínez del Monje, y por ende, era nieto materno del teniente de gobernador Juan de Lacoizqueta, bisnieto materno del alcalde santafesino Francisco Martínez del Monje y paterno del teniente de gobernador Manuel Cabral de Melo y Alpoin, que era un fidalgo portugués, y un descendiente de Álvaro II Martins Homem da Câmara el Nieto, III capitán donatario de Praia en la isla Terceira de las Azores, desde 1520 hasta 1535.Binayán, Narciso (op. cit., p. 165, año 1999). El autor expresa que su ascendencia al tercer donatario de Praia es a través de su tararabuela Margarita Cabral de Melo y del trastatarabuelo Matías Núñez Cabral —que estaba casado con María Simões de Melo— quien a su vez su madre Catarina Vaz de Sá, matrimoniada con Nuno Lourenço Velho Cabral, era nieta del susodicho dontario.
Estudios en Santa Fe y en Santiago de Chile
Joaquín Maciel hizo sus estudios primarios en el colegio de los franciscanos y los estudios superiores en la ciudad de Santiago de Chile, capital de la capitanía general homónima que formaba parte como otra entidad autónoma dentro del virreinato peruano.
Teniente de gobernador de Santa Fe y deceso
Alcalde y nombramiento como teniente de gobernador
Al regresar a la gobernación del Río de la Plata,Azarola Gil, Luis Enrique (op. cit., p. 134, año 1940) Maciel fue elegido como alcalde de segundo voto de la ciudad de Santa FeCervera, Manuel María (v. 3, p. 244, año 1979). en el año 1755, y su primo materno Bartolomé de Lacoizqueta (n. Santa Fe, 1731) —ambos era nietos materno y paterno respectivamente del teniente de gobernador santafesino Juan de Lacoizqueta y de su esposa María Martínez del Monje y Pessoa Figueroa— fue elegido como procurador del cabildo.
En el puesto alcalde de primer voto fue designado Pedro Florentino de Urizar y los cargos de alcalde de hermandad de Pagos de los Arroyos fue ocupado por Francisco Páez y como alcalde de hermandad de Paraná por Francisco de la Mota Botella. En el año 1756 Maciel fue asignado en el cargo de protector de naturales.
Posteriormente Joaquín Maciel y Lacoizqueta fue nombrado como teniente de gobernador, justicia mayor y capitán a guerra de Santa Fe por auto firmado por el gobernador rioplatense Francisco de Paula Bucarelli el 1.º de diciembre de 1766.
Expulsión de los jesuitas del Imperio español
En el mes de marzo de mismo año aconteció en España el motín de Esquilache que se inició en Madrid consecuente a una crisis de subsistencias debido a un alza muy pronunciada del precio del pan —que había sido motivada por las malas cosechas y por la aplicación de un decreto en 1765 que liberalizaba el mercado de grano y eliminaba los precios máximos— y que halló como escusa de la revuelta a un decreto de Leopoldo de Gregorio, marqués de Vallesantoro y de Esquilache, quien fuera en ese entonces el secretario de Hacienda del reino.
right|277px|thumb|Los madrileños que cambiaron su capa larga y el sombrero chambergo por la capa corta y el sombrero de tres picos (en un grabado de los momentos previos al motín de Esquilache de 1766).
Dicho marqués pretendía reducir la criminalidad con actuaciones de renovación urbana como ser la limpieza de calles, el alcantarillado, el alumbrado público nocturno, la prohibición del uso de capas largas y sombreros grandes, ya que estos últimos ocultaban armas, productos de contrabando y rostros.
El rey Carlos III de España apaciguó la revuelta prometiendo la anulación del decreto, la destitución del Marqués de Esquilache y el abaratamiento del precio del pan, pero solo tuvo un efecto momentáneo ya que el motín se había extendido a otras ciudades y regiones de la península como ser Zaragoza, Elche, Crevillente y Guipúzcoa, entre otros lugares, en donde los motines se convirtieron en revueltas antiseñoriales.
El antijesuita Pedro Rodríguez de Campomanes quien fuera el fiscal del Consejo de Castilla fue encargado de abrir una investigación secreta para descubrir quiénes habían sido los principales instigadores de los motines, por lo cual dirigió su atención hacia los jesuitas a partir de la evidencia de la participación de algunos de ellos en la revuelta y con la documentación acumulada de dudoso origen y de escasa probanza que solo podría acusar a individuos aislados, elaboró su dictamen que presentó en enero de 1767 y en el que acusó a los jesuitas de ser los responsables de los motines con los que pretendían cambiar la forma de gobierno.
Pedro Pablo Abarca de Bolea, X conde de Aranda, quien fuera el presidente del mismo, formó un consejo extraordinario que emitió una consulta en la que consideraba probada la acusación y proponía la expulsión de los jesuitas de España y sus dominios pero el rey para tener mayor seguridad convocó una junta especial presidida por Fernando de Silva y Álvarez de Toledo, XII duque de Alba, e integrada por los cuatro secretarios de estado como ser el entonces marqués genovés Pablo Jerónimo Grimaldi y Pallavicini, Miguel de Múzquiz y Goyeneche, Manuel de Roda y Arrieta y Juan Gregorio de Muniain, y quienes ratificaron lo propuesta de expulsión y recomendaron al soberano no dar explicaciones sobre los motivos.
Tras la aprobación del rey, a lo largo del mes de marzo del mismo año, el Conde de Aranda dispuso con la máxima discreción todos los preparativos de expulsión, que fuera aprobada por la gran mayoría de las autoridades eclesiásticas en una carta que se había enviado a los cincuenta y seis obispos españoles, por lo que el 2 de abril de 1767 las ciento cuarenta y seis casas jesuitas fueron rodeadas por los soldados reales, comunicándoles la orden de expulsión contenida en la Pragmática Sanción, dando como consecuencia la expulsión de España de unos 2.641 jesuitas que fueron acogidos por la isla de Córcega, perteneciente entonces a la República de Génova.
Destierro jesuítico de la jurisdicción santafesina
thumb|277px|La «Manzana Jesuítica» de la ciudad de Santa Fe, constituida por la iglesia de la Merced y el colegio de la Inmaculada Concepción (considerado el primero y más antiguo de la Argentina).
El teniente de gobernador Joaquín Maciel, como comisionado del gobernador Bucareli, debió cumplir en su territorio jurisdiccional rioplatense el real decreto en el cual el soberano ordenaba la expulsión de los jesuitas del Imperio español, en donde finalmente serían un total de 2.630 clérigos de las Indias de la Compañía de Jesús.
Dicho decreto que se ejecutó en Santa Fe en el mes de julio del mismo año, reveló a través de los inventarios de las «temporalidades» llevados a cabo, la inmensa riqueza acumulada por la Orden jesuita, como ser iglesias, estancias, solares, talleres, ganados, mercaderías, mobiliarios, bibliotecas, alhajas, entre otras cosas.Azarola Gil, Luis Enrique (op. cit., p. 135, año 1940) Hubo personas adeptas a los mismos que trataron de cooperar en ocultaciones y traspasos, y por ello, los inventarios se llevaron a cabo en forma deficiente, además de haber demasiado desorden en la administración de las haciendas y caudales, sumado a la dispersión de esclavos, títulos de tierras e irregularidades en las ventas.
Todo esto le provocó a Maciel amargos sinsabores y quebrantos en su fortuna a causa de las sospechas de que él pudiera ser parcial en favor de los jesuitas al llevarlas a cabo como comisionado, ya que se le acusó de ocultar bienes en provecho de los mismos clérigos y de la defraudación en los resultados de las ventas, aunque ninguna de las acusaciones pudiese ser probada ya que la sentencia del pleito que se le inició concluyó que había procedido en todo correctamente, y así lo expresaba el gobernador Bucareli en carta que dirigió al Conde de Aranda. El proceso motivó grandes divergencias y división de los ánimos en el territorio santafecino.
En 1768 la isla genovesa que los había acogido, cayó en poder del Reino de Francia —en donde la Orden jesuita estaba prohibida desde 1762 bajo la administración del Duque de Choiseul por la polémica entre estos y los jansenistas, y en el vecino Reino de Portugal desde 1759, promovido por el Marqués de Pombal que los acusaba de instigar un atentado contra su soberano— lo que obligó finalmente al papa Clemente XIII a admitirlos en los Estados Pontificios, adonde Carlos III les asignaría dinero, obtenido de la venta de alguno de sus bienes.
Malones aborígenes y campañas militares
thumb|277px|right|"El malón" mapuche (de Mauricio Rugendas).
Con el nombramiento de Joaquín Maciel como maestre de campo general de la gobernación en 1769, surgió la rebelión de los aborígenes pehuenches en la parte meridional de la Capitanía General de Chile, inclusive a su otro lado de la cordillera de los Andes en donde entonces tenía el corregimiento de Cuyo —el cual en 1776 pasaría a la jurisdicción del nuevo virreinato rioplatense— por lo cual Maciel obtuvo el mando de una importante expedición militar para evitar que dicha rebelión se propagara hacia el Río de la Plata y combatir a los aborígenes pampas mapuchizados que mediante malones asolaban a las estancias fronterizas.
Maciel comandando las tropas logró ahuyentar a los aborígenes, consiguiendo así el éxito esperado, gracias a su habilidad y pericia con que llevó la campaña. De esta forma se fijaron las fronteras con guarniciones defensoras que se destacarían en los parajes y futuros fuertes de Melincué, Pavón e India Muerta.
Fin del mandato y supresión papal de la Orden jesuita
Los enemigos de Maciel, que habían utilizado el pretexto de que beneficiaba a los jesuitas, lograrían finalmente el triunfo de alejarlo del gobierno en el año 1771.
La supresión de la Compañía de Jesús fue decretada en 1773 por dicho Papa de la Iglesia católica, a causa de la presión que ejercieran sobre el mismo los principales soberanos de ese credo, y principalmente por el rey Carlos III de España.
Fallecimiento