Con modernismo en Milán se indica la difusión de dicho estilo artístico en la ciudad de Milán entre los primeros años del y el estallido de la Primera Guerra Mundial. En la capital lombarda, el modernismo, denominado liberty en italiano, encontró, gracias a su estrecha relación con la rampante burguesía industrial de la época, un fértil terreno para su rápido desarrollo, durante el cual osciló entre las influencias del art nouveau francés, el jugendstil alemán y el eclecticismo.
A principios del la clase burguesa milanesa, formada como resultado de la industrialización y ya convertida en dueña de la vida social y económica de la ciudad, encontró en el nuevo estilo liberty el «símbolo de su estatus» y la ocasión para mostrar su potencia y al mismo tiempo subrayar el claro alejamiento de la clase nobiliaria y de sus residencias neoclásicas y barrocas. La Exposición Universal de Milán de 1906 dio un mayor impulso al desarrollo del liberty, al construirse en este estilo decenas de pabellones y numerosas construcciones públicas, lo que decretó la definitiva consagración del liberty como estilo artístico dominante en la ciudad. Alcanzado su punto álgido en 1906, el liberty milanés experimentó las primeras contaminaciones con la arquitectura ecléctica, que se hicieron cada vez más fuertes hasta los años de la Primera Guerra Mundial, tras la cual el liberty sobrevivió solo con pequeñas influencias en la arquitectura menor, mientras que el gusto de la burguesía industrial confluyó espontáneamente hacia el art déco. La Estación Central de Milán, construida a partir de 1924 en un estilo tardoecléctico con decoraciones art déco e influencias modernistas, es considerada por Gualdoni y Melano la conclusión del modernismo en Milán, que dejó espacio al art déco y al Novecento.
La etapa milanesa del estilo liberty se inauguró con la construcción del Palazzo Castiglioni, que terminó en 1903 según el proyecto de Giuseppe Sommaruga, quien se convertiría, según Sacerdoti, en el más destacado intérprete del modernismo milanés. Aunque muy articulada y diferenciada, la experiencia modernista milanesa muestra en su conjunto algunos puntos y novedades comunes: es recurrente la decoración de los edificios en hierro forjado o cemento decorativo, de tema floral o animal; y a nivel estructural destaca el uso del hormigón armado. Es común el recurso a la pintura sobre las paredes de los edificios, a menudo con azulejos de cerámica, y las cariátides y hermas tomadas de la arquitectura de los palacios nobiliarios milaneses. Sin embargo, pese a la riquísima muestra de artes aplicadas liberty desarrolladas en la ciudad, a la arquitectura y la decoración de interiores les resultó difícil uniformarse al nuevo estilo y salvo pocos episodios estuvieron dominadas por estilos tardoeclécticos.
Junto a la escultura tradicional en mármol y piedra, el modernismo provocó un gran desarrollo de la escultura en hierro forjado y en cemento. Según Ogliari y Bagnera, el hierro forjado encontró su mejor intérprete en Alessandro Mazzucotelli, quien elevó el trabajo de este material de simple elemento decorativo a un verdadero arte. Además de las obras escultóricas integradas en la arquitectura o simplemente ornamentales, fue en los monumentos fúnebres del Cementerio Monumental de Milán donde, de acuerdo con Roiter, se desarrolló el más importante laboratorio de escultura modernista, que, como en el caso de la arquitectura, se fundió de manera más o menos acentuada con temas eclécticos y art déco.
Encuadre histórico y características generales
Tras la Exposición Nacional de 1881, veinte años después de la Unificación italiana, la ciudad de Milán se consagró definitivamente como el principal centro industrial italiano. La ciudad vio la formación de una nueva clase burguesa emergente relacionada con la industria y el comercio, formada por maestros de obra, propietarios y emprendedores que en pocas décadas igualarían en prosperidad e importancia a la antigua nobleza de la ciudad.
A principios del la clase burguesa, ya convertida en dueña de la vida social y económica de la ciudad, encontró en el estilo liberty, novedad proveniente de Francia e introducida en Italia en la Exposición de Turín de 1902, el «símbolo de su estatus» y la ocasión para mostrar su potencia y al mismo tiempo subrayar el claro alejamiento de la clase nobiliaria y de sus residencias neoclásicas y barrocas. Esta relación casi exclusiva entre la nueva clase dominante y el nuevo estilo arquitectónico, así como el alejamiento de los modelos arquitectónicos de la «vieja» clase aristocrática, parecen evidentes cuando se observa que, mientras la nueva burguesía elevaba residencias «a la última» siguiendo los nuevos dictados del liberty, los encargos más conservadores relacionados con el viejo mundo financiero y eclesiástico —entre los que destacan las nuevas sedes bancarias en la zona de la Piazza Cordusio— seguían apegados al ya decadente estilo ecléctico, en boga en el .
La Exposición Universal de Milán de 1906 dio un mayor impulso al desarrollo del liberty, al construirse en este estilo decenas de pabellones en la sede de la exposición y numerosas construcciones públicas, decretando así la definitiva consagración del liberty como estilo artístico dominante en la ciudad. Aunque muy articulada y diferenciada, la experiencia modernista milanesa muestra en su conjunto algunos puntos y novedades comunes: es recurrente la decoración de los edificios en hierro forjado o cemento decorativo, de tema floral o animal; a nivel estructural destaca el uso del hormigón armado. Es común el recurso a la pintura sobre las paredes de los edificios, a menudo con azulejos de cerámica, y las cariátides y hermas tomadas de la arquitectura de los palacios nobiliarios milaneses. Sin embargo, pese a la riquísima muestra de artes aplicadas liberty desarrolladas en la ciudad, a la arquitectura y la decoración de interiores les resultó difícil uniformarse al nuevo estilo y salvo pocos episodios estuvieron dominadas por estilos tardoeclécticos.
Alcanzado su punto álgido en 1906, el liberty milanés experimentó las primeras contaminaciones con la arquitectura ecléctica, que se hicieron cada vez más fuertes hasta los años de la Primera Guerra Mundial, tras la cual el liberty sobrevivió solo con pequeñas influencias en la arquitectura menor, mientras que el gusto de la burguesía industrial confluyó espontáneamente hacia el art déco.
Arquitectura privada
La etapa milanesa del estilo liberty se inauguró con la construcción del Palazzo Castiglioni, que terminó en 1903 según el proyecto de Giuseppe Sommaruga, quien se convertiría, según Sacerdoti, en el más destacado intérprete del modernismo milanés. El edificio, decorado con esculturas de cemento de tema floral y composiciones de hierro forjado típicas del nuevo estilo, se distancia del art nouveau por sus formas monumentales y el uso de elementos clásicos como los putti, tomados de los cercanos palacios nobiliarios, en los que domina el estilo neoclásico. El palacio, considerado por López, Susani y Roiter uno de los mejores ejemplos del modernismo italiano y construido en una de las calles más elegantes de Milán, remarcaba aún más claramente el estatus de la nueva clase burguesa e introdujo con fuerza en la ciudad el uso del cemento como elemento escultórico. La «señal de ruptura» lanzada a la vieja clase dirigente fue todavía más intensa debido a la presencia a ambos lados de la entrada de dos estatuas que representaban a dos mujeres desnudas en poses muy atrevidas, que provocaron un gran escándalo, hasta el punto de que el palacio fue rebautizado coloquialmente por los milaneses la ca' di ciapp (la «casa de las nalgas») en referencia al desnudo posterior de las dos mujeres y el arquitecto fue obligado a retirarlas y trasladarlas a la entonces periférica Villa Faccanoni, otro ejemplo de villa suburbana liberty, proyectada también por Sommaruga, en la que se reprodujeron las esculturas de putti y el motivo de las ventanas divididas por columnas de la última planta del Palazzo Castiglioni.
Según Sacerdoti, otro intérprete de primera línea del modernismo milanés fue Giovanni Battista Bossi, quien tiene en la Casa Galimberti su obra más célebre. La fachada de este edificio presenta una compleja decoración con azulejos de cerámica pintados con formas humanas y elementos vegetales que muestran elaborados contrastes cromáticos. Destacan también los balcones decorados realizados en cemento y los balcones «a baldaquino» de hierro forjado. A pocos metros de distancia se encuentra la Casa Guazzoni, también de Bossi, que pese a conservar el estilo típicamente floral de la fachada presenta una decoración completamente centrada en la escultura con elaborados aparatos de putti, figuras femeninas y formas vegetales también de cemento y hierro forjado con balcones sobrepuestos. Bossi diseñó por último la Casa Alessio, más parecida al estilo de la Secesión vienesa con sus rígidas geometrías y la franja vertical en correspondencia con la entrada.
Un ejemplo raro de autoencargo fue la Casa Campanini, que el arquitecto y emprendedor inmobiliario Alfredo Campanini proyectó como residencia propia en 1904. La composición de la fachada muestra a nivel general una fuerte inspiración en la obra de Sommaruga, en particular por las esculturas de figuras femeninas en la entrada, homenaje explícito al portal del Palazzo Castiglioni. El clásico portón de entrada de madera es sustituido aquí por una puerta de hierro forjado con motivos vegetales, mismo motivo de los balcones, realizada por Alessandro Mazzucotelli: también son suyos otros elementos decorativos de hierro forjado que, junto con los frescos y vidrieras de colores, constituyen una decoración interior típicamente modernista, sin huella alguna de influencias eclécticas, cosa poco común en muchos otros edificios coetáneos de la ciudad.
Al margen de la lógica de creación de nuevas zonas residenciales dedicadas a la clase burguesa, la Casa Ferrario se construyó a partir de 1902 según el proyecto de Ernesto Pirovano en la Via Spadari, una de las calles más céntricas y antiguas de Milán. La notoriedad de este edificio, de diseño todavía sustancialmente tradicional y relativamente sobrio en los otros elementos, se debe a las decoraciones de hierro forjado de los balcones sobrepuestos con motivos a espiral y decoración floral con ménsulas con forma de grifo, también realizadas por Mazzucotelli, considerado por Sacerdoti uno de los mayores artistas del hierro forjado de Italia.
En contraposición a la rama floral del liberty milanés que lideraba Sommaruga, se pueden citar la Casa Donzelli de Ulisse Stacchini, en la que a pesar de las claras influencias de Sommaruga se aprecia una composición con líneas austeras típicas del modernismo de la zona alemana, y la Casa Agostoni, en la que algunos elementos típicos del liberty como los temas naturales y la escultura en cemento se unen a una configuración de la fachada típicamente decimonónica y elementos clásicos como bajorrelieves.
Junto a las viviendas para la alta burguesía se construyeron en Milán un gran número de viviendas de estilo liberty para la pequeña y media clase burguesa. La construcción de estos edificios, al no poder disponer de inversiones elevadas, utilizó decoraciones de cerámica y estatuas industriales de cemento fabricadas en serie, decoraciones de hierro forjado más simples y una particular atención a la reducción de los espacios comunes no estrictamente necesarios: ejemplo de este tipo de encargos son la Casa Dugnani y la Casa Biraghi, en las cuales destacan las mayólicas de tema floral fabricadas en serie por la empresa Richard Ginori.