Al-Ghazali, también conocido por la versión latinizada de su nombre, Algazel, y entre musulmanes como el imán al-Ghazalí o Hújjat-al-IslamHunt Janin, The Pursuit of Learning in the Islamic World, p. 83. (en persa: محمد غزالی; en árabe: ابو حامد محمد بن محمد الغزالي الشافعي الطوسي حجة الإسلام, Ab Hamid Muḥammad ibn Muḥammad al-Gazal ax-Xāfi'ī at-Tusi Ḥujjat al Islam; Irán, c. 5 de julio de 1057-Tus, Irán, 19 de diciembre de 1111), fue un polímata de origen persa, teólogo sufí, jurista, filósofo y místico, considerado uno de los pensadores más importantes de la filosofía islámica, que representa el misticismo más profundo. Perteneciente a la escuela Shafi'i, sus trabajos permitieron por primera vez que el sunismo aceptara el sufismo como ortodoxo. Se le debe igualmente la introducción de la lógica y la silogística aristotélica en la jurisprudencia y la teología islámicas. Escribió El resurgimiento de las ciencias religiosas (Iḥyāʾ ʿulūm al-dīn), es posiblemente su obra apologética más importante.
Al-Ghazali tuvo una formación filosófica muy completa, conociendo el pensamiento de los grandes filósofos musulmanes Al-Kindi, Al-Razi, Al-Farabi, Avicena, etc. Creía que la tradición espiritual islámica estaba moribunda y que las ciencias espirituales enseñadas por la primera generación de musulmanes habían sido olvidadas. Decepcionado en su búsqueda de una verdad filosófica, se orientó hacia un misticismo profundo, negando toda verdad de los filósofos y acusándolos de infidelidad. En su obra Tahafut al-falāsifa (La incoherencia de los filósofos) muestra por el mismo método de los filósofos, que domina por sus estudios, que los filósofos no llevan más que a errores, condenables ya que contradicen la revelación. La crítica apunta principalmente a la ciencia aristotélica de Avicena desarrollada más tarde en la Europa del . Dicho libro será criticado un siglo más tarde por Averroes.
Biografía miniaturadeimagen|Foto de una tumba en Tus que se cree que pertenece a Al-Ghazali. Sunita nacido en Gazala, por lo cual su sobrenombre, creció en una familia con tradición de inquietud intelectual, por lo que tanto él como su hermano Ahmad fueron dedicados al estudio desde temprana edad. Se formó en las ciudades aledañas a Gazala (Tus, Gorgán y Nishapur) en las tradiciones islámicas: el Corán, tradiciones o hadices, comentarios, derecho islámico o sharía y ciencias auxiliares: gramática y lexicografía. Tuvo además la oportunidad de estudiar con el teólogo más prestigioso de la época: Al-Yuwaini; pero este murió en 1086 y Nizam al-Mulk, visir del sultán selyúcida, conocedor de su ya enorme reputación como erudito, lo tomó bajo su protección y en 1091 lo nombró profesor de la madraza Al-Nizamiyya de Bagdad. Como cabeza intelectual de la comunidad islámica y doctor máximo ortodoxo se ocupó de enseñar jurisprudencia islámica, refutar herejías y responder cuestiones de todos los segmentos de la comunidad.
En 1095 sufrió una honda crisis personal que le hizo renunciar a su posición y abandonar a su familia, convirtiéndose en un asceta errante o derviche que frecuentaba los círculos de sufíes. Emprendió entonces un largo viaje espiritual de dos años que pasó por Damasco, Jerusalén, Hebrón, Medina y La Meca.
Volvió a Tus donde se dedicó a escribir y a enseñar en la escuela Nizamiya de Nishapur. Murió en 1111.
Pensamiento thumb|Primera página del manuscrito Asas al-Qiyas de Al-Ghazali En tiempos de Algazel la falsafa (filosofía) incluía disciplinas como la física, las matemáticas y la lógica.
Al-Ghazali escribió en 1093 su libro La incoherencia de los filósofos (Tahafut al-falasifa), tomando veinte tesis filosóficas afirmó que los argumentos metafísicos de los filósofos no pueden pasar la prueba de la razón y la comprobación de la verdad revelada no puede ser obtenida por la razón.
Se centró en tres afirmaciones que entraban en conflicto con la fe islámica: la eternidad del mundo, el rechazo de la resurrección y que Dios solo conoce los universales y no los particulares. Arremete contra estos «idiotas» que acusó de herejes y de haber abandonado la fe.
Una crítica fue a la idea de necesidad causal. Anticipando a David Hume, Al-Ghazali niega que los fenómenos naturales involucren conexiones necesarias, utilizando como ejemplo principal la quema de algodón cuando está en contacto con el fuego. «La observación solo prueba que una cosa ocurre a la vez que otra, pero no prueba que ocurra por acción de la otra». Al afirmar que las causas necesitan de efectos es negar el poder de Dios, eliminando la posibilidad de realizar milagros y suspender las leyes físicas. Para Al-Ghazali, Dios es la única causa de la naturaleza.
La obra de Algazel dio un duradero impulso en dirección esencialista a la religión islámica, socavando la tradición racionalista que existía anteriormente y mostrando la íntima compenetración entre las prácticas exteriores de la comunidad en general y la ascesis unitiva de los místicos.
Tras Algazel, la filosofía declinó en el mundo suní y su crítica de la filosofía aceleró el declive. Casi un siglo después Averroes hizo esfuerzos desesperados para resistir la corriente mediante la refutación del Tahafut de Algazel con sus libros Tahafut al-tahafut (La incoherencia de la incoherencia) y Fasl al-maqal (El tratado decisivo). Sus intentos fueron vanos y la filosofía fue gradualmente absorbida en el sufismo como filosofía mística. En el mundo suní la lógica aristotélica se incorporó en la teología. En todo ello la influencia de Algazel fue significativa.
Muchos orientalistas afirman que una de las razones más importantes del declive de la ciencia en el mundo islámico fue el ataque de Al-Ghazali a los filósofos (científicos, físicos, matemáticos, lógicos) que culminó en su libro Tahafut al-Falasifah (La incoherencia de los filósofos). Afirmó que los filósofos no pueden dar explicaciones racionales para cuestiones metafísicas y por tanto anuló el pensamiento crítico en el mundo islámico.
Su papel espiritual en el islam ha sido comparado con el de San Agustín en el cristianismo y de hecho compuso unas Confesiones como él, con el título de El que libra del error (al-Munqidh min al-ḍalāl). Es considerado uno de más grandes teólogos, filósofos y místicos del Islam. Era musulmán suní de la escuela shafeí y tendía al misticismo ascético sufí, en el que dejó una honda impronta que fue luego seguida por sabios del renombre de Sohravardi y Abdul Qader Gilani.
Algazel sirvió como transmisor de la obra de Aristóteles y comentarista de sus seguidores musulmanes Avicena y Alfarabi. Aunque estudió los postulados racionalistas, llegó al convencimiento de la ineficacia de la razón como herramienta de conocimiento o de comunicación con Dios; eso le hizo llegar a postulados místicos y a abrazar el sufismo durante años.
Algazel fue el teólogo que inspiró a los Almohades, pero no a los Almorávides, y así, a comienzos del , el emir almorávide Alí ben Yúsuf ordenó, aconsejado por ciertos alfaquíes, que se quemaran las obras del teólogo Algazel.
Al-Ghazali argumentó que todo lo que tuvo un principio, tuvo una causa para su comienzo. El mundo está compuesto de fenómenos precedidos por otros ordenados temporalmente. Tal serie de fenómenos temporales no puede continuar eternamente, porque un infinito en acto es imposible (tasalsul). Luego, el mundo debe haber tenido un comienzo y una causa de su existencia, y esa es Dios.
Esta versión del argumento entra en la tradición cristiana medieval a través de Buenaventura.
Obra miniaturadeimagen|Copia de La alquimia de la felicidad. Biblioteca Nacional de Francia thumb|Portada del libro Ihya de Al-Ghazali La obra de Algacel es muy abundante y ha sido calculada entre 70 y 130 títulos, prácticamente todos sobre filosofía y religión. Los más importantes son:
La incoherencia de los filósofos Su libro del titulado La incoherencia de los filósofos marca un giro importante en la epistemología islámica. El encuentro con el escepticismo llevó a al-Ghazali a investigar una forma de ocasionalismo teológico, o la creencia de que todos los eventos e interacciones causales no son el producto de conjunciones materiales, sino más bien la voluntad inmediata y presente de Dios.
En el siglo siguiente, Averroes redactó una extensa refutación de la incoherencia de al-Ghazali titulada La incoherencia de la incoherencia; sin embargo, el curso epistemológico del pensamiento islámico ya estaba establecido. Al-Ghazali dio como ejemplo de la ilusión de leyes de causa independientes el hecho de que el algodón se quema cuando entra en contacto con el fuego. Si bien podría parecer como si una ley natural estuviera en acción, sucedió todas y cada una de las veces solo porque Dios quiso que sucediera; el evento fue "un producto directo de la intervención divina como cualquier otro milagro que llame la atención". Averroes por el contrario, insistió en que mientras Dios creó la ley natural, los seres humanos "podrían decir de manera más útil que el fuego hizo que se quemara el algodón, porque la creación tenía un patrón que podían discernir".For al-Ghazali's argument see The Incoherence of the Philosophers. Translated by Michael E. Marmura. 2nd ed, Provo Utah, 2000, pp.116-7.For Ibn Rushd's response, see Khalid, Muhammad A. ed. Medieval Islamic Philosophical Writings, Cambridge UK, 2005, p.162)
La incoherencia también marcó un punto de inflexión en la filosofía islámica en sus vehementes rechazos de Aristóteles y Platón. El libro apuntaba a la falasifa, un grupo vagamente definido de filósofos islámicos de los siglos al (los más notables entre ellos Avicena y Al-Farabi) que se inspiraron intelectualmente en los antiguos griegos.
Este argumento de larga data ha sido criticado. George Saliba en 2007 argumentó que el declive de la ciencia en el ha sido exagerado, apuntando a avances continuos, particularmente en astronomía, hasta el . Por otro lado, Hassan Hassan en 2012 argumentó que si bien el pensamiento científico en el Islam fue sofocado en el , la persona mayormente culpable no es Al-Ghazali sino Nizam al-Mulk .
Otras obras Ihiya al-Ulum al-Din que escribió en árabe y luego él mismo resumió y tradujo al persa con el título de Kimiya-ye-Sa'dat (La Alquimia de la felicidad)
Al-Basit, sobre la doctrina shafeí
Mustazhari donde refuta a los esotéricos o batiníes.
Ihya' Ulum al-Din or Ihya'u Ulumiddin, Revivificación de las ciencias religiosas. Cubre la jurisprudencia islámica, la teología y el sufismo. Fue el libro islámico más recitado tras el Corán. Tiene 4 partes: Actos de oración (Rub' al-'ibadat), Normas de la vida diaria (Rub' al-'adatat), Los caminos a la perdición (Rub' al-muhlikat) y los Caminos a la salvación (Rub' al-munjiyat).
Mi‘yar al-‘ilm, La medida del conocimiento.
Mihakk al-nazar fi’l-mantiq, La piedra de toque de la prueba en lógica.
al-Iqtisad fi’l-‘tiqad, El camino medio en teología.
Mizan al-‘amal, El balance de acción.
al-Qistas al-mustaqim, El balance justo.
Ihya’ ‘ulum al-din El resurgimiento de las ciencias religiosas.
al-Risala al-Qudsiyya, La epístola de Jerusalén.
Mishkat al-anwar, El nicho de las luces.
al-Mustafa min ‘ilm al-usul, La esencia de la teoría legal islámica.
al-Munqidh min al-dalal, El que libra el error. Autobiografía donde expone su itinerario espiritual). Dice que desde pequeño tenía el hábito de buscar la verdadera realidad de las cosas. En el proceso llegó a dudar de los sentidos y de la razón como medios de un conocimiento veraz y cayó en un profundo escepticismo. Salió con ayuda de la luz divina y examinó las enseñanzas de los teólogos, filósofos y sufís. Llegó a la conclusión de que sólo a través del sufismo se alcanzaba el conocimiento veraz. Para alcanzar la verdad última hay que renunciar al mundo y entregarse a la práctica mística.
Influencia