La División Auxiliar Francesa, también conocida como la Legión Auxiliar Francesa fue una unidad militar creada por la cesión de la Legión Extranjera Francesa al gobierno español de Isabel II durante la primera guerra carlista.

Introducción

La revolución de 1830 en Francia acabó con el régimen absolutista de Carlos X, tras lo que Luis Felipe fue proclamado rey en el convencimiento de que favorecería el constitucionalismo.Diccionario enciclopédico hispano-americano (1892), 11 p. 1197 Esto hizo que Francia se distanciara de las potencias absolutistas de la Santa Alianza y se acercara al Reino Unido. Tanto en España como en Portugal se desataron crisis sucesorias al ser disputada la legitimidad de la hija del rey para heredar a su padre. Los pretendientes, Carlos María Isidro de Borbón en España y Miguel de Braganza en Portugal, se decantaron del lado del absolutismo, empujando a los partidarios de las jóvenes reinas a buscar el apoyo de las potencias liberales. Para el Reino Unido esto creaba la oportunidad de aumentar su influencia en el continente y de formar un bloque que contrarrestara la influencia de las potencias absolutistas. Por su parte, Francia quería asegurarse de que los absolutistas franceses no encontrarían apoyos institucionales en los reinos ibéricos.Porch (1991), p. 23 Las cuatro potencias –el Reino Unido, Francia, España y Portugal– formaron la Cuádruple Alianza para asegurarse de que ni Carlos ni Miguel accedieran al trono.Azan (1907), p. 33 Tras la derrota de Miguel en Portugal y el estallido de la primera guerra carlista en España, las otras tres potencias ofrecieron apoyo al gobierno isabelino, mandando fuerzas expedicionarias para unirse al combate en contra de los carlistas.Azan (1907), p. 34 El Reino Unido organizó la Legión Auxiliar Británica, Portugal la División Auxiliar Portuguesa y Francia ofreció ceder su Legión Extranjera a España.Azan (1907), p. 74

El traspaso de la Legión Extranjera

La Legión Extranjera Francesa fue creada en 1831 para ser empleada fuera del territorio metropolitano de Francia. Voluntarios alemanes, belgas, españoles, italianos y polacos se unieron al cuerpo y fueron encuadrados inicialmente en siete batallones según su nacionalidad, tres alemanes y uno de cada una de las restantes, siendo desplegados en la Argelia francesa en 1832.Azan (1907), pp. 75-76 En 1834 el batallón español fue licenciado, con sus integrantes siendo transportados a España a petición del gobierno isabelino.Porch (1991), pp. 25-26

El 28 de junio de 1835 Francia y España firmaron el tratado que disponía el traspaso de la Legión a España. El gobierno francés autorizaba a los oficiales, suboficiales y soldados de la Legión a pasar al servicio de la Reina de España, con sus armas y equipamiento, y España se comprometía a reembolsar a Francia por el equipo, y a mantener los derechos y beneficios de que disfrutaban los legionarios mientras estuvieran a su servicio; Francia se encargaría de transportar a la Legión a un puerto a designar por el gobierno español.Azan (1907), pp. 76-77 Los soldados y suboficiales extranjeros serían obligados a trasladarse a España hasta que se acabara su compromiso, mientras que los oficiales extranjeros que se negaran al traslado serían despedidos sin indemnización. Los franceses podían negarse a pasar a España, pero en ese caso volvían al empleo que tenían antes de unirse a la Legión, o dejaban de pertenecer a la escala activa. A los que aceptaran el traspaso se les ofrecían ascensos para reemplazar a aquellos que lo rechazaran.Azan (1907), pp. 80-81

Los cuatro batallones estacionados en Argel y los dos en Orán se embarcaron para ser trasladados,Azan (1907), pp. 82-83 yendo primero a Palma de Mallorca y de allí a Tarragona.Azan (1907), p. 115

La Legión en España

thumb|El general Joseph Bernelle. Los efectivos de la Legión que partieron de Argelia totalizaban 123 oficiales y 4021 suboficiales y tropa. El total se acercó a los 5000 hombres una vez que se les unieron el depósito de Tolón y otros efectivos en baja y en tránsito. El coronel de la Legión Extranjera en Argelia, Joseph Bernelle, continuó al mando del cuerpo tras su transferencia a España y el gobierno español le concedió el rango de mariscal de campo en el Ejército español, con el cuerpo a sus órdenes siendo designado la División Auxiliar Francesa. Una de las primeras medidas que tomó Bernelle tras la llegada de la Legión a España fue reorganizar los batallones para acabar con la segregación por origen nacional, formando en su lugar batallones que integraban hombres de todas las nacionalidades.Azan (1907), pp. 115-116

Los barcos que transportaban a la Legión llegaron a Tarragona el 16 de agosto de 1835 y los legionarios desembarcaron el día siguiente.Azan (1907), pp. 114-115 Los legionarios, tanto los oficiales como los suboficiales y los soldados, eran un grupo con un pasado heterogéneo. Había oficiales que habían servido con Napoleón y habían sido relegados por la restauración borbónica, borbónistas –en desacuerdo con el régimen nacido de la revolución de 1830– que habían servido anteriormente en la Guardia Real o en los regimientos suizos, extranjeros –italianos, suizos, alemanes y polacos– de distintas inclinaciones políticas, aristócratas, constitucionalistas y demócratas. Algunos de ellos habían combatido anteriormente en España, ya con Napoleón o con los Cien Mil Hijos de San Luis.Azan (1907), pp. 120-138 Los soldados, incluyendo desertores de otros ejércitos y criminales exiliados de sus países de origen, eran veteranos de cuanta guerra se había combatido en los años previos tanto en el viejo como en el nuevo continente, así como en África y la India.Azan (1907), p. 139 La mayor parte del clero español, favorable a la causa carlista, pintaba a los legionarios –también conocidos como los argelinos durante su servicio en España– como paganos come-niños. Sus propios mandos admitían que los legionarios adoraban a un solo dios, Baco, dada su gran afición al vino.Azan (1907), pp. 140-144

La legión de Suarce

Al mismo tiempo que se gestionaba el traslado de la Legión a España, hubo otras iniciativas en Francia para reclutar voluntarios que lucharan del lado de Isabel II. La más fructuosa fue la liderada por el barón de Suarce, un coronel que anteriormente había mandado una unidad de voluntarios franceses que combatió del lado de María de Portugal. Suarce acordó con el embajador español en Francia el reclutamiento de dos batallones de voluntarios, que se deberían congregar en Pau antes de pasar a España. La legión de Suarce –también conocida como los voluntarios de Isabel II– se formaría tanto con voluntarios franceses como con extranjeros que ya no tenían la opción de unirse a la Legión Extranjera.Azan (1907), pp. 84-90

Los voluntarios se fueron concentrando en Pau desde principios de agosto de 1835 y la legión pasó a España el 18 de septiembre, aposentándose en Jaca. Tras varios días sin recibir ni sueldo ni víveres, la disciplina se deterioró. El 21 de septiembre, cuando la Legión debía salir de Jaca, la ciudad se vio obligada a entregarle fondos para sofocar un motín. Cinco de los cabecillas de la revuelta fueron expulsados a Francia y en octubre se decidió disolver esta legión, con 751 de sus efectivos volviendo a Francia y los otros 264 integrándose en la división liderada por Bernelle.Azan (1907), pp. 102-112

Tras la integración de los voluntarios isabelinos y otros refuerzos, la División Auxiliar Francesa alcanzó unos efectivos de unos 6000 hombres. El gobierno isabelino hubiera preferido una mayor participación francesa, similar a la de 1823, y pagada por el gobierno francés. Hubo incluso quién propuso que los franceses ocuparan Navarra y las provincias vascas.Azan (1907), pp. 111-112 El gobierno francés, que sabía que al contrario que en 1823 su intervención no contaría con el apoyo del clero y la población rural, se negó a que entraran tropas en España bajo la bandera francesa.Azan (1907), p. 68

Operaciones en Cataluña y Aragón

Inicialmente se preveía que los legionarios se unieran al ejército del norte que combatía en Navarra y las provincias vascas, pero la entrada en Cataluña de una columna carlista liderada por Guergué hizo cambiar los planes. Se ordenó que la legión se desplazara a Lérida y sus alrededores, adonde llegaron tres batallones liderados por el teniente coronel Joseph Conrad] el 24 de agosto de 1835 y otros tres batallones bajo el mano directo de Bernelle el día siguiente. Los batallones y compañías legionarios fueron entonces distribuidos entre las formaciones del Ejército español que guarnecían la provincia. Cuatro compañías fueron destacadas a Tárrega; desde allí participaron en el sitio del castillo de Guimerá, donde se había hecho fuerte un destacamento carlista. Tras la rendición del castillo, entre 60 y 80 vecinos que se habían unido a los carlistas fueron fusilados por las tropas isabelinas. Tres batallones a las órdenes de Conrad fueron enviados a Balaguer, desde donde se dispersaron en pequeños destacamentos, como hizo el resto de la división.Azan (1907), pp. 146-148

La dispersión de sus legionarios preocupaba a Bernelle; no era buena para mantener ni la disciplina ni la cohesión, especialmente con agentes carlistas intentando captar soldados para que cambiaran de bando. Sus protestas fueron finalmente escuchadas y se ordenó el reagrupamiento de la unidad para que pasara a Aragón. Dejando un batallón en Lérida hasta que pudiera ser reemplazado por otras tropas isabelinas, el resto de la división se concentró en Balaguer, desde donde salió el 28 y 29 de septiembre para llegar el 30 y el 1 de octubre a Barbastro. Desde allí, recibió órdenes del capitán general de Aragón de desplegarse a lo largo de la frontera con Cataluña para prevenir una posible invasión carlista. Es en este periodo cuando se incorporó a la división parte de la Legión de Suarce. La división intentó cortar el paso de la columna carlista de Guergué, que abandonó Cataluña y regresó a Navarra, pero solo consiguió evitar que entrara en las ciudades altoaragonesas. Tras esto, la división se reunió de nuevo en las Cinco Villas. En diciembre, Bernelle recibió órdenes de incorporara la división en el ejército del norte, pero primero tuvo que desplegarla alrededor de Sangüesa para prevenir la entrada de otra columna carlista en Aragón.Azan (1907), pp. 148-154

Operaciones en Navarra y las provincias vascas

El 5 de enero de 1836 la división, con solo cinco batallones ya que el otro todavía se encontraba en Lérida, salió de Sangüesa en dirección a Vitoria, entrando en esta ciudad el 12 de enero. El 16 la división salió de Vitoria formando la columna central de una operación destinada a tomar los altos de Arlabán. Las tropas isabelinas lograron expulsar a los carlistas de sus posiciones en la batalla de Arlabán, pero la conquista no fue sostenible y se tuvieron que retirar a Vitoria poco después.Azan (1907), pp. 156-159 Diferencias con Bernelle obligaron a Conrad a presentar su dimisión, tras lo que regresó a Francia.Azan (1907), p. 160

El 28 de enero la división salió de Vitoria para desplazarse a Pamplona, adonde llegó el 3 de febrero. Allí se formaron tres compañías de depósito y una de ambulancia. Los batallones fueron desplegados en una línea entre Pamplona y Eugui para proteger las comunicaciones entre España y Francia y dificultárselas al enemigo.Azan (1907), pp. 162-163 Los legionarios se vieron envueltos en acciones menores, pero encarnizadas: los carlistas no conferían a los extranjeros las garantías estipuladas en el convenio de Eliot y procedían a torturarlos y fusilarlos si caían prisioneros. Esto hizo que los legionarios lucharan hasta la muerte para no caer prisioneros y que Bernelle autorizara por un tiempo el fusilamiento de los prisioneros enemigos, hasta que se llegó un acuerdo mutuo para parar las ejecuciones.Azan (1907), pp. 166-173