El Partido Conservador Popular (PCP) es un partido político argentino fundado el 26 de octubre de 1956 por Vicente Solano Lima, surgido de una escisión del Partido Demócrata. Nacido como una corriente renovadora del conservadurismo argentino, se diferenció de otros sectores conservadores por promover la reconciliación con el peronismo, el levantamiento de las proscripciones políticas y una mayor atención a las cuestiones sociales. Durante sus primeros años mantuvo posiciones económicas vinculadas al liberalismo conservador, aunque desde la década de 1960 profundizó progresivamente su acercamiento político e ideológico al peronismo. Este proceso produjo hacia comienzos de la década de 1970 una orientación nacional-populista, caracterizada por el nacionalismo económico y el antiimperialismo. Su etapa de mayor influencia se produjo con la formación del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI), cuando Solano Lima acompañó a Héctor J. Cámpora como candidato a vicepresidente en las elecciones de marzo de 1973, resultando electo.

Durante la última dictadura militar, el PCP participó de distintos pronunciamientos y agrupamientos multipartidarios favorables al restablecimiento del orden constitucional. Tras el retorno de la democracia permaneció estrechamente vinculado al justicialismo y, luego de la muerte de Solano Lima en 1984, fue conducido por dirigentes como Julio Aurelio Amoedo. En 1989 integró el Frente Justicialista de Unidad Popular que llevó a Carlos Menem a la presidencia y durante su gobierno respaldó las reformas económicas de orientación liberal. Desde mediados de la década de 1990, el partido perdió progresivamente su conducción nacional y su influencia electoral, mientras sus organizaciones distritales comenzaron a actuar con creciente autonomía y a participar en alianzas políticas de diferente orientación. Aunque continuó existiendo formalmente y participando en distintos frentes electorales, dejó de constituir desde entonces una fuerza política nacional de relevancia.

Orígenes partidarios Los orígenes del Partido Conservador Popular (PCP) deben situarse en la crisis y fragmentación que atravesó el conservadurismo argentino en los años previos al derrocamiento del gobierno de Juan Domingo Perón en septiembre de 1955. Para entonces, el Partido Demócrata se encontraba profundamente dividido por un conflicto interno que se remontaba a fines de 1953 y que había dado lugar a dos grandes tendencias: los abstencionistas, de marcado carácter antiperonista, que propugnaban la abstención electoral para los comicios de 1954; y los concurrencistas, partidarios de participar en las elecciones, mantener una oposición más moderada al gobierno y buscar algún grado de conciliación con el peronismo. En julio de 1955 se instaló una Junta Reorganizadora Nacional presidida por Vicente Solano Lima que intentó reunificar las dos corrientes en las que se hallaba dividido internamente el partido.

Luego de la Revolución Libertadora que destituyó al gobierno del general Juan Domingo Perón, las diferencias comenzaron a manifestarse abiertamente durante los primeros meses de 1956, cuando las distintas organizaciones conservadoras procuraban reconstruir la estructura nacional partidaria. Dentro del reorganizado Partido Demócrata, que presidía el dirigente abstencionista jujeño Oscar Rebaudi Basavilbaso, Solano Lima y el grupo concurrencista comenzó a sostener una posición diferenciada respecto de los dirigentes conservadores abstencionistas, basada fundamentalmente en la necesidad de superar rápidamente la división política provocada por la caída de Perón. Uno de los primeros enfrentamientos importantes se produjo alrededor de su propuesta de una "tregua política por seis años". La iniciativa había sido presentada inicialmente en una conferencia partidaria celebrada en Córdoba y fue discutida nuevamente en marzo de 1956 durante una asamblea constitutiva nacional del Partido Demócrata realizada en el salón de la Unione e Benevolenza, en la Capital Federal, con representantes de la mayoría de los distritos electorales del país. La propuesta provocó uno de los debates más prolongados de la reunión. Entre quienes se pronunciaron favorablemente figuraron representantes como Santiago Sánchez Elía, por Buenos Aires, Federico Pinedo (h), por la Capital Federal, y el representante santafesino Luis A. Gómez. Entre sus opositores estuvieron dirigentes cordobeses como José Aguirre Cámara, José Antonio Mercado y Enrique Martínez Paz (hijo). Finalmente, por 108 votos contra 66, se resolvió que la cuestión fuera remitida al organismo nacional correspondiente, sin que la iniciativa obtuviera entonces una definición definitiva.

La importancia del episodio excedía la cuestión organizativa. Solano Lima comenzaba a plantear que la caída del gobierno peronista no debía conducir a una exclusión permanente de quienes habían formado parte o apoyado al movimiento derrotado. La Revolución Libertadora era reivindicada por él como un acontecimiento destinado a restaurar las libertades y el equilibrio institucional, pero no como fundamento de una división permanente entre vencedores y vencidos. Esta concepción fue desarrollada con mayor claridad durante los meses siguientes. En octubre de 1956, durante un acto realizado en San Miguel de Tucumán, Solano Lima volvió a defender su proyecto de tregua política. Sostuvo entonces que el "clima de inquietud» existente en la sociedad argentina requería una tregua sin rencores" y afirmó que la Revolución de septiembre de 1955 no se había realizado en beneficio exclusivo de un sector, sino para restablecer el equilibrio entre las fuerzas sociales y económicas y garantizar nuevamente las libertades individuales. Particularmente significativa fue su posición respecto de los vencidos. Para Solano Lima, excluirlos de la resolución de los problemas nacionales contrariaba los propios objetivos de la revolución y amenazaba la paz interna. Asimismo, cuestionaba que las diferencias ideológicas justificaran persecuciones o encarcelamientos.

Al mismo tiempo, distinguía entre la revolución de septiembre y la evolución posterior del gobierno provisional. El reemplazo del general Eduardo Lonardi por el general Pedro Eugenio Aramburu era interpretado como una modificación de la orientación originaria de la Revolución Libertadora. Esta reivindicación de la política de pacificación asociada a Lonardi sería una constante en los primeros años del conservadurismo popular. En el acto tucumano de octubre acompañaron a Solano Lima varios dirigentes que participaron de la primera etapa de su movimiento, entre ellos Ethel Díaz de Lemos, Jerónimo Helguera, Julio Aurelio Amoedo, Emilio J. Hardoy y Eduardo Paz.

Creación del Partido Demócrata Conservador Popular Las diferencias con la conducción tradicional del Partido Demócrata terminaron desembocando en una ruptura. El 26 de octubre de 1956, el sector concurrencista del PD se escindió y fundó el Partido Demócrata Conservador Popular (PDCP) bajo el liderazgo de Solano Lima. Al Partido Demócrata Conservador Popular (PDCP) se incorporó una parte considerable de la dirigencia conservadora de la provincia de Buenos Aires, entre cuyos principales referentes se encontraban Emilio J. Hardoy y Avelino Quirno Lavalle. También adhirieron el sector concurrencista de la Capital Federal, encabezado por Felipe Yofre y Adolfo Mugica, y la corriente conservadora liderada por Federico Pinedo. En el interior del país, el nuevo partido reunió a los sectores encabezados por Felipe E. Ponferrada en Catamarca; Ginés A. Lubary en el Chaco; Felipe Yofre Pizarro en Córdoba; Elías Abad y Eduardo Miranda Gallino en Corrientes; Saturnino Bilbao en Entre Ríos; el recientemente organizado Partido Demócrata de Formosa; sectores concurrencistas de Jujuy; algunos pequeños núcleos vinculados a Solano Lima en Mendoza; y las principales organizaciones conservadoras de Salta y San Juan. Se sumaron, además, el recientemente constituido Partido Demócrata de Santa Fe, dirigido por Luis A. Gómez; el sector encabezado por Leónidas Castillo en Santiago del Estero; y la corriente conservadora tucumana liderada por Eduardo Paz.

La nueva agrupación pretendía diferenciarse tanto del conservadurismo tradicional como de las fuerzas de izquierda, sin renunciar por ello a su identidad conservadora. Su objetivo inicial parece haber sido construir una versión renovada del conservadurismo argentino que aceptara las transformaciones sociales producidas durante las décadas anteriores y ampliara considerablemente su base electoral. Durante noviembre y diciembre de 1956 comenzó la organización institucional del nuevo partido. Para el 20 de diciembre estaba prevista la constitución de su Comité Nacional, mediante una reunión a la que se esperaba que concurrieran aproximadamente 317 delegados. Antes de proceder a la elección de autoridades, los representantes debían considerar la situación de los diferentes distritos y los problemas surgidos durante la organización inicial de la nueva fuerza. Paralelamente se encontraba en proceso de organización la estructura bonaerense, dentro de la cual Solano Lima ocupaba naturalmente una posición predominante.

Una extensa entrevista concedida por Solano Lima en diciembre de 1956 permite conocer con bastante precisión la orientación que pretendía imprimir al partido. Aunque reivindicaba los principios históricos del conservadurismo, rechazaba una concepción puramente inmovilista. La Argentina había experimentado transformaciones sociales y económicas que, a su juicio, obligaban al conservadurismo a adaptar sus propuestas a una nueva realidad. En términos electorales, imaginaba la posibilidad de constituir una fuerza de centroderecha cuya base no estuviera formada exclusivamente por los tradicionales sectores conservadores. Ante una pregunta acerca de cómo podía organizarse semejante espacio, señaló la posibilidad de reunir alrededor del partido a sectores católicos, obreros y de clase media. La incorporación del término "popular" adquiría así un significado político concreto: se buscaba ampliar la implantación social del conservadurismo. En materia económica, el nuevo partido mantenía una firme defensa de la iniciativa y el capital privados. Ya en diciembre de 1956 Solano Lima se manifestó favorable a utilizar capitales privados para desarrollar la explotación petrolera, posición que conservaría durante los años siguientes. Esta cuestión permite comprobar que el posterior acercamiento del PDCP al peronismo tuvo inicialmente un carácter predominantemente político e institucional y no implicó una adopción del programa económico peronista.

La crisis interna de 1957