La Operación Mincemeat («Operación Carne Picada») fue un plan británico, ejecutado a fines de abril de 1943 durante la Segunda Guerra Mundial, para convencer al alto mando alemán (OKW) de que los Aliados iban a invadir Grecia en lugar de Sicilia. Para ello, se les permitió interceptar unos documentos secretos, con detalles de los planes de operaciones de los Aliados, que eran en realidad falsos y que se arrojaron al mar, en Huelva, junto al cadáver de un hombre vestido de oficial de la Marina Real británica. Los alemanes, que dieron veracidad al hallazgo, reaccionaron dividiendo sus fuerzas en el Mediterráneo, lo que facilitó posteriormente la invasión de Sicilia.

Planificación del engaño

En las etapas finales de la campaña norteafricana, los estrategas aliados empezaron a fijarse en Europa. La situación geográfica de Sicilia hacía de ella un objetivo estratégico de primer orden. Además de ser un trampolín para la invasión del continente, el control de la isla ayudaría en la protección del tráfico naval aliado en el Mediterráneo. Pero los alemanes eran conscientes de la importancia de la isla. En ella tenía una base la Luftwaffe para los ataques aéreos sobre la fortaleza británica de Malta. Además, como la concentración masiva de tropas aliadas para la invasión, cuyo nombre clave era «Operación Husky», sería probablemente detectada como señal de un ataque inminente, los Aliados necesitaban engañar a los alemanes, de forma que no concentrasen sus fuerzas y rechazasen la invasión.

Pocos meses antes, el capitán de la RAF Charles Cholmondeley de la sección B1(a) del MI5 —no Sir Archibald Cholmondeley, como se dice en algunos relatos— tuvo la idea de lanzar un transceptor de radio en Francia con un cadáver, como supuesto operador, al que se le pondría un paracaídas mal abierto, con la idea de proporcionar a los Aliados una fuente de desinformación contra los alemanes. El plan se dejó de lado por impracticable; sin embargo, la idea fue recuperada pocos meses más tarde por el capitán de corbeta Ewen Montagu, un oficial de inteligencia naval miembro del «Comité de los Veinte» (un grupo que dirigía una rama del MI5 especializada en el contraespionaje, operaciones de engaño y desinformación), que consideró que la idea tenía muchas posibilidades, y rápidamente empezó a estudiar los detalles del engaño.

Lo primero que hizo su equipo fue considerar qué tipo de documentos llevaría un hombre que falleciese por accidente de la apertura del paracaídas, según la propuesta de Cholmondeley. Como los alemanes sabían que los Aliados nunca enviaban documentación sensible en los vuelos sobre territorio enemigo, decidieron que el hombre sería víctima de un accidente de aviación sobre el mar. Esto sería una explicación de por qué llevaría varios días muerto en el mar, al mismo tiempo que resolvía el problema del alto nivel de clasificación de los documentos. Luego solo faltaba un nombre clave para la operación. Con el característicamente macabro sentido del humor de Montagu, la operación recibió el nombre de «Mincemeat» («Carne picada»).

Antecedentes La idea de emplear un cadáver con documentos no era nueva. Hay dos incidentes que Montagu debía de conocer: El primero ocurrió en agosto de 1942, y fue un plan de engaño llevado a cabo antes de la batalla de Alam Halfa. Se utilizó un cadáver que llevaba un mapa. El cadáver fue abandonado en un vehículo de exploración que había explotado en un campo de minas que se encontraba frente a la 80.ª División Ligera, justo al sur de Quaret el Abd. En el mapa se señalaba la posición de campos de minas aliados inexistentes. Los alemanes encontraron el vehículo y cayeron en la trampa. Los Panzer de Rommel, para evitar esos inexistentes campos minados, fueron dirigidos a áreas de arena suelta, en donde quedaron atrapados. El segundo incidente no fue un plan de engaño, pero estuvo cerca de serlo. El 25 de septiembre de 1942 un hidroavión PBY Catalina con diez ocupantes que volaba de Plymouth a Gibraltar se estrelló debido a una tormenta eléctrica en las aguas de Cádiz, falleciendo todos los ocupantes del mismo. En él viajaba un correo llamado «Paymaster», el teniente de navío James Hadden Turner de la Marina Real británica, con una carta. La carta era del general Mark Clark y estaba dirigida al gobernador de Gibraltar, que debía entregarla al general estadounidense Dwight D. Eisenhower. En ella le daba los nombres de los agentes franceses en el norte de África y le decía que el 4 de noviembre se efectuaría el desembarco de la Operación Torch, que empezó el 8 de noviembre. Los diez cuerpos aparecieron en la playa de la Barrosa, en Chiclana de la Frontera, provincia de Cádiz, donde fueron recuperados por las autoridades españolas. El 26 de septiembre un almirante de la Armada Española entregó el cuerpo de Turner con la carta al cónsul británico en Cádiz. Cuando el cuerpo fue devuelto a las autoridades aliadas todavía llevaba la carta y los expertos determinaron que no había sido abierta. Por supuesto, los alemanes tenían medios para leer la carta sin abrirla, pero, si lo hicieron, no aceptaron la información como verídica y no tomaron ninguna medida en relación con esa información.

El comandante William Martin, de los Royal Marines

Ayudados por el famoso patólogo Sir Bernard Spilsbury, Montagu y su equipo determinaron qué tipo de cuerpo necesitaban para esta operación. De la manera más discreta posible, localizaron el cuerpo de un hombre de 34 años muerto recientemente por una neumonía producida químicamente por ingestión de raticida. No hablaron de la operación con la familia ni solicitaron permiso para ello, sino que obtuvieron el cuerpo por mediación del encargado de la morgue del hospital St. Pancras. Como el hombre había muerto de neumonía, el fluido en los pulmones concordaba con el hecho de que hubiese permanecido en el agua mucho tiempo.

El paso siguiente era establecer una «leyenda» o falsa identidad. El comandante de los Royal Marines, William Martin, eventual habilitado como «comandante», nacido en Cardiff, Gales, en 1907, y destinado en el Cuartel General de Operaciones Combinadas. Esta graduación le fue asignada ya que con una graduación inferior no hubiese podido llevar los documentos de alto grado de clasificación, pero la edad podía ser un problema. Habilitando a Martin como «comandante» se resolvía el problema y pretendía dar la impresión de que este hombre era un oficial de confianza y muy responsable, para que la operación fuese más creíble.

thumb|left|250px|Fotografía de "Pam", la falsa novia de Martin Para dar más credibilidad a la historia, le inventaron una novia que se llamaba Pam —en realidad, una funcionaria del MI5—, completándolo con fotos y cartas de amor. Entre sus pertenencias se incluyó un juego de llaves, entradas de teatro recientes, una factura de alojamiento de su club de Londres, etcétera. Para reforzar el engaño, Montagu y su equipo decidieron insinuar que era algo descuidado, con facturas sin pagar, una tarjeta de identidad duplicada para reemplazar la que había perdido, un pase caducado del Cuartel General de Operaciones Combinadas que se le había olvidado renovar y una airada carta de su banco, el Lloyds Bank, por un descubierto de «£17 19s 11d». Este último toque, aunque ingenioso, comportaba un elemento de riesgo, al existir la posibilidad de que la Abwehr tuviese dudas sobre la idoneidad de un individuo tan poco cuidadoso para transportar documentos de alto secreto. Pero si Montagu estaba al tanto del incidente del Catalina, contaba con la frustración de los alemanes por no haber aprovechado la información que tuvieron en sus manos.

Pero esto era necesario para justificar que tanto el cuerpo como los documentos fuesen recuperados juntos. Para ello, el comandante Martin llevaría una cadena alrededor de su muñeca a la que iría amarrado su maletín, para dar la impresión de ser una persona que quería estar cómoda durante un largo vuelo pero quería tener el maletín a mano todo el tiempo, indicando que era un oficial muy responsable, aunque a veces un poco descuidado.

Mientras Montagu y su equipo creaban la falsa identidad, también se estaban generando los documentos necesarios para que el engaño funcionase. Era necesario convencer a los alemanes de que el desembarco se iba a efectuar en algún sitio que no fuese Sicilia. La idea era presentar un ataque a Cerdeña como paso previo para establecer una base para un desembarco en el sur de Francia y, a continuación, efectuar un gran desembarco en Grecia por los Balcanes.

Y, en lugar de sugerir directamente estos falsos planes por medio de documentos oficiales, se sugerirían por medio de una carta personal del teniente general Sir Archibald Nye, Segundo Jefe del Estado Mayor General Imperial, al general Sir Harold Alexander, comandante británico en el norte de África, donde se le decía off-the record que habría dos operaciones. Alexander atacaría Córcega y Cerdeña, mientras el general Sir Henry Wilson lo haría en Grecia, dando a esta falsa operación el nombre de «Operación Husky», que era el nombre real de la operación de desembarco en Sicilia.

Además, en una jugada maestra de psicología inversa, la carta indicaba que se estaban elaborando planes para engañar a los alemanes y convencerlos de que el desembarco se haría en Sicilia. Esto debía dar la impresión a los alemanes de que se enfrentaban a fuerzas lo bastante potentes para efectuar dos grandes operaciones simultáneas y que tendrían lugar lejos de Sicilia, obligándolos a dispersar sus fuerzas para enfrentarse a la amenaza.

Para resaltar el carácter sensible de la carta y establecer la cualificación del comandante Martin para viajar al norte de África, Montagu incluyó otra carta de Lord Louis Mountbatten, Jefe de Operaciones Combinadas al almirante Sir Andrew Cunningham, Comandante en Jefe del Mediterráneo, en la que Mountbatten ensalzaba la experiencia del comandante Martin en operaciones anfibias; y, aún más importante, Mountbatten decía a Cunningham que Martin llevaba una carta demasiado importante para ser enviada por los canales normales, lo que explicaba la necesidad del vuelo de Martin. La carta también decía que el blanco para la invasión sería Cerdeña.

Ejecución de la operación miniaturadeimagen|Una Imagen del HMS Seraph. El comandante Martin fue puesto en un contenedor estanco y sellado conservado en hielo seco y vestido con su uniforme de Royal Marines. Cholmondeley y Montagu alquilaron un coche para entregarlo en Holy Loch, Escocia, y lo embarcaron en el submarino británico HMS Seraph. Montagu había preparado esto con el almirante Barry, que tenía los submarinos bajo su mando. Barry sugirió el Seraph, que en ese momento estaba disponible. Fue casualidad que su comandante, el teniente de navío Norman L.A. (Bill) Jewell y la tripulación tuviesen experiencia previa en operaciones especiales.

El 19 de abril de 1943 el Seraph se hizo a la mar. Navegó hasta una posición una milla al sur de Huelva, en la costa española. Se seleccionó esta posición porque España, aunque oficialmente neutral, simpatizaba con las potencias del Eje y estaba repleta de agentes de la Abwehr. También se sabía que en Huelva había agentes alemanes muy activos y que tenían muy buenos contactos con las autoridades españolas.