Las Torres es un barrio del municipio de Las Palmas de Gran Canaria (Gran Canaria, Islas Canarias, España). Situado en el distrito de Ciudad Alta. Es uno de los barrios que ha experimentado una mayor expansión urbanística en los últimos años, junto con el vecino barrio de Siete Palmas. Cuenta con la zona industrial de Lomo Blanco.

Toma su nombre de la Estación Radiotelegráfica Transradio Las Palmas, inaugurada en 1930 en terrenos del entonces municipio de San Lorenzo, en el paraje conocido como «altos de Guanarteme». El complejo estaba formado por tres torres metálicas de gran altura (dos de 75 metros y una de 50), visibles desde distintos puntos de la ciudad, que permitieron establecer comunicaciones internacionales, marítimas e interinsulares. La estación estuvo en funcionamiento, con distintas reconversiones técnicas, hasta finales de la década de 1970, y marcó profundamente la identidad del área, que a partir de entonces pasó a ser conocida popularmente como “Las Torres”.

En la actualidad el barrio está en el centro de un intenso debate urbanístico derivado de la modificación del Plan General de Ordenación Urbana en el ámbito de la llamada «Nueva Ciudad Alta», que ha generado una fuerte movilización vecinal desde 2025.

Historia Los orígenes del barrio de Las Torres se remontan a época prehispánica. En el barranco de Tamaraceite, muy próximo al actual barrio, se han documentado restos arqueológicos de época indígena como la Hoya del Paso, las Cuevas del Campo de Minas, la Cueva de la Luna o la Fuente del Sao, donde se combinaban usos funerarios, de hábitat y de almacenamiento de grano, lo que demuestra la importancia agrícola y humana del área desde tiempos prehispánicos.

Tras la Conquista de la isla de Gran Canaria en el , los terrenos del actual barrio de Las Torres pasaron a diferentes propietarios. Durante siglos, el uso agrícola fue predominante en lo que entonces se conocía como los «altos de Guanarteme», destacando cultivos de plátano, tomate, cereal y otros productos de exportación, gestionados por familias de mayordomos y jornaleros que ocuparon el territorio hasta bien entrado el siglo XX. La actividad agrícola dependía en gran medida de la mano de obra jornalera y de familias de aparceros vinculadas también al cercano sector portuario de la capital, un contingente humano cuyos escasos ingresos determinarían décadas más tarde su papel protagonista en la propia formación del barrio.

En mayo de 2025, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, a través del Distrito de Ciudad Alta, presentó el libro Estudio y análisis de los hechos históricos que conformaron el devenir del barrio de Las Torres, un proyecto de recuperación de memoria histórica dirigido por el arqueólogo e historiador David Naranjo Ortega y elaborado a partir de entrevistas y documentación aportada por vecinos y vecinas del barrio, que recorre desde los restos arqueológicos prehispánicos hasta la transformación urbanística más reciente, pasando por el campo de concentración, la construcción de las torres de Transradio, el papel de la agricultura y el fútbol como elemento de cohesión social.

La Estación Radiotelegráfica Transradio El acontecimiento que dio nombre y forma a la identidad del barrio fue la instalación, a finales de la década de 1920, de una gran estación radiotelegráfica de la compañía Transradio Española, fundada en 1927. La empresa decidió invertir en Gran Canaria porque la estación que tenía en funcionamiento en Telde ofrecía un servicio deficiente, con continuos cortes en las comunicaciones, lo que llevó a planificar con urgencia una nueva instalación en otra zona de la isla. Se eligió para ello el paraje conocido como «zona alta de Guanarteme», perteneciente entonces al municipio de San Lorenzo.

La instalación, formada por tres mástiles metálicos —dos de 75 metros y uno de 50— entró en servicio en el otoño de 1930, permitiendo establecer enlaces radiotelegráficos internacionales, marítimos e interinsulares. Las torres, de una altura sin parangón en el entorno, se convirtieron de inmediato en un hito visual reconocible desde distintos puntos de la ciudad, dando origen al topónimo popular de «Las Torres» con el que terminó por conocerse todo el área.

El funcionamiento de la estación no estuvo exento de incidentes: el 23 de enero de 1936 un huracán derribó uno de los mástiles de mayor altura, obligando a suspender el servicio durante varias horas; el estallido de la Guerra civil española poco después impidió que ese mástil llegara a levantarse de nuevo. En diciembre de 1955 se procedió al derribo de los primeros mástiles para renovar las instalaciones, un episodio que quedó documentado en el noticiario cinematográfico NO-DO (número 675 B), bajo el título «Derribo de un mástil de Transradio Española en Guanarteme», que constituye uno de los testimonios audiovisuales más antiguos conservados sobre el barrio.

En 1959 Transradio se integró junto con otras compañías del sector (CIRESA, ITALCABLE y RADIAR) en la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL), en un contexto de progresiva obsolescencia de las estaciones radiotelegráficas tradicionales. Sin embargo, la instalación de Las Torres vivió un nuevo periodo de relevancia técnica durante la carrera espacial: en la década de 1960, la vieja estación colaboró, junto con la Estación Espacial de Maspalomas, en el establecimiento de enlaces de radio para los proyectos de la NASA Mercury, Géminis y Apolo, en los tramos de los vuelos fuera de la órbita terrestre. Aquellos años fueron recordados posteriormente como una de las etapas más destacadas para los técnicos y trabajadores de la estación.

A comienzos de la década de 1970, el servicio móvil marítimo pasó a manos de la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE), que instaló en el ya popular barrio de Las Torres una estación costera de radiotelefonía. Esta última instalación fue finalmente desmantelada a finales de esa misma década, cuando el crecimiento demográfico del barrio y la implantación de la nueva zona industrial hicieron ya inviable mantener allí una instalación de este tipo.

La posguerra y la urbanización del barrio En la inmediata posguerra, parte de los terrenos de Bellavista se transformaron en el campo de concentración de Las Torres-Bellavista, uno de los varios habilitados en Gran Canaria por el bando sublevado tras el golpe de julio de 1936 para internar a presos políticos. Según distintos estudios sobre la represión franquista en Canarias, los reclusos de este campo procedían en buena parte del traslado del anterior campo de concentración de La Isleta, abandonado a mediados de febrero de 1937 por falta de capacidad, y transitoriamente, del antiguo lazareto de Gando, permaneciendo la instalación de Las Torres en funcionamiento hasta mayo de 1941, cuando los presos fueron finalmente trasladados a la prisión de Barranco Seco. Posteriormente el espacio se utilizó como acuartelamiento militar.

A partir de la segunda mitad del , la necesidad de vivienda en la capital provocó la sustitución del uso agrícola por el residencial. Las primeras viviendas se instalaron de forma aislada, favorecidas por la existencia de construcciones dentro de las propias fincas y por la posibilidad de adquirir a bajo precio los solares menos productivos desde el punto de vista agrícola; con el tiempo dieron lugar a numerosas casas «terreras» de autoconstrucción, muchas de ellas levantadas con ayuda mutua entre los propios vecinos. Entre estas primeras edificaciones destacó, en la zona de Las Torres Altas, una vivienda de madera de tipología singular: según el testimonio de un vecino recogido por el proyecto de memoria histórica del barrio, una familia procedente de Agaete trasladó hasta su parcela la antigua torre de vigía del Puerto de La Luz y de Las Palmas para emplearla como base de su casa, un ejemplo del ingenio con el que se fue construyendo el caserío original. Desde finales de los años 70, estas construcciones aisladas dieron paso a urbanizaciones residenciales y bloques de viviendas que configuran el barrio actual, en paralelo a la implantación del polígono industrial de Lomo Blanco, que consolidó el carácter mixto, residencial e industrial, del área.

Pese al crecimiento de las viviendas de autoconstrucción durante los años sesenta, el barrio siguió careciendo durante mucho tiempo de alcantarillado, agua corriente y luz eléctrica. La electrificación no llegó hasta comienzos de la década de 1970, cuando el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria aprobó en sesión extraordinaria los contratos de electrificación del barrio, adjudicados a Enrique Delgado por un importe de 2 042 000 pesetas; la instalación de 65 puntos de luz se inauguró un año después, en un acto presidido por el entonces alcalde, Jesús Pérez Alonso, y el crecimiento posterior del barrio obligó al Consistorio a acometer una ampliación de la red presupuestada en 1 308 646 pesetas adicionales. A finales de los años 70, el resto de servicios básicos (aceras, carreteras, agua corriente, espacios públicos, etc.) seguían siendo prácticamente inexistentes. La creación de Asociaciones Vecinales a partir de 1977 permitió que las demandas de la comunidad fueran escuchadas y atendidas, promoviendo la instalación de estos servicios, gran parte de los cuales fueron pagados y realizados por la propia vecindad. El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria comenzó a asumir progresivamente la responsabilidad de urbanizar y dotar de servicios al barrio en la década de 1980, mejorando infraestructuras e implementando servicios públicos esenciales, aunque a comienzos de la década de 1990 buena parte del alumbrado público seguía en mal estado y eran los propios vecinos quienes se encargaban del mantenimiento de las escasas zonas verdes del barrio.

Vida asociativa, deportiva y cultural El fútbol ha tenido un papel destacado en la historia social del barrio, con campos como el de Bellavista y más tarde con el campo de fútbol Las Torres. Los clubes locales se convirtieron en referentes comunitarios: el barrio contó con equipos que llegaron a competir en la Tercera División, destacando especialmente la U.D. Las Torres, que se mantuvo en dicha categoría desde 1982 hasta 1986, renunciando posteriormente a continuar en la división, y que volvió a ascender para jugar nuevamente entre 1989 y 1991. Estos equipos ofrecieron a los jóvenes del barrio oportunidades deportivas y fomentaron un fuerte sentido de identidad y pertenencia que persiste en la actualidad.

Más allá del deporte, el entusiasmo de numerosos jóvenes del barrio se plasmó a lo largo de las décadas en la creación de cuerpos de baile, orquestas, corales y agrupaciones folclóricas, hasta el punto de que Las Torres llegó a considerarse uno de los barrios con mayor tradición musical de Las Palmas de Gran Canaria. Esta vida asociativa, articulada en torno a entidades vecinales y de mayores como el Centro de la Asociación Mayores Pesomaju, ha sido clave para preservar la identidad y la memoria colectiva de un barrio nacido, en gran medida, del esfuerzo de autoconstrucción de sus primeros pobladores.

En los últimos años, el barrio de Las Torres se ha convertido en una zona atractiva para vivir, gracias a su cercanía a centros comerciales, servicios de transporte público y diversas instalaciones, entre ellas el Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín. Estos factores han contribuido a un notable aumento de la población, consolidándolo como un área dinámica y en crecimiento dentro de la ciudad. En enero de 2026, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y el Cabildo de Gran Canaria firmaron un convenio para impulsar la construcción de 240 viviendas públicas de alquiler asequible en el barrio, una promoción con un plazo de ejecución estimado de 48 meses cuyo inicio de obras se sitúa en torno a 2027.

Modificación del PGOU: Nueva Ciudad Alta y su impacto en Las Torres