La guerra mahdista (1881-1899) fue una guerra colonial británica que tuvo lugar a fines del , que inicialmente enfrentó a los seguidores del líder religioso sudanés Muhammad Ahmad bin Abd Allah, que se había autoproclamado el Mahdi ("Guía") del Islam, y a las fuerzas del Jedivato de Egipto, a las que más tarde se unieron las fuerzas británicas. Los dieciocho años de guerra dieron origen al Sudán anglo-egipcio (1899-1956), un condominio del Imperio británico y el Reino de Egipto.

La participación británica en la guerra es llamada Campaña del Sudán, siendo descrita en detalle en The River War: An Historical Account of the Reconquest of the Soudan (1899) de Winston Churchill, que participó en la guerra. Este conflicto también es conocido como la "Rebelión mahdista", la "Guerra anglo-sudanesa" y la "Revuelta mahdista del Sudán".

Trasfondo Después de la invasión de Muhammad Ali en 1819, Sudán fue gobernado por una administración egipcia. Debido a los altos impuestos aplicados y al sangriento inicio del gobierno turco-egipcio en Sudán, este sistema colonial era detestado por el pueblo sudanés.

Durante el período de gobierno turco-egipcio, muchos segmentos del pueblo sudanés padecieron penurias debido al sistema fiscal impuesto por el gobierno central. Bajo este sistema, los agricultores y pequeños comerciantes debían pagar un impuesto llano, el cual era recaudado por agentes gubernamentales nombrados entre los miembros de la tribu Shaigiya del norte de Sudán. En años malos, especialmente durante sequías y hambrunas, los agricultores no podían pagar los altos impuestos. Temiendo las represalias de los Shaigiya, muchos agricultores abandonaron sus aldeas en el fértil valle del Nilo y se refugiaron en zonas remotas de Kordofán y Darfur. Estos migrantes, conocidos como "jallaba" por sus vestimentas sueltas, empezaron a fungir como pequeños comerciantes e intermediarios para las compañías comerciales extranjeras que se habían instalado en las ciudades y pueblos del centro de Sudán.. Los jallaba también eran conocidos por ser tratantes de esclavos.

Hacia mediados del , la administración imperial otomana en Egipto estaba a cargo del Jedive Ismail. Los gastos del Jedive Ismail incrementaron la deuda externa de Egipto y cuando su financiamiento del Canal de Suez empezó a menguar, Gran Bretaña dio un paso al frente y pagó sus préstamos a cambio de ser accionista mayoritario en el canal. Siendo la ruta más corta a la India, considerada una joya de la Corona Británica, el control del Canal de Suez era de vital importancia estratégica, ya que los intereses comerciales e imperiales británicos dictaban la necesidad de su captura o control. Por lo tanto, el papel de los británicos en los asuntos internos egipcios se incrementó gradualmente. Como los gastos y la corrupción del Jedive Ismail producían inestabilidad, en 1873 el gobierno británico apoyó un programa en el cual una comisión de deuda anglo-francesa asumía la responsabilidad de administrar los asuntos fiscales egipcios. Esta comisión finalmente obligó al Jedive Ismail a abdicar en favor de su hijo Tawfiq en 1877, lo cual llevó a un período de inestabilidad política.

En 1873, Ismail había nombrado a Charles George Gordon como gobernador de las Provincias Ecuatoriales del Sudán. En los tres años siguientes, el General Gordon luchó contra Al-Zubayr Rahma Mansur, un jefe nativo de Darfur.

Hasta la abdicación de Ismail en 1877, Gordon vio que su apoyo se había reducido gravemente. Agotado por años de trabajo, renunció a su puesto en 1880 y partió a Inglaterra a inicios de 1881. Sus políticas pronto fueron abandonadas por los nuevos gobernadores, pero la furia y el descontento de la dominante minoría árabe no fueron resueltos.

A pesar de que los egipcios estaban temerosos ante el gradual deterioro de las condiciones, los británicos rehusaron involucrarse. El Foreign Secretary Granville Leveson-Gower dijo: "El Gobierno de Su Majestad no se responsabiliza en forma alguna por operaciones en el Sudán".

Levantamiento del Mahdi derecha|miniatura|Muhammad Ahmad, el autoproclamado Mahdi.

Los historiadores que han tratado este conflicto vieron que las causas del levantamiento fueron el descontento de los sudaneses frente a los gobernadores otomanos extranjeros, los relajados estándares religiosos de los turcos y su tendencia a nombrar extranjeros no-musulmanes, como Charles Gordon, en puestos importantes, además de la resistencia del sufismo sudanés ante el "seco y escolástico Islam de la administración egipcia".Mortimer, Edward, Faith and Power, Vintage, 1982, p. 77. Otra potencial fuente de descontento ampliamente documentada fue la abolición turco-egipcia de la esclavitud, que era una de las principales fuentes de ingresos en Sudán en aquel entonces.

En la década de 1870, un clérigo musulmán llamado Muhammad Ahmad predicaba la renovación de la fe y la liberación del país, empezando a atraer seguidores. Hallándose rápidamente en abierta rebelión contra los egipcios, Muhammad Ahmad se autoproclamó como el Mahdi, el prometido redentor del mundo islámico. En agosto de 1881 el gobernador del Sudán, Raouf Pachá, envió dos compañías de infantería que estaban armadas con una ametralladora cada una, para arrestarlo. A los capitanes de ambas compañías se les prometió un ascenso si sus soldados traían de vuelta al Mahdi ante el gobernador. Ambas compañías desembarcaron del vapor que las llevó Nilo arriba en la isla Aba, aproximándose a la aldea del Mahdi desde direcciones opuestas. Al llegar simultáneamente, ambas fuerzas empezaron a dispararse ciegamente una a la otra, permitiendo a los escasos seguidores del Mahdi atacarlas y destruirlas en la Batalla de Aba.

Después el Mahdi inició una retirada estratégica a Kordofán, donde estuvo a cierta distancia de la sede de gobierno en Jartum. Este movimiento, visto como un avance triunfal, incitó a varias de las tribus árabes a sublevarse para apoyar la Yihad que el Mahdi declaró contra los "opresores turcos". Otra expedición egipcia enviada desde Fachoda fue emboscada y masacrada en la noche del 9 de diciembre de 1881.Churchill p. 29

El Mahdi también legitimó su movimiento al trazar deliberados paralelismos con la vida del Profeta Mahoma. Llamó a sus seguidores Ansar, en honor a las personas que recibieron al Profeta en Medina, y Hégira a su fuga de los británicos, en honor a la fuga del Profeta de los Quraysh. Además, el Mahdi también nombró comandantes para representar a tres de los cuatro Califas Virtuosos; por ejemplo, él nombró a Abdullahi ibn Muhammad, su eventual sucesor, que representaba a Abu Bakr as-Siddiq, el sucesor del Profeta.

La administración egipcia del Sudán, muy preocupada por la escala del levantamiento, formó una fuerza de 4000 soldados al mando de Yusef Pachá. La fuerza se aproximó a la concentración mahdista, cuyos miembros iban mal vestidos, casi muertos de hambre y armados solo con palos y piedras. Sin embargo, el exceso de confianza hizo que el Ejército egipcio acampe a la vista del "Ejército" mahdista sin poner centinelas. El Mahdi dirigió el asalto al amanecer del 7 de junio de 1882, que masacró a la fuerza y dejó un solo superviviente. Los rebeldes obtuvieron grandes cantidades de armas y municiones, uniformes militares y otros pertrechos.Churchill p. 30

La Expedición Hicks Con el gobierno egipcio pasando principalmente bajo control británico, las potencias europeas estaban cada vez más al tanto de los problemas en Sudán. Los asesores británicos del gobierno egipcio dieron su consentimiento tácito para otra expedición. A lo largo del verano de 1883, se concentraron soldados egipcios en Jartum, para finalmente formar una fuerza de 7000 infanteristas, 1000 jinetes, 20 ametralladoras y artillería. Esta fuerza fue puesta al mando de William Hicks, un oficial retirado del Indian Staff Corps, y doce oficiales europeos. Esta fuerza era, según Winston Churchill, "quizás el peor ejército que alguna vez marchó a la guerra"-sin paga e indisciplinados, sus soldados tenían más en común con los enemigos que con sus oficiales.

El Obeid, la ciudad cuyo asedio deseaba levantar Hicks, ya había caído para cuando la expedición partió de Jartum, pero Hicks continuó de todas formas, aunque no confiaba en sus oportunidades de tener éxito. Hasta su aproximación, Muhammad había formado un ejército de alrededor de hombres y los había entrenado rigurosamente en lo que a tácticas militares respecta, equipándolos con las armas y municiones capturadas en las batallas anteriores. El 3 y el 4 de noviembre de 1883, cuando las fuerzas de Hicks ofrecieron batalla, el Ejército mahdista era una fuerza militar en el sentido de la palabra, que posteriormente aniquiló al ejército de Hicks-solo unos 500 egipcios sobrevivieron a la batalla de El Obeid.Churchill p. 33

Evacuación En aquel entonces, el Imperio británico se estaba involucrando cada vez más en la estructura del gobierno egipcio. Egipto estaba a punto de ceder bajo una casi insostenible estructura para el pago de sus enormes deudas con las potencias europeas. Para que el gobierno egipcio evite una mayor interferencia de sus creditores europeos, tenía que asegurarse que el interés de la deuda sea pagado a tiempo en todo momento. Para este fin, la tesorería egipcia, inicialmente plagada de corrupción y burocracia, fue puesta por los británicos bajo el control casi total de un "Asesor financiero", que ejercía el poder de veto sobre todos los asuntos de política financiera. A los nominados al puesto-primero Sir Auckland Colvin y después Edgar VincentMilner p. 86-se les instruyó que ejerzan la mayor parsimonia posible en los asuntos financieros de Egipto. Mantener las guarniciones en el Sudán le costaba al gobierno egipcio más de libras egipcias al año, un gasto insostenible.

miniatura|izquierda|Charles Gordon, gobernador del Sudán. En consecuencia el gobierno egipcio decidió, bajo cierta presión por parte de sus supervisores británicos, que la presencia egipcia en el Sudán debía ser retirada y dejar al país bajo cierta forma de autogobierno, probablemente encabezada por el Mahdi. Por lo tanto la retirada de las guarniciones egipcias estacionadas a lo largo del país, tales como las de Sennar, Tokar y Sinkat, fue amenazada, a menos que fuese llevada a cabo ordenadamente. El gobierno egipcio solicitó que un oficial británico fuese enviado al Sudán para coordinar la retirada de las guarniciones. Se esperaba que las fuerzas mahdistas considerarían demasiado riesgoso atacar a un súbdito británico, lo cual permitiría efectuar la retirada sin incidentes. Se propuso enviar a Charles George Gordon. Él era un hábil oficial, que se había destacado en varias campañas en el Lejano Oriente, especialmente en China (véase la segunda guerra del Opio). Sin embargo, también era conocido por su agresividad y rígido honor personal, que lo hacían inadecuado para esta misión ante varios importantes oficiales británicos en Egipto. Sir Evelyn Baring (después Earl de Cromer), el Cónsul general británico en Egipto, se oponía tenazmente al nombramiento de Gordon y al final lo aceptó a regañadientes por la presión de la prensa británica y la opinión pública. Al final se le encomendó la misión a Gordon, pero iría acompañado por el más equidistante y confiable Coronel John Stewart. Se planeó que Stewart, a pesar de ser el subordinado nominal de Gordon, actuaría como una barrera para este y se aseguraría que el Sudán fuese evacuado de forma rápida y pacífica.

Gordon partió de Inglaterra el 18 de enero de 1884Strachey, Lytton (1918), Eminent Victorians, p. 194 y 199; véase también, Churchill, p. 39 y llegó a El Cairo en la tarde del 24 de enero. Gordon fue principalmente responsabe de emitir sus propias órdenes, junto a las proclamas del Jedive que anunciaban las intenciones de abandonar el Sudán por parte de Egipto. Las órdenes de Gordon, por su propia solicitud, eran inequívocas y dejaban poco lugar para una errónea interpretación.