El Litoral es el principal diario y sitio de noticias de la ciudad de Santa Fe, capital de la provincia del mismo nombre, en Argentina. Diariamente, imprime dos ediciones (Mañana - Tarde). Fue fundado el 7 de agosto de 1918 por Salvador Caputto.

Es distribuido en la zona centro-norte de Santa Fe. Ofrece varios suplementos, posee una versión digital y emplea a más de 200 personas.

Pertenece al multimedios que también integra el canal de televisión CYD Litoral, el periódico provincial Mirador Provincial con dos ediciones en Santa Fe y Entre Ríos, el semanarios de distribución gratuita Notife, la revista de negocios Puerto Negocios. miniaturadeimagen|Salvador Caputto y Pedro Vittori en 1937, año en que firman contrato por primera vez. Su versión digital, creada en 1997, se posiciona hoy como la web más leída de la provincia, con más de 3 millones de usuarios únicos (según mediciones de Comscore, Media trend, julio de 2020)

Historia El 7 de agosto de 1918, Salvador Caputto inició la publicación de "El Litoral". Hasta pocos días antes había sido director del diario radical "La Palabra", publicado entre 1915 y julio de 1918. En 1920 se integró Pedro Vittori, el último administrador de "La Palabra".

Sus inicios El origen de El Litoral tiene una clara impronta política. Nació de una “costilla” de La Palabra, su inmediato antecedente editorial, y nucleó en el pequeño grupo inicial a personas que venían de compartir una experiencia periodística que, atravesada por la política, había durado tres años. El grupo adscribía a la fracción radical del doctor Enrique Mosca y cumplió un papel significativo en su llegada al Ejecutivo provincial en 1920. No obstante, el grupo político principal sufrió severas fisuras a partir del decreto de Mosca que suspendió los efectos de la reforma constituyente de 1921, con la que El Litoral estaba consustanciado. Pero esa crisis interna trocó en la oportunidad periodística de ampliar sus contenidos y diversificar su oferta a los lectores. Lo hizo, y le fue bien. Liberado de las amarras de un compromiso político con efectos restrictivos, ensanchó su campo visual y logró un mayor registro de las complejas y cambiantes realidades de una sociedad dinámica. Este nuevo horizonte le granjeó una comunicación de mayor espectro con la sociedad a la que le ofrecía su producto editorial. Fue el momento del clic, la hora de la aceptación masiva, el comienzo de una relación intensa que sigue hasta hoy pese a la multiplicación de los canales y plataformas de acceso a la información. La explicación puede darse con la clásica figura del contrato de lectura, alusión al vínculo que se establece entre los lectores y los medios de comunicación, y al modo en que este se construye, pervive o se modifica con el tiempo. De allí, su defensa de la Constitución Nacional, del moderno Estado de Derecho que habita en su texto y que tantas veces ha sido y es negado en los hechos por la mala praxis de gobiernos hegemonistas. Más allá de sus errores, desaciertos e inconsistencias, El Litoral se ha mantenido en la huella y en la defensa de la República Federal inspirada por la filosofía de la libertad."El Litoral, Un Siglo de Periodismo", El Litoral, 2018

Un periodismo innovador Pero más allá de sus apoyos políticos El Litoral se afianzó por algunas características fundamentales: la confiabilidad de la información y la noticia local. “Cuando El Litoral aparece no representa la fisonomía del viejo paladín obrero ni su verbo tiene vibraciones de rebeldía, ni persigue el entronizamiento de la clase proletaria, tan cara al marxismo diletante de aquellos días. El diario asume una actitud independiente de crítica serena y objetiva. Más aun. Es una nueva modalidad de periodismo. En el medio santafesino predominaba el tono polémico, se atacaba al enemigo con todas las armas si el embate llegaba a la diatriba.” (Pio Pandolfo)

No obstante si leemos cualquiera de los ejemplares de los primeros años vemos que los ataques a los opositores eran tremendos y que sí tiene varias “vibraciones de rebeldía”, incluso podemos decir que un lenguaje extremadamente fuerte, de acusaciones directas como era el uso de la época. “Este diario -dice uno de sus redactores de hace medio siglo no era independiente en cuanto el término suele definir la independencia o apoliticismo. Se denunciaban los atropellos policiales contra los partidarios de Mosca y se hablaba de policía brava y de matones”. Y más adelante, refiriéndose a la personalidad del fundador: “(su periodismo) fue principalmente veraz. La noticia más sencilla motivaba su más cuidadosa verificación y en ese sentido su espíritu no admitía otra limitación que la veracidad: si una noticia era verídica, era publicable.”miniaturadeimagen|Local en San Martín, vereda Este, entre Catamarca (hoy Eva Perón) y La Rioja donde funcionó El Litoral temporalmente hasta que se terminó de construir su edificio propio.

En un aniversario de El Litoral, habló el Dr. Ranwell Caputto (hijo de Salvador) quien si bien se dedicó toda su vida a la ciencia, conocía perfectamente entretelones de la empresa familiar. En un discurso, breve, claro y contundente evocó como un ejemplo de cómo se construyó esa confianza del público, valor fundamental, esta anécdota de los primeros tiempos del diario: "Corría 1923. Hacía apenas un año que El Litoral había comprado su primera linotipo. El combate entre el estadounidense Dempsey y Firpo, “El toro de las Pampas” había concitado un interés inusitado en todo el país, así que el día del combate, 14 de septiembre, la gente se agolpaba frente a las redacciones de los diarios para recibir lo antes posible las novedades de la pelea (recordemos que no había inmediatez en la información: no existía la TV y la radio era aún un experimento incipiente). En Buenos Aires La Nación había dispuesto un complejo aparato telegráfico para trasmitir noticias de la pelea con la mayor inmediatez posible, verdadera novedad para la época. Frente a El Litoral, en San Martín entre Garay y Corrientes, la gente esperaba las noticias, que se iban anotando en una pizarra. En un momento sucede algo conmocionante y recordado hasta hoy: Firpo saca del ring a su rival. Muchos medios lo dieron ya como ganador y la gente estaba exultante. Pero don Salvador no quiso apresurarse y no lo anunció como ganador: les decía a sus colaboradores lo que su hijo evocó en su discurso: “hay que ser prudentes, hay que esperar, hay que confirmar la noticia”. Y tenía razón, ya que (en polémico fallo, es verdad, pero fue así) el ganador fue Dempsey. Esa anécdota me quedó en la memoria como un ejemplo de la honradez de la información, la credibilidad, lo que creo que es el puntal fundamental del diario” expresó el Dr. Ranwell Caputto.

Pacto con los lectores La apuesta por la educación y la cultura es un objetivo casi obsesivo de Caputto, y a la vez da respuesta a toda esa gran cantidad de gente que ve a la educación como escalón de ascenso socioeconómico. Ha comenzado a establecerse lo que se denomina “contrato de lectura”, un contrato no escrito que se renueva cotidianamente, por el que cada lector prefiere tal o cual publicación porque encuentra allí reflejadas las informaciones, opiniones, criterios que más le interesan. Es un contrato que puede interrumpirse cuando el lector ve alteradas las “cláusulas” de ese pacto. Emisor, mensaje y receptor deben estar en sintonía, en una relación que prácticamente se construye día a día, sin modificar los valores esenciales del periódico pero a la vez evolucionando de acuerdo con los cambios de la época. Esto es lo que lleva a las modificaciones de diagramación, presentación, tamaño, modos de escritura, inclusión o supresión de secciones, etc., que los diarios enfrentan permanentemente tratando de interpretar lo que llena las expectativas de los lectores y futuros lectores.

Nueva sede, nueva etapa miniaturadeimagen|El edificio de San Martín 2659 fue un hito ciudadano por cuatro décadas. En las vidrieras se colocaban pizarras con las últimas noticias. Salvador Caputto muere sin haber alcanzado a ver el nuevo y por entonces moderno edificio que albergaría a El Litoral largo tiempo, ya que se inauguró a comienzos de la década de 1940. Tampoco Pedro Vittori pudo disfrutar plenamente de ese logro. Construido por Macchi y Mazuchelli especialmente para el diario, se fue agrandando a medida que crecía la empresa. Tenía tres pisos, con la entrada principal sobre San Martín 2659. Apenas traspasada la puerta de entrada se topaba uno con un gran mostrador que abarcaba casi todo el frente y también un largo pasillo: era la zona de Publicidad. Más adentro estaba la Gerencia, el laboratorio de fotos y luego una enorme sala con la rotativa, con sus escaleritas y barandas de bronce, literalmente rodeada de bobinas de papel que venían de Suecia y de Chile. Después el Taller, la Corrección, Expedición con salida por calle Catamarca. En el 2.º piso: Circulación, Biblioteca y administrativos. La Redacción con sus diversas secciones (General, Sociales, Espectáculos, Telegramas, Deportes) el director y el subdirector, todos en el primer piso, vale decir que el trayecto redacción-taller implicaba subir y bajar escaleras y llegar hasta el centro de la manzana. Fue un sitio emblemático por varias décadas: casi todos los que pasaban por esa calle principalísima de la ciudad se detenían a leer las “últimas noticias” que se escribían con tiza (más adelante reemplazada por letras premoldeadas) en pizarras colocadas en sus dos grandes vidrieras, y que se iban renovando durante el día. Se usaron hasta mediados de 1980 en que se mudó nuevamente el diario a 25 de Mayo 3536. Era una tarea que llevaba su tiempo, obviamente requería buena letra y causaba no pocas protestas en la Redacción. Pero era un servicio ineludible del diario (no había instantaneidad de información), que le servía a la vez para que luego la gente quisiera leer más detalles. Aunque la verdad es que por entonces el diario tenía sus lectores y era ya una costumbre arraigadísima de los santafesinos. "Por calle Catamarca (hoy Eva Perón) era típico también el enjambre de canillitas que se agolpaban para salir lo más rápido posible a vender el diario voceando “¡...toral diario!”. Es en los años 1940, más precisamente en 1944, que se organizan en lo que es hoy el Sindicato de Vendedores de Diarios y Revistas. Conversamos con Beto Pecorari poco tiempo antes de su muerte y recordaba que su padre, Carlos, fue uno de los organizadores de esa agrupación gremial y de la Casa del Canillita. Peco, tal su apodo corriente, tenía su kiosco de diarios y revistas en Tucumán y San Martín, desde donde con su ronco vozarrón saludaba a medio mundo y echaba un párrafo con otro tanto. Se sentía canillita de alma, tenía una audición de tangos, una de sus pasiones junto con Colón. En su recuerdo, elde todos los canillitas, kiosqueros, y repartidores en el interior".