La historia de la ciudad de Rancagua, Chile, se remonta al período de la conquista por parte de la Corona Española aunque la zona había sido habitada por diversos grupos indígenas con anterioridad.

Habitantes prehispánicos thumb|left|Puente del tipo descrito. Los picunches promaucaes son los primeros habitantes conocidos del Valle de Rancagua. Los promaucaes iniciaron la construcción de un pucará en el Cerro La Compañía y un puente colgante de cuerda y mimbre sobre el río Cachapoal, que facilitó las expediciones incaicas hacia el sur de su imperio. Los incas fortificaron el pucará utilizándolo como fuerte. La presencia incaica no significó la pérdida de autoridad local, ni de sus tierras a los caciques picunches. El puente fue utilizado por los españoles para extender hacia el sur la conquista territorial y constituía el paso obligado de los viajeros en el tiempo de la Colonia.

Antecedentes Varios factores contribuyeron a la fundación de la ciudad de Rancagua. Entre ellos se encuentra el deseo de la corona y autoridades de asegurar las conquistas, atraer colonos y beneficiarse económicamente de los nuevos territorios. Por ejemplo, en 1647 el gobernador Mujica observó que

Otro factor fue la existencia de un caserío -de aproximadamente diez familias- en los tiempos de la conquista. Ese caserío estaba cerca de un puente de mimbres construido por los incas, aproximadamente a un kilómetro de los actuales. Ese puente fue reparado en 1545 por orden del Cabildo de Santiago. Es probable que en ese caserío haya existido una posada (como la que había en Rengo).

Desde esa época hasta 1723, el caserío en este "lugar de cañas" (Rangkülwe, mapudungun "cañaveral") creció lentamente y se creó una pequeña industria de producción de paños, frazadas y cordeles. Al mismo tiempo, la explotación de las minas de Alhué y de El Sauce (oro) y la que eventualmente sería llamada El Teniente (cobre) fue motivo de que más personas se trasladaran a vivir allí y el caserío cobró entonces una existencia más segura y el nombre comenzó a ser usado oficialmente. Por ejemplo, en 1580 fue fundada la parroquia del Sagrario de Rancagua. Y la hacienda que tuvieron los jesuitas en las inmediaciones se llamaba “Estancia de Rancagua”.

La región en que se encontraba era conocida como la provincia o corregimiento de Rancagua.

Un tercer factor fue el deseo del rey y de las autoridades de la colonia que querían imponer la voluntad real y la legislación vigente por sobre las tendencias autárquicas y el sistema semi-feudal que los encomenderos, órdenes religiosas y otros estaban implantando. Ese sistema favorecía la explotación de los aborígenes y perjudicaba los intereses del imperio español y el desarrollo económico de las colonias, que el gobierno hispánico buscó impulsar (véase, por ejemplo: Leyes Nuevas y ilustración española). Finalmente el rey emitió un edicto que dice en parte:

Sin embargo, los abusos continuaron cada vez más agudos y extremos, hasta el punto que, en 1723, se produjo un alzamiento general de indígenas. Una vez restablecido el control español, las autoridades tomaron medidas para evitar nuevas rebeliones y se ocuparon de acabar con los peores abusos. En Rancagua fue apresado Diego de Encalada -encomendero- pero su influencia y la lejanía e ineficacia del gobernador, unido a la falta de autoridades locales, impidieron que se tomaran medidas efectivas. Lo mismo sucedió a nivel más general: la política de explotación y degradación de la población nativa (incluyendo por ahora el creciente mestizajeAunque es difícil encontrar datos concretos, posteriormente, hacia el final del periodo colonial, la población "del reino" alcanzaba medio millón de habitantes, sin contar la población indígena, de los cuales aproximadamente 300 mil eran mestizos, 150 mil criollos (es decir, descendientes directos de españoles) y solo alrededor de 20 mil eran peninsulares, con un puñado de nobles y encomenderos que eran -junto con las autoridades nombradas por el rey o sus representantes- los que en la práctica constituían la clase dirigente del país. Cf. “Cartas escritas durante una residencia de tres años en Chile, en las que se cuentan los hechos más culminantes de las luchas de la revolución en aquel país: con un interesante relato" Johnston, Samuel B. pp 129, Carta Undécima) continuó. Como el cabildo de Concepción indicó -en relación con la política que se seguía hacia la población local: si se le quitan las borracheras se irán al enemigo y por el vino están entre los españoles.

Es sobre ese telón de fondo, que tuvo lugar el nombramiento, en 1736, de José Manso de Velasco como Gobernador de la Capitanía General de Chile. Sus preocupaciones principales fueron el saneamiento de la administración colonial y el aumento de la hacienda fiscal, a fin de beneficiar al Reino. Fundamental para ese propósito era fundar centros a través de los cuales se pudiera implantar un sistema político administrativo que representara tanto los intereses del imperio como los de los súbditos españoles comunes y corrientes. Es decir, la fundación de localidades en las cuales existieran tanto cabildos independientes de los encomenderos, sus administradores y órdenes religiosas como corregidores que representaran a la autoridad central. En una apartado del Código de Instrucciones que acompaña a la Cédula Real de 1703 cuando se refiere a la organización de una nueva ciudad estipula:

Fundación thumb|230px|Monumento a José Antonio Manso de Velasco, fundador de Rancagua. Debido a esos factores, el 5 de octubre de 1743 el gobernador del Reino de Chile, José Antonio Manso de Velasco, fundó -no sin oposición tanto de los encomenderos como de algunas órdenes religiosas- la nueva villa, en terrenos cedidos por el Cacique Guaglén, a cambio del reconocimiento de su título por el rey. Como gesto simbólico de las intenciones y antecedentes mencionados, Manso de Velasco tomó el

El acto fue aprobado por Real Cédula del 29 de julio de 1749.

Parece que el nombre Rancagua era ya de uso anterior o se le aplicó pronto a la nueva ciudad. Según el director del diario local El Rancagüino, Héctor González, en su libro "Rancagua en la Historia", el motivo es que

Tal como había hecho en la planificación de diversas ciudades, Manso de Velasco la proyectó, de acuerdo con las ordenanzas mencionadas, e influido por la concepción urbanística de Felipe II,Este modelo considera como tarea primordial para construir una ciudad el trazado de la Plaza Mayor o de Armas a eje y cordel, con definición de las calles, solares y cuadras, y con especificación distintiva entre caminos, calles y carreras principales. Así mismo dispone que de la plaza salgan cuatro calles principales destinadas al comercio como un damero, que consiste en un plano similar a un tablero de ajedrez; 8 cuadras por 8 cuadras. Cada cuadra se dividía en 4 partes, denominadas solares. La villa estaba rodeada en sus cuatro lados por acequias (en las llamadas cañadillas). Se destacó la plantación de algunos árboles, especialmente álamos, que dieron origen años después a la "Alameda".

Manso de Velasco nombró como Protector de la Villa a Martín de Jáuregui, quien repartió las cuadras y solares demarcados para las diversas funciones de la época. En adición a las asignaciones mencionadas -casa del Corregidor, Cárcel y Ayuntamiento-, donó 2 cuadras (8 solares) a la orden de los franciscanos. Dicho terreno, actualmente constituye las dos manzanas delimitadas por las calles Estado, Almarza, Millán e Ibieta. También asignó terrenos para los jesuitas y para el Convento de Nuestra Señora de la Merced.

Adicionalmente, Gerónimo Hurtado de Mendoza (miembro de una destacada familia local) fue nombrado Corregidor, Justicia Mayor, Lugarteniente de alcalde y Mayor de Minas; Pedro Lasso de la Bega, pregonero; Ignacio Baeza Valenzuela y José Alarcón, alguaciles; José de Burgos, escribano. Sin embargo el Cabildo no se constituyó por mucho tiempo, posiblemente hasta el año 1786, cuando una Real Cédula (14 de marzo) proveyó su constitución con los siguientes cargos: dos Regidores; Alférez Real; alcalde Provincial; Alguacil Mayor, y Depositario General. El pregonero de aquel tiempo (Antonio Soto) tuvo una dura tarea: algunos de los cargos en remate fueron anunciados más de treinta veces con pregón a son de tambor. La vara de alguacil mayor, que se estimó en setenta pesos, no interesó a los postores sino después de un año de anunciar su remate. Pedro Reina y Molina fue el primer policía de la villa con funciones oficiales reconocidas. Y sólo en 1792, Andrés Villarreal compró el cargo de Primer Escribano Público y del Cabildo.

Primeros desarrollos

Como se ha sugerido, el crecimiento de la ciudad fue lento y no ajeno a trastornos. Menos de dos décadas después de su fundación -en 1751- Santa Cruz de Triana fue sacudida por un fuerte terremoto que afectó a toda la región central y sur del reino. La ciudad fue casi totalmente destruida y muchos de sus habitantes la abandonaron. Sin embargo, a finales del siglo Santa Cruz de Triana contaba, entre sus edificios "públicos" o cívicos, en adición a la parroquia del "Sagrario de Rancagua" - fundada en 1780- y la cárcel y los demás establecidos en su fundación, con una escuela laica, alguna pequeñas empresas y el regimiento de Dragones de Sagunto, que cumplía las labores de vigilancia, mantenimiento de orden y guardia de la cárcel.Este regimiento fue estacionado en Rancagua posiblemente a las órdenes de Manuel de Amat y Juniet, quien fuera Gobernador de Chile entre 1755 y 1761, y quien fue comandante del regimiento del mismo nombre en España. Como curiosidades -no he podido encontrar más datos- José de San Martín fue nombrado, en 1811, comandante del Regimiento de Dragones de Sagunto español. El primer comandante del regimiento de Rancagua fue Bernardo de la Cuadra y Echavarría (1738 -1809) quien también fue alcalde durante el periodo colonial. El segundo coronel del regimiento fue Juan Francisco Larraín Rojas ( 1788, 1836) quien era dueño de la hacienda de Aculeo, con 2400 cuadras regadas, 13.000 de serranías y 854 de laguna. Este Sr fue elegido diputado por Rancagua. Con posterioridad José Toribio de Larraín y Guzmán fue nombrado capitán. Aparentemente el regimiento participó en la liberación del Perú.

Batalla de Rancagua thumb|230px|Desastre de Rancagua, ocurrido el 1 y 2 de octubre de 1814.

En la ciudad de Rancagua fue testigo de la batalla que marca el fin de los primeros proyectos republicanos por la independencia de Chile. El hecho ocurrió los días 1 y 2 de octubre de 1814. El brigadier Bernardo O'Higgins, al mando de José Miguel Carrera, se encerró en la plaza de la ciudad para detener las tropas realistas de Mariano Osorio, logrando resistir durante dos días, hasta que pudieron romper el cerco y huir. Durante el fragor de la batalla, Bernardo O'Higgins dice nuevamente la frase que había acuñado meses antes en la batalla de El Roble: O vivir con honor o morir con gloria. La derrota de los patriotas en esta batalla produce el fin de la Patria Vieja, la huida de los líderes emancipadores a la Argentina y el comienzo del período histórico de la llamada Reconquista.

La derrota que sufrieron las fuerzas patriotas en la plaza de Rancagua, provocó la casi total destrucción de sus casas y la persecución de los que lucharon en la resistencia contra las autoridades realistas. Para honrar y perpetuar la memoria de estos acontecimientos, el Director Supremo, don Bernardo O’Higgins, le confirió el título de ciudad “muy leal y nacional” el 27 de mayo de 1818. El mismo Decreto estableció el Escudo de la ciudad con el lema “Rancagua renace de sus cenizas porque su patriotismo la inmortalizó”.

Desarrollo urbanístico izquierda|miniaturadeimagen|Réplica de la Ley que creó el primer Juzgado de Letras en Rancagua.