Rotglá y Corbera (oficialmente ) es un municipio de España en la Comunidad Valenciana. Perteneciente a la provincia de Valencia, en la comarca de La Costera.
Geografía Integrado en el sector noreste de la Comarca de La Costera, se sitúa a 58 km de Valencia. El término municipal está atravesado por la Autovía del Mediterráneo (A-7), por la carretera autonómica CV-58, que une Játiva con la A-7, y por carreteras locales que conectan con La Granja de la Costera, Llanera de Ranes y Sellent.
El relieve es bastante uniforme aunque destacan algunas lomas que superan los 200 m de altitud. Destaca al oeste el cerro Carraposa (251 m), el punto más alto del término municipal. El territorio se encuentra enmarcado entre los ríos Cáñoles y Sellent, en el sureste y noroeste respectivamente, aunque ambos circulan fuera de los límites del municipio, contando además con algunos barrancos. La ausencia de corrientes naturales de agua se complementa con la abundancia de fuentes procedentes de acuíferos y filtraciones, con muy poco caudal. El subsuelo del término cuenta con una presencia generosa de agua dulce como consecuencia de encontrarse en los márgenes de las áreas anticlinales del Macizo del Caroche y Sierra Grossa.
El pueblo también está dotado de una red de caminos y carreteras, de los cuales 4 son muy antiguos: La Vía Augusta, el Nuevo Camino Real de Madrid a Valencia, el camino de Játiva al valle de Cárcer y el camino de Játiva al Canal de Navarrés.
Hacia el este, la topografía es más suave, con una morfología casi llana, con pendientes uniformes. El término de Rotglá y Corbera está en el límite de la zona de huerta de la comarca de La Costera, terminando hacia el norte y el oeste con una topografía más accidentada y con superficie cultivable de secano. Alcanza una superficie total de unos 6'3 km², con una configuración sensiblemente triangular. La altitud oscila entre los 251 m (cerro Carraposa) y los 100 m al este. El pueblo se alza a 116 m sobre el nivel del mar.
El término municipal de Rotglá y Corbera limita con las localidades de Sellent, Játiva, Llosa de Ranes, Llanera de Ranes y La Granja de la Costera.
Clima El clima de Rotglá y Corbera es mediterráneo típico, con inviernos suaves y veranos generalmente muy calurosos, con máximas que sobrepasan los 40 °C. Las precipitaciones oscilan entre los 500 mm a 600 mm. Su baja altitud dificulta la presencia de nevadas en invierno, y las heladas, aunque hasta el mes de mayo es probable encontrarse con estos fenómenos meteorológicos. En otoño, en el mes de septiembre principalmente, es frecuente que se den episodios de lluvias torrenciales (gota fría) que se saldan con los desbordamientos de los principales barrancos que confluyen con el río Cáñoles.
Historia
Introducción El término municipal de Rotglà i Corberà ha estado habitado de forma ininterrumpida desde la Edad del Hierro, con evidencias arqueológicas que trasladan la ocupación humana más antigua durante la etapa prerromana. Los restos encontrados de cerámicas, utensilios y estructuras indican la existencia de asentamientos rurales dedicados principalmente a la agricultura y al control del territorio dada su ubicación estratégica junto a los pasos naturales a las comarcas de La Ribera Alta hacia el norte y La Canal de Navarrés hacia el Oeste, además de estar enclavado en una comarca de paso natural entre el interior peninsular y el litoral valenciano.
Esta situación, además de la proximidad permanente respecto de un núcleo de población mayor (Xàtiva) a lo largo de las diferentes etapas de la historia, ha configurado un proceso de evolución histórico y social muy dependiente de su influencia y con el que está estrechamente ligado. Esto es más visible durante la Edad Media, especialmente en época andalusí que es cuando el actual núcleo de población aparece. Cabe destacar que la historia de Rotglà i Corberà se estudia conjuntamente a partir del , cuando en 1854 las localidades de Rotglà y de Corberà -alquerías musulmanas en origen y posteriormente posesiones feudales cristianas después de la conquista- se fusionan en un único municipio con pleno reconocimiento legal.
A lo largo de la Edad Contemporánea, Rotglà i Corberà experimentó las transformaciones derivadas de los cambios políticos, económicos y sociales derivadas de la etapa de construcción del Estado Liberal en España y de los procesos históricos relevantes durante el , muy concretamente durante la II República y la Dictadura Franquista hasta la democracia de 1978. Es aquí donde el municipio encuentra su historia más viva y define su identidad actual.
Íberos: Carraposa y La Coroneta La presencia íbera en el término municipal representa el testimonio más antiguo de ocupación humana permanente del territorio en Rotglà i Corberà. Está documentada a través de diversos restos arqueológicos que señalan un patrón de asentamiento humano vinculado especialmente a la agricultura y la ganadería durante los siglos a Si bien parece que los yacimientos de Rotglà i Corberà apuntan a la Edad del Hierro, los fragmentos de ánforas fenicio-púnicas remontan a la posibilidad de asentamientos en el Bronce Tardío Valenciano, época con una prolífica presencia en el conjunto de la subcomarca de La Costera de Ranes alrededor de Xàtiva. La transición de Bronce al Hierro implicó un cambió en las dinámicas de asentamiento, pasando de los cerros y zonas montañosas a los llanos fértiles de los cursos de agua y es aquí el momento en el que surgen más visiblemente estos dos asentamientos. La cantidad y variedad de hallazgos cerámicos, utensilios, enterramientos y fragmentos de estructuras sugieren una ocupación estable con funciones agropecuarias y como control de los pasos estratégicos de las principales rutas de comunicación con los territorios de la Canal de Navarrés y el Valle de Ayora, así como una protección de la ruta comercial que recorría el conjunto de la comarca y vinculaba a La Costera con el resto de territorios íberos del conjunto valenciano.
En este sentido, los estudios sobre las vías de comunicación íberas en La Costera señalan un decrecimiento de la importancia de las rutas que transcurrían por el margen derecho del Río Cányoles, donde se ubicaba el asentamiento íbero original de Xàtiva, en La Solana, la cara sur de la montaña del castillo y que enlazan con los caminos que transcurren a través de La Vall d'Albaida hasta la costa a través también del Valle de Bixquert. La Edad del Hierro se diferencia notablemente del Bronce porque empieza a surgir una mayor cantidad de asentamientos en la margen occidental del río. La concentración más importante de asentamiento en el curso bajo del río se da, precisamente, entre Rotglà i Corberà i Llanera de Ranes, en los llanos fértiles, en dirección a Estubeny i a Enguera. Estos estudios señalan que la principal vía de comunicación ya desde la antigüedad es lo que se conoce como Camí Vell de València, situándose Rotglà i Corberà como un importante centro de enlace entre todos los caminos del oeste hacia la vecina Saití, en el este, a través de la actual CV-563 que transcurre por La Llosa de Ranes y enlazando con el camino proveniente de Manuel junto al río Albaida.
La arqueología ha evidencia una extensa red de poblados ibéricos en el fértil valle del río Cáñoles que formaban parte del área de influencia de la tribu de los edetanos con un centro de población principal en la comarca: el oppidum de Saití (Xàtiva), que ejercía como centro regional con control pleno en aspectos militar, político y económico sobre numerosos asentamientos periféricos como el que se ubicaba en Rotglà i Corberà. Todo el territorio controlado directamente por este asentamiento principal estuvo rodeado de una serie de núcleos satélites en altura, a modo de atalayas, que permitían un control estratégico de los caminos entre Saití y La Canal de Navarrés por Sellent y Estubeny, el resto del Valle del Cànyoles y la vecina Ribera Alta. También es de suponer que los yacimientos ubicados en Rotglà i Corberà sirvieran como posible espacio fronterizo entre las zonas controladas por Saití y las ubicadas en el curso medio del río en el Castell de Montesa. A lo largo del periodo íbero, encontramos variaciones significantes en las dinámicos de asentamiento. El hecho de que únicamente Saití mantuviese prolongadamente su carácter defensivo del territorio hace suponer que este oppidum fue adquiriendo una gran preeminencia, muy especialmente a partir del y en detrimento de otras zonas de La Costera. Sin embargo, cómo de influyente era Saití (o Saitibi) sobre el conjunto del territorio y cómo de dependientes fueron las relaciones con los otros asentamientos periféricos es algo difícil de establecer por la falta de fuente y excavaciones que lo atestigüen. Sí podemos presuponer su importancia por ser ya un centro de acuñación de moneda ibérica en el y por los numerosos restos de cerámica fenicia que indican relaciones con las potencias comerciales que poblaban el litoral valenciano.
En el término de Rotglá y Corberá se han encontrado dos yacimientos arqueológicos potenciales que afirman la presencia de una comunidad íbera con actividad continua durante la Edad del Hierro y el tránsito posterior a la romanización. En la partida conocida como La Coroneta, como consecuencia de las obras de la autovía A-7 de la antigua N-430, se encontraron restos de una posible necrópolis, restos cerámicos, herramientas y utensilios cotidianos, así como restos de alguna estructura. Situado en un pequeño promontorio con cierta elevación, "La Coroneta" ofrece una visibilidad del entorno que nos permite suponer el carácter defensivo y de control territorial del asentamiento sobre el paso que conduce a Saití, la Canal de Navarrés y la ruta principal de sur a norte. El contenido del material hallado nos indica la función de producción de productos agrícolas y ganaderos.
Por otro lado, sobre el cerro que corona el valle, con una altitud de 250 m, que se sitúa al oeste del término municipal, las prospecciones menores realizadas por obras menores revelaron la existencia de estructuras que apuntan a un recinto amurallado en cuyo interior se descubrió un rico ajuar con restos cerámicos y figuras y utensilios con un claro componente sacro. Los estudios realizados tras su descubrimiento apuntan a la hipótesis de que el cerro de Carraposa contenía un santuario íbero edetano configurado como centro de culto con funciones astrológicas, alineado solarmente, único en estas latitudes. Su posición permite trazar una línea desde al nacimiento hasta la puesta del sol durante el solsticio, a través de la sierra de Enguera en el oeste y el Benicadell al este, un elemento muy común en la religiosidad íbera. Probablemente, el cerro formaba parte de una red ritual y defensiva interconectada con otros centros regionales y secundarios, dominando visualmente los valles de los ríos Cányoles, en la conocida como Vega de Xàtiva, y del Albaida en sus cursos bajos, enmarcados en una zona de transición entre tribus íberas como los edetanos y los contestanos o los grupos oretanos del suroeste y los celtíberos en el noroeste.
Época Romana