El Estado Libre del Congo o Estado Independiente del Congo (en francés, État Indépendant du Congo) fue una colonia personal africana, gobernada por el rey Leopoldo II de Bélgica. El Estado Libre, cuyas fronteras coinciden con la actual República Democrática del Congo, fue administrado por el monarca entre 1885 y 1908, año en el que su territorio fue cedido a Bélgica.
Durante el período en que fue administrado por Leopoldo II, el territorio fue objeto de una explotación sistemática e indiscriminada de sus recursos naturales (especialmente el marfil y el caucho), en la que se utilizó exclusivamente mano de obra indígena. El Estado mantuvo durante años insuficientes guardias, lo que permitió que más de una docena de centros árabes de acopio de esclavos continuasen operando fuera de su control. Para mantener el control sobre el territorio, la administración colonial instauró un régimen de terror, ejecutado por africanos, en el que fueron frecuentes los asesinatos en masa y las mutilaciones. Debido a esto y otros factores relacionados, algunos estiman un elevadísimo número de víctimas mortales: aunque es imposible realizar cálculos exactos, ciertos autores mencionan cifras de entre cinco y diez millones de muertos. Sin embargo, diversos historiadores argumentan contra esta cifra debido a la ausencia de censos fiables, a la enorme mortalidad de las enfermedades como la viruela o la enfermedad del sueño y al hecho de que en 1900, solo había 3000 europeos en el Congo, de los cuales solo la mitad eran belgas.
A partir de 1900, la prensa europea y estadounidense comenzó a informar acerca de las dramáticas condiciones en que vivía la población nativa del territorio. Las maniobras diplomáticas y la presión de la opinión pública consiguieron que el rey belga renunciase a su dominio personal sobre el Congo, que pasó a convertirse en una colonia de Bélgica, bajo el nombre de Congo Belga.
Historia Antecedentes miniatura|250px|izquierda|Mapa histórico del Reino del Congo (existente durante los ss. XV, XVI y XVII), y situado en la región del estuario del río Congo.
En 1482, el navegante portugués Diogo Cão descubrió la desembocadura del río Congo. Tres años después, en 1485, remontó el río hasta la actual ciudad de Matadi. Los portugueses, que establecieron un productivo contacto con el reino del Congo, convirtieron la región en uno de los centros del comercio de esclavos.Según el historiador Hugh Thomas, del Congo y Angola salieron, durante los cuatro siglos que duró la trata transatlántica, un total de 3 000 000 de esclavos, casi la cuarta parte del total de los salidos de puertos africanos (Hugh Thomas, La trata de esclavos, 1998; p. 799. Durante el siglo XVII se exportaban anualmente unos 15.000 esclavos procedentes del reino del Kongo (Hochschild, p. 31). Sin embargo, debido a las presiones de los países abolicionistas, a mediados del el tráfico de esclavos con destino a Brasil y al Caribe quedó interrumpido. Tras la abolición de la trata continuó en la región el llamado legitimate trade («comercio legítimo») de productos como el aceite y las pepitas de palma, el marfil y el caucho. En la zona de la desembocadura del Congo habían establecido sus bases casas comerciales de diferentes países europeos (Francia, Portugal, Inglaterra y Países Bajos, principalmente). Aunque las empresas comerciales más prósperas eran las de ingleses y neerlandeses, el dominio político del territorio correspondía a los portugueses —descubridores de la zona, y a los que correspondía teóricamente la soberanía de todo el territorio entre Cabinda y Moçamedes— y franceses, establecidos en Gabón.
La región oriental del Congo estaba dominada por comerciantes musulmanes de lengua suajili procedentes de Zanzíbar que se abastecían de esclavos en la zona. El más poderoso de estos comerciantes fue Tippu Tip, soberano de un reino junto al río Lualaba.Wesseling, p. 100 Teóricamente, acabar con el comercio de esclavos en África Central sería uno de los objetivos de los colonizadores europeos.
La creación del Estado Libre Leopoldo II de Bélgica miniatura|175px|Leopoldo II de Bélgica
Bélgica, un Estado reciente que se había independizado de los Países Bajos en 1830, era en la segunda mitad del uno de los países más desarrollados de Europa, cuya prosperidad se basaba más en la industria que en el comercio. Carecía de colonias, y la opinión pública era fuertemente anticolonialista.
Sin embargo, el rey de Bélgica, Leopoldo II, no era de la misma opinión que sus compatriotas. Desde antes de acceder al trono había mostrado un gran interés por la empresa colonial. Su modelo era la explotación neerlandesa de Java, a la que consideraba "una inagotable mina de oro".Wesseling, p. 106 El rey centró su atención primero en Oriente, pero pronto se convenció de que no existía en Asia ningún lugar disponible que le permitiese hacer realidad sus fantasiosos proyectos.Algunos de los planes de Leopoldo para establecer colonias fueron comprar las Filipinas a España, o adquirir la provincia argentina de Entre Ríos. En 1862 incluso pasó cierto tiempo en Sevilla, investigando en el Archivo de Indias cuáles habían sido los beneficios obtenidos por España durante su administración colonial (Hochschild, p. 68).
Leopoldo, rey desde 1865, comenzó a interesarse por África en 1873, pero sus planes empezaron a concretarse en 1875. En agosto de ese año, el monarca asistió en París al congreso de la Asociación Geográfica francesa, lo cual le dio la idea de celebrar su propia conferencia en Bruselas. Al año siguiente, el 12 de septiembre, inauguró en el palacio real de Bruselas la reunión que sería conocida como Conferencia Geográfica de Bruselas, a la que asistieron geógrafos y exploradores de las principales naciones europeas.
En el discurso con el que inauguró el congreso, Leopoldo planteó la necesidad de civilizar África Central. Para ello, se decidió crear bases de operaciones tanto en el este —en Zanzíbar— como en el oeste —la desembocadura del río Congo —; se establecieron las posibles rutas para la exploración del interior del continente; y se decidió crear una asociación internacional, la Asociación Internacional Africana (Association Internationale Africaine, AIA), que coordinaría las acciones de los distintos comités nacionales.
La AIA se constituyó el 14 de septiembre de 1876, con sede en Bruselas y bajo la presidencia de Leopoldo II. La asociación era, en apariencia, meramente filantrópica. El comité ejecutivo de la asociación lo formaban, además del propio Leopoldo, un alemán (Gustav Nachtigal), un inglés (Sir Henry Bartle Frere) y un francés (Jean Louis Armand de Quatrefages de Bréau). Los comités nacionales, sin embargo, no tuvieron demasiado éxito, excepto en Francia, donde su presidente era Ferdinand de Lesseps, el constructor del canal de Suez.
La exploración del Congo Desde que en 1482 Diogo Cão había descubierto la desembocadura del río Congo (al que él denominó, basándose en las palabras de sus informantes nativos, río Zaire), apenas se habían hecho intentos de explorar el río. Cão llegó solo hasta la altura de la actual Matadi. Siglos después, en 1816, la expedición del capitán de la marina británica James Tuckey fracasó en el intento de remontar el río, lo cual retrajo durante décadas a los europeos de esta empresa.
Sin embargo, al mismo tiempo que Leopoldo perfilaba sus planes en Bruselas, tuvieron lugar tres viajes que contribuirían eficazmente al conocimiento de región que el monarca belga se había propuesto "civilizar":
miniatura|175px|Henry Morton Stanley.
El inglés Verney Lovett Cameron llegó en 1873 a Nyangwe, a orillas del río Lualaba, partiendo del lago Tanganika. El potentado esclavista de Zanzíbar Tippu Tip se negó a prestar ayuda a la expedición, pese a lo cual Cameron continuó viaje hasta Benguela, en la costa atlántica, a donde llegó en octubre de 1875. Regresó a Europa en abril de 1876 y se entrevistó con Leopoldo II el mes siguiente. Es muy posible que la idea de convocar la Conferencia Geográfica de Bruselas tuviese relación con las informaciones que Cameron suministró al monarca, según las cuales África Central era un medio favorable para la actividad europea, cuya población estaba ya relativamente avanzada y donde era posible la navegación con barcos de vapor a través de la red fluvial. Sin embargo, Cameron no descubrió ninguna vía factible de acceso al interior desde la costa.
Henry Morton Stanley, mundialmente famoso desde que en noviembre de 1871 localizó a David Livingstone, había emprendido en 1873 un nuevo viaje, por encargo de los periódicos New York Herald y Daily Telegraph, para atravesar de costa a costa África Central. El viaje, que duró casi tres años, concluyó el 9 de agosto de 1877. Stanley hizo un importante descubrimiento: demostró que el río Congo era, a partir de Stanley Pool (actual Pool Malebo), una eficaz vía de acceso al interior de África Central. La intención de Stanley era proponer la colonización del Congo al gobierno británico, pero su propuesta fue desestimada. Leopoldo II, en cambio, mostró por ella un gran interés, y contrató de inmediato al explorador angloestadounidense.
El italiano nacionalizado francés Savorgnan de Brazza emprendió el 13 de noviembre de 1875 un viaje, por encargo del gobierno francés, remontando el río Ogooué. Brazza descubrió otra vía de acceso al Congo desde la colonia francesa de Gabón, y logró despertar el interés de Francia por colonizar la región.
La empresa comercial En 1878, Stanley expuso su plan a Leopoldo de Bélgica. Para abrir al comercio europeo la región del Congo, proponía construir una línea de ferrocarril que permitiera eludir la parte no navegable del curso del río (las cataratas Livingstone), y abrir en el curso alto, donde el Congo volvía a ser navegable, asentamientos comerciales. Leopoldo dio su aprobación al proyecto. Para obtener los fondos entró en negociaciones con la compañía neerlandesa Afrikaansche Handels-Vereeniging (AHV, Asociación Comercial Africana), la empresa comercial más importante de la región de la desembocadura del Congo, con 44 factorías en la zona, y un capital de 24000000 florines, una cantidad elevadísima para la época.
Resultado de estas negociaciones fue la fundación, el 24 de noviembre de 1878, en Bruselas, del Comité de Estudios del Alto-Congo (CEHC), una "société en participation" con un capital social de un millón de francos, cuyos principales suscriptores eran el propio Leopoldo, con más de la cuarta parte del capital (260000 francos), y la AHV, con 130000. Aunque la finalidad del Comité, según se definía en sus estatutos, era principalmente filantrópica y científica, se hablaba ya abiertamente de fomentar el comercio y la industria en la zona. El objetivo del Comité era, primero, financiar una nueva expedición de Stanley para determinar las posibilidades de la zona; si tales posibilidades eran favorables, se proyectaba construir la línea de ferrocarril e iniciar la actividad comercial.Wesseling, p. 121
Stanley partió a África en enero de 1879. Desembarcó primero en Zanzíbar para reclutar el personal de la expedición, y luego continuó el viaje hacia el Congo por vía marítima, a través del canal de Suez. Mientras Stanley realizaba este viaje, ocurrió algo inesperado: la AHV suspendió pagos; de sus dos gerentes, uno se había suicidado, y el paradero del otro era desconocido. Leopoldo, sin embargo, no se arredró, sino que vio en este suceso la oportunidad de tomar por completo las riendas de la empresa. Hizo una oferta a los demás accionistas del Comité, quienes aceptaron sin dudarlo, y se convirtió en el único propietario de la sociedad, que terminaría por desaparecer un año después. Para enmascarar sus propios intereses, Leopoldo fundó la Asociación Internacional del Congo, cuyo nombre estaba pensado para inducir al público a confusión con la filantrópica Asociación Internacional Africana.Hochschild, p. 109