miniaturadeimagen|Portada de la novela de Emilio Salgari Le meraviglie del duemila (1907), considerado el texto más importante de la proto ciencia ficción italiana. Ilustración de Carlo Chiostri.

La ciencia ficción italiana ha tenido un transcurso desigual para una narrativa de género que se ha popularizado después de la Segunda Guerra Mundial y, en particular, a partir de la mitad de los años cincuenta, a remolque de la literatura estadounidense y británica. En cambio, los antecedentes históricos más antiguos se pueden encontrar en la literatura del viaje imaginario y de la utopía renacentista, o incluso en obras precedentes, como Los viajes de Marco Polo. Fue a partir de la mitad del cuando aparecen en Italia cuentos y novelas breves de «fantasías científicas» —llamados también «cuentos increíbles» o «fantásticos» o «aventureros», «novelas de los tiempos futuros» o «utópicas», «del mañana»— en los suplementos dominicales de los diarios, en las revistas literarias y en pequeñas novelas de fascículos; a estas se añaden a principios del obras más aventureras de Emilio Salgari, Yambo y Luigi Motta, los más importantes autores de la novela popular de la época, llenos de aventuras extraordinarias en lugares lejanos y exóticos, pero también obras de notables figuras de la «alta» literatura, entre los que se cuentan Massimo Bontempelli, Luigi Capuana, Guido Gozzano o Ercole Luigi Morselli.

El nacimiento «oficial» del género en Italia se suele situar en 1952, con la publicación de las primeras revistas especializadas, Scienza Fantastica y Urania, y la aparición del término «fantascienza», calco italiano del «science fiction» inglés; la «edad dorada» va de 1957 a 1960-1962.

Aunque desde finales de la década de los cincuenta la ciencia ficción se convirtió en Italia en uno de los géneros más populares, el éxito de público no fue acompañado del éxito de la crítica: frente a un fandom activo y organizado, no apareció —con raras excepciones— un auténtico interés de la élite cultural italiana, refractaria, cuando no indiferente, a la ciencia ficción, a diferencia de otros géneros que han encontrado un sitio con el paso del tiempo en la discusión académica y en las publicaciones más prestigiosas: en obras de ciencia ficción incluso de autores aclamados como Dino Buzzati y Primo Levi fueron acogidas con frialdad.

En el ámbito del cine, se registró un buen número de títulos producidos de los años sesenta a los ochenta, pero es sobre todo a través de la sátira que el cine italiano de ciencia ficción ha expresado su propia originalidad. En el campo televisivo, se realizaron obras casi exclusivamente en los años setenta.

Primeros precursores miniaturadeimagen|Retrato de Anton Francesco Doni, de la portada de Mondi celesti, terrestri, et infernali (1552) Teniendo en cuenta que la definición de ciencia ficción no es única, la pertenencia retrospectiva al género de muchas obras de los siglos precedentes al —la denominada «proto ciencia ficción»— es discutida. Por ejemplo El Millón de Marco Polo (1298) —según el crítico Carlo Pagetti— puede considerarse proto ciencia ficción, en cuanto que el encuentro del mercader veneciano con el mundo «extraño» del lejano Oriente tiene todo el sabor de un primer contacto.

Historias iniciáticas, como el Sueño de Polífilo (Hypnerotomachia Poliphili) de Francesco Colonna (1499), contienen elementos fantásticos análogos a los de la ciencia ficción, aunque se deberían considerar más bien textos esotéricos que obras de narrativa. El Baldo de Teófilo Folengo (1517) incluye un viaje al infierno, al igual dos siglos antes lo había hecho la Divina Comedia (1304–1321) de Dante Alighieri.

En su Paraíso, Dante describe una especie de anticipación del viaje espacial —adaptado a las concepciones cosmológicas de la época— con la ascensión de su narrador a través de las esferas celestes de la Luna, los planetas de Mercurio a Saturno y de allí a la esfera de las estrellas fijas y al cielo de los ángeles. El universo creado con la alegoría de Dante es perfectamente real desde el punto de vista de la conciencia medieval, pero pertenece todavía a una era precientífica; hay que considerar que el concepto de los planetas como masas físicas no fue tomado en serio hasta los descubrimientos de Galileo Galilei, gracias a la invención del telescopio y que el método científico se inició con el astrónomo italiano.

A su vez, Ludovico Ariosto en el épico Orlando furioso (1516; 1532), narra del viaje a la Luna de su héroe Astolfo a lomos del hipogrifo, para recuperar el juicio perdido del paladín Orlando en un gran valle lunar donde yacen los ensueños olvidados y las pasiones desperdiciadas.

Los más antiguos precursores de lo que luego se convertiría en la literatura de ciencia ficción —casi todos en la corriente de lo que hoy se denominaría política ficción— pueden encontrarse principalmente en el género del viaje fantástico y de la utopía renacentista de los siglos XV al XVI. Habría sido de hecho Utopía (1516) del inglés Tomás Moro —traducida del latín por Ortensio Lando y publicada en Venecia en 1548 por Anton Francesco Doni— Texto original en Liber Liber la que sirvió de chispa inicial para la literatura fantástica y de ciencia ficción italiana. No se trata de una narrativa normal de aventuras o fabulosa, sino de una literatura considerada «progresista y revolucionaria frente a las estructuras sociales, a la mentalidad y al contexto histórico del tiempo».

A esta categoría de obras pertenecen al menos 150 novelas y un gran número de cuentos, comenzando con I mondi del ya citado Anton Francesco Dones (1552),Anton Francesco Doni, Mondi celesti, terrestri, et infernali, de gli Academici pellegrini: composti dal Doni; mondo piccolo, grande, misto, risibile, imaginato, de pazzi, & massimo, inferno, de gli scolari, de malmaritati, delle puttane, & ruffiani, soldati, & capitani poltroni, dottor cattivi, legisti, artisti, degli vsurai, de poeti & compositori ignoranti, In Vinegia : appresso Gabriel Giolito de' Ferrari, 1562. Libro I y Libro II en el que habla sobre una sociedad anarquista-comunista influida por Moro y con reminiscencias de la República platónica; La città felice de Francesco Patrizi (1553);Francesco Patrizi, La Città felice, Venezia, Griffio, 1553, en Utopisti e Riformatori sociali del cinquecento, Bologna, 1941. L'isola di Narsida de Matteo Buonamico (1572);en Utopisti italiani del cinquecento scelti e annotati da Carlo Curci, Collana degli Utopisti n.4, Colombo Editore, 1944 La reppubblica immaginaria de Ludovico Agostini (1583-90); y la célebre La ciudad del Sol de Tommaso Campanella (1602), en el que los habitantes han abolido la propiedad privada, poniendo en común todo (mujeres incluidas) y creen en la religión natural, no en el cristianismo histórico; les siguen La reppubblica d'Evandria de Ludovico Zuccolo (1625); La reppubblica regia de Fabio Albergati (1627); y La reppubblica delle api de Giovanni Bonifacio (1627). Texto original en hypermachiavellism.net

De 1670 es un texto fundamental para las futuras novelas sobre los viajes espaciales, el Prodromo, del jesuita Francesco Lana de Terzi, que incluye el primer estudio sobre las posibilidades del vuelo humano espacial a bordo de una nave voladora.

A finales del y en el —la edad de la razón, pero también de un vivo interés por los mundos esotéricos— la producción narrativa de utopías disminuye y las obras notan la influencia francesa y británica, sobre todo de Voltaire, con su Cándido, y de Jonathan Swift. Viaggi di Enrico Wanton alle terre incognite australi, ed ai regni delle scimie, e de' cinocefali de Zaccaria Seriman (1749; 1764) ofrece una visión satírica de la sociedad veneciana del tiempo; introducción a L'uomo d'un altro mondo de Pietro Chiari (1768) aparece calcado de las novelas de Swift y Montesquieu; el extenso y ambicioso Icosameron de Giacomo Casanova (publicado en francés en 1788, pero en parte esbozado en italiano) es una de las primeras incursiones fantásticas en la Tierra hueca; se reveló un clamoroso fracaso comercial, hasta el punto de llevar al autor casi a la ruina.

El ejemplo de Ariosto fue seguido por algunos poemas de género fantástico, como La moda (1746) de Giambattista Roberti, Estasi e rapimento sopra la Luna di Archerio Filoseleno (1763) de Biagio Caputi, Il mondo della Luna de Diodoro Delfico, de alias Saverio Bettinelli, (1767) y Volo per lo spazio de Giovanni Battista Zappi (1782). También Carlo Goldoni coquetea con el género en Il mondo della luna, un drama jocoso en tres actos de 1750, en el que se cuenta la historia de un astrólogo tramposo que pone en escena una elaborada farsa con (falsos) habitantes de la luna.

miniatura|upright=0.7|Ippolito Nievo (1831 - 1861), autor de una de las mayores aportaciones a la ciencia ficción italiana del , Storia filosofica dei secoli futuri. miniatura|upright=0.7|Carlo Dossi (1849-1910), autor de La colonia felice (1874).

Durante el Romanticismo, la cultura italiana —muy impregnada de la Unificación de Italia— no estuvo tan interesada en las revoluciones industriales y científicas de la época: es por lo tanto inútil tratar de encontrar un Frankenstein como el de Mary Shelley o cuentos fáusticos como los de Edgar Allan Poe y Nathaniel Hawthorne en la literatura italiana. A pesar de ello, Giacomo Leopardi, inspirado por Galileo, encontró el modo de afrontar el tema de la relación entre la literatura científica y la imaginación: en sus Operette morali (1827) aparece el diálogo entre el anatomista Federico Ruysch y sus momias, renacidas al inicio de un nuevo ciclo cósmico. El patriota Federico Confalonieri publicó en el folio científico literario milanés Il Conciliatore (1818-1819), una historia satírica que tiene por protagonista a Fric-frac, un habitante de la Luna llegado a la Tierra.

A partir de 1835, aparecieron en periódicos y opúsculos de todo el mundo supuestos descubrimientos científicos revolucionarios atribuidos (falsamente) al astrónomo John Herschel, en lo que pasaría a conocerse como Great Moon Hoax («gran engaño lunar»); una traducción anónima fue publicada en Florencia y Nápoles en 1836. (traducción del francés de la 104ª edición hecha en París en marzo de 1836) Ese mismo año fueron publicados Un viaggetto nella Luna di N.N. accademico tassoniano, atribuido a Bartolomeo Veratti, y Lettera su la ipotesi degli abitanti de' pianeti, un breve texto del padre Francesco Bruni que se ocupa de la cuestión de la pluralidad de los mundos. De 1838 es Il viaggio nell'universo de Francesco Viganò. Texto original en Google Libros También en Nápoles, en torno a 1840 se publicó una serie de impresos titulados Pulcinella sulla Luna (un viaje fantástico en globo). La moda de los descubrimientos lunares se agotó en el curso de pocos años, sin embargo en 1857 aparece Viaggio alla luna del astrónomo napolitano Ernesto Capocci, que narra un viaje al satélite ocho antes del De la Tierra a la Luna de Verne, el primero realizado por una mujer, ambientado en un futurible 2057.

Ippolito Nievo —más conocido como autor de Le confessioni d'un italiano— escribió en 1859 uno de los mayores aportes a la ciencia ficción italiana de todo el siglo, la Storia filosofica dei secoli futuri, una historia futura de Italia que se extiende hasta el año 2222. Presentándose de forma satírica y humorística, la obra de Nievo, en continua oscilación entre la utopía y distopía, toca temas políticos sociales y culturales de gran relieve y anticipa numerosos hechos históricos futuros, como la unificación italiana, la excavación del canal de Suez, el fin del poder temporal de los papas, la guerra franco-prusiana de 1870, la secularización de la cultura, las guerras mundiales iniciadas por los alemanes, el nacimiento de la Unión Europea, la invención del robot o seres artificiales (llamados «homúnculos», «hombres de segunda mano» o seres auxiliares), la difusión de los narcóticos, la alienación y la anomia de la sociedad contemporánea.